El libro de los secretos capítulo 1: Lobo de luna llena

Asesinos del Zodiaco
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A diario, en mi pueblo suceden muchas cosas extrañas. Eso es porque éste está rodeado por lugares que tienen su historia. Uno de estos lugares fue un monte (bosque) que fue deforestado a mitades del 2013 y replantado meses después. En pocas noches de luna llena, un lobo se aparecía en la entrada de este monte. La gente del pueblo tomó al lobo como símbolo de mala suerte, ya que luego de sus apariciones, siempre sucedían cosas terribles.

Poco después de una de las apariciones del lobo, en el pueblo hubo una tormenta que inundó todo, e hizo que árboles cayeran. En otra, unos asesinos entraron en el pueblo, y lograron matar 4 personas antes de que los descubrieran y arrestaran.

Con cosas como esa, ¿quién no tomaría a un animal que se aparece antes de que sucedan cosas terribles como algo que da mala suerte?

A continuación, les contaré lo que vivimos 3 de mis amigos y yo, la primera vez que entramos a este monte cuando eramos unos chiquillos. Aquí es donde presento tanto a mi persona como a mis amigos. Soy Alexander, o Alex para los amigos. Mis 3 amigos y compañeros son Mariano, y los 2 hermanos Chayanne y Luciano. Nos considerábamos un equipo de exploradores, y por eso íbamos a explorar al monte.

Como eramos pequeños, obviamente no íbamos a hacer caso a nuestros padres cuando nos decían que tuviéramos cuidado y no nos alejemos tanto. Como somos gente de campo, nos encanta la naturaleza, y un bosque en el que encima no tenía tanta espesura como para perderte fácilmente, pues era completamente explorable. El caso es que debido a eso, explorábamos cada rincón de este monte. Jugábamos al escondite, al ‘corre que te pillo’, a veces encontrábamos un lugar muy abierto y plano para jugar fútbol… Todo el día en el monte era disfrutable.

Pero esa primera vez en el monte, al empezar el atardecer… Nos sucedió algo que no olvidaré nunca. Estábamos a 3 kilómetros del pueblo, una distancia considerable si tienen en cuenta que estamos en un bosque. Nuestra ubicación se hallaba en una laguna, a campo abierto, rodeada de árboles. Decían que allí se encontraban carpinchos, así que íbamos allí a buscarlos.

El sol se ocultó. No fuimos conscientes del tiempo que pasamos allí… Ni bien supimos que no había ni un solo rayo del sol decidimos volver. Estábamos nerviosos y un poquillo asustados porque quizá la noche nos atraparía y nos perderíamos. Caminamos lentamente, pero juntos por el campo. Íbamos en dirección a la casa de Chayanne y Luciano (la casa más cercana al monte). Evitábamos ir por los árboles, ya que todo era más oscuro allí. Entre paso y paso Chayanne miró a su izquierda, y en eso vio una sombra corriendo entre los árboles.

“¡Miren! ¡Hay algo allí!”- Dijo Chayanne. “¿Eh? ¿dónde?”- Preguntamos Mariano y yo, sorprendidos.

Chayanne, con los ojos saltados, señaló aquello, que ahora estaba a más o menos 10 metros de nosotros. Nos quedamos quietos, viéndolo. Como aún no había oscurecido, podíamos ver bien que era como una especie de perro. Pero al acordarnos, supimos al instante que era aquel lobo que según la gente del pueblo, daba mala suerte.

Nos asustamos, y no fue hasta que ese lobo se empezó a acercar que salimos corriendo a todo dar, con el lobo persiguiéndonos. Decidimos ir entre los árboles, ya que eramos más rápidos corriendo por allí y era el camino más corto a la casa de Chayanne.

Corrimos creo yo 2 kilómetros. Decidimos parar ya que no podíamos correr más. Nos dolía todo el cuerpo. Decidimos sentarnos, recostados en un árbol. Estábamos a punto de llorar, ya que durante la persecución ya todo se había oscurecido, y el lobo aún nos perseguía. Aún así, había luna llena, así que podíamos ver todo el monte. Luego vimos unas luces, y supimos que eran las farolas de las calles del pueblo. Ahí nos tranquilizamos durante 30 segundos.

