Envuelto en mis sábanas

La primera noche me desperté sobresaltado. Sentí como algo me pateó las piernas dentro de mi cama. Salté desde dentro de las sabanas y caí al suelo. Había algo en mi cama, entre mis sábanas de naves espaciales, donde estaba durmiendo yo. Me levanté del suelo y corrí a la habitación de mis padres. Era tan pequeño que me costó subir a la cama y hacerme un espacio en el medio de las frazadas. Allí, me quedé dormido, olvidando el episodio. A la mañana siguiente me desperté temprano con ganas de ir al baño. Fui, y dormido como estaba me volví a mi propia cama.

La segunda noche cuando fui a mi cama pensé que lo que me había despertado no fue más que mi imaginación. ¡Por todos los dioses tengo seis años, ya estoy grande para asustarme así! Así que ofuscado conmigo mismo y para demostrarme que no soy un nene tonto, me trepé a mi cama y me acosté, cerré los ojos y me dormí. Me desperté con unos ligeros pasos que venían desde el baño. La duermevela que me envolvía hizo que no lo registrara, pero cuando algo me destapó violentamente, me desperté del todo. Caí al suelo con el corazón reventando mi pecho y corrí a la habitación de mis padres. Salté sobre la cama y me acurruqué entre las frazadas. Me quedé muy despierto, mirando la puerta, esperando que aquello entrara y me comiera. Royera mi carne y escupiera mis huesos. A la mañana siguiente seguía con vida, me había quedado dormido.

La tercera noche me acosté debajo de mi cama, con la luz prendida, para ver qué era eso que me despertaba. Había visto Mosnters Inc, y decidí que ese monstruo no era malo, a menos que fuera como una lagartija violeta. De pronto, la luz se apagó, y escuché como unos ligeros pasos se acercaban a la cama. Contuve la respiración. Eso se acostó en mi cama. Su peso hizo crujir las maderas que sostenían el colchón. Pude sentir como un sudor tibio me bajaba por el costado del ojo, contra la piel caliente. Tragué saliva. Respiré hondo, con la boca muy abierta para no hacer ruido. Me acurruque mejor debajo de la cama. Cuando la respiración se me calmo, tuve que decidir, si salir de abajo de la cama y correr al cuarto de mis padres, quedarme allí o saltar sobre el monstruo y golpearlo mucho. Ese valeroso intento de ser valiente quedó frustrado cuando me desperté a la mañana siguiente debajo de la cama, con la almohada toda babeada. Salí de debajo de la cama, solo para descubrir que estaba normal. No había monstruo, ni sábanas rotas, lo único que faltaba era mi almohada, que estaba debajo de la cama, toda babeada por mí.

La cuarta noche me encerré en el armario, esperando, alerta, con una linterna de campamento vieja de mi papá. Me quedé dormido mirando por la cerradura del armario mi propia cama. Pero cuando desperté todavía era de noche. El polvo del armario me hizo toser, con esas toses de adulto que son muy fuertes. Cuando deje de toser y vi mi cama, vi que había algo en ella, tapado con mis sábanas de naves espaciales. Y se estaba sentando. Y luego se bajó de la cama, envuelto en mis sábanas de naves espaciales, y se acercaba a la puerta del armario. Era un bulto de sombras que caminaba con pasos cortos, lentos. Podía oír su respiración a través de las sábanas. Paso, paso, paso. Pude escuchar como tragaba, fuerte, la saliva bajó por su garganta. Cuando abrió la puerta grité, y eso gritó. Y grité mucho más fuerte cuando descubrí que un niño vivo envuelto en mis sábanas de naves espaciales gritaba desde afuera del armario.

Chico-durmiendo


Via Creepypastas


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