Nathan the nobody

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Nathan tuvo una infancia normal. Creció en una gran familia con su hermana gemela materna, Crystal. Se diferencia de su hermana gracias a una rara condición genética llamada Heterocromía Iridum, la cual hace que tenga un ojo azul y un ojo verde. Nathan y su hermana fueron criados por su madre, que se preocupaba mucho por ambos. El Padre de Nathan, lo intentaba.

Nathan tenía 6 años, cuando notó que su padre no lo trataba igual que a su hermana. Él era un chico inteligente que llevaba una vida sencilla en la escuela. Mientras que su hermana era mucho mejor haciendo amigos, ¿cómo no iba a hacerlo? Él la veía como la persona más agradable en el mundo.

Frecuentemente Nathan tenía problemas de ira, se enojaba sin razón y con mucha facilidad. Ese temperamento le había traído muchas peleas y discusiones con sus compañeros y maestros.

Su acción daría lugar a muchas discusiones entre sus padres; quienes lo tomaban con tranquilidad, tratando de evitar discusiones frente a él y su hermana. Algunas veces su padre perdía; su rostro iba rojo de ira ante la noticia de otro estallido. Esto enfurecía a su padre, quien le gritaba a Nathan antes de que su madre interviniera y lo tranquilizara.

Esto de alguna extraña manera, hizo feliz a Nathan. Ver a su padre dándole más atención que a su hermana, ver lo fácil que era manipularlos con ciertas emociones. Era un poco emocionante para él.

Una noche, se despertó al escuchar susurros; frunció el ceño, y se levantó de la cama. Se dirigió a la puerta de la habitación; podía oír los susurros en la planta baja. Se dirigió hacia el pasillo tan silenciosamente como pudo, los susurros tuvieron sentido cuando vio a sus padres.

-¡Siempre eres demasiado amable con él! ¡Fui demasiado suave con él! – Su padre gritaba en silencio, tratando de no despertarlos.

-Es sólo un niño, va a mejorar- Su madre le responde en voz baja, suplicante.

-¡Siempre dices eso! ¿Crees que no lo sabe? ¡Es un chico inteligente! ¡Simplemente no quiere comportarse!

-¡Estás siendo demasiado duro!

-¡No, no lo soy! ¡Él no puede seguir haciendo esto! ¡¿Por qué no puede ser como su hermana?! ¡Ella es dulce, tranquila, y no se rebela como él! ¡Un maldito niño normal!

-Él crecerá.

Escuchó lo suficiente y volvió a su habitación. Sus pensamientos y sentimientos se volvieron amargos y resentidos hacia su hermana. Los próximos días, se negó a hablar o jugar con ella. No fue hasta que ella lo molestó tanto preguntando por qué, que le gritó. Después de que detuvo sus gritos, su hermana se quedó allí, y sus amargos sentimientos se convirtieron en culpa. Podía sentir el dolor de su hermana como si fuera suyo, decidió dirigir sus sentimientos amargos a su padre; el que plantó la semilla en primer lugar. Sin embargo, a causa de todo esto descubrió que sentía algo de envidia hacia su hermana.

A pesar de todo, Nathan amaba y confiaba en su hermana por completo, en parte porque creía que ella era incapaz de hacer algún mal. Como su padre parecía dar a entender que ella era el gemelo bueno y él el gemelo malvado. Él y su hermana se entendían entre sí en un nivel que no todos los hermanos llegan a tener; por supuesto, tuvieron sus dificultades, como la mayoría de los hermanos.

A los 9, Nathan se había distanciado de sus padres. Ellos afirmaban que lo querían igual que a su hermana, pero estaba claro que no era el caso. Sus calificaciones pudieron haber sido grandes, pero él siguió luchando entre sus compañeros. Él nunca molestó a su hermana en la escuela, lo último que quería era molestarla o que los matones se enfocaran a ella. Así que, en lugar de eso, se sentaba lejos de todos en el recreo y utilizaba la escuela como una distracción de las actividades sociales.

Una noche, sus padres salieron y los dos se quedaron con una niñera. La niñera estaba molesta con él; lo único que hizo fue hablar por su teléfono. Así que él se retiró a su habitación a jugar, después de un rato le llegó una sensación inquietante. Agitado, salió de su habitación. Podía oír un sonido débil en la sala de estar; al cual le siguió un grito.

