Stein y el niño de la pelota roja

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Alan era el menor de 7 hermanos.
Cumpliría 6 años ese nublado y gris 11 de octubre de 1983, había crecido en uno de los barrios más populares de la ciudad, cada día era de ir a la escuela y jugar en las tardes con otros niños después de hacer los deberes obviamente, su madre se lo ponía como cuota inamovible para cruzar la puerta.
Sus hermanos mayores estaban fuera prácticamente el día entero, entre la escuela y sus primeros e incipientes trabajos, de manera que todas las tardes solo quedaba Alan y su madre en la casa, todas las paredes ya estaban pintarrajeadas con muchos crayones de colores a una altura tal que evidenciaba al culpable.
Aunque a veces salía a jugar al área común con otros niños, no era de su verdadero placer hacerlo, prefería ver en la televisión a Ernie & Bert en Sésamo Street, El amplio televisor de la marca con Z mostraba un cinescopio extremadamente grueso, se mantenía inmutable con los años, pero cada vez más relegado en su categoría familiar, de recién llegado era la estrella en la sala de estar del hogar, cuando nuevos y más ligeros televisores aparecieron en el mercado fue movido a un pasillo para luego terminar en la recamara de sus hermanos.
Increíblemente, el televisor aun servía, no era práctico colgarlo en la pared debido a su gran tamaño así que se quedó siempre a ras de piso, con sus gordas y cortas patas y su mueble absurdamente barnizado por alguien que en mal momento se creyó carpintero. Al niño le encantaba sentarse en una pequeña almohada en el suelo a ver las caricaturas, cruzaba sus piernas y podía estar ahí, inmóvil durante horas viendo a Ernie y a Bert cantar una canción acerca de un pato de hule flotando en una bañera.
Fue en una de esas tardes cuando, sentado absorto contemplando a una rana de la cual estaba enamorada una puerquita de grandes ojos azules, cuando sintió un pequeño toque en su espalda, al principio pensó que podía ser cualquier cosa, al sentir el contacto otra vez se dio la vuelta y vio una brillante pelota de color rojo, con alegres dibujos a lo largo de su perímetro, de niños tomados de la mano uno a uno hasta llegar a una figura más robusta cerrando el círculo.
El niño tomo con ambas manos la pelota sin pararse, siguió viendo el televisor mientras la abrazaba , la coloco a un lado y como si el edificio entero se hubiera inclinado, la pelota empezó a moverse por sí sola, como si tuviera un hámster dentro, la pelota seguía un camino zigzagueante, , la madre del niño estaba que en la cocina, el aceite en un sartén chisporroteaba por la temperatura, en el televisor, la puerquita perseguía a la rana, Alan se levantó como un resorte y después de un segundo de duda, comenzó a seguirla, la pelota siguió su errático camino hasta perderse debajo de la litera donde sus hermanos mayores durmieron alguna vez hasta que crecieron, se fueron y comenzaron sus propias vidas, grandes holanes de la colcha que cubría el colchón , llegaban hasta el suelo impedían ver que tanto se había adentrado la pelota, así que se inclinó a la orilla de la litera y levanto la colcha para ver por debajo.
La madre del pequeño, vigilaba muy de cerca, la olla donde la sopa de pollo estaba a punto de quedar lista, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz:
–Mama él quiere jugar conmigo—
–¿Quién?—
–El niño—
–¿Cuál niño?—
–El que está debajo de la litera de mis hermanos—
–Juega con él pues—
–No quiero—
–¿por qué no hijo mío?—
–Porque quiere que juguemos debajo de la litera y yo no quiero—
–Dile que salga
–no quiere
–Avienta una pelota y quiere que yo se la siga hasta abajo
–Dile que salga entonces
–si mama
El niño se retiró canturreando la canción de los personajes de gorro blanco y cuerpo azul que Bailaban alegremente en la pantalla rodeando unos grandes hongos que les servían de casa.
–Amigoooo, ammmmigoooohhhh–
–Veeeen, ven a jugar—una siseante voz aguda se arrastró por el suelo, decía cosas que solo los niños entienden, una parte de la colcha se levantó y finalmente, muy despacio, una pequeña y rosada mano salió de debajo de la litera metiéndose inmediatamente al escucharse un fuerte portazo seguido de la voz de su madre.
