Diablito pequeñito

El Puente Negro
El Puente Negro

Esta historia me la contó una tía, y mi mamá asegura que es real.

Esto pasó en su infancia. Mi mamá y dos de sus primas, entre ellas mi tía, vivían en Chiapas-México, en ese tiempo su casa era muy humilde y las tres primas compartían la misma habitación; mi mamá la más grande, luego mi tía y la hermana de mi tía la más pequeña (con 13 años de edad).

Un día normal, la hermana de mi tía empezó a mostrar raros síntomas de gripe y temperatura alta. Supusieron que era una gripe normal, hasta que un día se percataron que solo tenía malestares por la noche; fue entonces cuando decidieron poner más atención a sus pasatiempos.

Sus pasatiempos eran cosas relativamente normales, destacando solo una actividad de entre todas ellas, todos los días a las 4:00 pm salía de la casa y se dirigía hacia la hierba crecida en dirección a la nada; tenía la inteligencia suficiente para saber que la hierba alta podía desorientarla, pero siempre regresaba en un lapso de 40 a 50 minutos. La primera teoría que surgió fue la más típica, insolación; que no se descartó el día que le preguntaron qué hacía cuando se salía de la casa por las tardes. A lo que ella respondió que estaba buscando duendes; cosa rara en una persona de 13 años de edad. Esto se repitió durante 20 días más aproximadamente, cuando todo empeoró.

Sus estados de resfrío nocturnos se convirtieron en una enfermedad agresiva que resultó en incapacidad para moverse por su cuenta, debilidad, poco apetito, temperaturas altas, dolores de cabeza etc.

Ella seguía hablando de un duendecillo, que afirmaba era el que le estaba haciendo daño, por si fuera poco nadie le creía esas cosas de niños.

Su estado empeoró, ya no podía levantarse por ningún motivo, los huesos le dolían y sufría pesadillas que nunca supo explicar y todos pasaban por alto. Un día por la noche, ya todos estaban dormidos; después de un día pesado, ya que la condición de la hermana de mi tía se fue por los suelos; sin saber qué hacer, probando remedios caseros todo el santo día; llegó la noche; la hermana de mi tía dormía haciendo sonidos que demostraban problemas respiratorios por congestión nasal, o eso creían. En un instante cualquiera mi tía despertó y, preocupada por su hermana se giró hacia ella, observándola con los ojos tan abiertos como sea posible, con ganas de llorar intensas por pensar en que podría llegar a pasarle algo malo; escuchando cómo su cuerpo se esforzaba por respirar. De repente, escuchó como si chocaran dos piezas pequeñas de metal debajo de la cama de su hermana; la sorpresa que se llevó al momento de enfocar la vista en medio de la noche hacia la parte baja de la cama de su hermana fue fatal.

Observó una figura pequeñita, de complexión robusta y portando un objeto alargado, que pronto se dejaría ver ante ella al momento que se acercaba más a la luz de la luna por debajo de la cama de su hermana. Los detalles que mi tía me dijo fueron que era un diablito, gordito hasta el momento que llegó a pensar que se veía tierno, con sus cuernitos, su colita y su piel rojiza, y que llevaba un trinche pequeño pero a su medida. Después de observarlo, la ternura que llegó a sentir se convirtió en horror, cuando ese pequeño diablito empezó a picar con su trinche la cama de su hermana desde abajo y esbozando una sonrisa pícara y haciendo señas con su otra mano como si estuviera haciendo una travesura.

En un instante el pequeñito desapareció debajo de la cama y la obscuridad; la reacción de mi tía fue levantarse de un brinco de su cama y asomarse por debajo para buscar al diablito, sin encontrarlo; después se levantó y observo a su hermana, inmóvil, en silencio…ya había fallecido. Los llantos y gritos de mi tía despertaron a todos que enseguida compartían el dolor y los llantos al darse cuenta que la más pequeña de las primas estaba fría, dura, muerta.

Espero haya sido de su agrado esta historia que me compartió mi tía entre lágrimas, bajo una gran depresión y desespero, que se repite cada vez que alguien dice algo del tema.

— Via Creepypastas

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