El demonio de Paint

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Una tarde, estaba yo solo sentado en mi computador, al poco rato me acordé de que mi maestro me mandó una tarea que tenía que hacer con Paint. A los pocos segundos abrí Paint y vi un archivo llamado “Devil.Paint”; no recordé haber creado un archivo con ese nombre, así que decidí abrirlo. Cuando lo abrí me quedé impactado por lo que había visto. Era un dibujo de un individuo con un cuerpo normal, pero de la cabeza le estaba chorreando sangre, también los ojos y las manos. No obstante, lo que más me impactó fue su sonrisa, era muy realista.

Yo me quedé paralizado por lo que vi. A los pocos segundos, reaccioné y apagué el equipo. Decidí llamar a uno de mis mejores amigos. Le dije que viera el dibujo conmigo, pero cuando lo vio junto a mí, no había ni rastro de sangre. Mi amigo se fue y yo, muy decepcionado, cerré el Paint. Al poco rato volví a abrirlo para ver si algo había cambiado. Efectivamente, era el mismo dibujo que al principio, solo que el fondo era negro y salía más sangre disparada del suelo rojo. Lo que mas me asustó, de nuevo, fue la sonrisa del dibujo; resultaba demasiado realista. Salté y desenchufé el computador.

Opté por buscar en la laptop de mi madre qué era “Devil Paint”. Hurgué un poco entre las imágenes y no encontré más que el ícono de Paint. Algo confuso, pensé para mis adentros: “Esto debe de ser nuevo, a nadie le habrá pasado aún, quizás yo sea el primero.”

Abrí el Paint, una vez más, para ver el dibujo desde mi computador. Se me ocurrió utilizar el borrador para borrarlo; por algún extraño motivo, no había manera. Decidí eliminar el archivo, pero cuando traté de hacerlo, apareció un mensaje que decía: “No se puede eliminar este archivo”. Llegué a pensar que podía tratarse de una especie de demonio.

Lo único que podía hacer en una situación así era formatear el equipo, y eso hice. Cuando revisé el Paint, ¡ahí seguía ese condenado dibujo! No pude contener mi ira, agarré el computador y lo tiré por la ventana. Quedó hecho añicos. Era tarde y estaba cansado, por lo que me fui a dormir. A la mañana siguiente, cuando me desperté, vi una hoja en mi mesa de noche: el dibujo del Paint estaba impreso en ella. Le di la vuelta y observé que había un texto escrito con letra de un niño de tres años: “Nadie se libera de mí, ahora te mataré”.

Me asusté tanto que tiré la hoja y salí de mi cuarto, pero decidí seguir observando el dibujo de lejos, el dibujo se comenzó a mover, y luego salió una mano igual a la que tenía dibujada. Sin pensarlo dos veces, salí raudo de mi casa gritando. Ya había dejado una manzana atrás y volví la vista: el hombre del dibujo corría hacia mi; seguí huyendo, hasta que opté por esconderme detrás de una pila de rocas. No resultó ser un escondite muy bueno. En menos de diez minutos, el dibujo me encontró al grito de “¡Bu!”. Salí de allí como pude, parecía que él quería seguir persiguiéndome un rato más.

Regresé a mi casa y tomé un cuchillo para defenderme. El dibujo me encontró de nuevo y, esta vez, trató de matarme con sus propias manos, las cuales le corté. Me temo que aquello no ayudó: él me mordió el pie y me arrancó un pedazo de carne. Yo estaba llorando y sangrando, pero no me dejé llevar por la desesperación y le clavé el cuchillo en los ojos. De la forma más macabra que uno pueda imaginar, comenzó a reír y me volvió a morder, esta vez, en la rodilla.

Me hallé en el suelo, desangrado. Con las pocas fuerzas que me quedaban, le ensarté el cuchillo en su cabeza, pero él se mofó: “¡Ja! ¿Eso es todo lo que te atreves a hacer?”

Se abalanzó sobre mí para morderme la cara. Reaccioné tan rápido como pude y le atravesé la boca de un cuchillazo. Finalmente, cayó inerte al suelo. Me limpié un poco la sangre. Una vez comprobé que, en efecto, estaba muerto, cogí el cadaver del dibujo y lo tiré a la basura. Yo, sangrando de la rodilla y del pie, traté de erguirme, en vano. Al poco rato, llegó mi madre y preguntó escandalizada qué había pasado. Yo le mentí diciendo que vinieron unos ladrones y los asusté con el cuchillo.

Ella me llevó de inmediato al hospital para me curasen la pierna. Nunca jamás volví a hablar con nadie de aquel dibujo. Ahora, sin embargo, te lo estoy contando a ti. Y hasta ahora no puedo olvidar la sonrisa del maldito dibujo.

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— Via Creepypastas

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