Eran Edmon –uno de sus hermanos mayores—y su mascota Stein, un gran Pastor Alemán de 6 años de edad en su plenitud física.
–Hola pequeño tonto—saludo a su hermano –Como has estado—me ha costado un gran trabajo subir las escaleras con este perro loco, se me ha jaloneado y resistido todo el camino, debe haber una perra en celo cerca o no sé qué mosca le ha picado–
–Cariño—Dijo su madre – debemos ir al Supermercado tu hermano y yo, compraremos la despensa y suplementos para tu abuela, ella está dormida por favor no hagas mucho lío ¿sí? No tardaremos, te dejaremos solo unos momentos nada más, se quedara el perro contigo, así que no provoques líos ¿quieres?, recuerda no le abras a nadie, todos tenemos llaves, a ningún desconocido, ¿está bien?–
–Claro—asintió el niño sin perder de vista unos pequeños soldados formados marcialmente a punto de una gran batalla, –hola Stein!!!— Gritó Alan y abrazó el grueso y peludo cuello del animal – ¡ven, vamos a jugar!—
El perro generalmente se alegraba de ver al niño, lo olfateaba, lamia sus mejillas hasta dejarlas brillosas, se tiraba al piso y giraba para que le rascaran la panza, permitía que ese pequeño humano le doblara sus orejas en 2 y hasta en tres partes no le importaba pesar casi el doble que el niño, la visita a la casa donde su amo había crecido representaba siempre un agradable día.
Pero esta vez no fue lo mismo, esta vez estaba rígido, a pesar del efusivo abrazo del niño, no se movió ni un milímetro, sus ojos color almendra miraban hacia la recamara, un hedor indetectable para los humanos golpeo su olfato, Stein conocía de memoria todos los aromas de esa casa, donde vivía la familia de su amo, ese hedor le paró los pelos del lomo y comenzó a gruñir con un gruñido muy grave.
–Hey, viejo gruñón—le dijo Edmon, –¿qué te pasa?, no tardaremos, te traeré pollo rostizado, si ese que tanto te gusta pero te provoca gases terribles socio—
Stein corrió a la puerta del departamento bloqueándoles el paso –No, no saldrás al baño hasta que regresemos, ya basta— levanto la voz –¿Qué le pasa a tu perro?— pregunto la madre extrañada –No lo sé, debe haber sido el viaje—
Aparto de un jalón al animal de la puerta, tomo las llaves de su vehículo y salió con su madre, el perro oyó los pasos de los adultos alejándose su desarrollado oído le permitió oír con desesperación el motor del auto arrancándose y perderse con la distancia, se recostó junto a la puerta recargando su mandíbula en sus patas delanteras
Stein que dormitaba en el centro de la sala enrollado en sí mismo abrió los ojos, levanto la cabeza y arrugo la nariz, el mismo hedor que le había golpeado el olfato invadía la casa una vez más, era tan fuerte que podía partirse con un cuchillo y provenía de la recamara
El perro miro como las pequeñas piernas del niño iban desapareciendo debajo de la litera, la canción infantil que percibió se estaba convirtiendo en una especie de gruñido se confundía con los gritos del niño. Corrió, cruzo de ágiles saltos la sala el comedor recorrió el pasillo en un instante y entró como un relámpago a la recamara, se detuvo al ver las pequeñas piernas pataleando de un lado a otro – ¡No, no, no quiero jugar contigo ya no, suéltame, sueltameee!–
Tomándolo por la pequeña valenciana del pantalón al niño jaló al niño en dirección opuesta del demonio que rugía con furia, la colcha se levantó completamente una corriente de aviento pestilente salió de debajo de la litera, el animal con sus ojos soberbiamente adaptados a la oscuridad pudieron ver claramente la cara del demonio monstruoso con cuerpo deforme y cara de niño sus ojos destellaban en un rojo intenso. Abriendo sus fauces hasta que se dislocaron sus mandíbulas –como una serpiente tragando un bocado más grande que su boca- y acercó el brazo del niño que gritaba aterrorizado, el perro jalo con toda la fuerza de su poderoso cuello y arrebato de un brusco jalón al pequeño.
