Valentina el mimo carmesí

El Puente Negro
El Puente Negro

28 de Octubre.

Cada veinte años y desde hace quizás siglos, en esta fría fecha, una figura inmortal, un ser de procedencia desconocida, posee a una mujer distinta al aparecer. No se sabe por qué elige exactamente a una fémina, pero hasta ahora nunca ha habido un “recipiente” varón.

Según la leyenda, se hace llamar “El Mimo Carmesí”.

La profecía se cumple aquel día con una nueva pequeña. Era 1995, cuando Valentina nació en la mítica fecha.

La pequeña de singular apariencia creció en una familia de clase media junto a María, su hermana mayor. Siempre fue solitaria: pasaba horas dibujando y no prestaba atención a nadie. Apenas y veía al hablante cuando le dirigían la palabra.

No era muda, pero no hacía esfuerzo alguno por hablar. Se le diagnosticó autismo, una enfermedad incurable que provocaba cierto aislamiento al mundo en sus víctimas.

A los doce años de edad, a este padecimiento se le sumó la esquizofrenia: la detectaron al notar que la niña señalaba lugares vacíos y huía, dando a entender que veía algo que podía ser bien, un amigo imaginario o un enemigo.

Su habla se volvió confusa, desordenada, y cada día se agravaba más el asunto.

El 28 de Octubre de 2009, aniversario de su nacimiento número catorce, recibió de regalo un cuaderno nuevo para dibujar, en el que no dejó de plasmar sus buenas ideas desde el momento en el que lo tuvo entre sus manos.

Era frecuente el que dibujara diversas partes de su propia casa con algo en común: en ellas siempre había una especie de figura demoníaca, con la peculiaridad de que se parecía bastante a Valentina. Mismos rasgos, cabello, color de ojos pero con un brillo inhumano. Curiosamente, estos lugares que dibujaba eran los mismos a los que le huía a diario, los mismos que señalaba desde pequeña.

Conforme pasaba el tiempo, sus síntomas autistas iban desapareciendo mientas aumentaban los dibujos. Podía mantener una conversación completa y con sentido, y respondía preguntas con tranquilidad.

El frío invierno del año 2014, sus padres la llevaron a ella y a su hermana a una cabaña nevada para pasar las vacaciones; el camino fue llevado entre melodías por las hermanas para acortar un poco el viaje y hacerlo más llevadero.

Apenas llegaron, María se encerró en uno de los cuartos en busca de privacidad. Sus padres salieron de compras, dejando así a la menor dibujando en una pequeña pero acogedora sala.

  • Me aburro… -Murmuró Valentina mientras arrugaba las hojas de papel al no conseguir imágenes que le inspiraran a plasmarlas en ellas.

Pasaban los minutos y se le ocurrió cerrar los ojos a ver qué nacía de sus lápices; empezó a dibujar lo que parecía ser un mimo, de cabellos colorados como los propios y ojos azules como los de toda su familia. Una blusa negra de adornos blancos y un short blanco con detalles grises, llegaba a más arriba de la cintura de una forma graciosa.

Un extraño ardor constante en su brazo derecho le hacía rascarse constantemente y sin intención, hasta hacerse sangrar.

Caía la noche y no había rastro alguno de sus padres; María no salía de la recámara y Valentina empezaba a ponerse ansiosa en su soledad ante el miedo a la oscuridad que tenía desde pequeña. “¿Por qué no llegan, les habrá pasado algo? ¿Nos quieren abandonar?” se preguntaba.

Las preguntas que surcaban su mente cada vez eran más y más aterradoras; citaba las frases de sus malévolas alucinaciones como: “Si se tardan y no es porque han muerto, seré yo quien los mate” o “Seguramente piensan que estoy loca y no me quieren ver de nuevo”.

Seis horas pasaron y la esquizofrenia de la chica se hacía notar: los demonios de su mente caminaban por las paredes y teñían el ambiente en risas y sangre.

Valentina gritaba a aquellos eres que se detuvieran al tiempo que huía de ellos. Antes de que subiera las escaleras, el dibujo del mimo parecía cobrar vida: se desprendía del papel tomando volumen y tamaño hasta llegar a la contextura de una persona de alrededor de veinte años.

