Atras de la Puerta
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El perro negro

Escrito por Víctor Morales de Venezuela. Por favor Leer y dejar sus comentarios, también pueden leer mi historia “Él sigue allá afuera”.
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Escrito por Víctor Morales de Venezuela.

Por favor Leer y dejar sus comentarios, también pueden leer mi historia “Él sigue allá afuera“.


Mis padres me convencieron para que me comprara una mascota, ya debería por mi edad de tener una, estaba muy emocionado porque no he tenido una antes y al día siguiente fuimos a la tienda de mascotas. Habían muchos tipos de animales doméstico de los cuales podía elegir; serpientes, hámsteres, gatos, perros, aves, peces, en fin, una tienda de mascotas.

Estaba muy indeciso así que mi madre quiso ayudarme a elegir, entre todos los animales, me gustaba un pequeño gato blanco y un periquito amarillo realmente adorable, pero me llamó mucho la atención un pequeño perro negro que estaba en una jaula, parecía triste y sus ojos brillaban mucho, su cola se meneaba en el aire y su hocico era gracioso, me pareció el perro más lindo del mundo, así que elegí ese.

La señora que atendía la tienda nos miró de manera extraña cuando vio que elegimos al perro, nos comentó que el perro fue abandonado cuando era un cachorro por un hombre y que nunca más regresó por él. Me puse más triste, así que todavía estaba más decidido a adoptar al perro. También nos dijo que tenía un comportamiento extraño, que le daba la impresión de que siempre estuviese esperando a alguien –quizás solo son intuiciones mías, dijo la señora-.

Antes de irnos de la tienda compramos alimento para el perro, una tarjeta de vacunación, un collar y una correa y champú para perros, llegué a casa muy contento con muchas ganas de jugar con el perro, en el viaje de regreso a casa lo noté un poco raro, se quedaba mirando por la ventana, como si esperase a alguien (tal y como dijo la señora de la tienda), pensé que se le pasaría en cuanto conociera la casa.

Jugamos durante rato, comió y hasta lo bañé, pasaron las horas, le puse el collar y le puse por nombre Cookie, también le compramos una canasta de perro en donde podría dormir. En la noche el perro estuvo un poco desanimado, le pregunté a mamá que le podría estar pasando y ella me contestó que podría estar sintiéndose extraño ya que quizás hubiese estado algún tiempo solo sin que nadie cuidase de él.

A la hora de dormir dejé al perro en su canasta y lo abrase y me entró un sentimiento de tristeza, como era posible que alguien hubiese dejado un perro tan lindo en una tienda de mascotas, quien sabe, a lo mejor tenía sus motivos. Me costó irme a acostarme sin dejar de pensar en el perro y lo que le habían hecho, nunca, pero jamás yo dejaría de querer a aquel perro.

Pasó una semana, el perro pareció cambiar de aires, ahora estaba más animado, saltaba y jugueteaba cuando me veía llegar del colegio, pero también noté algo extraño en mis padres, ellos estaban, no sé… apagados. Me hacían recordar al perro en sus primeros días; tristes. Un día me le acerqué a mamá que estaba preparando el almuerzo y parecía más distraída de lo normal, le pregunté porque estaba así de ánimo, me respondió que hace una semana, unos días después de haber adoptado el perro, había tenido unas pesadillas muy extrañas y que estaba un poco nerviosa, solo eso, dijo que no me preocupara, que se le pasaría.

En la noche siguiente mamá estaba muy alterada, papá estaba trabajando y no le cogía el celular, el la había llamado y le había dicho que venía en camino, pero eso fue hace dos horas, cuando papá solo tardaba una hora o menos. Mamá llamaba y llamaba, pero papá no contestaba, mamá empezó a asustarse, yo estaba jugando con el perro en la sala mientras hacía mi tarea, escuché a mamá murmurar y decía que papá no le atendía, dijo que probaría otra vez así que salió al jardín para coger mas señal.

Pasó algo así de media hora, yo ya había terminado mi tarea pero mamá no había vuelto y no la escuchaba en ninguna parte de la casa, el perro seguía alegre, tampoco papá llegaba, así que salí al jardín a ver si la encontraba. No la encontré. En ese momento iba pasando nuestra vecina, así que le pregunté si no había visto a mi madre, ella me contestó que no, y se quedó mirando a mi perro de manera extraña supongo porque no lo había visto antes, pero ella lo miró de una manera como desagradable, luego se marchó a su casa.

