El ángel de la oscuridad

Alrededor del mundo las historias sobre Ángeles caídos son incontables, pero esta es una de aquellas que son reales y me tocó vivirla.

¿Quién soy? Mi nombre es Cornel y aunque no lo crean soy un vampiro nacido hace 600 años y engendrado por Alucard en Venecia, muchos creen que la maldición del vampirismo es lo peor que existe en el mundo, tal vez tengan razón, pero de ese modo no quiero empezar esta historia.

Todo comenzó en 1830 cuando al fin parecía que mi destino de soledad y penumbra ya no pesaba dentro de mi alma, si es que todavía me quedaba un poco de ella. Salí a caminar como siempre maldiciendo la terrible forma en que transcurría mi vida, alimentándome de personas y sólo con su muerte consiguiendo paz para mí. Entonces la vi, una criatura hermosa, con figura mortal pero con un aire inmortal, una extraña fuerza me llevaba hacía ella, no podía evitar mirarla y seguirla, el deseo de hacerla mi fuente de vida crecía, entró en un callejón y desapareció, inmediatamente después de ver cómo se evaporaba entre la niebla una figura alada pasó sobre mí.

Pasé la siguiente semana intentando entender aquel suceso, inmerso en lo profundo de mi mente y sin salir de mi féretro sólo pensaba en volver a ver a esa figura de increíble belleza y poder seductor, transcurrieron en mi búsqueda 20 años, no la volví a ver, confieso que en las noches salía solo con el único afán de encontrarla, me di por vencido, me fui a dormir esperando borrar de mi mente aquella obsesión por poseerla.

Sin conseguir mi objetivo desperté una centuria después, 1.930 para ser exacto, el nuevo mundo a mi alrededor me desconcertaba pero del mismo modo me llenaba de curiosidad. Decidí explorar y a la vez también buscar a la razón de mis desesperanzas, el hambre me hizo perseguir a una pareja, cuando notaron mi presencia corrieron hacía un rincón oscuro en el puente de Londres, de pronto aquella figura aparecía frente a mí, tan bella y seductora como sólo en mis sueños la recordaba, con el corazón acelerado me acerqué a ella, no podía creer lo que mis ojos miraban, una mujer de hermosa figura, rostro celestial, sonrisa embrujadora, quise hablar pero las palabras se quedaban en mi pecho, de repente la niebla se disipó y un par de alas, no de Ángel, más bien de demonio salían de sus hombros, no voy a negar que me llevé un gran sobresalto, al notar mi miedo ella desapareció, pero no era miedo… era intriga. ¿Cómo es posible que un ser tan bello guarde algo tan oscuro? Recordé las palabras de uno de los maestros vampiros, Armad “Se debe ser hermoso, letal y sin remordimientos. Acaso no éramos la única raza que debía sujetarse a esta regla? ¿Cómo responder a algo que tal vez nadie conocía?

Por muchos días percibí una presencia cerca de mi morada. Aunque quería sorprender a mi visitante jamás lograba ser más veloz que él o ella, con este nuevo acertijo en mi cabeza recorrí el viejo mundo alimentándome y buscando a mi ángel demonio, encontrarme con antiguos compañeros me ayudó a hacer menos tediosa mi búsqueda, Lesttad, un viejo conocido, me dijo que había escuchado historias similares en España, la verdad ya estaba descorazonado, no perdía nada en buscar en un País mas, llegué a Madrid ya entrada la noche no tenía tiempo pues el sol pronto iluminaría la tierra y yo debería descansar.Una vez entrada la noche, salí en busca de mi tormento, es curioso como de repente la ansiedad de volver a ser humano es remplazada con la ansiedad de encontrar a aquella persona que nos marcó de por vida, caminé sin encontrar nada, una vez más gasté casi 20 años en esta búsqueda. La sentía cerca pero cuando ella notaba mi emoción, desaparecía. Ya cansado y harto de este juego de gato y ratón decidí descansar una vez más, una cripta en el cementerio de Barcelona sería morada, convencido de que no saldría hasta borrar de mi mente aquella mujer que me embrujó el corazón.