Al doblar la esquina, su hermana estaba en un rincón llorando, la niñera sobre ella gritándole. Su mano se elevó y golpeó el cristal, Nathan después de ese momento se desmayó. Según su hermana, él vino corriendo y derribó a la niñera. Tomó a la niñera por sorpresa, que trató de agarrarse de cualquier cosa y terminó cayendo sobre el soporte del televisor, por suerte, ella solo tenía unos pocos cortes y un brazo roto.

Después de la investigación del incidente, seguido de un análisis de terapia, descubrieron que él tenía problemas de ira, y que perder el conocimiento fue sólo un efecto secundario. A causa de esto, se volvió más solitario, y se negó a participar en actividades estresantes o interactuar.

Cuando ellos crecieron, su padre se fue con otra mujer dejándolos solos con su madre. Su hermana se hizo más popular, debido a su personalidad extrovertida, mientras que él era conocido como el gemelo ‘extraño’; él no se preocupaba por eso mientras su hermana fuera feliz y el no tuviera otro “episodio”.

Ese día, Nathan se alistó como de costumbre. Agarró unos pantalones grises, camisa de color negro y su chaqueta negra favorita que su madre juró que siempre llevaría. Bajó las escaleras y saludó a su hermana con una sonrisa. Ella llevaba unos Jeans azul marino y la camiseta que Nathan le compró como regalo de cumpleaños el año pasado. Nathan miró su collar largo, escondido en su ropa. Es un poco femenino, pero sabía que ella trató de conseguir algo especial para su cumpleaños.

-Nat, me quedaré hasta tarde en el drama de hoy. ¡Es un gran ensayo! – Ella explica, dándole una cálida sonrisa. Nathan asiente y acarició a su hermana en la cabeza.

-Ok, lo más probable es que voy a estar con Jeremy. Yo iré a recogerte ¿Cuánto durará? – Pregunta, mientras empuja para ponerse unas botas de combate.

-A las 4:00 más o menos. – Responde ella.

-Ok.

-¡Oh casi lo olvido! Mi amiga Bell está muy enamorada de ti. Es muy tímida, pero es gracioso.

Ella se ríe, dando un codazo a Nathan quien ya está saliendo por la puerta.

-Ella es la que tiene el pelo rojo, ¿verdad? – Pregunta Nathan con un tono indiferente.

-¿Oooh, te gusta? ¿¡Ajá!? ¡¿Tal vez ahora puedes olvidarte de Sara?! – Ella se burla, dando un ligero empujón; él sólo responde con una mirada.

Caminan juntos a la escuela, tomando el mismo camino de siempre. Hablando de cosas al azar, había una calma anormal en el aire, algo raro, pero Nathan sólo lo ignoró.

Llegaron a la escuela; Nathan consigue algunas miradas que ya esperaba, sobre todo en comparación con su alegre y brillante hermana. Parecen ser de mundos completamente diferentes.

-¡¿Oh, te dije que Dave me invito a salir?! – Interviene ella con entusiasmo, rompiendo sus pensamientos.

-¿Hm? Oh No, creo que no lo hiciste. Eso está bien, él es el que está en el equipo de baloncesto o algo así ¿no? – Pregunta Nathan levantando una ceja.

-No, él es el que está en el equipo de natación. Responde ella dando pequeños saltos.

-Oh. – Responde él con indiferencia, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.

-¿No te importa si lo cito? – Pregunta ella, tratando de leer su rostro. Él se ríe de la pregunta.

-Sabes que yo no me preocupo por ese tipo de cosas. Siempre y cuando no te metas en problemas de nuevo. Se ríe, dándole un pequeño empujón.

El día transcurre como la mayoría de días de escuela, su hermana ocupada con los amigos y las actividades del club; Nathan por el contrario, tiende a pasar la mayor parte de su tiempo escuchando música o escondido en la biblioteca con su amigo, él prefiere ir a lugares donde no haya mucho ruido.

Después de la escuela, Nathan toma el camino para encontrarse con su amigo, pero está bloqueado por un par de chicos. Nathan los ignora sabiendo que sólo quieren tratar de insultarlo, mientras se aleja puede sentir como una lata de refresco golpea su espalda. Se detiene y se queda en silencio, escuchando los intentos de insultarlo a través de sus auriculares, pero responde recogiendo la lata. Se queda quieto por un momento contemplando los posibles escenarios que podrían ocurrir. Alcanza a ver por el rabo del ojo como uno de los chicos viene hacia él.

