Nicole

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Leed atentos porque ésto que os voy a contar me esta matando poco a poco. Él se llamaba Héctor: un joven madrileño de unos 18 años. Inteligente, gracioso, muy cariñoso. Tenía unos rasgos físicos los cuales no destacaban demasiado. Era de estatura media con una constitución bastante fuerte. Pelo corto y claro y ojos castaños. En fin… nada que destacar. Podría decirse que era un chico ordinario.

Una noche salió con sus amigos a ver un concierto de un grupo bastante famoso. En la vuelta a casa se fue solo y se desvió al parque del retiro. Era invierno esa noche, hacia frío y se notaba humedad en el ambiente. Pues bien, Héctor se encontraba dando un paseo en dicho sitio. Estaba pensativo, su cabeza se encontraba en otra parte. Caminando sin rumbo y con la mirada perdida. Escuchó de repente unos gritos desgarradores por parte de una chica. Héctor, alertado, marchó con cautela hacia el lugar del cual venía el sonido. Se escondió detrás de un árbol y divisó a la distancia una chica siendo golpeada por un robusto hombre. Héctor, al ver dicha atrocidad, intentó hacerse el “héroe” – pero menos mal que todo salió bien para ambos- La chica, vapuleada, le mostró sus agradecimientos por haberle salvado pero no le dio explicaciones de ningún otro tipo. Entiendo ahora tantas cosas…

Héctor la acompañó a urgencias donde le trataron la ceja rota y el labio ensangrentado. Ellos hablaron durante un largo tiempo. Se llamaba Nicole, era una chica tierna y muy linda. Tenía unos largos cabellos castaños, una piel tersa y blanca como la porcelana, era un poco pequeña respecto a su edad (que no superaba los 19) pero aun así tenia una figura espectacular. He de decir que lo que se dejaba ver no era plato de mal gusto aun que, la verdad, es que había algo de ella que no dejaba indiferente al mundo: sus ojos. Unos ojos azules que no eran como los demás. Sus ojos eran como espejos del alma, eran dos gotas de agua de un reflejo cortante. Que se fastidiase el mar deseoso de que ellos hubiesen sido el agua de sus playas… pero realmente, nunca supe cuanto mal harían esos cristales preciosos.

Ellos dos se fueron conociendo poco a poco y siempre había una pequeña tensión atrayente que con el paso del tiempo se fue haciendo más y más grande. Yo era un amigo de Héctor y estaba claro que el estaba, como decirlo ¿enamorado?. Realmente, los sentimientos que se produjesen entre ellos dos era un enigma para mi corazón inexperto, pero podría jurar que era amor.

Héctor y Nicole empezaron a salir con el paso del tiempo y ésto, trajo todo lo que acarrea una relación. Los primeros besos, las escapadas nocturnas, menos frecuentes salidas de colegio, las depresiones, los enfados, las alegrías, las penas. Y como no, la primera vez. Finalmente ese maldito momento….

Una primera vez que comenzó como todas con pasos torpes e ingenuos. ¿Por qué cuento esta parte de la historia? se podría decir que fue el momento crucial. Como iba diciendo, todo avanzaba bien. Entre otras cosas a Héctor siempre le había gustado probar nuevas experiencias, nuevos deseos que llevar a cabo y tras leer ciertas cosas sobre cómo a veces el dolor puede ser motivo de gozo, tuvo la genial idea de probarlo con Nicole hasta el punto de tenerlo como algo frecuente en sus relaciones. Esto fue subiendo de frecuencia hasta que llegó al punto en donde todo era completamente monótono.

Todo comenzó a ponerse feo cuando decidió coger una cuerda, la cual anudó al cuello de Nicole y unas esposas para apresarla boca abajo en la cama. Todo iba bien hasta que Héctor comenzó a apretar con demasiada dureza y Nicole a sentir que perdía la poca consciencia que le quedaba. Héctor, creyendo que era un juego de los suyos, la miró con cara de loco y la aterrorizó completamente. Este continuó tirando de la cuerda sin miramiento alguno, lo veía divertido, se sentía poderoso y eso lo excitaba. Nicole… bueno, supondré que en un momento de histeria comenzó a llorar, patalear y gritar en un impulso por intentar liberarse. Solo sé que Héctor se había dado cuenta de lo que pasaba, pero no podía parar. Nunca se había sentido tan bien como hasta ahora y la realidad de todo esto es que no quería parar. De golpe y porrazo, escucho un crujido bastante estridente. Ya no era un simple juego de niños. Le había roto el cuello.

