Llamada al número 666

Asesinos del Zodiaco
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Intentaba llamar a cualquier número de teléfono porque estaba aburrido. Lo sé, suena muy inmaduro, pero me sentía demasiado aburrido como para no cometer una estupidez. De pronto se me vino a la cabeza, ¿y qué tal si llamaba al número 666?

El número del diablo, ¿verdad? No tenía idea de lo que pasaría si contestaba a la llamada, o quizá sí lo sabía, y por ello experimentaba tal excitación.

Me hice el valiente y marqué el número. No creía que fuese real hasta que el teléfono empezó a emitir un pitido largo; después de 4 minutos de intentar llamar, se escuchaba como si alguien estuviese gimiendo de dolor alrededor de 1 minuto y luego se cruzaba nuevamente el pitido largo, seguido del rumor de un respiro.

Las luces parpadeaban en mi casa, pero mi ansiedad era mayor. Tomé unas monedas, y guiándome de una macabra prudencia, llamé esta vez desde una cabina telefónica.

“¿Quién es?”, me respondió el gemido de una mujer.

“¿Por qué estás gimiendo?”

“Me están violando.”

“¿¡QUÉ!?

Apagué el teléfono lentamente. Por una hora anduve dando vueltas por la calle antes de decidirme ir a casa. Tenía miedo y una opresión desagradable en el corazón. Cuando estuve frente a la puerta de mi casa, por mucho esfuerzo que puse, esta no se abrió. La llave se rompió en la cerradura. El viento helado me entumecía los huesos.

Me vi obligado a quebrar con una piedra la ventana de mi sala para entrar a la fuerza. A duras penas me di un baño y concilié el sueño. Pero cuando aún la mañana no iluminaba con su gris el cielo, desperté empapado en sudor. Mi teléfono vibraba con insistencia. Dudé en responder, pero al levantar el aparato, estresado por tanto ruido agudo, no oí del otro lado de la línea más que una pesada respiración y luego un conteo desde el 666 hasta lo que suponía era el 0. Quedé hipnotizado mientras los números decrecían. Unos golpes a mi puerta me arrebataron del estado de idiotez en que me encontraba. Era mi vecino, que deseaba le prestase algo de dinero. Al instante, colgué el teléfono, que susurró “10” antes de cortar la llamada.

Desconecté el teléfono y lo desaparecí junto a mi celular, y juré desde ese día no llamar a ese número nunca jamás.

— Via Creepypastas

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