Sabores Ácidos

Joshua Hicks, un cocinero de gran fama en un restaurante de Stewart Street, llamado Island Grill, sobretodo conocido por sus bollos, el postre más famoso del local. Los sabores varían desde simple relleno de queso, hasta sandía con un toque de mermelada de chocolate, todos artesanos.

Joshua disfrutaba creando nuevos sabores cada mes, y este no iba a ser una excepción, trató de hacer algo nuevo. Pensó en hacer una explosión de sabores que hacen bailar a las papilas gustativas. Y la idea se le vino a la cabeza. Para celebrarlo llamó a su mejor amiga de confianza, Megan Jackson, y lo hablaron mientras tomaban una pizza que habían encargado.

—¿Y bien?—Dijo Megan—¿Cuál va a ser ese sabor exitoso?

—Pues mira—respondió Joshua—van a ser… ¡bollos con sabor ácido!

—Pues oye, es una buena idea, me gusta. ¿Cómo lo vas a hacer?

—Voy a tratar de poner cualquier cosa que tenga sabor ácido, naranjas, a lo mejor sabor a limón…

—Hay que pensarlo, dijiste ayer que saldría el nuevo sabor en dos semanas.

—Créeme que si fui capaz de sacar un bollo con sabor a sopa con curry y bacon seré capaz de hacer un bollo con sabor ácido.

Aquella noche no durmió, estuvo toda la noche planeando todo lo que tendría que hacer al día siguiente para triunfar finalmente con el sabor final.

Por la mañana, escuchando las noticias, salieron un par de noticias que le interesaron, la primera era la de una chica a la que le habían salido arañas de una picadura, y la segunda, una chica que trabajaba en la cafetería en la zona paralela de la ciudad, había planeado crear un sabor ácido.

Comenzó la rivalidad, aunque no del todo, no estaba interesado en meterse en problemas. Tras pensar eso la idea se le vino a la cabeza como un flechazo en forma de letra.

A la semana siguiente, con la receta creada, lanzó los bollos con antelación, debido a la emoción.

La gente no se interesó, se interesaron más en otros sabores que ya conocían, hasta que vino Peter Terry, la primera persona que se interesó en ello, tras enviarle un mensaje a su amigo sobre una casa, lo pudo ver mientras pedía.

El chico le dio un mordisco hambriento al bollo, y en cuestión de minutos se fue, dejando propina debido al buen sabor, o eso es lo que dijo.

Hoy en día no se sabe el paradero de Joshua Hicks, el chico que mató a Peter Terry con un bollo relleno de ácido sulfúrico, escapó de la ciudad tras haber salido la noticia de la muerte del individuo, destrozándole el sistema digestivo por completo.


Via Creepypastas


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