Héctor horrorizado por tan terrible escena, se quedó inmóvil observando a Nicole, que yacía en la cama, desnuda, con una expresión totalmente diferente a la que solía tener. Pasó a tener una expresión llena de pavor, dolor y tristeza.

Decidió esconder el cuerpo, dado que él no quería pasar una larga temporada en prisión. Cogió el coche con Nicole metida en el maletero y se dirigió a la Sierra de Madrid -un sitio un poco apartado de la gran ciudad aunque muy conocido, total no tenía otro sitio donde llevarla- Esa noche, una espesa niebla se levantó, algo que según oí, lo hizo alterarse de cierta manera. Cuando llegó al sitio, cogió el cuerpo, una pala y comenzó a caminar en busca de un lugar donde dejarla. Al llegar, dejó el cuerpo, el cual, estaba envuelto en las mismas sabanas de la cama, en el suelo y excavó un hoyo. Cogió el cuerpo de Nicole y lo arrojó dentro.

Al caer, su cabeza quedo fuera de estas, dejándose ver en ella otro rostro distinto al que tenía en su primera agonía, estaba… feliz. Héctor asombrado pero a la vez lleno de espanto se acercó a mirar más de cerca y vio la mueca de una sonrisa burlona la cual a él le encantaba. Maldito loco. Lentamente fue subiendo la mirada esperando ver esos ojos azules que lo enloquecían, pero no, estaban blancos y apagados. Eran unos ojos espantosos y vacíos. Imagen que se le quedó grabada hasta el final de sus días, que no fueron muchos.

Tras esto volvió a su casa. La culpa le carcomía por dentro. Irónicamente lo asfixiaba. Llegó a casa aterrado, confuso y exhausto. Aún era de noche. Difícilmente y con dolores excesivos de cabeza y tripa, se fue a dormir. Esa noche, un sin fin de pesadillas lo rondaron y todas aclamaban lo mismo; “tú me has matado con tu imparable obsesión…” todas ellas seguidas de gritos de dolor y llantos. Variasveces, la presencia de Nicole salía a la luz en ellas, pero en el peor de los estado de descomposición y putrefacción. Siempre sentía su presencia acosadora y amenazante.

Héctor, desesperado, vino a mí y me lo contó todo. Su culpa en ese instante fue mi culpa y tras pedirle por favor que lo confesase todo antes de que lo hiciese yo, huí. Tras un tiempo en el que no dio señales de vida, fui en busca de la policía, necesitaba ayuda, podría haber hecho alguna locura.

Héctor fue encontrado al poco tiempo, sin vida. Dijeron que murió por un paro cardíaco, al parecer era muy peculiar ya que era un chico joven con muy buena salud. Sacaron la conclusión de que pudo ser un ataque cardíaco por pánico -algo razonable en cierto modo- Lo encontraron al lado de un pequeño hoyo en el cual no había nada, pero parecía que se había removido algo de dentro hacia afuera. No se que ocurrió, pero desde entonces cada vez hay más muertes en esa sierra y todas presentan los mismos síntomas que Héctor. Nunca nadie volvió tampoco a saber nada de Nicole.

No sé qué va a ocurrir de aquí en adelante, solo sé que cada día que pasa tengo las mismas pesadillas que Hector y van de mal en peor. Y con respecto a Nicole…cada vez noto más su presencia. Siento que cada día me estoy volviendo más loco. Nadie me cree, nadie me escucha y ella me observa, con esa mirada fría y dolida.

No más juegos. No más amigos. No más fiesta. No más diversión. Tengo 23 años de los cuales me sobran 5 desde aquel maldito día. Ayer la volví a ver y pide venganza.Yo no tuve la culpa, yo no hice nada, pero me acecha, me intoxica. No paro de sufrir, de tener miedo de mí y de ella. Me considero un cobarde por tomar el camino fácil, pero lo cierto es que es inevitable. Ella lo quiera, ella me busca, me lo pide. Y si ella no pone final a esto, lo pondré yo. Si alguien lee esto es porque tiene que estar muy desesperado, así que, seas quien seas, ten cuidado, ¿no notas que te falta el aire? Ella esta ahí. Pide venganza… ella: Nicole.

— Via Creepypastas

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