Semillas: Las Perlas Blancas

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Mariano González, es un hombre de 28 años, un buen ciudadano promedio como dirían algunos. Una persona que cumple con su trabajo, y es respetuoso, pero tiene un pequeño problema que le dificulta conseguir mejores puestos. Y es que el pobre de Mariano tiene problemas dentales. Desde que era chico nunca escuchaba a su abuela, quien siempre le pedía que se cepillara los dientes porque sino se les caerían. A Mariano se le cayeron todos, en efecto, pero lo que no sabía él, era que sus nuevos dientes no serían reemplazados como los dientes de leche.

Su abuela era chicata y no podía corroborar si se lavaba los dientes o no. Además, el pobre nunca terminó la escuela primaria, así que nadie le pudo explicar a tiempo que los dientes cambiaban solo una vez, y luego eran permanentes. ¿Y qué hacia mientras no estaba en la escuela? Pues ayudaba a su abuela con la huerta que tenían en el patio trasero, y era una tarea difícil para ambos. Mariano siguió comiendo caramelos y chocolates, confiado de que sus podridos dientes pronto se caerían de nuevo y le crecerían unos nuevos. Obviamente esto no fue así. Constantemente le dolían, pero él lo soportaba como un hombrecito. Así le había enseñado su padre antes de morir atropellado, irónicamente por una ambulancia. Eventualmente algunos comenzaron a caerse, otros eran un poco más resistentes y se aferraban con todas sus fuerzas.

Mariano empezó a asustarse cuando notó que había pasado bastante tiempo y no le volvían a salir sus dientes. Al final, ya era tarde cuando le explicaron la verdad. Luego de que su abuela muriera, tuvo que independizarse y sobrevivir como pudo en este cruel mundo. Hoy en día, es difícil que lo contraten a uno sin tener el secundario completo, pero tener el primario incompleto ya es casi imposible, sin mencionar que algunos empleadores valoran la estética de las personas que van a contratar. Así que a Mariano se le hacía constantemente difícil encontrar trabajo sin que lo rechazaran. Hasta que por fin la suerte lo iluminó, cuando solicitó el empleo de barrendero.

Por eso Mariano debía ser educado y puntual, porque si llegaba a perder este trabajo, tardaría 100 años más en encontrar otro empleo. Las constantes burlas de sus compañeros hacían que cada vez tenga mas ganas de partirles la cara a todos. Pero no podía hacerlo. Ciertamente era algo injusto, pues el pobre Mariano nunca había hecho algo malo, ni le había faltado el respeto a nadie. Sabía que debía aguantar hasta que pudiese arreglar aunque sea sus dientes, pero en algún momento la burbuja estallaría. Si fuese por él mandaría todo al demonio ya que la paga era mala y además lo sobre explotaban.

De vez en cuando él visitaba algunos especialistas, y siempre trataba de conseguir el precio más económico, pues con lo que le pagaban apenas lograba cubrir los gastos básicos. Por desgracia, no pudo hacerse amigo de ningún dentista para que no le cobre el arreglo, así que Mariano empezó ahorrar lo mejor que pudo. El trabajaba en el turno mañana, pero a veces le tocaba trabajar hasta muy tarde, y las horas extra no eran pagadas. Debía toparse con sus compañeros a la mañana y a veces con los de la tarde. El único momento placentero para Mariano era cuando tenía que barrer las calles solo, en compañía de su música favorita, hasta que terminaba su turno. Otra cosa positiva era que a veces encontraba algunas cosas tiradas en la basura o en la calle, y si le servían se las llevaba. Así terminó consiguiendo un televisor nuevo.

Literalmente estaba casi nuevo, se ve que una familia adinerada quería comprar lo último que saliera en el mercado. Le hizo reflexionar sobre lo derrochadores que podían llegar a ser algunas personas solo por gusto. Ya casi era la hora cuando recibió una llamada de su jefe, pidiéndole que vaya a su despacho. Mariano se preparaba mentalmente para lo que viniera esta vez. Se cruzó con uno de sus compañeros de trabajo y este le dijo:

“¿Que tal el Don dientes, eh?”. Mariano siguió de largo y lo ignoró.

“Creo que el ratón Pérez se moriría de hambre contigo, jajaja”.

》Te sacaría todos tus dientes a martillazos, y sin anestesia《, pensó el hombre.

A él nunca le hablaron sobre el ratón Pérez, y cuando se lo contaron, creyó que era una estupidez engañar a los chicos con eso. Cuando por fin llegó, tuvo que esperar afuera mientras ignoraba a 2 compañeros que llegaban para el turno tarde.

“¿Que haces esperando aquí afuera, acaso estás ansioso por ver al jefe para que te haga una limpieza profunda?”. Dijo uno de ellos, y se echaron a reír a carcajadas.

》Te cosería todos tus orificios menos el de atrás, te metería una máquina sopladora para hojas, y la encendería para ver como explotas en mil pedazos. Eso sí que sería una limpieza profunda《, pensó el hombre.

“Estoy esperando a que me atienda ya que esta mañana me llam-”.

“Bueno, no nos interesa. Tenemos cosas más importantes que hacer”. Dijo el otro, y ambos se fueron para cambiarse.

》Espero que mientras estés barriendo la calle, un auto distraído te pase por arriba y reviente tu cráneo《, pensó el hombre.

“Mariano González, ya puedes pasar”. Dijo una voz al otro lado de la puerta.

Giró el picaporte y entró. Seguramente lo llamaron de nuevo para hacerle trabajar más horas extra no remuneradas.

“¿Quería verme jefe?”. Preguntó con los brazos atrás de la espalda.

“Si Mariano. En efecto, es para discutir un tema delicado contigo”. Al hombre no le gustó esto, era la primera vez que decía algo distinto.

“¿De que…se trata, señor?”. Preguntó un poco nervioso, temía lo peor.

“Verás, estamos pasando por malos momentos económicos, y hemos tratado de solucionar estos problemas. Estuvimos haciendo algunos reajustes, por el bien de la compañía”. Dijo su jefe cruzando sus brazos sobre el escritorio.

“Ehh, disculpe jefe, pero creo que no logro comprender de que está hablando”.

El hombre suspiró y dijo:

“Quiero decir, que estamos priorizando el trabajo a los que han estado aquí más años. Y por desgracia los nuevos no pueden quedarse mas tiempo con nosotros”.

Mariano se quedó inmóvil, lo peor que había imaginado estaba pasando.

“Lo lamento González, pero ya no eres requerido”. Dijo el hombre con una sonrisa triste, tratando de ser compasivo.

El sabía que esa sonrisa estaba camuflando la verdadera alegría que sentía ese tipo por haberlo dejado sin trabajo. Después de esto seguramente celebrarían o algo por el estilo. Siempre se habían metido con el, siempre lo menospreciaban. Pero esto hizo que la burbuja estallara. Mariano se acercó al escritorio, tomó a su antiguo jefe por el cuello y lo golpeó en la cara con todas sus fuerzas, este cayó al suelo. Siempre anheló tanto este momento, quería descargar su frenesí de odio contra él, pero una voz en su mente le gritó que se detuviera, que las cosas podrían empeorar si seguía así. Para cuando se dio cuenta de lo que hizo, le invadió el terror.

“¿!Que haces imbécil¡?”. Dijo el hombre levantándose del piso.

“¡¡Lo-lo siento mucho señor, no pensaba en lo que hacía, no fue mi intención lastimarlo!!”. Dijo Mariano desesperado.

“Mira…”. Dijo el hombre tras el escritorio. “Agradece que no te haré juicio por esto. Porque me das tanta lástima, que creo que no te lo mereces”. Se limpió la sangre de su boca con la manga.

Mariano aún no podía creer lo que acababa de hacer. “Por favor perdóneme señor, no quise hacerlo. ¿Hay algo que pueda hacer por usted?”.

“Si. Vete y no vuelvas mas. Luego llegará tu pago”. Dijo y empezó acomodar algunas cosas que se habían caído.

Mariano había perdido toda emoción de su cara, y antes de irse dijo:

“Ustedes siempre me han menospreciado. Espero que ahora sean felices sin mí”. No se molestó en cerrar la puerta despacio. Fue hasta los casilleros donde todos ponían sus mochilas, sacó la suya del casillero, se sentó y empezó a guardar algunas cosas.

Una chica del turno tarde entró, su pelo estaba teñido de un rojo fuerte y cuando lo vio le dijo:

“¿Como andas amigo?, ¿alguna vez te han dicho que tu boca parece el collage de un atardecer? Digo por los distintos colores que tienes jajaja”. Dijo la chica.

》Transformaría mi cuarto en un collage sangriento con tus vísceras《, pensó el hombre.

Al ver que no reaccionaba a su comentario, ni siquiera la saludaba como era lo habitual, y solo se quedaba ahí sentado mirando a la pared luego de haber juntado sus pocas pertenencias, la joven por primera vez sintió algo de pena por Mariano. Nunca lo había visto así.

“Oye…escucha. Sé que me he burlado de ti varias veces, y dije comentarios rancios. Pero esta vez quiero ayudarte”. La chica se sentó al lado de Mariano y sacó su teléfono

“Mira, tengo el numero de alguien que quizás pueda conseguir lo que necesitas, te voy a mostrar”.

“Lo que yo necesito ahora es un nuevo trabajo…y que me dejen en paz”. Dijo fríamente Mariano.

La chica lo miró un rato y luego dijo:

“Anda, tampoco hay que ser así, intento ser buena. Ahora guarda este número en tu celular, y dile que vas de mi parte. Tal vez te haga un descuento”.

Mariano miró molesto el número, y con un suspiro sacó su teléfono para agendarlo.

“Le puedes preguntar si puede conseguirte algo para tus…”. Dijo ella señalando sus propios dientes. Al hombre no le gustó esto.

“Se hace llamar KillerGhost. Nunca supe su nombre verdadero, pero es un tipo agradable. Siempre charlamos y me cuenta sobre las cosas interesantes que encuent-”.

“Adiós Claudia”. Dijo rápidamente y se fue del lugar.

Estuvo a punto de estamparle su puño firme en la cara como había hecho con su antiguo jefe, quería que el color de su pelo haga juego con su sangre. La chica vio como se alejaba a paso rápido.

Caminó resentido hasta su casa, que afortunadamente había heredado de la abuela. No todo era malo, al menos podía dormir bajo un techo. Cuando llegó, se encontró con la fría y familiar oscuridad de su casa, poca luz entraba por las ventanas. Cerró la puerta y sus ojos se adaptaron al ambiente, tiró su mochila en la entrada y se fue a buscar algo de comer. Vio que su heladera tenía pocas cosas, quizás si lograba extender sus raciones, le alcanzaría para 5 días más. Odiaba estar siempre al borde de quedarse sin comida, si esto le volvía a pasar, otra vez tendría que visitar a su amigo para pedirle algunas provisiones.