Alan pudo incorporarse y ambos echaron a correr, tratando de abrir la puerta, los adultos habían dejado el seguro puesto pensando que no tardarían en regresar, el niño y el perro estaban golpeando y arañando. –Amigooo—una voz como un rechinido de un clavo al tallarse en un pizarrón los hizo detenerse, giraron lentamente las cortinas que dividían el área de las recamaras de la sala y el comedor se abrieron lentamente y vieron a la figura que se arrastraba, siguió hablando con voz de niño aunque su cuerpo tenía la complexión de un adulto enano , la cabeza rubia de ojos claros y pecas en la respingada nariz, la pelota roja estaba en el suelo muy cerca de la cortina, una garra que venía de un brazo corto e hinchado salió del cuerpo del monstruo que los seguía.
El niño corrió al estudio y se metió apretadamente entre el librero y la pared, asomó la cabeza lo suficiente para poder ver como el perro se lanzaba contra el ente que movía sus extremidades como una tortuga afuera del agua.
El perro estaba panza para arriba mientras que el espanto acercaba sus garras a su vientre para abrirlo en canal, las uñas de sus garras crecían cada vez más, Stein gruñía y se agitaba con todas sus fuerzas, espuma escurría de las comisuras de su hocico, sus gruñidos se empezaron a volver quejidos agudos cuando la punta de las uñas del demonio tocaron la piel de su estómago.
El niño salió de su escondite atravesó como un bólido la estancia pasó a pocos centímetros del monstruo que luchaba contra Stein para matarlo, de un ágil brinco subió a una silla que estaba junto a la vitrina del comedor, abrió las puertas de cristal donde su madre tenía un gran crucifijo de pasta, los ojos del cristo ensangrentados y su rostro eternamente lastimero siempre le habían dado miedo .Pero en ese momento sabía que ayudaría, tomo la parte más larga de la cruz y brincó de la vitrina a la silla y de ahí al piso y corrió hacia donde el espanto con cuerpo de enano y cabeza de niño tenía al perro inmovilizado del cuello, sus “brazos” cortos y gordos terminaban en manos de dedos flacos y largos, la cara del engendro estaba hecha girones por las garras del perro que en cada pataleo por liberarse le bajaba tiras de piel.
Corrió hacia el centro de la sala gritando –Déjalo, déjalo– Con toda la fuerza de sus pequeñas manos golpeo la parte trasera de la cabeza del engendro, no era suficiente ni para romper un vidrio pero el contacto con el objeto sagrado bastó para quebrarle el cráneo como una esfera de navidad, fragmentos de cráneo con rubios y rizados cabellos cayeron por el piso, el engendró quedó como petrificado durante unas fracciones de segundo, soltó al perro y giro 180 grados, su cara de niño las pecas y su nariz respingada con ojos azul claro, estaban manchados de su “sangre” era de un café enfermizo salpicó de gotas espesas las alfombras y las cortinas de la madre del niño. La parte trasera del cráneo del espanto se quebró en mil pedazos que cayeron al suelo
–Alan…amigo… ¿qué me has hecho amigo?—Su voz ya no era la de un niño pequeño, sonaba como arrastrar vidrios contra el suelo –solo quiero jugar contigo, solo eso, hay más niños con quien jugar, solo ven, dame tu mano, ven conmigoo—
El engendro estiro uno de sus “brazos “, uno de los ejes de la cruz seguía clavado en la parte de atrás de lo que debería ser su cabeza. Las grietas se hacían más grandes trato de avanzar hacia el niño que retrocedía, pero Stein dio un salto mordiendo su deforme mano de dedos muy largos.
El engendro sacudió su brazo y pudo librarse de la poderosa mordida, el perro se interpuso entre el espanto y el niño gruñendo fuertemente, la cara del niño comenzó a cambiar, un capa entera de piel del rostro cayó al suelo, como una máscara de cartón mal hecha dejando ver una su verdadero rostro, lleno de agujeros y protuberancias como una coliflor podrida, los ojos azules se volvieron negros en su totalidad, una furia infernal brillo dentro de ellos. El tronco y las piernas de la bestia estaban fundiéndose, semejándose a un manatí con la piel muerta y putrefacta una capa de líquido gelatinoso lo cubrió por completo y fue avanzando hacia adentro –hay…más…Niños… venn—la masa gelatinosa lo cubrió por completo, un gran charco de fluido pestilente estaba creciendo debajo del demonio, su cuerpo se tornó translucido y pudieron ver muchas caras de niños fantasmagóricas que flotaban en su interior, algunos reían y otros lloraban desorbitando los ojos, dirigieron su mirada hacia donde estaba el perro jadeante y el niño aferrado aun al crucifijo, las caras de los niños comenzaron a brillar y desaparecieron en un fulgor que iluminó todo el departamento, al difuminarse la luz, solo quedó una mancha en el piso que iba desvaneciéndose poco a poco, hipnotizados por lo que estaban viendo no se percataron del sonido atrás de ellos.