Nathan lo esquiva con calma, dejando que el chico se tropiece con sus propios pies y caiga al suelo. Él sonríe , viendo al chico molesto. Él sostiene la lata encima de él, dejándola caer sobre la cara del chico, haciendo que la gravedad haga todo el trabajo. A medida que el chico se asusta por el dolor, su amigo no sabe si atacar o retroceder.

-Buen intento… dile a tu hermana “Hola”. – Dice Nathan con una sonrisa antes de seguir adelante. Su amigo estaba allí de pie, con una mirada estúpida en su cara, paralizado por la escena.

Nathan se mueve, camina hacia el lugar donde se encuentra con sus amigos. Frunce el ceño, notando la inquietante sensación una vez más. El que come lejos tuyo, te advierte a permanecer en sus pies. Se forma una mueca en su rostro, mientras Nathan se pierde en una profunda reflexión.

-Oye, ¿qué te tomó tanto tiempo? – Dijo su amigo Jeremy en voz alta, a su llegada. Nathan se encoge de hombros como respuesta, tomando asiento en una de los bancos.

-No puedo quedarme mucho tiempo, tengo que recoger a mi hermana a las 4:00 – Responde Nathan, quitándose su auriculares.

-Sí puedes, ¿por qué de todos modos? Ella ya es el centro de atención y no parece necesitarte cerca – Pregunta Jeremy, algo molesto.

-Ella tal vez sea molesta a veces, pero es mi hermana, y el único en mi familia al que le intereso – Nathan frunce el ceño, perdiéndose en sus pensamientos una vez más.

Su amigo hace caso omiso a la respuesta y la zona quedó en silencio.

Cerca de las 15:45, Nathan camina de regreso a la escuela, y espera fuera de la sala del club de drama. No mucho después, el club termina su actuación y todo el mundo empieza a tomar su camino a casa. Nathan saluda a su hermana mientras ella corre hacia él.

-No son las 4:00. Me alegro de que haya terminado temprano, sería una pena si yo regresara aquí sólo para extrañarte. Él se ríe:

-¿Cómo estuvo el drama de hoy? – Le pregunta mientras empiezan a salir de la escuela.

-Fue genial, ¿Qué hiciste tú? – Pregunta ella, sujeta a su brazo.

-Oh, sólo algunos experimentos sociales y estuve fuera por un tiempo – Responde. A continuación, se ríe de sí mismo.

Ella levanta una ceja, pero se encoge de hombros con una sonrisa.

-Sabes, no tienes que acompañarme a casa. – Dice ella, pero el ambiente se pone raro. Ella mira a lo lejos, consiguiendo deprimirse. Caminan más despacio hasta detenerse, todo queda en silencio por un momento.

Suspira, rompiendo el silencio.

-Lo sé, mamá todavía está preocupada, aunque… y… yo lo estoy también. Todavía se está recuperando después de todo, lo último que queremos es que tu… bueno ya sabes. – Dice entre dientes, mirándola.

-Lo sé, sólo me siento como si estuviera desperdiciando su tiempo – Ella suspira, Nathan simplemente se ríe y le acaricia la cabeza.

-Estás loca, tengo demasiado tiempo libre y lo sabes. Adelante, vamos. – Él sonríe y empieza a caminar de nuevo.

Mientras se abrían camino a casa por el mismo camino de siempre en el vacío vecindario, Nathan se da cuenta de un vehículo siguiendoles detrás de ellos. No le da mucha importancia, sin embargo, hace que su hermana camine más rápido. Esa sensación inquietante está de vuelta una vez más, la misma sensación que ha estado sobre él todo el día. Podía sentir su corazón acelerarse, como si algo fuera a devorarlo.

El sol sigue en el cielo, perdiendo poco a poco su brillo sobre la tierra. Casi nadie está en casa a esta hora. La mayoría está trabajando; algunos tienen hijos con actividades después de clases, por lo que el camino a casa siempre es tranquilo.

Por un instante, miró hacia atrás para ver el coche a la par suya, cegándolo con su brillante color rojo. Nathan pudo oír el vehículo acercándose poco a poco; agarró suavemente el brazo de su hermana, acercándola a él.

-Nathan, ¿estás bien? – Preguntó ella – ¿Estás teniendo otro episodio?