Sacó una manzana y empezó a comérsela mientras iba a su cuarto para ver la tele. Quería distraerse de los hechos que ocurrieron hace un momento, pero no pudo. Se puso a pensar en qué haría ahora sin trabajo, en la cantidad de veces que lo rechazarían de nuevo en las entrevistas. Luego pensó en su abuela, y la maldijo por no haberlo mandado a la escuela, las cosas habrían sido más fáciles así. Varias veces quiso terminarlo a través de Internet, pero el miedo se lo impedía. No sabía por qué, pero tenía miedo.

Pensó en otro de sus problemas, sus malditos dientes. Al instante recordó el número que Claudia le había dado y pensó: ¿de verdad esa persona me podrá ayudar?, ¿y a qué se refería con “descuento”? En eso recibió un mensaje de su amigo David, quien lo invitaba a tomar unos tragos en su casa, y le avisaba que Carla estaría ahí también. Mariano estaba agotado, y no sabía si iría o no. Luego pensó que un poco de compañía le vendría bien en un momento como este, así que le dijo que a las 6 estaría allá. Dejó caer su teléfono y se echó a dormir una larga siesta, con la tele haciendo ruido de fondo.

Cuando despertó, ya eran casi las 5:30 y sintió que el hambre volvía, pero esta vez pisando fuerte. Su casa estaba tan oscura que no sabía si aún era de día o de noche. Se hizo un café y comió las pocas galletitas que le quedaban, esto no lo llenó, pero al menos aguantaría hasta que pueda comer algo en lo de David. Salió un poco tarde pero no le importó, y mientras pasaba por las vidrieras, buscaba algún cartel que diga: “se busca empleado”, o algo por el estilo. Se le hizo raro que Carla aparezca después de tanto tiempo, su cabezota de novia la mantenía lejos de sus amigos. Por fin había llegado y le mandó un mensaje a su amigo avisándole que ya estaba ahí. Un rato después le abrió la puerta un joven moreno de 25 años.

“¿Que pasó Mariano, otra vez nos quedamos dormidos?”. Dijo David riendo. Mariano trató de reír un poco, pero seguía desanimado.

“Si…tuve un pésimo día hoy”.

“¿En serio? No me digas, ven pasa y cuéntame”. Lo invitó a entrar y ambos subieron las escaleras.

Apenas llegaron, Carla saltó en un abrazo y comprimió a Mariano, no se habían visto en varias semanas. El hombre sonrió y la abrazó de vuelta.

“¡¡Mari querido, hace tanto tiempo que no nos vemos!! ¿¿Como has estado??”. Carla tenia la peculiaridad de decir las cosas con un tono exagerado. A los dos muchachos les hacía reír esto.

“Estoy bien Carlita, que bueno verte de nuevo. ¿Que pasó que no te volvimos a ver después de esa reunión?”. Preguntó.

“Ah si, es que…estuve muy ocupada con Agustina, aún estamos viendo si nos mudaremos juntas o no”. Dijo y se fue a buscar una lata de cerveza.

“Típico, cada vez que te pones de novia tienes la cabeza en la novena nube jajaja”. Dijo David acompañándola.

Ella se sonrojó y le dio un pequeño golpe en el brazo, riendo. El trío se sentó en el sillón de la sala y charlaron sobre algunas anécdotas divertidas que les ocurrieron durante estos últimos días. Mariano no se arrepintió de haber venido, necesitaba estar feliz y pasarla bien con las personas que lo querían.

“Hey Mariano, al final no me contaste que te pasó hoy”. Dijo David, que ya llevaba su cuarta lata de cerveza. Carla se levantó para ir a buscar una bolsa grande de papas que había traído para la ocasión.

“Ah…si…”. El alcohol ya le había hecho efecto. “Me echaron del trabajo”. Dijo sin dar rodeos como solía hacerlo cuando estaba sobrio.

Ambos jóvenes lo vieron y se sintieron mal por él, ellos ya sabían su historia y cómo le costaba encontrar trabajo. Carla sirvió las papas en un plato amplio, y el estómago de Mariano le recordó que no había comido casi nada en todo el día. David se rió por el sonido que produjo.

“¿¿Por qué te echaron Mari, hiciste algo malo o fue injustificado??”. Preguntó la chica tomando otra lata de la mesa.

“Dijeron que estaban haciendo algunos ajustes y decidieron deshacerse de los menos experimentados”. Dijo agarrando una gran cantidad de papas.

“Esos tipejos…¡¡siempre poniendo excusas para denigrar a los trabajadores nobles!!”. Dijo Carla, en su delirio justiciero.

“Tranquila amiga, me parece que el alcohol te está empezando a voltear la cabeza”. Dijo David sonriendo y levantándose para ir a buscar algo. Mariano rió un poco, pero a la vez pensó que Carla era la única que lo comprendía. Si no fuese por su orientación, le habría pedido estar juntos desde hacía varios días.

“Sii…puede ser…”. Contestó Mariano desanimado.

“No te sientas mal Marito, porque esta vez tengo la solución para ti”. Dijo David volviendo con un papel en la mano y se lo entregó. Lo revisó y vio que era el volante de una pizzería que abrieron recientemente. Ignoró las letras rojas y se enfocó en los números escritos con fibra verde.

“¿Para qué me das esto? Le preguntó.

“Un amigo que conocí hace poco me pasó su número, y me dijo que si necesitaba empleo, lo podía llamar. Él trabaja en esa pizzería, pero también es peón”. Esta era la primera vez que Mariano escuchaba esa palabra, y no sabía de que se trataba.

“¿Peón?, ¿que es un peón?”. Preguntó confundido. En el fondo se sintió avergonzado de su ignorancia.

“Los que se dedican en las construcciones a cargar bolsas de cemento, arena, ese tipo de cosas”. Dijo Carla, revisando su teléfono. Se puso a charlar con Agustina.

“Así es, y tu podrías ser uno”. Dijo David.

“¿Y crees que me tomarán? La verdad es que no estoy en muy buena forma que digamos para cargar materiales pesados”.

“Yo creo que si, además no necesitas haber terminado la escuela para trabajar de eso, al menos así me dijo este chico. Dudo mucho que te pidan hallar el valor de la X, jajaja”. Dijo David.

“Y en todo caso, si tienes problemas supongo que algún compañero te ayudará”. Sacó su teléfono también, y por un rato los 2 jóvenes desconectaron sus cerebros de la realidad, para conectarlos a su mundo virtual

Mariano los vio inmersos en sus celulares y decidió copiarlos. Tomó su teléfono y aprovechó para guardar el número nuevo en sus contactos, entonces se percató del otro número: el que le dio Claudia. Aún dudaba si debía mandarle un mensaje a esta persona, pero asumiendo que no tenía nada que perder, lo hizo.

“Hola…¿MillerPost? Me pasó tu número una chica que dice ser amiga tuya. Se llama Claudia, tal vez la conozcas”. Tardó un rato en obtener una respuesta, pero finalmente le contestaron:

“Es KILLER – GHOST, y claro que la conozco. Nos conocimos hace 2 semanas, muy simpática la chica”. Dijo.

¿‘Muy simpática’? Claro, esta persona nunca conoció su otro costado.

“En fin, ella me dijo que tal vez podrías ayudarme a conseguir algo que me hace falta”.

“Puede ser, depende de lo que estés buscando. Si estás buscando el amor de tu vida pues…no soy el tipo indicado, jajaja”. Su chiste no le causó gracia.

“No, no es eso. Verás, tengo un problema con…mis dientes. Quiero cambiármelos todos, pero el dinero que tengo no me alcanza para un tratamiento profesional. ¿Tu no podrías ayudarme?”. Dijo Mariano.

“Mmm…veré que puedo conseguir. De todas formas no te prometo encontrar algo rápido para este tipo de casos, tal vez me lleve más tiempo”.

“Está bien, no tengo problema en esperar. Otra cosa, Claudia me dijo que me harías un descuento por venir de parte de ella”. Se dio cuenta de que escribió “venir”, siendo que no estaba ahí con él, pero no le importó.

“Ahh claro, descuida amigo que eso está garantizado. Ahora tengo que hacer algunas cosas importantes, ¿te parece si hablamos en otro momento?”.

“Me parece bien, hasta luego”. Dijo, y guardó su teléfono junto con el papel que le dio David.

Ya eran casi las 9 de la noche, y David los dejó quedarse a comer un rico guiso que había preparado. El estómago de Mariano gritó de alegría y ya estaba satisfecho por esa noche. El trío se despidió y acordaron juntarse de nuevo un día de estos. El hombre volvió caminando por las frías calles de otoño, y solo pudo pensar en los bellos momentos que pasaron aquella tarde. Entró a su casa y no se molestó en quitarse las zapatillas, fue directo a su cama y se echó a dormir profundamente.

Lo despertó otra vez ese estúpido gato naranja del vecino. Siempre se trepaba al árbol pegado a la casa de Mariano, y era tan tonto que no sabía como bajar de vuelta, así que solo le quedaba arrojarse o resbalarse de las ramas. Siempre causaba un ruido estruendoso contra el techo de metal, el pobre se golpeaba muy fuerte, pero aún conservaba sus 5 vidas felinas. Así que, cansado, revisó la hora y vio que eran las 6:17 de la mañana. Se levantó enojado y fue a buscar otra vez el banquito de madera para ponerlo cerca de la entrada, del lado de afuera. Cuando estuvo, se subió y esperó a que el imbécil del gato apareciera para poder bajarlo y regresarlo con su dueño.

Asomó su pequeña cabecita y le maulló. Lo odiaba, pero a la vez le parecía tierno, era como algún tipo de ritual que tenían. Para colmo era muy gordo y algo pesado. Siempre lo comparaba con una bola de boliche naranja que caía sobre el techo. El dueño ya tenía confianza con Mariano, así que le dijo que si el gato volvía aparecer en su propiedad, tenía permitido abrir la ventana de la cocina y hacerlo pasar. Y eso hizo. Terminada la tarea, volvió para intentar dormir un poco más, pero se dio cuenta de que no podía hacerlo. Resignado, decidió ponerse la campera y salir a caminar un rato. El aire de la mañana le sentó bien a Mariano, y mientras paseaba por la zona, se percató de que a lo lejos se encontraban Claudia y un compañero de la tarde, (de su antiguo trabajo). Ellos lo vieron también y comenzaron a acercarse.

Pensó que no se libraría de los típicos comentarios estúpidos, aún después de haber perdido su trabajo. Pero estaba equivocado.

“Hola Mariano…¿que tal te trata el tiempo?”. Dijo Claudia, un poco apenada. Al hombre le sorprendió esto, pues era la primera vez que lo llamaba por su nombre.

“Bien…bien. No pude dormir así que salí a caminar un rato”. Dijo.

“Ah, que bueno. A mi me cambiaron al turno mañana, que flojera. Tienes suerte de que ahora podrás dormir más tiempo jeje”. Mariano no sabía realmente qué sentir, así que ignoró su comentario. El chico no dijo ninguna palabra hasta el momento.

“Y dime, ¿ya has hablado con Killer?”. Preguntó la pelirroja.