Los demonios eran repelidos por él y desaparecían al intentar acercarse a Valentina. En cuanto la habitación quedó vacía y en silencio, la chica se acercó a su alucinación.

  • ¡Has cobrado vida, increíble!

Intentó abrazarle, pero al instante desapareció sin dejar más rastro que su dibujo. En ese momento bajó María alterada por los gritos de su hermana, preguntándole si estaba bien.

  • S-Solo eran los demonios otra vez… ¡Pero el mimo apareció, y me salvó, y entonces…!

  • ¡Basta, Valentina! Esas cosas no existen, es tu mente enloquecida… ¡No son reales!

  • Pero… ¡Las veo, so de verdad! ¡Me hacen daño! -La menor recogió las mangas de su blusa y mostró las múltiples cortadas y rasguños en sus brazos, horrorizando a su hermana.- Me atacan en las noches…

  • ¡Ya para! -Decía María tomando los brazos de su hermanita y mirando las heridas.- ¿Cómo te hiciste esto? Verás cuando lleguen mamá y papá… ¿Por qué lo hiciste, Valentina? ¿¡Por qué hiciste eso!?

La chica comenzó a llorar, y sin poder evitarlo subió la voz a su hermana. “¡Yo no lo hice, son ellos!” fue la frase que bastó para que María soltaran una bofetada a Valentina, ya histérica, y tirándola al suelo comenzó a atacar sus brazos y piernas mientras le repetía que no existían esos seres.

Valentina lloraba en silencio, ya sin defenderse de los ataques, hasta que estos cesaron.

Tres horas pasaron y la policía llamó a la puerta. Fue la hermana mayor quien salió a ver, y recibió la noticia de que una avalancha repentina había sepultado a sus padres. Las hermanas lloraron en silencio, aunque separadas, durante largo rato.

  • Lo sabía… -Susurró Valentina mientras sus párpados cansados del llanto la llevaban al sueño.

Una año después de aquel accidente, los abusos de María hacia su hermana iban en aumento cada vez que los “demonios” le provocaban alguna herida. Seguía viendo a esos seres horrendos, oscuros y dementes, y aquel mimo aparecía cada vez con menos frecuencia.

Un día, Valentina abrió los ojos en un lugar extraño.

Un cuarto acolchado y blanco, algo sucio, una cama y un baño. Era un manicomio en el que su hermana le había internado mientras dormía, con ayuda de los sedantes que traían los trabajadores.

  • ¡Déjenme salir! -Gritaba y sollozaba la pelirroja mientras arañaba sus brazos.- ¡No estoy loca!

Esas eran las palabras de la joven cada día que pasaba, hasta que en último de esos, algo diferente pasó… Los gemidos y alaridos se convertían en una risa espectral, inhumana, mientras las palabras de Valentina eran diferentes.

  • ¡Yo soy el mimo, malditos demonios! Los mataré, ¡a cada uno de ustedes! Soy el mimo, soy el mimo… ¡Yo soy el mimo! -La voz de Valentina se distorsionaban mientras su imaginación cubría su cuerpo de un velo negro, un aura oscura.

Ahí fue cuando el “Mimo” tomó completa posesión…

Varios meses pasaron y Valentina permaneció en el manicomio. Hasta que un día, se avisó al personal que una gran avalancha de nieve venía en camino y deberían evacuar a los pacientes.

Las personas salían a montones del edificio: cada recluso era acompañado por un guardia, y por pura suerte del destino quien escoltó a Valentina era una mujer primeriza en el trabajo. Quiso convencerla de que no estaba loca y de que podía dejarla ir, pero la nerviosa mayor no caía en sus artimañas.

Al no poder hacerla cambiar de opinión, no vio otra opción.

Derribó a la enfermera con un fuerte golpe en la cabeza y la dejó inconsciente; nadie lo notó por la suerte de ser las últimas en salir.

Cambió sus vestimentas con ella y escapó saltando por una ventana, aún cuando estaba en el último piso.

Su brazo y pierna derechos quedaron cubiertos de vidrios incrustados, pero sin importarle eso continuó su huida hasta llegar a lo que alguna vez pretendió llamar “hogar”.