Cuando quisimos levantarnos, nos dimos cuenta… el lobo estaba a un lado de nosotros. Estábamos muertos de miedo, y fue ahí cuando empezamos a llorar, pensando que íbamos a morir cuando casi lo conseguíamos. Pero… resulta que el lobo no nos hizo nada. Se acercó, nos olfateó, y empezó a gemir, como si llorara con nosotros.

Luego de un rato, decidimos acariciarlo. Para nuestra sorpresa, tampoco nos hizo nada. Estaba quieto, dejándonos acariciarlo. Nos levantamos, ya tranquilos, secándonos las lágrimas. Tomamos rumbo a la salida del monte ya caminando, y con el lobo a un lado de nosotros. Ya para cuando llegamos a la salida, el lobo se detuvo. Pero nosotros ya estábamos cansados así que seguimos caminando. Para despedirse, aquel lobo empezó a aullar a nuestras espaldas, mientras nosotros veíamos a la luna llena.

Al día siguiente, despertamos muy tarde por el cansancio. Y ahí nos enteramos de algo que en ese momento, nos hirió… Un amigo, al que queríamos con todo el alma, murió en un accidente con su padre. Para olvidar eso, decidimos ir de nuevo al monte a explorar. No teníamos al lobo en la cabeza en ese momento. Sólo queríamos explorar y jugar.

Llegamos al punto de estar 5 kilómetros alejados del pueblo, en un cerro muy grande. Allí había una cabaña destrozada, con toda la madera y cristales rotos en el suelo. Nosotros, para no desperdiciar esa madera, queríamos agarrar todas las tablas para construir cosas como puentes o alguna choza que fuera nuestra ‘base’. Resulta que Luciano, el más pequeño de nosotros cuatro, encontró la calavera de un animal. No sabíamos de qué animal era. Demasiado pequeña para ser de alguna vaca o caballo que haya muerto. Cuando volvimos al pueblo, le llevamos la calavera al padre de Chayanne y Luciano, cuyo nombre es Nacho.

“¿Eh? ¿Por qué traen esto?” Dijo Nacho, haciéndonos una cara extrañada. “Lo encontramos en un cerro. Queremos saber de qué es.” Le dije yo, que siempre hablé por todos por ser el menos tímido. “Pero… ¡Pero era calavera es de un perro!” Dijo Nacho.

Nos pareció muy raro. Tras pensarlo bien creímos que se trataba de un perro que vivía con su dueño en la cabaña de aquel cerro.

Como nos dió pena, decidimos enterrar la calavera en un arroyo cercano al pueblo, como a 200 metros al sur. Lo raro es que partir de entonces, el lobo no ha vuelto a aparecer. Han seguido sucediendo cosas malas, eso sí.

Uno o dos años después, Mariano salió con algo que nos sorprendió. “¿Y si esa calavera era de aquel lobo que alguna vez se nos apareció y según todos traía mala suerte?”

Eso nos dejó con muchísimas preguntas incluso en la actualidad:

¿Significa que estábamos ante el fantasma de un lobo todo ese tiempo? ¿Cómo habrá muerto ese lobo? ¿Por qué siempre se aparecía antes que cosas malas sucedieran? ¿Tendía el poder de hacer que esas cosas sucedan, o sólo las predecía e iba al pueblo a avisarnos?

Y por último, ¿será que el lobo quería descansar en paz como todos los animales, siendo enterrado?

Eso explicaría porque ya no aparece. Todo encaja.

Hasta el día de hoy recordamos a ese lobo y su aullido, como un canto a la luna llena enorme que habíamos visto en frente nuestro.


Este es el primer capítulo de un libro que guardamos los cuatro. Este libro contiene historias y notas para recordar, y nunca se lo hemos enseñado a nadie del pueblo. Ni a nuestros padres. Lo hemos mantenido oculto. Por eso lo llamamos el Libro de los Secretos.

NOTA: Esta historia es original, por lo que me pertenece a mi, Skakterx. Es mi primera historia y no escribo desde hace tiempo. Si ven algún error o tienen algún consejo, díganmelo. Leeré encantado.

Saludos.

— Via Creepypastas

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