“Si, ayer en la tarde conversamos, y me dijo que probablemente conseguiría algo para ayudarme”.

“Me alegro por ti. Oye, si no es mucha molestia, ¿podemos…seguir barriendo las calles? O prefieres que sigamos hablando”.

A Mariano le causó bastante gracia esta nueva Claudia. Difería mucho de la que conocía anteriormente. Tal vez se sentía apenada por que ahora no tenía con que sustentarse.

“Adelante chicos, sigan con su trabajo, que para eso les pagan”. Dijo Mariano y se fue riendo en el camino. Los muchachos también rieron, un poco incómodos. Mariano siguió riendo en su mente, pero por la pregunta boba que había hecho Claudia. Al menos ya no lo molestarían con sus chistes estúpidos, eso era bueno.

Ya era fin de mes y Mariano visitó el banco para verificar que le hayan depositado su último pago en la cuenta bancaria. En efecto ahí estaba. No era mucho, pero al menos le alcanzaría para reponer un poco más su heladera. Saliendo del lugar, decidió visitar un parque que quedaba algo lejos de su casa, pero no le importaba pues era su preferido. Se quedó ahí un rato largo hasta que se hizo las 12 del mediodía, y tuvo que volver. Ya entrando a su casa, encendió la hornalla y puso a hervir una olla con agua para sus fideos. De repente recibió un mensaje de KillerGhost, decía:

“Hey amigo, lamento no haber dado señales de vida, pero aquí estoy, y tengo una noticia que te gustará. ¿Pero sabes?, me siento más cómodo hablando a través de la computadora. ¿Tienes una?”. Preguntó Killer.

“Si, si tengo, espérame que la enciendo”. Fue a buscar la notebook que le había regalado Carla en su cumpleaños, y la prendió.

“Está bien, mientras tanto voy a tener que pedirte que descargues un programa, aquí te dejo el nombre”. Dijo Killer.

“¿Y para qué sirve?”.

“Es para que no te rastreen ni se enteren de que estás navegando por páginas ocultas”. Mariano no sabía de que hablaba, pero le hizo caso de todas formas.

“¿Por qué? ¿Que pasa si lo descubren? ¿Y quienes son ellos?”. Lo invadió con preguntas mientras descargaba el programa.

“Luego te explico mejor, tu hazme caso. Por cierto, ¿tienes el WhatsApp instalado en tu computadora?”.

“Si”. Dijo Mariano.

“Que bueno, así podremos seguir hablando desde ahí y podré pasarte el link”. ¿Que link? ¿Por qué no podía hacer las cosas más sencillas?

Terminó de descargarse y lo ejecutó. Fue un poco lento su proceso de instalación pero finalmente estaba en el escritorio. Lo activó, y ahora podía navegar por la Internet profunda. Así le había dicho Killer.

“Ya está, ¿y ahora qué?”. Preguntó Mariano a través de la computadora.

“Ahora entra a este link que te voy a pasar”.

Y así lo hizo. Lo envió a una página con un fondo negro, y varias fotos se desplegaron frente a él. Parecían ser distintos productos, y los estaban vendiendo. Tal vez entró a un especie de Mercado Libre, pero con un tono oscuro.

“Ya entré, que tengo que hacer”. Dijo Mariano, un poco aburrido.

“Revisa al final de la página, deberías toparte con la imagen de un frasco azul”. Dijo Killer.

Mariano se desplazó hasta el final, y lo encontró: un frasco azul con tapa blanca sobre un fondo blanco. La resolución de la foto era pésima, y no le podía hacer más zoom, pero pudo ver que tenía una etiqueta blanca con algunas letras ilegibles. Pulsó el artículo y su descripción decía lo siguiente:

-SEMILLAS: LAS PERLAS BLANCAS-

>Nuestra compañía le ofrece un nuevo producto recién sacado del horno. Sabemos lo importante que es la estética para uno mismo, así que pusimos todo nuestro empeño para comenzar este nuevo proyecto, y hasta ahora es el número 1 en ventas. No hemos recibido queja alguna, y nuestros clientes siempre están satisfechos con los resultados.

¿De qué se trata? Pues en una innovadora forma de obtener dientes perfectos, una nueva forma nunca antes vista. Con este producto, podrá decirle adiós a todos aquellos tratamientos que están fuera de su alcance.

Si desea saber más al respecto, no dude ni un segundo y pida encargado nuestro producto<.

Mariano terminó de leer, en eso Killer le volvió hablar.

“¿Y, lo encontraste?”.

“Si, justo había terminado de leer la descripción, ¿pero en verdad eso es lo que me acabas de conseguir?”.

“Claro, y tienes suerte, porque yo suelo revender productos de este estilo a un bajo precio. Pero por ser amigo de Claudia te haré el descuento y el precio será aún más bajo. ¿Que te parece?”.

》Amigo de Claudia, si claro《, pensó Mariano divertido. Viendo que el hombre no tenía nada que perder, (salvo algunos pocos billetes), decidió aceptar.

“Está bien, ¿y cómo vas a dármelo?”.

“Nos encontraremos mañana en un punto específico. Tu pones el lugar”. Mariano pensó un rato.

“¿Podemos reunirnos en el parque que está frente al Mc Donald’s?”. Escribió tras recordar su lugar favorito.

“Excelente, curiosamente vivo cerca de ahí, así que llegaré temprano. Estaré sentado en uno de los bancos con mesas, voy a llevar puesta una remera roja y un pantalón azul. Soy un poco gordo y mi pelo es castaño claro. Espero no te pierdas jaja”. Dijo Killer.

“Muy bien, te veré allá a las 3:30. Por cierto, olvidé mencionarte mi nombre, me llamo Mariano González”.

“Un gusto Mariano. No te diré mi verdadero nombre, porque ya me conoces como KillerGhost jaja”. El hombre dejó la conversación ahí y fue a revisar la olla, el agua ya estaba hirviendo y puso los fideos.

Recordó que había sacado su dinero en el banco, y estuvo debatiendo si debía darle ese dinero, o debería conservarlo hasta encontrar otro trabajo. Entonces pensó que la prioridad eran sus dientes, no solo por lo estético, sino también por el dolor insoportable que sentía. Lo bueno es que no tendría que gastar todos sus ahorros, así que luego de esto se enfocaría en intentar conseguir ese trabajo de peón. Mientras comía, sacó el teléfono y le mandó un mensaje al chico de las pizzas.

“Buenas, mi amigo David me dio este numero y me dijo que te dedicabas a ser peón. La cosa es que me quedé sin empleo, y quería saber si yo también podría trabajar de eso”. Tardó 2 horas en obtener respuesta, y en todo ese tiempo pensó que no le responderían. Se puso a mirar la tele hasta que por fin contestaron:

“¿Y tú quién eres?, no recuerdo haberle dicho eso a David”. El hombre miró confundido el teléfono y puso:

“Me llamo Mariano, y como dije antes soy un amigo de David, me contó que se conocieron en una pizzería”.

“Ahh, tu hablas de David Santos. Disculpa, es que me confundí porque tengo otro amigo también llamado David. Pues si, en efecto le he dicho que si necesitaba trabajo, que me avisara así le conseguía un lugar en la constructora. ¿Te hace falta a ti el empleo?”. Mariano miró esperanzado la pantalla.

“Claro que si, me quedé sin trabajo varios días atrás”.

“Son tiempos difíciles hermano, pero descuida, trataré de ver si te dan un puestito. Aunque creo que sería mejor si te presentas frente a mi patrón, y lo discuten entre ustedes. El verá si eres apto para trabajar con nosotros”.

“Muchísimas gracias…emm…no se tu nombre, pero de todas formas iré. Solo dime dónde es y a que hora”. Escribió Mariano contento.

“Soy Sergio, luego te pasaré la dirección y a que hora debes ir. Si quieres para que no estés nervioso, te puedo acompañar en todo momento”.

“Por favor hazlo Sergio, porque siempre me pongo nervioso en las entrevistas”.

“Jajaja, esta bien. Nos vemos en 2 días, porque hubo algunas complicaciones y nos dieron 2 días libres”.

“Okey, adiós”. Dijo finalmente Mariano.

Esto le pareció genial, ya que para ese entonces tendría los dientes arreglados antes de la entrevista, y seguramente eso sería un plus para que lo contraten.

Puso a lavar el plato, revisó la alcancía que tenía guardada bajo una tabla de madera. Contó el dinero y la cantidad era algo decente, sacó un poquito para completar la otra cantidad que tenía en el bolsillo. Mañana se lo entregaría a Killer. Eran las 8 de la mañana, y el gato había hecho de las suyas de nuevo. Mariano, molesto, repitió otra vez el proceso de la vez pasada, y volvió a su casa para intentar dormir de nuevo, por suerte lo consiguió. Ni siquiera el hambre lo despertó, durmió hasta muy tarde y cuando revisó la hora, eran las 3:46 de la tarde.

Se levantó rápidamente y se vistió para ir a encontrarse con aquella persona. Anoche se había quedado hasta tarde viendo videos en su teléfono y hablando con Killer, en un momento le contó que estuvieron metidos en la Deep Web y que era peligroso porque los policías podrían rastrearlos y los meterían presos por estar en lugares ilícitos, pero estaban a salvo si usaban ese programa que los camuflaba. No contó con que se despertaría muy tarde, así que comió rápido los fideos que sobraron de ayer, y salió por la puerta. Solo deseaba que aún lo estuviese esperando en el parque. A mitad de camino se puso a reflexionar sobre lo que hablaron anoche, entonces pensó:

》¿Y si en realidad lo había engañado y era un policía esperando para encarcelarlo?《.

Sus pensamientos fueron interrumpidos tras darse cuenta de que había llegado. Ya estaba ahí, y viendo que no tenía algo mejor que hacer, se arriesgó y fue en su búsqueda.

Buscó por todos lados alguna persona con las mismas características que Killer le había dado. Finalmente, a lo lejos vio un chico sentado frente a una chica, no sabía si era él, pero se acercó de todos modos. Mientras más lo hacía, más podía apreciar los rasgos y la vestimenta de cada uno. El chico era como la descripción de Killer, y la chica era un poco delgada, con una campera verde y un pañuelo en su cabeza. Al parecer no tenía pelo, probablemente sufriría de cáncer, y tal vez era novia de él. Vio que el chico levantó una mochila, y estaba por sacar algo, cuando lo interrumpió.

“¿Eres tú KillerGhost?” Preguntó con desconfianza. Miró por un segundo a la chica y luego al chico.

“Si amigo, en efecto ese soy yo”. Respondió el joven. Mariano pensó que luciría como un hombre mayor, no se esperaba a un preadolescente.

“Te ves más joven de lo que esperaba. ¿Seguro que eres tú el que me los consiguió?”. Dijo elevando un poco la voz. Creyó ver una mirada de temor en la chica.