Intenté averiguar dónde estaba mamá, así que subí al piso de arriba, busqué en las habitaciones, en el baño, en el cuarto de lavado, en la cocina, en la sala, en el patio trasero, pero no estaba en ningún lugar de la casa, parecía que el perro también la buscase, era tan lindo. Empecé a ponerme nervioso, sabía que algo se me olvidaba… Ah sí, era el sótano, ese lugar al cual le tenía miedo cuando era más pequeño. Bajé, las luces estaban apagadas, de repente sentí mucho miedo, no sé porqué, la casa sola, mamá no estaba, papá no llegaba, y el sótano oscuro, pero se me pasó porque sabía que Cookie estaba conmigo.

Creo que de ahí en adelante todo fue un desastre.

Mamá estaba en el piso inconsciente, tenía el celular en su mano, y parecía que aun la llamada estuviese en línea, lloré, lloré mucho, mamá no me respondía, parecía estar sumergida en un terrible sueño, cuando recosté su cuerpo sobre la pared vi algo espeluznante escrito en su frente, parecía haberse hecho con la punta de trozo de hierro caliente, decía claramente; COOKIE me asusté mucho, ¿porqué decía eso en la frente de mi mamá? ¿Qué le había pasado? ¿Dónde estaba papá? Y sobre todo ¿Dónde estaba Cookie? Estaba conmigo hace un momento, con lágrimas en los ojos dejé a mamá y tomé el teléfono y marqué el número de papá…

Cuando empezó a repicar, escuché el sonido de un celular arriba del sótano, me quedé muy confundido ¿papá habría llegado? Corrí rápidamente al piso de arriba, y me quedé en shock cuando vi a papá en la entrada, con el teléfono en la mano y estaba a punto de contestar, se empezó a preocupar cuando vio mis lágrimas, pero no venía solo, venía con un señor que vestía todo de negro y que se reía mientras acariciaba a mi perro -¡qué lindo! – dijo. Le expliqué a papá lo que había sucedido de una manera rápida, muy rápida, le dije que mamá estaba inconsciente en el sótano y que le había estado llamando pero él no contestaba, el señor parecía no escuchar, papá tampoco.

—¿Quién es él, papá? —Le pregunté.

Papá me miró de manera extraña, extrañísima.

—Hijo, ¿de quién estás hablando?

El señor sacó un cuchillo de la camisa que tenía y rápidamente apuñaló a papá por la espalda, papá cayó en el piso y el señor lo apuñaló varias veces mientras el perro veía el cuerpo de papá como a un hueso nuevo. Grité mucho, lloré, estaba muy asustado, en el piso de la casa había sangre y papá parecía estar MUERTO.

Yo llamaba al perro pero él no me hacía caso, luego el señor levantó la mirada y me apuntó con su cuchillo, pero no dijo ni hizo nada.

—No deberías meterte con mi perro. REGRÉSALO —gritó.

El señor levantó la cara de papá que estaba de piso en la alfombra y manchada de sangre, el señor tomó el filo del cuchillo y en la frente de papá escribió con letras grandes; Cookie. Me volvió a apuntar con el cuchillo y dijo con una voz espeluznante y grave, no podía ver sus ojos y mi perro parecía sonreír, pero era una sonrisa malvada, sus ojos eran rojo oscuro y sus dientes estaban embadurnados de sangre y se me quedaba viendo con una mirada de terror que hasta el día de hoy no hallo ni cómo explicar.

No sé qué pasó después.

En un momento abrí los ojos y estaba en plena calle, temblaba y tenía frío, era de noche y no había una sola alma en las calle, era tan terrorífico, había estado viendo aquel momento tan perturbador y después aparecí en aquel lugar deshabitado, en mis brazos tenía a Cookie y frente a mí tenía la tienda de mascotas con la puerta abierta, pero todos los establecimientos comerciales estaban cerrados con las rejas bajadas y solo la tienda de mascota aunque no hubiese nadie adentro, sólo las vitrinas con las jaulas con los animales dormidos y los artículos de cuidado de mascotas, entré y dejé al perro en el suelo, estaba oscura la tienda, y tras el mostrador estaba la figura de aquel señor que me miró de manera terrorífica, el perro fue hasta donde estaba él, yo lo veía y no sabía qué hacer, qué sentir, qué decir, de repente me volvió a mirar y dijo:

—Esto siempre les pasa a las personas que quieren llevarse a mi perro, será mejor que regreses a casa con tus padres, niño, ya es muy tarde…

Salí de la tienda y me encontraba en aquellas calles desiertas, no volví a ser el mismo desde aquel incidente. No sé que pasó de ahí en adelante con mi vida, nada… La pregunta es ¿quién, o qué era ese señor?

A lo mejor a alguien adoptará de nuevo al perro, es muy lindo y simpático, ya sé porque alguien lo abandonó.

A quien pueda encontrar estas notas.


Via Creepypastas


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