Se abrieron las puertas del departamento
La madre del niño abrió los ojos grandes como platos y exclamo –¡Dios mío, Que ha pasado!— Entro a la casa con Edmon detrás cargando bolsas con el logotipo del supermercado –¿Quién ha manchado el sillón con chocolate?— Vociferaba, alguien tendrá que limpiar este desastre –¿qué es ese olor?, Stein no abras hecho de las tuyas como cuando eras pequeño ¿o sí?—colocó las bolsas con la despensa y los suplementos de la Abuela en La mesa y entrando a la cocina sin parar de hablar con nadie para comenzar a preparar la comida. El niño y el perro estaban parados, pegados a la pared muy juntos uno del otro la barbilla de Alan aun temblaba aunque ya muy poco, se había limpiado las lágrimas y los mocos con la manga del sweater.
–Alan, ahí estas, ¿cómo te portaste?—Gritaba desde el extremo de la casa
–Bien mamá, nos hemos portado muy bien Stein y yo, ¿sabes que hicimos hoy mamá? Stein y yo luchamos contra un monstruo feo que no era un niño, era un diablo feo y lo vencimos mama. ¡De veras!—
–.Que bien cariño, que has estado ocupado, ahora, ¿qué hay de tu tarea?—
–Aun no la he hecho—
–¿no? Bueno y… ¿qué esperas?—
–Si ya voy—
El niño corrió a sacar su mochila escolar y comenzó a sacar sus cuadernos para realizar sus deberes.
Edmon y su madre bebieron un poco de café, –Tengo que irme ya, el viaje a Ciudad Refinería es largo y con la neblina de la tarde se hace bastante pesado— comentó poniéndose de pie y despidiéndose de su madre, tomo la correa de Stein a lo cual el perro salto de alegría sabiendo que viajaban de regreso a su casa, tomó su pequeño equipaje y se dispuso a salir con el perro dando brincos por todos lados.
Al abrir la puerta se detuvo, Stein lo jalaba hacia las escaleras de salida, miraba hacia adelante una ráfaga de aire frío le dio en el rostro, dio la media vuelta entro de nuevo al departamento donde había crecido, se sentó frente a su hermano menor y casi susurrándole:
–Alan—Con voz temblorosa, la piel de sus brazos se le hizo de gallina
–Sabes que odié de este departamento, desde que nos mudamos a vivir aquí—
–No hermano dime—
–A ese maldito desgraciado— Siempre creí que solo lo había visto yo, que era producto de mi imaginación—Nos vemos campeón—
–Edmon,… ¿volverá?—
–No hermanito, yo creo que no–
Se levantó, –por favor despídeme de la abuela–, beso a su madre en la frente y se despidió, tomó la correa que provocó que Stein saltara como un resorte listo para regresar a su hogar.
Subieron al auto, desde el estacionamiento pudieron ver a la madre de Alan haciendo señas de despedida con el brazo, desde la ventanilla del conductor Edmon bajo el vidrio y devolvió el saludo en La ventanilla trasera, Stein pegó la nariz a vidrio se empañaba y desempañaba al ritmo de su respiración, desde su lugar emitió un pequeño gruñido al arrancar el vehículo y poder ver una cara de niño de ojos azules claros desde la ventana del piso superior al departamento de su madre.

— Via Creepypastas

Total
0
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Related Posts
Allá afuera

Sawney Beane

La familia Sawney Beane, originarios de Escocia, parecía una familia normal, del condado de East Lothian, cerca de…
Read More
Allá afuera

SCP-1371

Ítem #: SCP-1371 Clasificación del Objeto: Seguro Procedimientos Especiales de Contención : SCP-1371 debe ser mantenido en un…
Read More
Asesinos del Zodiaco

Los sabuesos

¿Quieres vengarte de alguien? ¿Seguro? ¿Estás completamente seguro? Muy bien, me parece muy bien. ¿Sabes? No tienes idea…
Read More
Asesinos del Zodiaco

Dos hermanos

Ana tenía una afición que a muchos les parecía extraña, pues ellavisitaba casi a diario el cementeriopara buscar…
Read More
Asesinos del Zodiaco

Te he fallado

Timmy es mi mejor amigo, y lo quiero demasiado como para permitir que algo malo le suceda. Un…
Read More