“Tranquilo amigo, no hay por qué alterarse, y sí, aquí las tengo, déjame buscar”. Tomó su mochila y empezó a revisar. De repente, el hombre entró en pánico, se le ocurrió que tal vez podría sacar un arma y lo detendría por entrar a la Deep Web.

“¡No!, mejor lo busco yo, no vaya a ser que seas algún policía encubierto y me quieras agarrar desprevenido”. Dijo, le sacó la mochila y metió su mano dentro.

“Oye sí que eres paranoico, no eras así en el chat. Además piensa esto: ¿crees que a mi edad me dejarían ser policía? Jaja, no inventes. Y en todo caso, ¿quien me asegura que TÚ, no eres en verdad el policía aquí?”. Luego de revolver entre las cosas, sacó el dichoso frasco azul de la mochila. La imagen de la página lucía borrosa, y apenas se podía distinguir qué contenía. Pero ahora que estaba en sus manos, pudo ver algunas figuras ovaladas dentro.

“No digas estupideces, chico. ¿Me ves cara de policía confiable siquiera?”. Dijo Mariano. Juró ver una risa disimulada en los labios de la chica. Ciertamente no le importó, ya estaba acostumbrado a que se rieran de él. Killer tomó la mochila, la puso a su lado, y dijo:

“Entonces, quedamos en que ambos estuvimos metidos en lugares que no debíamos, y que ninguno mandará al frente al otro, ¿verdad?”. Se le quedó viendo un rato, y pensó que no valía la pena hacerlo. Además creía que el muchacho tampoco sería capaz de hacer lo mismo.

“Esta bien, quedamos así”. Mariano rebuscó en su bolsillo, sacó su último sueldo y se lo dio. La chica los miró sorprendida, mientras Killer contaba los billetes y le decía que la cantidad era justa. Que suerte.

“Gracias, y disculpen las molestias”. Dijo Mariano y se fue rápido del lugar. Se sintió mal por haber actuado así frente a ellos, pero había corrido un riesgo. Caminó a casa con el frasco en el bolsillo del pantalón, por suerte su campera era lo suficientemente larga como para taparlo.

Ya en el baño, revisó el frasco y vio que en la etiqueta había instrucciones. Decía:

-SEMILLAS: LAS PERLAS BLANCAS-.

INSTRUCCIONES:

‘El procedimiento para la implantación de nuestros dientes especiales es similar al del reino vegetal. Deberá extraer el diente, (o los dientes) que desee cambiar, luego tomar el nuevo diente en cuestión, e insertarlo en la cavidad de la encía, como si fuese una semilla.

Si carece de algún diente en específico, será más fácil la implantación, aunque si el hueco de la encía ya está cerrado, deberá reabrirlo con la filosa raíz de nuestro diente especial. Sea consciente de que este procedimiento podrá ser un poco doloroso, pero los resultados lo dejarán satisfecho.

Estos se adaptarán a cualquier tipo de boca. Le ofrecemos la variedad que una boca normal posee: (4 caninos, 12 molares, 8 incisivos, 8 premolares, incluso las 4 muelas del juicio, si usted lo desea), en caso de querer rehacersela desde 0’.

Eso era todo.

Mariano sacó la tapa y vio su contenido. Eran varios dientes nuevos, muy brillantes y puros. Su blancura era casi imposible, y muy hermosos. Tomó un incisivo, y simuló ponérselo frente a su diente actual. La diferencia era radical, y casi le daba vergüenza compararlos. La etiqueta decía “insertarlos como si fuesen semillas”. ¿En verdad tendría que hacer eso? Y no sabía qué era peor, el hecho de tener solo el 40% de sus dientes, lo que significaba tener que arrancárselos, o el hecho de que casi todos sus huecos estaban cerrados desde hacía tiempo, y tendría que reabrirlos. Sin duda, de alguna o de otra forma sufriría bastante, porque iba hacer exactamente lo que decía el último párrafo de las instrucciones: rehacer todo desde 0. Tendría que hacerlo él mismo, ya que le cobrarían caro en cualquier centro odontológico por tan solo retirar un diente, y no quería imaginar cuánto dinero le pedirían para retirárselos todos.

Se sentó en la tapa del inodoro y se puso a pensar; ¿cómo haría para cambiárselos todos sin agonizar en el intento? Entonces recordó el viejo estante de licores de su abuela. Aún conservaba algunas botellas, un poco añejas, pero le servirían igual. Mariano se fue a buscar el más fuerte, volvió con una botella en la mano derecha, y el frasco azul en la izquierda. Se miró un buen rato en el espejo, tomó un largo trago de esa amarga bebida, y esperó a que hiciera efecto. Cuando sintió que estaba listo, fue a buscar la gran y oxidada pinza de extensión de la caja de herramientas, volvió al baño…y prosiguió.

El licor no lo había adormecido del todo, pero esto era mejor que hacerlo sobrio. Ya había llegado a este punto, invirtió su dinero, y no desperdiciaría esta oportunidad. Con mano temblorosa, sujetó un incisivo superior, respiró hondo, y jaló fuerte. El diente podrido, y ahora sangriento, se desprendió de la encía y cayó al lavamanos, seguido de varias gotas de sangre. Un intenso dolor penetró todo su sistema nervioso, e inmediatamente Mariano se arrepintió de lo que hizo. Dejó caer la pinza al suelo y se tapó la boca, sus ojos bien cerrados, mientras un grito apagado se podía oír a través de sus manos. Un poco de sangre se escabullía por su mentón. Se sentó de nuevo en el inodoro y descansó un rato. Cuando el dolor disminuyó un poco, sacó del frasco uno de los incisivos, y aún en contra de su voluntad, se lo incrustó en la nueva cavidad sangrienta donde solía estar su antiguo diente.

No es necesario decir que la filosa raíz revivió su dolor inicial. Mariano contuvo las lágrimas, tomó la pinza del suelo, y volvió a repetir el proceso anterior. Esta vez fue con un incisivo inferior. Antes de arrancarlo, pudo ver como le había quedado aquel diente nuevo, y ciertamente era hermoso. Le hizo pensar en un corderito blanco y puro, en medio de un rebaño de ovejas feas, viejas, y de lana amarillenta y embarrada. Volvió a la realidad, y recordó lo que tenía que hacer. Sujetó de nuevo el diente de abajo con la pinza, su mano temblaba aún más, respiró hondo 2 veces, y jaló. Solo que esta vez no lo hizo con suficiente fuerza, y el diente quedó aferrado al nervio, que ahora colgaba. Ahora sí Mariano dejó fluir las lágrimas y mientras la sangre seguía cayendo, sujetó con los dedos ese desdichado incisivo, y tiró con bastante fuerza. El nervio terminó de romperse, y por accidente el diente se le resbaló y cayó en alguna parte del baño.

Agarró la botella y tomó más licor. Sacó otro incisivo del frasco y se lo incrustó. A este punto ya todos sabemos que el pobre sufría constantemente. Podríamos describir como le fue con cada uno de sus dientes, pero estos detalles ya son suficientes. Mariano tenía 12 dientes en total, 7 arriba y 5 abajo. 12 veces repitió aquel doloroso y agonizante procedimiento, pero al fin había terminado. Vio en el espejo una desagradable e inquietante sonrisa sangrienta, carente de algunos dientes. No pudo apreciar la blancura de estos, debido a que estaban totalmente cubiertos de sangre, y el gusto cobrizo que sentía en la boca le daba asco. Se tomó un buen rato para descansar, dejó caer la pesada pinza, y trató de acostumbrarse al dolor. Mientras se apoyaba en el suelo contra la pared, recordó que esto no había terminado…aún le faltaban los demás. Pesadamente, se levantó y vio la cantidad de espacios que debía reabrir. Trató de recordar cómo iban en orden todos los dientes que tuvo hace tiempo, y reanudó su calvario.

Tomó un canino, su raíz filosa sin dudas penetraría fácilmente cualquier superficie blanda. Lo apoyó en su lugar correspondiente, y sin darse tiempo para pensar, presionó con fuerza hasta que perforó su encía. De nuevo, una llamarada de dolor se disparó, pero al menos no tuvo que sufrir la agonía de arrancarse un diente más. Mariano siguió así hasta ponérselos todos, incluso las muelas del juicio. Luego de haber perdido una cierta cantidad de sangre, luego de haber teñido de rojo el lavamanos, parte del espejo, sus manos y su ropa, por fin había terminado, y pudo contemplar su nueva boca. Se lavó la sangre restante, y aunque seguía saliendo un poco, sus blancos dientes reflejaban la luz del baño.

Nunca había estado tan feliz, al fin pudo cumplir su sueño de arreglárselos todos, aunque el costo haya sido extremadamente doloroso. Abrió la boca para verlos mejor, pero entonces sintió un espanto, tras darse cuenta de que 2 de sus dientes no estaban bien puestos. Se había equivocado, y puso el primer premolar inferior izquierdo, en el lugar del segundo molar inferior izquierdo, y viceversa. Mariano se asustó, y pensó que tal vez estaba a tiempo de corregirlo. Así que con angustia, tomó el premolar y lo arrancó. Por suerte se desprendió fácil y rápido, y tomó el molar e hizo lo mismo. Parecía que su infierno nunca acabaría. Los acomodó y ahora sí, su boca estaba como nueva. Lágrimas de alegría, angustia y dolor escurrían por sus mejillas mientras mostraba una agonizante sonrisa. Tomó todos sus antiguos dientes y los guardó en el frasquito azul, como recuerdo. Agarró la botella y bebió hasta dejarla vacía, su mente estaba desecha y daba vueltas. Con su última voluntad, arrastró los pies hasta su cama, y cayó dormido como nunca antes en su vida.

Al despertar, sintió una leve molestia en la boca, y aún estaba atontado por el licor. Lentamente se sentó en la cama y trató de recordar qué había pasado ayer, pero no hizo falta, porque su lengua sintió que habían nuevos intrusos en su boca, así que fue al baño y se miró al espejo. Entonces lo recordó, y no lo podía creer. Se miró felizmente por un largo rato, y lo mejor de todo es que ya casi no sentía dolor. Quería avisarle a todos y mostrarles su nuevo look, pero tenía pocos contactos. Entonces se acordó de David y le mandó un mensaje avisándole que quería ir a su casa para mostrarle algo genial, que se iba a sorprender mucho, y le pidió que convenciera a Carla de ir también. Se sintió extraño luego de tener su boca completa después de mucho tiempo, quería comer algo para ver si no se le salían. Se hizo unos fideos de nuevo, y masticó. Nada, ningún dolor, y todo seguía firme. Parecía que los dientes realmente se adaptaron a su boca, y siguió comiendo gustoso.