No supe cuánto tiempo había pasado, podían ser unos años, o tal vez milenios, perdí la voluntad de beber, de vivir. En ese momento en que mi poca fuerza se desquebrajaba sentí la misma presencia que hacía mucho tiempo, desperté y salí del ataúd sin importar mi apariencia maltratada por los años de encierro, cuando mi vista se aclaró, vi a una muchacha, su apariencia era similar a la de la figura que busqué y no encontraré, pero era más humana, menos divina, le pregunté: “¿Cuál es tu nombre mi niña?” Ella me miró y sus ojos parecían inmovilizar cada músculo de mi cuerpo, con una voz penetrante y a la vez tenebrosa dijo “Soy Tania, ¿no me recuerdas?” Una visión del puente de Londres corrió por mi mente al terminar vi en su espalda las alas que elevaron una tumba de sufrimiento y desvelo, continuó acercándose a mi mientras decía “No me temas pequeño vampiro, soy como tú, un alma atormentada que no encuentra su lugar en este mundo y que mata solo por calmar el sufrimiento que su vida guarda”, aún con la voz temblorosa le pregunté “¿Eres un ángel?” Sonrió y su sonrisa me tranquilizó un poco, sabía que no me dañaría, “no soy un ángel completo, la oscuridad atrapó mi corazón y la soledad lo corrompió”, después de esta frase desapareció una densa nube de humo llevándose consigo un poco de mi ser.

Es posible que un vampiro, un ser de la noche y por muchos considerado demonio puede enamorarse, o peor aún, de una criatura tan similar pero a la vez tan diferente, acaso al ser convertido uno no renuncia a su corazón mortal y todas las emociones que este contiene, la verdad es difícil darse cuenta que por mas que uno tenga un destino oscuro un poco de luz siempre llega al camino. Durante 3 noches más recibí su visita, su presencia era tranquilizadora, me observaba alimentarme como embelesada, sin pena o tristeza de mi víctima, ya no podía evitarlo, estaba en su poder, no me era posible siquiera respirar si no la veía, misteriosamente en una de sus acostumbradas visitas desapareció y una vez más quedé solo y cargando el peso de la inmortalidad sin nadie que me ayude a soportarlo.

Vagué por el mundo tan solo por hacerlo sin motivo, sin una razón, pero no podía estar en un mismo sitio más de 2 meses, mis ataques se volvieron más letales, podía acabar con 10 personas tranquilamente en una noche, como buscando una revancha al destino, quitándole a Dios sus preciados hijos por haberme condenado a esta triste existencia. Llegué a un país en América del sur, su nombre es Ecuador, pensé que mi estadía en él seria tan corta como en otros sitios, caminé por muchas calle viejas y nuevas acaba no por hambre sino por costumbre, en una de estas largas caminatas ya dispuesto a desaparecer y dejar este pedazo de suelo en paz, quise ir sobre una joven. Cuando estaba cerca de ella se volvió y con la misma voz dijo, “pensé que nunca me encontrarías, huí de ti para comprobar tu perseverancia y veo que tienes mucha”, no podía creerlo, yo no la encontré, ella me encontró a mí, “Mi amor oscuro, mi Ángel negro de la noche”, susurró a mi oído, “ya no mas noches de soledad para Cornel Y Tania, sólo amor y eternidad en compañía”, de ese encuentro no sé cuantos años han pasado, la inmortalidad ya no parece tan mala y descubrir que aunque sea un ser condenado a matar para vivir y solamente disfrutar la oscuridad siempre hay alguien dispuesto a compartirla y quitarle el peso de una carga tan injusta.

Siempre se debe creer en encontrar alguien.

Cornel.

— Via Creepypastas

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