El ser detrás de la puerta

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

En la penumbra de mi habitación veo muchas cosas. Cuando es de noche, solo veo el oscuro contorno de ellas. Nunca me gustó dormir con luces encendidas. Aunque en momentos como este, sí lo deseo.

A los pies de mi cama hay una cómoda de color gris ubicada en una esquina de la habitación, y encima de esta está el televisor, en el cual de día puedo ver mi reflejo. A un lado del mismo, lo único que hay es la colección de figuras de acción de Batman. En total, diez estatuillas. La sombra de las mismas las veo todas las noches plasmadas en la pared, ya que, frente a ellas, en la misma pared en la cual está la cabecera de mi cama, hay una ventana. La cortina tiene una pequeña abertura alargada que deja filtrar un reducido pero potente haz de luz, que baña a mi cuarto en una ligera luminosidad. Ligera, pero suficiente para que pueda ver casi todo. A la izquierda de la cómoda, está el perchero con una campera de color naranja colgada en uno de sus brazos. Forma una figura similar a un ser de pie mirando hacia mi cama, parecido a un demonio alto y delgado.

En la otra esquina de mi habitación, hay un gran armario del mismo color que la cómoda. Tiene casi el doble de mi altura, y en su cima hay apoyadas unas cajas con juguetes viejos y objetos de poco valor. A la derecha de este mueble, está la puerta de mi cuarto. Mi habitación está al final de un pasillo, por lo que al caminar por este uno ve al fondo la puerta de mi habitación. De día, está constantemente abierta. De noche, siempre cerrada. El picaporte siempre provoca un rechinamiento corto pero siniestro cuando es accionado.

El hecho es que, hace dos o más horas, alguien ha intentado abrir la puerta desde el otro lado, lo suficientemente fuerte para que me despertara. La primera vez que esta fue presionada hacia dentro y su picaporte fue girado, me levanté y la abrí, creyendo que sería mi madre. No había nadie del otro lado. Nadie ni nada. Solo el largo pasillo con paredes rojas y cuadros familiares. Unos minutos más tarde, ocurrió nuevamente. Me paré rápido y la abrí. Nuevamente, nada allí, pero oí claramente a alguien alejarse muy rápido. No sonaron como pasos de una persona, pero sí como de un perro. Lo extraño es que yo no tengo mascota.

Fui a la habitación de mi madre porque creía que me estaba tendiendo una broma. La vi en la cama, durmiendo. Podría haber sido ella, que ahora se estaba haciendo la dormida, si no fuera porque la puerta de su habitación estaba cerrada. Sabía que no había sido ella, ya que esa puerta hace un gran ruido al abrirla o al cerrarla, y siempre que es abierta, por muy suavemente que alguien lo haga, rechina. Siempre la oigo de noche cuando mi madre la abre o la cierra.

Al cabo de un rato, ocurrió de nuevo. Pero no una vez, sino muchas veces en menos de un minuto. Lo único que hice fue permanecer tapado hasta la frente. Aunque la sábana no funcione como escudo, es la única manera en la que me siento protegido. Una vez que paró de moverse, me armé de valor y me destapé. Me senté en la cama y pregunté quién era. No hubo respuesta. El piso estaba frío, y yo descalzo. Me dije a mí mismo «debo estar soñando…», pero sabía bien que no era así. Decidí pararme, con el propósito de dirigirme a la puerta y ver a través de la mirilla. Dar los primeros pasos fue una gran proeza para mí, ya que tuve que acabar con mi cobardía. Estaba llegando a la puerta, y esta se movió de nuevo. Esta vez fue bastante fuerte, casi como un golpe. Di un respingo y pegué un pequeño grito. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aun así, me agaché apoyando las rodillas en el suelo, y acerqué mi cara hasta la mirilla de la puerta. Cerré el ojo izquierdo, y ubiqué el derecho bien cerca del agujero.

En un principio solo vi las paredes rojas del pasillo y los cuadros ya mencionados. Lo extraño era que algo estaba iluminando el lugar. Había una luz tenue de color blanco. Me quedé unos diez segundos mirando a través de la mirilla, y algo aterrador ocurrió. Súbitamente, un extraño ojo se postró del otro lado del agujero. Era un ojo sin pupila, con un iris escarlata, casi idéntico al color de la pared. Pero este brillaba y transmitía un horror inimaginable. Emití un gemido de miedo y me alejé rápidamente. Luego, volví a mirar a través del agujero, y un pavor dominó mi cuerpo por lo que vi. El ojo se alejó, dejándose ver así un ser amorfo, con una cabeza humanoide, con dos agujeros en el lugar de la nariz y una boca pequeña. El mismo corrió a cuatro patas a través del pasillo. No tenía pelo en ninguna parte del cuerpo, ni tampoco tenía miembro. Era un ser escuálido con garras en los dedillos de sus extremidades. Llegó hasta el final del pasillo, donde está la cocina, y se ocultó detrás de la pared, vigilando mi puerta. Podía ver sus dos ojos relucientes. Las cuencas de sus ojos tenían un color oscuro, como una persona que no duerme por tres días. Todo su lampiño cuerpo era de un gris verdoso, y emitía una extraña luz similar a los objetos quimioluminiscentes que brillan en la oscuridad.

Me quedé paralizado, catatónico. Cerré los ojos y me toqué la cara para comprobar que no fuera un sueño, dudando de la realidad que estaba viendo. Volví a mirar por el agujero, y el ser seguía allí, esperando a que saliera de mi habitación. Me alejé de la puerta sin hacer ruido, casi arrastrándome, y me acosté nuevamente. Me tapé por completo, ya que estaba temblando. No solo del frío, sino también del pánico y el horror que sentía.

Ha pasado ya un buen rato de este hecho. La puerta no ha vuelto a ser sacudida ni golpeada. Sigo aquí, bajo las sábanas, con escalofríos y con miedo, viviendo este momento como si fuera una realidad distinta a la de todas las noches. Hace ya un rato que siento una picazón y un calor por todo el cuerpo, probablemente a causa de los nervios que pasé. Mi cabeza está perdiendo pelo, no sé el porqué. Mi cabello rubio se está cayendo y va quedando sobre la almohada. Mi cuerpo está comenzando a largar un hedor horrible, y mi piel se está tornando gris. Me duelen los ojos y siento que mi garganta está sufriendo y que ya no tengo voz. Debería estar todo oscuro bajo mis sábanas, pero no lo está. Estoy comenzando a emanar una luz que ilumina tenuemente el espacio en el que estoy escondido. Ahora mis uñas han crecido un centímetro en menos de media hora, y siento que mi cuerpo se está transformando en otro. No sé qué me está pasando.

— Via Creepypastas

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