Recibió un WhatsApp de David, el joven contestó diciendo que, le sorprendió estas repentinas ganas de juntarse de nuevo con ellos, pero aceptaría con gusto su visita. Vería si podía convencer a Carla también. Otro golpe fuerte contra el techo a las 9 de la mañana, parecía que al gato le gustaba cambiar cada tanto los horarios. A decir verdad, si se ponía a pensar en aquello, era mejor que la alarma de su teléfono. Mariano salió y cuando terminó, esta vez no quería volver adentro, no podía esperar para juntarse con los muchachos dentro de unas horas. Así que se puso su campera y se fue al departamento de David. Tocó insistentemente uno de los tantos timbres en la pared, y esperó obtener alguna respuesta. Finalmente una voz resonó a través del altavoz:

“¿Quien es el que toca tan desesperado el timbre?”. Dijo David con voz adormecida.

“¡David soy yo! ¡No pude esperar para juntarnos a las 2 así que vine temprano. Quiero mostrarte algo, y a Carla también!”. Dijo Mariano emocionado.

“¿Marito? ¿qué haces despierto a esta hora? Espera que ahora bajo”.

El hombre se contuvo de la emoción mientras esperaba. Luego de un rato, finalmente le abrió la puerta el mismo moreno de la vez pasada, solo que esta vez su pelo iba en todas direcciones, sus ojos lucían agotados y tenia un poco de saliva en la comisura de los labios.

“¿Ocurrió algo Mariano que tuviste que venir urgente para acá?”. Dijo David frotándose el ojo.

El muchacho no sabía como decírselo, así que simplemente le mostró una amplia sonrisa, de labios separados.

David se quedó atónito ante el nuevo look del hombre. Esto sí que era una sorpresa inesperada.

“Mariano…¿que…te hiciste?”.

“¿Te gustan? ¡Al fin pude arreglarlos!”. Dijo emocionado.

“Pues, la verdad que si, tienes una sonrisa que cualquiera envidiaría jajaja”. Dijo su amigo. “Pero en qué momento lo hiciste?”.

“Ayer me…me fui a un dentista que es un buen amigo mío. Me los arregló todos y no me cobró caro”. Dijo Mariano. Si le decía lo del frasco, y cómo hizo para cambiarlos todos, ¿le creería? No estaba seguro.

“Ah, que bueno Marito, por fin pudiste sacarte eso de encima. Oye pero no te quedes ahí afuera, pasa y te sirvo un café”. Dijo y ambos entraron.

“Otra cosa, también hablé con este chico, Sergio. Dijo que mañana tendré que ir a un lugar, luego me dará la dirección”. Los muchachos ya estaban en la sala.

“¡Bien ahí Mariano!, parece que la suerte no te abandonó aún”. Dijo, yendo para preparar un café. Se quedaron charlando hasta el mediodía.

“¿Crees que Carla vendrá?”. Preguntó Mariano.

“No lo sé, esa chica suele cambiar de decisión a último momento. Si quieres podemos hacerle una videollamada para estar seguros”.

“Está bien, y si no puede venir, al menos quiero que vea como luzco ahora”.

David sacó su teléfono y le marcó a la chica. Ambos se sentaron en el amplio sillón esperando que conteste. Finalmente lo hizo.

“Hey David, por qué me vuelves a llama-. ¡¡Mariiito, que gusto verte de nuevo!! ¿Y que haces en la casa de David? Normalmente soy yo la que siempre llega antes a su casa jajaja”. Dijo alegre la chica.

“Es que no pudo esperar que nos juntemos a las 2, y vino temprano para darnos la sorpresa”.

“¿¿Sorpresa?? ¿Cual sorpresa?”.

Mariano mostró sus dientes resplandecientes al celular. La expresión de asombro en la cara de Carla no se hizo esperar.

“¡¡Woow Mariano, que hermosos dientes tienes ahora!! ¿¿Y cuándo te los arreglaste??”.

“Ayer se los puso, dijo que se hizo amigo de un dentista y no le cobró mucho”.

“Que suerte, hoy en día te arrancan la cabeza por cualquier cosa”. Dijo Carla.

“Al fin es todo un Don Juan el galán este jajaja, ahora podrá conquistar cualquier mujer que se le cruce en el camino”. Los tres rieron.

Al final Carla les había dicho que no podía reunirse con ellos porque tenía que hacer unos trámites de la casa, pero prometió que algún día se encontrarían de nuevo. Conversaron y rieron, (aunque sea a través de una pantalla), mientras David dejaba que Mariano se sirviera un poco de arroz con pollo que había preparado.

“De veras espero que te tomen en ese trabajo. En verdad te hace mucha falta”. Dijo Carla. De repente apareció Agustina y saludó a los jóvenes.

“Hola chicos, ¿cómo están? Algún día tengo que conocerlos en persona”. Dijo Agustina. Tenía rulos color miel, anteojos, y piel blanca.

“Bien, justo estábamos hablando de que Mariano tendrá una entrevista mañana. El pobre quedó desempleado hace tiempo”. Habló David por Mariano. La joven de 19 lo miró un poco triste y le dijo:

“Ánimo amigo, seguro que las cosas mejorarán pronto”. Mariano sonrió.

El tiempo pasó y ya eran las 6 de la tarde. Mariano volvió contento a su casa, pero lo pensó mejor y decidió pasar el resto de la tarde en el parque donde se encontró con Killer. Aún seguía contento, y de vez en cuando tocaba sus dientes con la lengua, le tomaría un tiempo acostumbrarse. Empezó a sentir que se levantaba un viento frío, y tuvo que partir a su casa. Se despertó a las 2 de la tarde, comió y jugó un rato con su compu, hasta que recibió un mensaje de Sergio.

“Buenas compa, se me hizo un poco tarde y tendría que haber estado en el trabajo hace 2 horas. ¿Te parece si vas directo a la constructora? Te envío la ubicación en el Google maps”. Mariano lo abrió y se dio cuenta de que estaba cerca de su casa, seguramente era aquella construcción. Tenían planeado levantar un gran departamento. Salió sin prisa ya que no le había dado un determinado tiempo.

Cuando llegó, vio algunos hombres robustos, otros ligeramente delgados, como él. Se acercó a uno alto, rubio, y le preguntó:

“Disculpa, por casualidad no han visto un tal…Sergio? El me dijo que trabaja aquí”. La cara del hombre al instante se transformó en una de gran enojo.

“¡Ese infeliz! ¡Mas le vale que aparezca pronto o sino, iré a buscarlo personalmente y le incendiaré la casa!”. Dijo.

Mariano retrocedió asustado, no sabía el porqué de esa reacción. De repente llegó inesperadamente un muchacho, respiraba agitado por haber corrido tanto. Mariano pensó que tal vez ese era Sergio. (No podía estar seguro ya que el tipo tenía la imagen de un Ferrari como foto de perfil en WhatsApp). Estaba a punto de preguntarle, cuando el grandote lo apartó.

“Escúchame bien, maldita escoria. ¡Que sea la última vez que te metes con mi novia! ¿¡Está claro!?”. Dijo tomándolo por el cuello de la remera. Mariano contempló la escena en silencio mientras los demás trabajadores se agrupaban lentamente para ver qué ocurría.

“Ja. No tienes pruebas”. Dijo el joven, con mirada burlona mientras aún respiraba agitado.

“¿A no? Hace 3 días mi hermano me dijo que te vio sentado al lado de ella en una banca fuera de una cafetería. Ambos parecían…MUY cariñosos ese día”. Dijo el rubio.

“¿Y tu le crees a ese tipo? Seguramente te está haciendo una jugarreta y solo quiere sacarte de tus casillas”. Dijo sujetando las manos del tipo, tratando de hacer que afloje su agarre.

“Conozco muy bien a mi hermano, y sé que él jamás me mentiría”. Dijo el hombre, cada vez más enojado. Mariano no comprendía cómo el otro muchacho no le tenía miedo. La verdad es que ese grandote parecía imponer un cierto aire de respeto entre los demás. Aunque sospechaba que era más miedo que respeto.

“¿Estás seguro? Quien sabe si en realidad inculpa a otro para salvar su propio pellejo, y tal vez es ÉL quien le está coqueteando a tu novia”. Esto pareció calmar un poco al grandote, en sus ojos se podía ver que lo invadía la incertidumbre. En eso, un hombre mayor, de pelo y barba gris salió de un remolque de viaje, y fue a ver qué estaba pasando.

“A ver a ver, ¿qué está sucediendo ahora?”. Los vio a ambos, y vio como sujetaba al muchacho.

“Víctor, ¿otra vez causando problemas? Ya hablamos de esto la semana pasada”. Dijo el señor, cansado de ver que la misma situación se repetía de nuevo. El tal Víctor lo soltó y se paró solemnemente, con la mirada al suelo.

“Perdóneme señor, fue solo un pequeño…altercado, que tuve con Sergio, pero ya lo solucionamos”. Miró al muchacho con mala cara. El hombre suspiró y dijo:

“Okey…vuelvan todos a sus puestos, aún debemos terminar temprano. Ya tenemos 2 días de retraso y no podemos perder 1 segundo mas”. Dijo firme aquel señor, volviendo al remolque y acomodando su casco.

Todos se fueron dispersando, el rubio le lanzó una última mirada fulminante al joven, y se marchó. Solo quedaron Mariano y el joven en la entrada.

“Disculpa lo sucedido, ese tipo es muy paranoico cuando se trata de su novia. Tú eres Mariano, ¿verdad?”. Dijo acomodándose la remera

“Pues…si…”. Honestamente no sabía que más contestar, luego de lo ocurrido.

“Gusto en conocerte, soy Sergio”. Dijo, estrechando su mano.

“Igualmente. Entonces, supongo que…tengo que ir hablar con el hombre del casco no?”. Dijo Mariano

“Exactamente. Pero estás de suerte, porque llegué justo a tiempo para acompañarte. Y si el no quiere darte el trabajo, pues, trataré de convencerlo. ¿Te agrada la idea?”. Dijo sonriendo.

“Te lo agradecería bastante Sergio. No sabes cuánto me cuesta conseguir empleo”.

“¿De veras?, pues que extraño que aún no te hayan llamado para hacer publicidades sobre pastas dentales o algo así. Porque tus dientes son impresionantes, te soy sincero”. Mariano se sonrojó un poco por su comentario y trató de esconderlo, así no pensaba que era una muñequita.

“Jeje, gracias, no es necesario que lo digas”. Dijo, viendo un grupo de chicos mezclando cemento.

“¿Cómo haces para conservarlos así? Son mejores que los de Willy Wonka, jajaja”. Mariano no sabía qué contestar.

“Haciéndole caso a mis padres…cuando me decían que me los lave siempre”. Por dentro, se sintió un completo cínico, ya que hizo todo lo contrario. Y él no era el indicado para dar el ejemplo.

“Caray, creo que tienes razón. Pero yo estoy a gusto con mi boca”. Dijo, y concluyeron el tema ahí.

Un rato después, Mariano recordó aquel tipo intimidante. ¿Un rubio grandote y fortachón trabajando en una construcción? Al instante pensó en el típico rubio fuerte estereotipado de las películas y videojuegos. Se echó a reír, y Sergio lo vio extrañado.

“¿Puedo escuchar el chiste así compartimos la alegría? Dijo. Mariano intentó contener un poco su risa.

