Autohipnosis

En teoría era posible. Julio sólo tenía que concentrarse en la imagen de la espiral, abstraer la mirada y darle al ‘play’ de la grabadora. Después sólo debía escuchar su propia voz registrada en la cinta y sería como uno más de sus propios pacientes. Las palabras que él mismo había dejado grabadas harían el resto: lo hipnotizarían con una orden clara: borrar de su mente aquella pesadilla recurrente que le estaba volviendo loco.
Autohipnosis

Hypnosis-treatments

En teoría era posible. Julio sólo tenía que concentrarse en la imagen de la espiral, abstraer la mirada y darle al ‘play’ de la grabadora. Después sólo debía escuchar su propia voz registrada en la cinta y sería como uno más de sus propios pacientes. Las palabras que él mismo había dejado grabadas harían el resto: lo hipnotizarían con una orden clara: borrar de su mente aquella pesadilla recurrente que le estaba volviendo loco.

En su sueño, Julio sentía que agonizaba. Estaba en un lugar maldito. El paisaje a su alrededor era ocre, rodeado de fuego. Cubierto de un aroma a incienso y azufre. Por todas partes se escuchaban los lamentos agónicos de quienes compartían su desdicha y el arrastrar de pasos y cadenas que auguraban nuevos tormentos. Por suerte las cosas nunca habían llegado a más, y cuando una figura, deforme y corrupta de la que sólo alcanzaba a ver la sombra reflejada en la pared iba a hacer su aparición, Julio despertaba. Pero, ¿quién podía asegurarle que el próximo sueño también íba a dejarle a las puertas de aquella horrible visión?, ¿y si las atravesaba?

Lo peor era que aquella pesadilla se repetía de manera incesante cada noche, y lo hacían de una forma tan vívida que estaban volviéndolo loco. “Sería gracioso”, pensó. “Un psiquiatra esquizofrénico”, se dijo sin mucho humor. Al final decidió recurrir a su propia experiencia como hipnotizador terapeuta. Borraría ese miedo y sus recuerdos con una sesión dirigida por él mismo, o mejor dicho, por una cinta magnetofónica.

Julio se preparó en su asiento más cómodo. Estaba agotado, lo cual le haría más receptivo y sumiso al tratamiento. Se ajustó los cascos en torno a sus oídos, respiró hondo y presionó el botón de play.

“Concéntrate en mi voz”, se dijo a través de la grabadora. “Escucha las palabras que caen pesadas como losas atadas a tus tobillos. Las palabras te arrastran, te hunden, te sumergen en el sueño”, escuchó, y Julio fue quedándose dormido, pero atento a su propia voz desde lo más profundo de su mente, como si realmente no supiera lo que iba a oír a continuación.

“La pesadilla vuelve y se adueña de ti. Hay calor y fuego que te abrasa la piel. Y también hay lava que corre a tus pies y amenaza con llevarte, con fundir tus huesos y derretir tu piel. El sueño es más profundo que nunca, la visión es más clara y el terror es mayor, pero no durará por siempre, sino que terminará cuando cuente hasta tres. Entonces despertarás y ya nunca recordarás este sueño ni ninguno parecido”.

Inconscientemente Julio se apremió a sí mismo. La pesadilla estaba resultando más terrible que nunca y la sombra hacía ya su aparición, con la promesa de causarle tanto dolor como fuera capaz. “Despertarás a la de tres –se ordenó- y harás como te digo. Uno, dos y”. Las pilas de la grabadora se agotaron silenciándola y a los pocos segundos, tumbado sobre su cómodo sofá, Julio comenzó a gritar y a maldecir la hipnosis por todos los demonios.

— Via Creepypastas