-Simplemente, trato de tomar ritmo, ya casi llegamos a casa – Le contestó.

El auto se detubía lentamente, estaba cada vez más cerca, el sonido de los neumáticos cada vez se hacía más fuerte. Luego de eso, sólo aceleró y les pasó por al lado. Nathan suspira y se reñega a sí mismo por actuar así de paranoico. Se detuvo, soltando el brazo de su hermana, luego suspiró frustrado.

-¿Estás bien? – Le preguntó su hermana, extrañada.

-Sí, estoy bien. – Dice con seriedad – Vamos.

-No, no lo estás – Aseguró ella – Dime qué te ocurre.

-No ocurre nada, sólo… sólo estaba un poco paranoico.

Su hermana cerró los ojos y suspiró, luego respondió:

-Eso es todo lo que necesitabas decir. Pensé que estabas teniendo uno de sus momentos en negro de nuevo. Yo… – Crystal detiene sus palabras, mirando detrás de su hermano con una expresión de desconcierto.

-¿Qué ocurre? – Preguntó.

Ella señaló hacia atrás, Nathan se dio vuelta en respuesta a esto, viendo a lo que su hermana se refería. Tres hombres saltaron de una furgoneta y corrieron hacia ellos. Su hermana se colocó detrás suyo, mientras que él se alistó para pelear. Uno de los hombres se acercó y golpeó a Nathan, pero éste le respondió con el mismo golpe, logrando alejarlo. Los otros dos se acercaron, Nathan luchaba por mantenerlos alejados, podía sentir a su hermana sacudirse detrás de él mientras sostenía la parte inferior de su chaqueta. De repente, uno de ellos lo golpea por detrás, haciendo que se separen. Aprovechando la debilidad, tomaron a Nathan y Crystal y comenzaron a arrastrarlos hasta la furgoneta. Él luchaba para liberarse de ellos, el deseao abrumador de proteger a su hermana le daba fuerzas. Sin embargo, sin previo aviso, Nathan cae al suelo de la camioneta por un puñetazo en la cara, quedándo totalmente aturdido. La camioneta se pone en marcha y parte del lugar, con los dos hermanos dentro.

-Ya los tenemos – Dijo uno de ellos.

Nathan, envuelto en ira, trató de levantarse del suelo con el objetivo de acabar con uno de ellos; sin embargo, cayó al sentir el frío metal de una puñalada en su espalda, terminando desplomado en el suelo, sin fuerzas. Los gritos de su hermana persistían en su mente a medida que caía en la oscuridad, sin lugar a dónde ir.

Se despiertó en una habitación oscura y fría. El lugar no era demasiado grande, se podía apreciar una clase de sótano en ruinas; había tuberías rotas a lo largo de la pared, olor a moho y suciedad. Él hizo una mueca, dándose cuenta de una puerta en el otro lado de la habitación; a diferencia del resto de la habitación, esa puerta parecía nueva y estaba hecha de metal. Él trató de ordenar sus pensamientos y recordar lo que pasó, pero el sonido de las voces provenientes de más allá de la puerta, lo distraían de sus pensamientos.

-¿Cuánto cree que podemos obtener con estos dos? – Dijo un hombre.

-No lo sé – Dijo otro – Es posible que bastante, están sanos y bien alimentados.

-Al menos podemos venderlos en el mercado negro o algo así. Tal vez sólo a la chica… si los otros chicos no caen en brazos malos. El chico, podríamos simplemente matarlo – El hombre se riendose entre dientes.

Nathan apenas pudo oír nada.

-Sí, es cierto. O venderlo también, los hombres venden más si se encuentra al comprador adecuado. Por lo general, alguna fábrica que necesite mano de obra o algún que otro cártel – Respondió el otro hombre.

En su mente, Nathan se dio cuenta sobre cuál era la chica que querían vender, su hermana. Se puso de pie con un tartamudeo, su respiración era ronca y poco profunda. Él oyó cómo los pasos comenzaban a acercarse a la puerta. Rápidamente buscó algo para usar como arma, sin encontrar nada. Desesperado, decidió ocultarse en la esquina de la apertura de la puerta, con el fin de no ser visto. La puerta se abrió lentamente y un hombre entró, para luego cerrar la puerta. Nathan se lanzó sobre él, dándole fuertes puñetazos El hombre, sorprendido, se cayó al suelo.