“Nada, nada. Es que estoy nervioso y suelo reírme en estas situaciones”. Mintió. Al fin llegaron y golpearon la puerta. Un rato después, salió el mismo tipo barbudo, y los saludó.

“Que tal jóvenes, ¿se les ofrece algo en específico?”. Mariano pensó que por su forma de hablar, el hombre era agradable.

“Claro que si patrón, verá, el muchacho que me acompaña está buscando un lugar con nosotros, y esperaba que usted pudiera dárselo”. Dijo Sergio. El hombre viejo ojeaba a Mariano de arriba abajo y le dijo:

“Está bien, pasa y lo discutiremos mejor”. Hizo pasar a Mariano, y Sergio esperó afuera. 6 minutos después, abrieron la puerta y Mariano salió, pero Sergio vio que tenía una expresión sombría.

“No me digas. No lo conseguiste, ¿verdad?”. Mariano se quedó parado al lado de él, sin decir una palabra, y

no le dirigió la mirada. Eso era un “no”.

“Déjame hablar con él, tal vez pueda ablandar su corazón. Espera aquí”. Dijo, y entró al remolque.

“¿Que pasó jefe? Creí que el otro día me había comentado que buscaba más trabajadores”. Dijo mirando al viejo.

“Es verdad, pero esos puestos ya fueron ocupados, y por ahora tenemos suficientes bocas que alimentar. Además, no parece tener suficiente condición física como para cargar elementos pesados”. Dijo, acomodando varios papeles en algunos archivos.

“Por favor amigo, ya sabes que aquí la mitad de los muchachos son unas pobres lauchas que apenas pueden sujetarse el campeón para orinar. Y respecto a todas las bocas que alimentar, ¿qué puede hacer una más en el montón? Ese chico está pasando un mal momento y necesita ayuda”.

“Mira Sergio, sé que he desarrollado cierta confianza contigo desde hace algún tiempo, pero ahora estamos en horario laboral. Por lo tanto, no puedes tratarme como si fuese…tu amigo”. Dijo el viejo, su tono de voz bajó de volumen un poco.

“Lamento la situación del chico, pero en verdad no puedo hacer un lugar más, porque los que mandan son los de arriba. Yo no controlo realmente toda esta organización”. Dijo, su mirada era la de un hombre cargado de responsabilidades, y estaba harto.

“Yo sé la verdad. Sé que esas sanguijuelas no quieren soltar ese dinero. Lo quieren todo para ellos mismos y no les importan los de abajo. Pero aún así tenemos que tratar de ser un poco más solidarios y ponernos en el lugar del otro. Piensa Guille, ¿cómo te sentirías si en lugar de él, fuese TÚ hijo el que está pasando por la misma situación?”. Dijo Sergio.

Guillermo odiaba cuando él mencionaba a su hijo, era su punto débil ahora que estaba internado en un estado grave. Bajó la vista, sin prestar realmente atención a las letras en las hojas. Lo pensó profundamente, hasta que por fin suspiró.

“Está bien…dile que lo aceptamos…”. Dijo, escondiendo sus lágrimas tras recordar a Nicolás. Sostuvo su cabeza con la mano, y estaba a punto de pedirle que se largara, pero no fue necesario, porque salió de inmediato.

“¡No me lo vas a creer, conseguí que te dejen trabajar!”. Dijo el chico.

La cara de Mariano se iluminó y sus ganas de vivir regresaron.

“¿En serio? Muchísimas gracias Sergio, no sabes cuanto te lo agradezco. De verdad necesitaba esto”. Dijo Mariano muy contento.

“No me lo agradezcas. Mi poder de convencimiento es, in-com-pa-ra-ble”. Dijo el chico con cierto aire de orgullo.

“Ah…bueno, ¿y cuándo empiezo?”.

“Ya mismo, ahora me puedes ayudar a cargar unas bolsas. O puedes irte a tu casa a descansar si quieres, jajaja”.

“Jeje, mejor no, porque me hace falta el dinero”. Dijo Mariano, y ambos empezaron a caminar. Sergio le mostró el lugar.

El tiempo pasó y Mariano se fue adaptando a su nuevo trabajo. Al principio le costaba cargar, (o más bien arrastrar) las bolsas de cemento, así que solo se dedicaba a mezclar con la pala. De a poco su cuerpo se fue fortaleciendo, y su autoestima mejoraba. Solía frecuentar más a David, y a menudo charlaba también con Sergio. En algunas ocasiones lo invitaban a tomar algo con ellos. A todo esto, el tal Víctor dejó de aparecer por la zona, y a Mariano le pareció curioso, pero le restó importancia. Un día estaba barriendo algunos escombros, cuando empezó a sentir un leve dolor en sus dientes. El hombre estaba tan distraído que se había olvidado por completo de ellos, y pensó que sería algo pasajero. Pero no fue así, toda la tarde estuvo con ese dolor, y ya empezaba a incomodarle. Cuando salieron, le comentó a Sergio que mañana probablemente llegaría un poco tarde, porque tenía planeado ir al dentista para hacerse una revisión. El chico le dijo que no habría ningún problema, luego le avisaría al patrón de su parte.

Eran las 2:13 de la tarde y ya estaba esperando en el consultorio del dentista. Al señor se le había hecho tarde y todos sus pacientes estaban molestos por su incumplimiento con el horario. A Mariano lo tendrían que haber atendido a las 12:30, pero el tiempo se le hizo eterno. El dentista al fin había llegado, y Mariano tuvo que esperar a que las personas que habían llegado antes que él, sean atendidas primero. Luego de un largo rato, lo llamaron y pudo pasar. Aquel hombre regordete le indicó que se sentara, y preguntó:

“Y bien señor González, ¿qué problema andamos teniendo?”.

“Verá, desde ayer he sentido una molestia en todos mis dientes. No es muy doloroso, pero ya me está cansando”. Dijo Mariano.

“Muy bien, recuéstese y permítame revisar”. Mariano tenía cierto pavor a los dentistas, pero con el tiempo lo fue superando.

El viejo regordete lo revisó por todos lados, y no encontró ningún defecto, ni siquiera en las encías.

“Parece no haber ningún problema, señor”. Esto le extrañó al joven, no podía ser que no tuviese nada, y por si fuera poco el dolor aún estaba ahí.

“Pero sigo sintiendo dolor, ¿seguro que no tengo nada?”. Preguntó mientras se levantaba del asiento.

“En lo absoluto. Pensé en la posibilidad de una gingivitis, pero no presenta encías inflamadas. Posiblemente el motivo de su dolor se deba a una mala higiene bucal, ya que la acumulación de bacterias puede generar problemas no solo en los dientes, sino también en las encías. Pero he notado que los tiene impecables, como perlas blancas. ¿Se ha hecho algún tratamiento para restaurar todos sus dientes?”. Mariano permaneció callado un rato.

“Pues…si, un amigo mío es dentista, y me hizo este favor a cambio de poco dinero. Es que no estoy en una buena situación económica”.

“Tiene que pasarme el número de su amigo para que me diga de dónde los ha conseguido, porque son mejores que los que tengo en mi consultorio”. Dijo el dentista sonriendo.

“Con gusto se lo daría, pero…olvidé mi teléfono en casa y desgraciadamente no recuerdo su número, jeje”. Dijo un poco nervioso, su mano izquierda escondía disimuladamente el bulto rectangular del bolsillo trasero. Pensaba que si le decía cómo los obtuvo y cómo consiguió implantarlos realmente, tal vez le diría que eso fue muy poco ético de su parte, y probablemente se los removería. Y no quería eso.

“No me diga. Bueno, si algún día vuelve, recuerde darme su número. ¡Ah!, y con respecto a su dolor, le voy a recetar amoxicilina. Y si aún persiste, no dude en pedir otro turno de nuevo”. El viejo fue a escribir la receta, y se lo entregó al hombre.

“Esta bien, gracias señor”. Y se retiró con el papel en el bolsillo. Tenía que salir corriendo a su trabajo, más tarde iría a la farmacia para conseguir esa medicina.

Tomó durante 2 días la amoxicilina, pero no le dio buenos resultados. El dolor desaparecía 20 minutos y luego volvía como si nada. Nunca era erradicado totalmente. Mariano estaba molesto, ese dolor lo ponía de mal humor, y no se daba cuenta de que transmitía su mala vibra a los demás. Una tarde Sergio se cansó y le dijo:

“Mira hermano, nosotros te apoyamos y nos llevamos bien contigo, pero últimamente te has puesto muy agresivo, y si sigues así terminarás alejando a todos tus cercanos. ¿Que te está pasando?”. Preguntó un Sergio malhumorado.

Mariano trató de calmarse un poco a pesar del dolor, y le explicó lo de sus dientes, que el remedio no le aliviaba del todo y lo ponía de mal humor. Ciertamente quería evitar ir de nuevo al dentista.

“Perdóname por haberte tratado así, y a los demás también”. Dijo un Mariano apenado.

Sergio suspiró pesadamente, pero asintió.

“Descuida. Debe ser feo lo que estás sintiendo ahora”. Dijo Sergio y puso su mano en el hombro del joven.

“Escucha, esta noche queremos ir con los muchachos a tomar unos tragos, ¿no te apetece venir con nosotros? De paso te quitas esa mala cara y te diviertes un rato”. Mariano lo pensó.

“Mmm…bueno, está bien. A todo esto, ¿no te has hablado más con David?”.

“Justo ayer estuvimos conversando, y dijo que también se sumará esta noche”.

“¡Ah que bueno! ¿Puedo invitar una chica también?”. Sergio lo vio y sonrió.

“Con que tenías una novia reservada y no me la has presentado, ¿eh?”. Dijo riendo un poco.

“Ya quisiera eso, pero por desgracia no es posible”.

“¿Por qué? ¿Ya está con alguien?”.

“Si, las 2 ya están viviendo ahora en otro departamento, supongo”. Sergio escuchó: “las”, y su cara cambió. Definitivamente no tendría chances.

“Que triste amigo, pero ánimo, hay bastantes peces en el mar”. Mariano estaba cansado de escuchar mil veces esa frase.

Se hizo de noche, y todos los jóvenes ya se dirigían a un bar, que quedaba un poco lejos de la zona, pero decían que era bueno. Mariano y Sergio se quedaron afuera esperando a David y las chicas. Y se menciona la palabra: “chicas”, porque Carla también quería llevar a Agustina, y de paso se conocían por fin. Mariano le había enviado un mensaje a Carla, insistiendole que viniera, o sino la iba a buscar personalmente. Por suerte tenía el resto de la tarde libre, así que le preguntó si su novia también podía ir. Él le dijo que no había problemas.10 minutos después, ya habían llegado los 3, conversando en el camino. Las chicas se presentaron ante Sergio, y él hizo lo mismo. Al fin entraron todos y se sentaron cerca de los muchachos, conversaron, bebieron y se divirtieron bastante. Por suerte Mariano pudo ignorar el dolor el resto de la noche, y pasarla bien con sus amigos.

