El Vampiro de Düsseldorf – Parte X- Final

Rafael Aviña cuenta sobre la cinta de Fritz Lang: “M inaugura el tema del asesino serial en el cine tomado de hechos verídicos, a pesar de la insistencia del propio Lang acerca de que Kürten no fue su modelo y de que el guión estaba preparado antes de su detención. Varios allegados al régimen nacionalsocialista vieron en el título de esa historia (bautizada originalmente como El asesino está entre nosotros), un tipo de mala propaganda, y más concretamente una traición y una injuria.

Cuenta George Sadoul en su Historia del cine mundial que el productor del filme recibió a un emisario del partido nazi, quien tenía asegurados once millones de votantes para el Führer. Le hizo saber que la película sería boicoteada si se presentaba con ese título injurioso para los alemanes, quienes desconocían por supuesto el tema de la historia. Lang y su productor acceden y el filme se convierte en un éxito taquillero, tanto que el propio Josef Goebbels, director de propaganda de Hitler, le propone a Lang que se haga cargo de la Dirección de la Industria Fílmica nazi.

El cineasta se rehúsa y decide emprender el camino del exilio en 1933, primero en Francia y más tarde en Estados Unidos, hasta su tardío regreso a Alemania en 1958. El propio Lang relata que, al ser citado por Goebbels, éste le dijo respecto a M, el Vampiro de Düsseldorf: ‘Hemos confiscado su película. No nos gustaba el final. Que el criminal se vuelva loco no es suficiente castigo, debe ser destruido por el pueblo’. Y también le comentó: ‘El Führer ha visto Metrópolis y ha decidido: éste es el hombre que nos dará la película nazi’”

Una canción infantil es el inicio de la película rodada por Fritz Lang para inmortalizar dentro del expresionismo alemán los crímenes de Kürten. Es la historia de un maniático, un hombre enfermo que asesina niños, incapaz de detener sus deseos sangrientos. Dos directores, Joseph Losey en 1951 y Robert Hossein en 1964, harían remakes de la película de Lang, con resultados mediocres.

En la madrugada del 2 de julio de 1931, la cabeza de Kürten rodó por las baldosas de la prisión de Klingelputz. Con ello iniciaba una leyenda terrible que perduraría por décadas. La historia de Peter Kürten, como la entendió el propio Fritz Lang, se convirtió en una oscura alegoría del ascenso de Hitler y el nazismo. Serían hombres como Kürten, curtidos en la violencia familiar y atormentados por los traumas infantiles, los encargados de administrar, en los años venideros, los campos de concentración nazis, esas inmensas fábricas de cadáveres.


Via Creepypastas


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