-¡¿Dónde está mi hermana?! – Gritó Nathan agarrando la garganta del hombre.

Al no recibir respuesta, comenzó a golpearlo continuamente, perdiendo parte de su ira con cada golpe. De repente, sintió cómo una fría barra de metal lo golpeaba en la cabeza, tirándolo al suelo. Se levantó lentamente, con dificultad y aturdido por el golpe. Un hombre mayor, con ropa sencilla, sostenía una larga barra de hierro en su mano derecha. El chico se abalanzó sobre el hombre, dándole un certero golpe en el estómago. Éste trató de pegarle con la barra, pero falló, quedando expuesto al siguiente ataque. Nathan volvió a pegarle en el estómago, duplicando su dolor. Éste se hechó hacia atrás, tratando de soportarlo.

Nathan escuchó a uno de los hombres hablar con amargura y con una pizca de dolor persistente en su voz. De repente, fue golpeado por atrás, nuevamente, quedándo en el suelo sin poder defenderse. Oyó los pasos de los hombres saliendo de la habitación, mientras el sonido de estos lentamente se hacía inaudible, dejándo como único ruido al goteo de las tuberías.

Nathan se quedó en el suelo, lidiando con el dolor. Por su mente pasaban varias cosas: la adrenalina del momento, la miseria física y emocional, el deseo de salvar a su hermana; todo eso hacía que no pudiera estar tranquilo.

Después de un momento de descanso, se levantó del suelo lentamente, soltando algunos suspiros y gemidos de dolor. Sacudió su cabeza a fin de limpiar su mente, luego miró a la puerta de la habitación. Se dirigió hacia la puerta y, con toda su ira, cerró sus puños con fuerza.

-Tengo que… ¡¡¡Voy a salir!!! – Gritó golpeando la puerta.

Continuó golpeando y pateando la puerta, una y otra vez; tratando de romperla para salir. Luego de muchas horas intentando, notó que no podía seguir, ya estaba muy agotado. Se deslizó hacia el suelo por el agotamiento. Su cuerpo le dolía bastante, incluso más que su cabeza. Él se limpió la frente con una de sus manos, y, cuando la bajó, notó algo que le llama la atención; su mano tenía una considerable mancha de sangre, probablemente proveniente de su pelea anterior.

Nathan intentó descansar, pero la idea de que su hermana estuviera sufriendo a manos de esos hombres era suficiente para que no pudiera relajarse. Los sonidos del goteo de tuberías parecían hacer eco, y se hacían más fuertes con cada gota. Él intentó ignorarlos, sólo para escuchar un grito. Él se tapó los oídos ahí donde estaba, con el objetivo de no escuchar nada.

*Goteo, goteo, goteo*

Ya no escuchaba nada, nada en absoluto, sólamente el goteo de las tuberías, ¿sería una alucinación suya? Curioso, apretó el oído contra la puerta de la habitación, logrando sólo oír el sonido del goteo de las tuberías. Se levantó y se colocó frente a la puerta, tomando aire nuevamente. Dejó escapar un grito, para luego comenzar a golpear la puerta con todas sus fuerzas. Al principio, sus puños palpitaba de dolor con cada golpe, la piel de sus nudillos se iba lastimando poco a poco. La ira lo cegaba, haciéndolo parecer un animal salvaje en cautiverio.

*Goteo, goteo, goteo*

Nathan se despertó con un sentimiento, con el cuerpo dolorido y todavía agotado de dormir en un piso frío i duro. Él hizo una mueca al levantarse, con las manos hinchadas y algunas partes lastimadas.

-Lo siento… estoy adolorido, lo siento, pero no te preocupes… Voy a salir y mataré a estos malditos – Se dijo Nathan a sí mismo, con una sonrisa formándose en su rostro, imaginando a sus enemigos en una agonía tortuosa.

*Goteo, goteo, goteo*

Agarró su propia garganta, mirando alrededor suyo, lo cual apenas era iluminado por una pequeña luz. Una tubería tenía una fuga de gas en alguna parte

Él agarró su garganta, mirando alrededor de la habitación apenas iluminada. Una tubería tienía una fuga en alguna parte, el sonido de la fuga probenía de un rincón, donde había una tubería oxidada. Con algunas dudas, miró fijamente a la tubería; se acercó y tomó un pequeño sorbo de agua de ésta. Su sabor era tan horrible que lo escupió rápidamente. “Lo último que necesito… Tengo que salir”, pensó Nathan. Volvió a la puerta de metal, con la intención de pensar una forma de abrirla.