Ya estaban un poco pasados con la bebida, y en un momento Agustina hizo un mal movimiento y derramó el liquido sobre su remera. Todos empezaron a reír, incluso la propia chica, y a su novia no se le ocurrió mejor idea que pasarle la lengua cerca de la clavícula. Los hombres miraban y silbaban alentando a Carla. Sin duda, para ellos, aquello fue lo mejor de la noche. Ya eran casi las 2 de la mañana y todos tenían que irse a sus respectivos hogares, dentro de algunas horas tendrían que trabajar de nuevo. Los 5 ya estaban saliendo mientras reían, Sergio iba último en la fila. En su estado, no se dio cuenta de la figura alta que lo esperaba afuera, cerca del callejón. Caminaba tranquilo cuando de repente, fue jalado y arrastrado a la oscuridad, solo un débil foco los iluminaba. Estaba confundido, y tras darse cuenta de quién era, sintió miedo. Cuando tomaba, esa supuesta valentía que tenía estando sobrio, se desvanecía y era remplazada por cobardía.

“Vi-Víctor, no esperaba verte por estos lugares”. Dijo tratando de disimular el miedo en su voz.

“Yo tampoco esperaba verte cerca de MI zona, pero aquí estás, y no voy a desperdiciar esta ocasión para arreglar una cuenta pendiente”. Dijo el grandote rubio.

“¿Que…que pasó que no volvimos a verte en la co-constructora?”. Dijo, sujetando como aquella vez, las manos de Víctor para aflojar su agarre, y al instante se dio cuenta de que algo negro envolvía una de ellas. Rápidamente Víctor apartó su mano luego de sentir bastante dolor, y estampó al joven contra la pared de ladrillo. Su mano ya le dolía por sujetar a Sergio, pero el agarre de él hizo que el dolor subiera de nivel. Levantó su mano y dijo:

“¿Ves esto?, ¡¿Ehh?! Por tu culpa me peleé con mi hermano y ahora ya no quiere ni verme. ¡Y para colmo mira el último regalo que me ha dejado!”. Dijo Víctor, enseñándole una férula negra para muñecas, envuelta en su mano izquierda. Al parecer se la habían roto. Y por la escasa luz, Sergio tampoco se dio cuenta de su ojo levemente marrón, que aún estaba sanando. Sin duda antes había sido morado.

“Le conté lo que me habías dicho aquel día, y él dijo que era falso, que eras TÚ, el que me estaba lavando el cerebro. Y él por ser mi hermano nunca se metería con mi novia, pero al final no le creí y terminamos a los golpes. Luego descubrí que había dicho la verdad, pero para ese entonces, él ya estaba muy enojado conmigo y ahora ni siquiera me dirige la palabra”.

“¿Y como sabes que dijo la verdad?”.

“Al final mi novia me lo confesó. Dijo que no soportaba estar con un tipo como yo, y que tu eras mejor. Me faltó muy poco para lastimarla, pero me detuve. Entonces se me ocurrió salir a caminar para despejarme un poco, hasta que te vi. Y pensé: ¡seguramente este tipo le lavó la cabeza para ponerla en mi contra y quedarse con ella!”. Dijo casi gritándole en la cara.

A pesar de su estado de ebriedad y el miedo que tenía, Sergio sonrió y le escupió estas palabras:

“Al fin ella se dio cuenta de la lacra que tenía por novio. Es una pena que haya tardado bastante, pero finalmente abrió los ojos. Y debo decir, que me divertí bastante lavándote el cerebro, ya que eres muy fácil de manipular jajaja. En verdad eras alguien muy molesto, y te merecías lo que te pasó”.

Miró por un segundo la férula y dijo:

“Y al parecer, la estupidez y la fuerza bruta viene impresa en la genética de tu familia jajaja”. Sergio no paraba de reír, aún cuando la pequeña parte racional de su mente le gritaba continuamente que cerrara la boca, sino se ganaría una buena paliza de ese grandote. Y tenía razón.

Esto sí que sacó de sus casillas a Víctor, y a pesar del constante dolor que sentía, sujetó con la mano dañada a Sergio, y con la sana se preparaba para comprimir su cráneo contra la pared. Pero entonces oyó que alguien le hablaba a lo lejos. Se giró y vio un grupo de 4 personas tapando la entrada. Los jóvenes notaron que Sergio había desaparecido y volvieron por el mismo camino para saber dónde estaba, hasta que escucharon la discusión en el callejón. Y ahí los encontraron.

“Tu eres Víctor, ¿verdad?”. Dijo Mariano. Honestamente no le importaba su nombre, solo le preocupaba la situación, y a pesar de que aún estaba ebrio, trataba de mantener la compostura.

“Así es, y creo que tu eres ese hombrecito que buscaba a este zángano aquel día”. Dijo, volviendo a estampar a Sergio contra la pared.

“¡Déjalo, él no te ha hecho nada malo!”. Dijo Carla.

“Mira…como te llames, mejor llévate a tus furcias de aquí, no quiero que presencien la carnicería que está por ocurrir”. Víctor le dijo a Mariano, y se giró para ver a Sergio. Al instante, Carla se paró enfrente de ellos y le gritó al grandote:

“¿¡Que rayos acabas de decir pedazo de escoria?! ¡Nadie se atreve a insultarme a mi, ni a mi novia! ¿Por qué no te acercas y lo repites en nuestras caras? A ver si tienes las suficientes pelotas para hacerlo”.

Los 3 quedaron espantados por lo que dijo Carla. Eran 4, (5 contando a Sergio), pero no estaban seguros si podrían contra alguien como el rubio, además su estado de ebriedad no les favorecía.

Víctor soltó a Sergio, y se acercó lentamente al grupo. Carla seguía mirándolo de forma intimidante, pero los de atrás no sabían que hacer. Entonces David le dijo algo a Agustina, y ella a su vez se lo dijo a Mariano. Los 3 asintieron, David agarró del brazo a Carla y la sacó a la fuerza de ese lugar. Ella protestó, pero finalmente se fueron, dejando solo a Mariano. Luego de un rato lo tenía cara a cara, y no sabía como iniciar la conversación, pero logró decir algunas palabras:

“Ehh…mira. Lamento el comportamiento de la chica, es que…cuando toma mucho se pone así”. Dijo Mariano un poco nervioso. La poca iluminación no alcanzaba a mostrar parte del torso y la cara de Víctor, por lo que su silueta era algo intimidante…y daba un poco de miedo en la noche. Solo se podían ver sus zapatillas deportivas negras y su pantalón azul cobalto. Aquel hombre no dijo nada, así que Mariano prosiguió, tragando un poco de saliva.

“Entonces…lo que intentaba decir es que… tal vez lo mejor sería que ambos…olviden sea cual sea el problema que hayan tenido…y sigan con sus vidas normales”. Mariano eligió con cuidado sus palabras.

“¿Sabes lo que ese tipo me ha hecho?”. Dijo rápidamente Víctor. Mariano negó con la cabeza.

“Se robó a mi novia, y no solo eso, sino que también me engañó haciéndome creer que mi hermano era el que realmente me la estaba robando. Pero no fue así, ahora por su culpa me peleé con él, y terminé con la muñeca rota. ¡Mira!”. Levantó su mano hacia Mariano mostrando de nuevo la férula negra.

“Okey…eso sí que es un tema. ¡Pero todo tiene solución! Cuando pase un tiempo, puedes intentar hablar con tu hermano de nuevo, y probablemente se reconciliarán. Ahora lo de tu novia…desconozco el motivo por el cual ella prefirió estar con Sergio antes que contigo, pero supongo que si ambos lo discuten, podrán resolver sus conflic-”. Mariano se vio interrumpido tras recibir un puñetazo de Víctor directo en la cara. El hombre cayó al piso, y un diente salió disparado. Desesperado, empezó a buscarlo en la oscuridad mientras sentía el familiar gusto cobrizo en su boca.

“¡¡Ella aún es mía, y siempre lo será!! ¡No le pertenece a aquél miserable gusano que está en el callejón!”. Dijo un imponente Víctor, quien se acercó a Mariano y le propinó una patada fuerte en el estómago. El pobre se sujetaba el abdomen.

“¿Te ha quedado claro, estúpido?”. Mariano desde el suelo, asintió, incapaz de decir una palabra.

“Bien. Ahora sé un buen chico y lárgate de aquí si no quieres que te rompa una costilla, como le va suceder a tu amiguito”. Sergio alcanzó a escucharlo, y su temor aumentó, luego de ver que aquel mastodonte se le acercaba para terminar con su vida.

Comenzó a retroceder y en un momento tropezó con un bote de basura, y cayó al suelo. Alzó su brazo para protegerse de la inminente paliza, y pudo ver en su cara que disfrutaba este momento. De repente, los 3 escucharon un ruido, y vieron que David, Agustina y Carla habían regresado, con 3 policías más. Al instante la expresión del rubio cambió a una de temor, y antes de que los policías pudiesen hacerle una pregunta, salió corriendo en dirección contraria a la entrada del callejón, y fue perseguido por 2 hombres uniformados, quienes gritaban que se detuviera. Al final desaparecieron de la vista, y los muchachos se reagruparon. El policía que se quedó con ellos les tomó la declaración, mientras ayudaban a Mariano a levantarse. Pero este les dijo que estaba bien, excepto que había perdido su diente y no lo encontraba.

David se prestó a ayudarlo, mientras el policía hablaba con Sergio, y las chicas escuchaban atentas. Finalmente David encontró el colmillo de Mariano, y él le agradeció por su ayuda. Era el colmillo derecho de arriba, Mariano estaba muy molesto porque había sufrido bastante, solo para que ese tipo le sacara un diente que con tanto esfuerzo le costó poner. Luego vería si podía reinsertarselo, mientras tanto lo guardó en su bolsillo. El policía les agradeció su colaboración y dijo que pronto atraparían a Víctor. Los 5 pudieron retirarse del lugar, y se fueron a sus hogares. La alegría del momento se había ido, y ahora todos sentían angustia por lo que sucedió.

Mientras hablaban, Mariano se dio cuenta de algo peculiar: curiosamente, la molestia en sus encías seguía ahí, pero estaba adormecido por el alcohol. Aún así, en lugar de sentir dolor en la zona donde solía estar su colmillo, sentía alivio. Como si el problema hubiesen sido los dientes todo este tiempo. Pero ni en sueños se los quitaría, por fin lo había conseguido, y un simple dolor, que seguramente será pasajero, no arruinará su felicidad. En un momento las chicas se quedaron hablando con David, sobre cómo habían logrado encontrar esos policías a tiempo por pura casualidad, y Sergio se acercó a Mariano y le dijo:

“Gracias por haberme salvado Mariano. Aunque no debiste hacerlo, aquello fue un problema mío, y no tuyo”. Dijo sonriendo apenado.

“No fue nada. Pero en verdad que eres cabeza hueca, porque no fui el único que te ayudó. Deberías agradecerle a los chicos también, además, puede que esto no tenga nada que ver pero, tu me ayudaste a conseguir ese puesto. Así que te la debía”. Dijo Mariano, devolviendole la sonrisa.