Riendo sin un gramo de cordura en su mente, entró a la morada rompiendo la puerta: se lastimó aún más, pero no le importaba en lo absoluto. Sólo un pensamiento ocupaba su mente en ese momento, y era acabar con el demonio que le había torturado durante años.

Sus brazos colgaban a los lados de su cuerpo, estáticos, mientras una sonrisa que adornaba su rostro cumplía la función de aterrar a quien le viera.

La sangre propia que escurría por su cuerpo hacía juego con su cabello, dándole un toque artístico a la escena.

Fue en ese momento cuando aquel_demonio_ bajó las escaleras armado con un cuchillo para defenderse del intruso. Su estado y su simple presencia helaron su sangre; se paralizó del miedo mientras Valentina se aproximaba.

  • ¡Veo un demonio! ¡Es mi deber matarlo! -Gritó la pelirroja mientras se abalanzaba contra su hermana, tirándola al suelo y arrebatándole el cuchillo. Los ojos de María no se enfocaban mientras intentaba asimilar la situación.- Pagarás todo el daño que me has provocado… ¡Me las pagarás, porque no estoy loca! -Entre lágrimas, comenzó a apuñalar las piernas de María en venganza a los maltratos.- ¡Pagarás por tus pecados, demonio! ¡Soy el Mimo y morirás ahora!

El parloteo fue interrumpido cuando María le arrebató el cuchillo en un acto desesperado por defenderse. Con un rápido movimiento, hizo una cortada profunda en el cuello de su hermana y por último apuñaló el ojo derecho de Valentina.

  • Los mimos no hablan… -Susurró mientras retenía los alaridos por las cortadas en sus piernas.

Valentina cayó muerta al lado de ella, desangrándose, pero algo extraño pasaba. Las visiones que había tenido hace tanto años cobraban vida, se desprendían de los rincones oscuros de la casa y se acercaban al cadáver.

María tartamudeaba preguntas a sí misma sobre lo que pasaba mientras aquellos seres se adentraban en el cuerpo de su hermana, provocando heridas en sus brazos y piernas.

El cadáver se levantó lentamente, con gestos de zombie, mientras su cabeza colgaba del lado contrario a la cortada que la había matado, casi decapitado. Entonces pasó…

Valentina, ahora el “Mimo”, estaba de nuevo en pie. Sacó el cuchillo de su ojo y lo arrojó al suelo, para luego sostener una espada imaginaria entre sus manos. María rió entre nervios unos momentos mientras veía a su hermana “blandir” su arma imaginaria, pero cuando bajó sus manos con agresividad hacia ella, sus piernas fueron amputadas.

Un grito de dolor de parte de la hermana mayor inundó la habitación mientras el Mimo le veía con una sonrisa.

Valentina se inclinó para detallar el rostro perturbado y sufrido de su hermana, y le dedicó una sonrisa amplia y maligna. Bajó su mano izquierda y abrió su torso, tiñendo su extremidad del rojo brillante de las entrañas. Arrancó cada uno de los órganos interno de María hasta que finalmente murió.

El cadáver fue enterrado bajo la casa para nunca ser encontrado, y Valentina tomó los órganos extraídos para hacer divertidos muñecos que dejaría en su cama como recuerdo.

ULTIMAS NOTICIAS

Diversos periódicos locales informan que varios testigos de distintas partes del mundo han presenciado a una mujer asesinando a sangre fría a quien se atreve a ir a los bosques. Aseguran haber encontrado un muñeco hecho de piel y órganos en los lugares del asesinato, los que, se presume, pertenecían a las víctimas.

Describen a la mujer de la siguiente manera: Blusa negra con puntos y adornos blancos y rojos, short hasta abajo del busto color blanco con detalles blancos y grises, calentador a rayas blancas y negras en el brazo izquierdo y mano izquierda posiblemente pintada de rojo, brazo derecho vendado y mano derecha con un guante a rayas blancas y negras, cubre bocas gris con una sonrisa pintada, pierna derecha vendada y media a rayas blancas y negras en la izquierda. Presenta costuras en las zonas expuestas del cuerpo. La mujer tiene un solo ojo color azul, cabello rojo carmesí; al parecer muda.

Favor de informar a las autoridades si se le ve.

— Via Creepypastas

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