El pájaro rojo

Esta es mi historia… Mi pequeña familia, constituida por mis padres y yo, sufrimos una pérdida muy grande: mi papá falleció. Aquello ocasionó un impacto bastante fuerte en mi madre la cual yo, a duras penas, debía de cuidar. Se encontraba alterada desde aquel incidente y todo el día permanecía en silencio. Lo único que animaba un poco mi hogar era la música variada que yo solía poner. Aquí es donde empieza esta horrorosa anécdota que a duras penas puedo narrar.

Hubo un tiempo en el cual un pájaro realmente necio tocaba a la ventana de mi habitación desde el amanecer hasta unas pocas horas después de este.

El sonido del picoteo, luego de mis largas madrugadas en vela al lado de la PC, para mi ya era acostumbrado escucharlo justo cuando las persianas se miraban blancas reflejando la luz del sol, pero siempre me ponía nervioso… era sumamente irritante.

Muy entretenido leyendo al lado de mi pequeña lámpara, un ruido detuvo momentáneamente mi corazón, el mismo tedioso sonido antes del alba; ese agobiante picoteo en el vidrio que parecía ser interminable. Supuse que era ese maldito pájaro de nuevo, desquiciado tal vez por darse contra el cristal tantas veces… Así que no le di demasiada importancia.

El picoteo del ave no se detenía, me estaba hartando, seriamente me estaba enloqueciendo. Aunado a esto, la PC se congeló de pronto, lo cual aumentó mi histeria y la lamparilla tintineo un par de ocasiones, hizo corto circuito y se apagó dejándome a oscuras apenas pudiendo vislumbrar algo con la luz del monitor.

De pronto, el aleteo del animal cesó. No se percibía más que el silencio profundo de la noche y el roce de las ramas del viejo árbol de mi fallecido padre, mecerse con el viento. Extrañamente mi corazón se comenzó a acelerar, palpitaba cruelmente en contra de mi voluntad.

De fondo pude escuchar de nuevo al pájaro… aquella desgraciada criatura con sus plumas rojas revoloteaba en mi patio. Yo me encontraba ya sentado en mi cama, de lado a la ventana y me entró la curiosidad de ver qué había exactamente afuera, pero antes de eso, me percaté de que las cortinas estaban mojadas de un líquido rojizo algo viscoso. Me acerqué, lo toqué y era sangre. El miedo me invadió el cuerpo, costaba que sucediera aquello, pero así era, parecía una pesadilla muy atroz.

Pajaro-Rojo-blog-copia

Los ventanales parecían estar resquebrajados y en ese instante no había señal alguna del ave, pero cuando iba a cerrar las cortinas, de repente el pájaro volvió y se azotó contra la ventana explotando. Bañó, por fuera, el cristal, pero esta sangre penetró a la habitación. El fluido parecía cobrar forma, eran como garabatos y se podía leer:

“Ya vienen.”

Para ese momento, mi cuerpo no dejaba de tiritar del terror de la imagen que tenía ante mis ojos, pero la escena no acabó ahí… Miré hacia afuera de nuevo, el sol parecía que ya estaba comenzando a salir, más aún así estaba muy oscuro. A lo lejos, percibí una nube extraña, era negra, pero a la vez rojiza. “Más pájaros”, me dije angustiado. Algo parecían cargar en el medio, una especie de caja.

Aquello era semejante a un sueño muy perturbador, no sabía si estaba dormido o despierto y constantemente me daba golpes exasperados esperando despertarme, pero no fue así. La aves se acercaron y bajaron en picada una tras otra. Llegaron al patio y lo invadieron. Sus asquerosos ojos negros y esas repudiables plumas rojas que brillaban con una intensidad casi satánica, me miraban desde afuera. No sabía qué demonios debía de hacer, pero de repente, un pájaro grande irrumpió una de las ventanas, emitiendo yo, del susto, un alarido ensordecedor. Era enorme y aparte, deforme; cargaba el paquete que antes había observado y lo arrojó sobre la cama.

Me levanté del rincón en donde me hallaba y lo tomé con mano temblorosa. Lo abrí y no pude creer lo que había en el… Era… un hueso. Un frío gélido recorrió mi espalda, ¡qué tan macabro podía llegar a ser aquella escena! Por debajo del hueso, se hallaba un papel, un estúpido papel con una dirección que daba a un cementerio…

El momento, por sí sólo, no tenía ni un ápice de lógica, pero mi posterior acción creo que, dentro de ese instante, cobraba algo de sentido. Tomé un abrigo y abordé mi bicicleta desinflada. Me dispuse hacia el cementerio a toda velocidad, no había ni un alma en la calle, sólo yo, la calle y la oscuridad que me rodeaba a donde sea que mirase temiendo chocar contra algo, más no fue así.

Arribé pronto al lúgubre sitio. Al fondo se desprendía un brillo rojizo que había visto antes, era el pájaro gigantesco de hacía unos minutos. Dejé la bicicleta a un lado y corrí en dirección a la lápida que marcaba. El viento soplaba fuerte, era lo único que podía escuchar, las hojas y ramas creando una orquesta fúnebre, una especie de réquiem…Me arrodillé y limpié un poco la empolvada inscripción de la tumba. Entonces, al ver aquello, palidecí…¡Era en donde descansaba mi padre! Pero el terror se apoderó de mi al leer el letrero de abajo:

“Aquí descansa también I.Blake, único hijo de W. Blake.”

¡YO TAMBIÉN ESTABA MUERTO! ¡Nada! ¡Absolutamente nada tenía sentido! ¡No podía estar muerto! ¡De seguro era sólo un sueño, un muy mal sueño o una broma demasiado pesada! Caí de rodillas ante aquello y me arrastré luego lejos de ahí.

Me levanté y corrí lo más veloz que pude. ¡El ave levantó vuelto y me arrojó un crucifijo negro sobre el cuello que no me pude quitar! ¡Pesaba demasiado! Me devolví a mi casa realmente perturbado por todo lo sucedido. “Es una pesadilla, sólo eso, una pesadilla y NADA MAS! Me decía a mi mismo una y otra vez. Aunque…pensándolo dos veces…por algo mi madre nunca me ponía atención… no me miraba, no me hablaba… ¡No nada!

Cuando entré de nuevo a mi “hogar”, algo me llenó de un extraño alivio, pero de un profundo miedo: Mi madre estaba en el patio regando las flores y tarareaba sin cesar una vieja melodía de vals que había bailado en su matrimonio, me agaché para explicarle lo sucedido y ella, entonces, lenta, muy lentamente… me dirigió una sonrisa demacrada, escalofriante mente macabra y dijo:

– “No… soy… tu… madre.” – gruñó el horrible espectro. Me quité aterrado de ahí y levanté la vista buscando una salida, pero al fondo noté algo más siniestro.

¡Observé un cuerpo ahorcado! ¡Era algo de no acabar!. Sus pies giraban hacia la derecha: norte, nordeste, este, sudeste, sur, sudsudoeste; después se detuvieron y, al cabo de un par de segundos, giraron, con idéntica calma, hacia la izquierda: sudsudoeste, sur, sudeste, este… Era mi madre…


Via Creepypastas


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