“Ah, ¿y yo que?, ¿acaso no fui YO quien te pasó el contacto?”. Dijo David, medio enojado, medio riendo.

Mariano hizo rodar sus ojos, y suspirando, le agradeció también a David. El resto se rió de su sinceridad. Al final el grupo se fue dispersando de a poco, y solo quedaron David y Mariano.

“Bueno Marito, fue divertido, pero pronto tendré que levantarme otra vez y cumplir con mis responsabilidades”. Dijo David, cansado. “Podríamos vernos otro día”.

“Está bien, tu me dices cuándo y a que hora”. Dijo.

Al final los chicos se saludaron y Mariano por fin entró a su casa. David siguió de largo. Estaba muy exhausto, los golpes que le dio ese infeliz aún le traían malestares. Se quitó los pantalones y se echó a dormir profundamente, pronto sería un nuevo día.

¿…O tal vez no…?

Eran las 4:50 de la mañana, y volvió a escuchar que ese condenado gato se caía otra vez del árbol, produciendo un fuerte golpe contra el techo, causando que Mariano se despertara. Revisó la hora y vio que era muy temprano, demasiado temprano para lo que estaba acostumbrado. Otra vez cambió su horario ese naranjita. Salió y repitió la tarea de siempre, hacía mucho frío afuera y ya extrañaba su cama calentita. Por fin pudo entrar, hasta que recordó que aún no se había puesto el diente, entonces lo buscó en el bolsillo del pantalón y lo sacó. Fue al baño, y lo apoyó sobre el lavamanos, mientras se revisaba la boca. Curiosamente el dolor había aumentado y no lograba encontrar el motivo, se negaba a creer que la razón principal fuesen sus dientes.

En eso, alcanzó a ver por el rabillo del ojo que su colmillo se movió levemente. No estaba seguro si lo que vio fue una ilusión, pero entonces pudo ver que el diente se había movido de nuevo. Mariano lo miró sorprendido y acercó su cara para verlo más de cerca. El colmillo se movía de vez en cuando, y en un momento estuvo a punto de caerse, hasta que se quedó quieto. El hombre iba a tocarlo, cuando de repente, el colmillo explotó y solo quedó la raíz. Mariano se asustó y vio con impresión, cómo salían varios insectos minúsculos, de lo que quedaba de ese diente y corrían desorientados de un lado a otro. Parecían moscas diminutas, con algunos rasgos de abeja, y tenían algunas rayas verdes. Uno de ellos se dispuso a volar y los demás la siguieron, aún estaban desorientados y volaban alrededor del hombre. Mariano trató de matarlos a manotazos, pero entonces quedó inmóvil, luego de reflexionar sobre lo que había visto: si esos bichos habían salido de su colmillo…

Lentamente se giró al espejo y mientras lo hacía, no solo vio con horror cómo los demás dientes se movían de vez en cuando en sus encías, sino que también lo sentía en carne propia. Sin pensarlo salió corriendo del baño y buscó su vieja amiga, la pinza oxidada. Regresó, y como aquel día, tendría que repetir esa escena sacada de película, excepto que esta vez no dudaría ni un segundo y se los arrancaría todos a pesar del dolor que sentiría. El miedo y los insectos fueron un incentivo suficiente para hacerlo.

Tomó un incisivo, y lo arrancó rápido. Era obvio que le dolería, pero no le importó, tomó otro incisivo y tiró de nuevo. Los bichos zumbando al rededor, y la sangre marcando otra vez su territorio en el baño, eran una escena incomprensible para cualquiera que viera esto desde lejos. Pero Mariano estaba decidido a terminar.

La adrenalina nubló un poco su dolor, y alcanzó a sacar 6 dientes, pero no llegó a tiempo. Simultáneamente, todos sus dientes, más los que se había arrancado, estallaron y una gran cantidad de insectos fueron liberados. Los que salieron de los dientes arrancados se sumaron al enjambre que volaba alrededor de Mariano, y los que aún seguían en su boca, se prepararon para cumplir un propósito que se le fue adoctrinado desde su creación. Mariano gritaba y trataba de escupir la mayor cantidad de insectos posibles, o se metía los dedos para sacarlos y mientras lo hacía, sintió que los que estaban en su boca, se abrían paso a través de su cara. Sintió como miles de ellos recorrían su carne, escarbando el camino hasta adentrarse al cerebro. Solo que ese no era exactamente su destino.

Sufría constantemente mientras la sangre le caía a chorros por la boca y por la nariz, mezclada con saliva y mucosidad. Mientras se rascaba toda la cara, en un intento absurdo por sacárselos de encima, alcanzó a ver que algunos de ellos se ahogaban en la sangre del suelo. Se chocó contra las paredes y en un momento estuvo a punto de tropezar con el inodoro, pero se mantuvo en pie. Esto sin duda era una pesadilla, y en un segundo despertaría. Si, debía de ser eso. Empezó a sentir que le salía líquido por los oídos, y ya fue suficiente. Mariano estuvo a punto de ir a llamar a emergencias, cuando de repente, se detuvo. Quedó inmóvil, boquiabierto en el marco de la puerta por unos segundos, y luego simplemente, se desplomó al suelo. Sus ojos perdidos en la nada, y su lengua, roja y brillante, se asomaba levemente por su boca. Lo último que pudo ver fueron los insectos rodeándolo, y lo último que pudo escuchar fueron los zumbidos molestos. Su vida lentamente era devorada por las sombras…y por los pequeños invasores.

Los policías forzaron la puerta de su casa, y lo que encontraron fue algo que no se esperaban ni en sus pesadillas. Cerca del baño, se hallaba un esqueleto rojizo, el cual le quedaba muy poca masa muscular, y órganos. Aún conservaba la ropa intacta, excepto por las manchas de sangre. Los forenses comenzaron a examinar el cadáver de Mariano y se percataron de 2 cosas: la primera era que no poseía ningún diente, y la segunda era que algunos insectos quedaron escondidos entre las prendas. Inmediatamente tomaron los que pudieron y los guardaron como evidencia. Se llevaron el cadáver, y mientras revisaban la casa, encontraron un frasco azul que contenía 12 dientes en mal estado. Lo llevaron también como evidencia. No solo eso, sino que encontraron y juntaron pequeños fragmentos blancos esparcidos por todo el baño.

David fue a su casa y vio que no atendía la puerta, ni sus llamados telefónicos. Al final la policía llegó y forzaron la entrada, le pidieron que se quedara afuera mientras ingresaban al domicilio. David estaba confundido, luego de ver que más gente uniformada entraba, y no le permitían ver a su amigo. Más tarde le explicaron la situación, pero no necesitó escucharlos, puesto que vio como sacaban a Mariano en una camilla, tapado por una bolsa negra. David insistió en verlo mientras sus ojos se enrojecían, pero lo detuvieron. Le dijeron que más tarde lo llamarían para dar su testimonio y averiguar que había pasado.

En resumen, sus amigos hablaron sobre lo que pasó en la noche, Sergio habló de Víctor, y de que le había conseguido trabajo a Mariano, entre otras cosas sin importancia. David en un momento les habló sobre los dientes nuevos de Mariano, y le preguntaron de dónde los obtuvo. Les dijo que supuestamente Mariano se había hecho amigo de un dentista, el cual nunca le dijo su nombre, ni siquiera sabía dónde trabajaba. Luego de algunas preguntas, los investigadores le mostraron el frasco azul, y el joven dijo que no tenía idea de qué era eso. Sabía que Mariano tenía el constante deseo de cambiarse los dientes, pero el dinero no le alcanzaba. Esto quizás les serviría a los forenses.

Confiscaron el celular y la computadora de Mariano. El celular estaba roto, seguramente no pudo soportar el peso del muerto, así que lo mandaron a un técnico para que lograra sacarle toda la información posible. Respecto a la computadora, revisaron su contenido y descubrieron una conversación con un tal KillerGhost, quien resultó ser el responsable de haberle conseguido ese misterioso frasco. Trataron de contactarse con este individuo, pero al parecer se había cambiado de número. En medio del chat, también descubrieron un link que los dirigía a una página, ahora inexistente. Esto frustró a los investigadores, pero continuarían con su búsqueda.

Mientras tanto, los médicos forenses seguían con su labor de autopsia, y luego de algunas horas, pudieron determinar la causa de muerte. Aquellos insectos, habían forzado su camino hasta llegar al bulbo raquídeo, y lo habían carcomido casi todo, para poder incapacitar al individuo y devorarlo completo sin interrupciones.

Si el bulbo raquídeo recibe algún daño, por más minúsculo que sea, puede provocar la muerte instantánea del individuo. El joven había sufrido un paro cardíaco, y sus pulmones dejaron de aportar oxígeno. (Los médicos ya habían sido informados sobre estos insectos, los cuales aún estaban bajo investigación). Sin duda, sabían exactamente lo que estaban haciendo. Al menos el muchacho no sufrió la peor parte, sentir que se daban un festín con él esa noche.

En el centro de investigación, los encargados de examinar a fondo aquel frasco, y los extraños insectos, lograron hacer algunos avances. Los dientes dentro del frasco resultaron ser los de Mariano, y el único indicio de los supuestos dientes que contenía previamente ese frasco, eran los pequeños fragmentos blanquecinos que recogieron del baño. Resultó ser, que servían como algún tipo de cápsula, que protegía aquellos insectos desconocidos. Por la hora, y la fecha en la que supuestamente se había puesto esos dientes, (información otorgada por David Santos), dedujeron que los huevos dentro de los “dientes” debían eclosionar aproximadamente a las 5:00 de la mañana.

A esa hora el joven aún seguiría durmiendo, y los insectos saldrían rápidamente de sus cápsulas, para luego…hacer el resto. Por la información que ofrece el frasco, se teoriza que solo necesitaban el calor humano para completar su formación. Y con respecto a los insectos…una observación exhaustiva pudo comprobar que eran el resultado de una combinación artificial entre: una abeja, una mosca de la fruta, y un escarabajo carnívoro. Los científicos seguirán con su investigación.

Sus amigos fueron al funeral de su querido amigo, todos vestidos de negro. Las chicas no dejaban de llorar, y los muchachos se esforzaban por contener las lágrimas. Vieron con tristeza como el ataúd bajaba lentamente, mientras el padre citaba algunos versículos de la Biblia. Poca gente había asistido, pero Mariano estaba feliz de ser acompañado de nuevo, y su alma finalmente pudo descansar. Más allá de las rejas del cementerio, un jovencito muy extravagante pasaba por el lugar, y los veía desde lejos. Con una mirada de desprecio, dijo:

“Ay, pero que gente tan depresiva, y esos atuendos son…un es-pan-to. Deberían ser como yo, deberían pensar siempre: lo pasado pisado. Y seguir viviendo la vida loca sin preocupaciones ni tristezas”. Dijo, y siguió su camino a la peluquería.

— Via Creepypastas

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