Los Rhinogrades o Snouters

Allá afuera
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Todo comenzó en 1941 cuando el sueco Einar Pettersson-Skämtkvis escapó del ejército nipón que le tenía retenido como prisionero de guerra. El destino quiso que Einar no fuera recapturado y así logró nadar lo suficiente como para dejar atrás a sus captores. No obstante la casualidad hizo que las corrientes marinas condujeran a Einar a un misterioso y hasta entonces desconocido archipiélago en algún lugar del Océano Pacífico.

Allí, Einar descubriría un oasis zoológico en el que el mismísimo Charles Darwin habría caído presa del asombro. Y es que, en aquel archipiélago, los mecanismos genéticos de la evolución habían tomado unos cauces excéntricamente distintos al del resto de seres vivos que se conocen, tal vez debido al aislamiento geográfico. Fue así que Einar se encontró con un extraño abanico de especies de mamíferos que habían desarrollado sus apéndices nasales de un modo inimaginable que les había permitido adaptarse a los diversos entornos de la isla y cumplir multitud de funciones según la necesidad.

Seres como ratones que volaban con las orejas y se apoyaban con una fusión entre pata y nariz, pequeños roedores que recordaban a los pulpos porque se desplazaban sobre varias narices parecidas a tentáculos… Aquellas fueron sólo algunas de las fascinantes criaturas que poblaban el archipiélago que posteriormente sería bautizado como Hi-yi-yi o Hi-IAY islands.

Años después los misteriosos seres serían conocidos como snouters o rhinogrades; ya que, pese al descubrimiento de Einar, no hubo un estudio científico sobre las criaturas hasta 1957, año en que el naturalista alemán Harald Stümpke se decidió a investigar a aquellas narigudas criaturas y elaboró así su gran monografía “Bau und Leben der Rhinogradentia” (Forma y vida de los Rhinogrades).

Según los estudios del profesor Stümpke, los Rhinogradentia conformaban un orden biológico independiente que se caracteriza por su particular morfología y su método de movimiento, el cual consistía en que, en lugar de usar sus patas, usaban su nariz larga y extendida (o sus narices) para desplazarse. Los Rhinogradentia podían tener una o varias narices, razón por la cual se dividen en dos familias: la Monorrhina (de una sola nariz) y la Polyrrhina (de varias narices).

El género con el que fueron catalogados “Rhinogradentia” proviene de la partícula “rhino” o “nariz” en latín. Stümpke describió 26 géneros y 189 especies dentro del orden Rhinogradentia, hablándonos entre las líneas de su obra sobre rhinogrades que usaban sus apéndices nasales para funciones tan variadas como pescar, caminar y sujetarse de las ramas, posarse sobre el suelo y capturar insectos con sus colas pegajosas, etc.

Seguramente Stümpke habría publicado más sobre los rhinogrades si una prueba nuclear realizada cerca del archipiélago no hubiera provocado una explosión con un radio de unos 100 kilómetros, una detonación que acabó con las 18 islas del archipiélago, hundiéndolas en el Océano Pacífico con Stümpke y los otros científicos que en ese momento estaban celebrando un congreso en una de las islas… Ese fue el fin de los rhinogrades y, si no hubiera sido porque tiempo atrás Stümpke había publicado su obra, quizá nunca hubiésemos conocido el orden Rhinogradentia.

Pero… ¿Acaso existieron realmente los Rhinogrades? No. En realidad todo fue inventado por el eminente zoólogo alemán Gerolf Steiner de la Universidad de Karlsruhe. Steiner inventó una historia tan cargada de detalles que parecía real: Al prisionero sueco Einar Pettersson-Skämtkvis, el archipiélago Hi-yi-yi, al profesor Stümpke (usó su identidad ficticia para firmar como si Stümpke existiera y fuera el autor de “Forma y vida de los Rhinogrades”) y, desde luego, 189 especies de rhinogrades, animales totalmente inventados e imposibles de encontrar en la naturaleza.

Lo que Steiner creó fue en realidad una brillante mofa a la ciencia, una parodia del género de la monografía científica en la cual puso todo su ingenio y su conocimiento zoológico para hacer dibujos técnicos, descripciones, categorizaciones y sistematizaciones con el rigor de una obra verdadera…

Sin embargo, y a pesar de lo descabellado de sus descripciones, la precisión y perfección con la que fueron descritas en el libro “Bau und Leben der Rhinogradentia” confundieron a un gran número de zoológos, ni qué decir tiene que muchas personas dieron por cierta la monografía y el texto aún a día de hoy se puede comprar por internet en portales como Amazon.

En numerosos portales de internet incluso se ha tratado esta noticia como cierta y es bastante habitual encontrar extractos y dibujos del libro en webs de criptozoología de muchos países.

Como dato curioso debe citarse que en 1970 fue nombrada en honor de Steiner una especie de mariposa recién descubierta con el nombre de “Rhinogradentia steineri”.

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Para finalizar el artículo, os dejo con una galería de ilustraciones del libro y recreaciones del cual sería el aspecto de los rhinogrades, en las que puede apreciarse la morfología de estos seres imaginarios y la gran cantidad de especies que supuestamente existieron.

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