Paredes blancas

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Vaya, que sorpresa, usted otra vez. ¿Quién lo ha mandado? ¿Su superior? ¿O quién?

No importa, pase usted a mi lúgubre, pero increíblemente cómoda, habitación, por favor no preste atención a las ratas muertas ni las cucarachas que rondan por los rincones, entre el óxido y la mierda.

Dígame, ¿qué quiere de mí? ¡Espere! ¡Ya lo sé! ¿Quiere que confiese?

¡YA LE DIJE QUE NO!

Los sonidos son piedras, ¡maldita sea! ¡CÁLLENLOS! ¡No soporto ese sonido!

¿¡Otra vez esa silla!? ¿Me tiene miedo acaso, señor? Soy inofensivo, no tengo nada que ocultar; por favor señor, déjeme ir de aquí. ¿Por qué no puedo? Sólo soy un humilde hombre que se ganaba la vida haciendo trabajos de carnicería.

Me siento vacío, mi sonrisa se ve vacía, y su sonrisa es… ¿¡TORCIDA!?

Escucho a lo lejos un reloj, que cerca está. He sabido de todos sus pacientes, de todos los que han estado encerrados en este pozo de porquería. Sé de sus antiguos presos, y del anterior y del anterior y del anterior y del anterior.

No estoy solo señor, tengo mis confidentes: sólo me platican a mí, solamente la paredes blancas me conocen y me platican todas las noches de todos los que han visto llegar hasta aquí.

¿Acaso no les ha preguntado nada? ¿Acaso no han platicado con usted?

Será que es mala persona y por eso no le tienen confianza. Recuerdo pues, una hermosa casa, mi muñeca rota, fuego en la ciudad.

¡OH, QUE BUENAS REMEMBRANZAS!

¿Que tú no lo entiendes? Recuerdo esos rostros azules, azules, azules, sí; azules.

Sí, unos rostros sin color, mis manos sostienen una almohada, he entendido muchas cosas, el bebé llorando, el reloj de mi muro… ¡SÍ, ASÍ ES!

Así fue como los encontré, porque fue divertido, muy divertido, muy divertido.

Jajajaja, entiendo, sí; lo sé, pero sólo estaba jugando. ¿Qué querían que hiciera? Ellos eran malos conmigo, así que tenía que jugar con ellos.

Mi cuchillo de carnicero, me tiembla la mano, jajaja; mi hija no sabe que es un juego y gozo al escuchar sus súplicas ahogadas bajo la almohada.

Jajajaja, que mal que ella no sepa que sólo juego.

Mi esposa, mi linda esposa, ¿no cree que se veía mejor así? Teñida de rojo, siempre me encantó cómo se le veía el rojo. Mis padres, ¡ah! Nunca entendieron mis juegos, pobres ilusos, sólo jugaba, por favor sólo jugaba mami, pero no entendió y tuve que jugar con ella también, y mi papi, tantos golpes cuando era niño, nunca estaba para jugar conmigo y ahora… ¡LO TUVE PARA MÍ SOLO! ¡PARA JUGAR!

Y todo esto, señor, lo saben las paredes blancas, pues ella me han contado todas las noches sus turbias confesiones, mientras que la que yo hago ahora se queda aquí, entre estas cuatro paredes, paredes blancas.

Veo en sus ojos el mismo miedo que había en ellos… Los ojos del miedo…

¡LO JURO! ¡Usted los habría reconocido de haber estado ahí! Se habría divertido conmigo, pero no; usted tuvo que llegar a echar a perder mi juego.

Sigo sólo mi naturaleza, sigo mis instintos, ¿alguna vez los ha oído? Creo que no.

Las paredes blancas lo escuchan, nos escuchan y me platican todas las noches de todos los que ven llegar hasta aquí… De cuántos… Cuántos… Cuántos… Cuántos… ¡CUÁNTOS! ¡CUÁNTOS!

¡CUÁNTOS…! Y DE… ¡CUÁLES!…

¿Por qué me miran a mí…? Si ustedes son los locos…

— Via Creepypastas

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