*Goteo, goteo, goteo*

Su respiración se tornó pesada, demostrando su frustración. En un intento desesperado, golpeó la puerta con su cuerpo, ni siquiera una abolladura, lo intentó de nuevo. Sin obtener resultados, golpeó la puerta con frustración. Su mano, sin embargo, no estaba de acuerdo, ya estaba demasiado lastimada como para seguir soportando los impactos. Se golpeó a sí mismo una vez más contra la puerta, acto seguido la pateó. No obtuvo resultados, comenzó a pasear por la habitación una vez más.

Esto continuó por lo que parecía una eternidad, sus nudillos estaban reducidos a carne y hueso luego de los golpes. Nathan resopló mirando a la puerta sin moverse, no podía quedarse quieto por más tiempo. La puerta se quedó allí, burlándose de él, era lo único que le impedía la libertad.

*Goteo, goteo, goteo*

“Voy a matarlos a todos”, pensaba Nathan, “¡Mátalos, hazlos sufrir”, dijo un pensamiento en su cabeza. Tomó una piedra que estaba en el suelo y la lanzó contra la puerta, el eco del metal resonó por toda la habitación. Los sonidos del goteo del agua daban escalofríos en su columna vertebral. La puerta y los goteos se burlaban de él, se reían de su miseria. Los gritos de su hermana llenaban su mente, sin embargo, éstos fueron desapareciendo con el tiempo, dejando sólo un goteo rítmico.

Parecía que pasaban días ahí adentro, mientras que él se deslizaba lentamente por el mismo ciclo. El hambre consumía lo mejor de él, dejándolo sin fuerzas, pero él no se detuvo; de hecho, no podía parar. Golpeaba su cabeza en la pared, mientras pensaba: “Voy a matarlos, voy a matarlos”. Finalmente cedió y bebió más agua, soportando su horrible sabor.

El goteo se detuvo, las gotas se paseaban de arriba a abajo, una y otra vez. Nathan podía jurar que oyó sus gritos, sus propios gritos; él podía oír su voz hablando con él. Comenzó a ver la puerta abrirse, pero no, sólamente era una alucinación. En su frustración y enojo, Nathan respiró fuertemente como un animal rabioso. En un ataque de ira, se levantó y arrancó una de las tuberías de las paredes, la llevó consigo y comenzó a golpear la puerta; ésta no se movió al principio, hasta que al fin, logrando introducir la tubería por el costado de ésta, logró hacer presión, abollando la puerta.

Se quedó en silencio por un segundo, la puerta estaba abollada al costado, era una oportunidad. Volvió a colocar la tubería en ese lugar, luego, comenzó a hacer palanca con todas sus fuerzas, con el objetivo de derribar la puerta. Ésta crujía y crujía, como si estuviera gritando de agonía. Nathan sonrió mientras jalaba del tubo. La abolladura se había agrandado, él se rió secamente.

Se puso de pie en silencio, todavía balanceándose hacia atrás y adelante. Lentamente, se plantea la tubería pesada, y con toda su fuerza la lleva hacia abajo en la puerta. La puerta hizo un sonido trenzado metálico, como si estuviera gritando en agonía. Él sonríó, tirando de la tubería.

Nathan sonrió observando la puerta, la cual estaba muy dañada.

-Es hora de morir – Susurró Nathan.

Elevó el tubo de metal, tomando carrera para su siguiente golpe, fue entonces cuando la golpeó, arrancándola completamente de sus goznes. Él estaba satisfecho, había acabado con lo que fue su enemigo durante todo este tiempo. Pasó a través de la puerta. Nathan caminó por el oscuro pasillo, hasta encontrar una puerta a través de la oscuridad. Los sentimientos de esperanza lo inundaban, el alivio de saber que podía salvar a su hermana le daba impulsos de energía. Podía por ella, él podría salvarla.

De repente, él oyó voces por encima de él, las cuales le hablaban desde el entrepiso.

-¿Está usted todavía en eso? Lo sentimos, ¡pero tuve que matarla! – Exclamó un hombre – La perra se fue volviendo loca, un poco más que algunos otros – Decía sin remordimiento alguno.

-Sí, la verdad me estaba cansando de ver su cara, de todos modos. Toda ensangrentada y esa mierda, era asqueroso.

Nathan comenzó a temblar, las lágrimas comenzaron a brotar lentamente de sus ojos, todo su esfuerzo para escapar de allí, todo eso tirado a la basura. Un escalofrío recorrió su espalda.

-No, esto no puede suceder… ¡¡¡Es mentira!!! ¡¡¡No, no, no, no, no, no!!! – Se negaba a creerlo.

Su esperanza, rápidamente se convertía en tristeza y desesperación absoluta, la cual caía como un yunque en su pecho, lentamente cortando su respiración.

-Sí, apuesto a que ha sido así hace más de una semana. Dudo que respire – El otro hombre se rió.

Nathan se percata de las escaleras que suben al entrepiso y poco a poco comienza a caminar hacia éstas, mientras sus enemigos no dejaban de hablar a la distancia; sus voces eran como un zumbido adormecedor. Su dolor rápidamente se transformó en una ira insaciable, una ira reflejada en su rostro y cuerpo. Su corazón, latiendo junto con la enorme cantidad de emociones que hierven fuera de control, con la sensación de que estaba siendo dividido por los deseos de venganza

Todo se torna silencioso, ya no escuchaba nada. “Nathan, mátalos”, retumbó un susurro en su cabeza. Llegó a la puerta. “Goteo por goteo… por goteo”, se dijo a sí mismo, apenas audible. Nathan empuñó la tubería en sus manos, formando una torcida sonrisa en su rostro. Los hombres abrieron la puerta, sin sospechar nada por el hecho de estar demasiado ocupados hablando entre sí.

Nathan se abalancó sobre el primer hombre, un crujido estremecedor sonó por el golpe del tubo contra su débil cráneo. Su compañero se quedó allí, congelado del terror al ver la sonrisa maniática de Nathan. Las gotas de sangre del primer hombre caían en el suelo. Se rió y golpeó al hombre en el pecho, haciendo que caiga al suelo. Gritó de dolor, pero poco a poco fue dejando de moverse. No había más ruido, sólo el goteo de la sangre en el arma de Nathan.

Luego, siguió subiendo por las escaleras, evitando hacer ruido. Encontró a dos hombres en las plantas superiores, uno estaba ocupado con lo que estaba haciendo y el otro estaba a su lado. Nathan, sin escuchar lo que hablaban entre ellos, se abalanzó sobre uno de los hombres, matándolo enseguida. El rostro del otro se tornó completamente pálido, demostrando terror al ver a su compañero ensangrentado en el suelo. Trató de sacar su pistola, pero Nathan lo golpeó en la cabeza, cayó al suelo inmóvil.

Un último hombre salió de una habitación trasera al escuchar los sonidos. Empuñando un cuchillo, listo para pelear. Luego de una intensa lucha, Nathan lo golpeó en la espalda, provocando que caiga al suelo sin poder moverse. Continuó golpeándolo hasta que su rostro quedó completamente destruido, dejando sangre por todos lados.

Dejando el cadáver de lado, se abrió paso a través de la puerta de donde salió aquel hombre, Nathan se sintió tan feliz al verla.

-Siento que haya tomado tanto tiempo… pero al fin estoy aquí- Le dijo suavemente, mientras caminaba hasta el cuerpo sin vida de su hermana-. No llores, estamos a salvo, voy a mantenerte a salvo. Después de todo, quedan algunos de ellos en este momento. Frunció el ceño, mirando la puerta.

-No, no, shhhhh. Por favor, no llores más. Yo te protegeré… Lo prometí después de todo, ¿recuerdas? Jejeje. Voy a matarlos a todos, yo te salvaré- Acarició la cabeza del cadáver de su hermana, la sangre cubría su mano.

Él no parecía darse cuenta de sus desfiguraciones o incluso su sangre, no se daba cuenta de que el cuerpo de su hermana se hallaba en descomposición por la muerte, y de su abollado cráneo.

-Vamos, Nat, hay más- Oyó susurrar a su hermana en voz baja.

-Sí, vamos- Susurró él, haciéndose camino por las escaleras-. Tengo que salvarte, matándolos. Así es como funciona, los mataré- Dijo con una sonrisa, sosteniendo firmemente un tubo con sangre goteante en una mano.

Autora: IvyDarkRose

— Via Creepypastas

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