Scarlet Astrid: La vengadora fantasma

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

El tema de la violencia a la mujer, en cualquier aspecto, es un tema bastante delicado. Todos los días, en alguna parte del mundo, la sangre de una mujer es derramada. Sin embargo, esta no es una historia cualquiera, es la historia de ella. Una verdadera historia de terror que nunca en tu vida vas a olvidar.

Astrid Krystal fue una chica cuya vida fue una pesadilla. Ella nació en 1998, hija de una pareja muy pobre. Era el peor momento para la pareja para tener un bebé, pues muy apenas tenían para comer una vez al día, vivían en una pequeña casa de madera y estaban sucios y descuidados. Sin embargo, ambos amaban mucho a su niña y todos los días, los adultos trataban de hacer todo lo posible con tal de alimentar y mantener a la pequeña, hasta que todo cambió años después, cuando la pesadilla comenzó. El padre de Astrid, cegado por el estrés y la desesperación, comenzó a tomar mucho. Como él trabajaba en un bar, tenía acceso a todas las bebidas alcohólicas y se las robaba para tomarlas a escondidas. La sustancia se apoderó rápidamente del hombre, por lo que él siempre llegaba borracho a casa y golpeaba mucho a su mujer y a Astrid, siendo tan solo una niña de 5 años de edad. No solamente eso, después de golpear mucho a su esposa, el mal hombre siempre la violaba, sin importar si Astrid los veía o no. De hecho, la chiquilla casi fue violada por su padre, pero su madre la defendía y suplicaba que la dejara en paz, pero si la niña no iba a satisfacer los deseos sexuales de su padre, entonces sería la madre quien lo haría, pero la mujer prefería eso a que su pequeña fuera dañada, como toda madre.

Una noche, Astrid estaba durmiendo, hasta que unos gritos la despertaron. Ella se incorporó en su cama y vio a sus padres discutir fuera de la casita.

-¡No! ¡No dejaré que le hagas eso a nuestra hija! ¡Estás enfermo!-

-¡No tenemos opción! ¡Ni con lo que yo gano nos alcanza para vivir como siempre deseamos! ¡Maldita sea la hora en la que pariste a esa cría! ¡Créeme! ¡Nos darán buen dinero por ella!-

Astrid no sabía que estaba pasando, pero sabía que no era nada bueno. De la nada, entró su padre y la agarró con fuerza del brazo para luego jalarla fuera de la casa. La niña empezó a gritar asustada, mientras que su madre intentaba zafarla de la enorme mano de su marido, pero éste tenía una fuerza brutal. El hombre, al ver que su esposa intentaba arrebatarle a la niña, la golpeó fuertemente, así tirándola al suelo, acto seguido, motorizado por la ira y el alcohol, tomó un machete que estaba ahí y la empezó a lastimar hasta matarla, todo mientras seguía sosteniendo a Astrid. La niña había visto con sus propios ojos, como su madre sufría y se desangraba hasta dejar de respirar. Después del horrible crimen, el padre de Astrid la cargó y se la llevó de ahí, sin importar que la manchara de sangre, no sin antes taparle los ojos y la boca con pañuelos. La pequeña estaba realmente asustada, intentaba gritar, pero el pañuelo de su boca hacía contacto con su lengua, lo que le impedía siquiera hablar. Muy apenas podía llorar, por sus lágrimas eran absorbidas por el pañuelo de sus ojos. Pasó alrededor de unos veinte minutos y el padre de la niña llegó a lo que era una mansión y le dejaron entrar. El mal hombre, al pasar la puerta, se topó con una mujer de aproximadamente 40 años de edad, hermosa y vestida con un vestido negro y un abrigo de piel de zorro, fumando un cigarrillo.

-Bienvenido, veo que cumpliste con lo que me prometiste. Déjame ver la mercancía y te diré si hay trato o no. Sígueme por favor.-

La mujer caminó hasta la enorme sala de estar y el mal padre la siguió, aún cargado a Astrid. Al llegar, ambos tomaron asiento y el hombre le quitó las vendas a su hija. Astrid se talló los ojos, los cuales aún tenía algo hinchados por haber llorado y miró a su alrededor, temblando de mucho miedo. la mujer se levantó u se acercó a la niña, tomándola del rostro con una mano y apretándole las mejillas con sus dedos. Admiró el cabello rubio de la niña, sus ojos verdes y su piel blanca, era una niña preciosa.

-Bien, esta niña parece una muñeca, apuesto a que con mejor ropa y algo de maquillaje, los clientes pagarán mucho por ella. Bueno, parece que el trato está hecho.- dijo la mujer sonriendo, entonces de entre las almohadas del sofá donde ella estaba sentada, sacó una mochila y se la entregó al padre de Astrid. El hombre la abrió y dentro de esta, había mucho dinero, 30, 000 dólares en total. Tras revisar, él cerró la mochila y dio un apretón de manos con la mujer. Ni siquiera se había tomado la molestia de despedirse de se hija. Astrid intentó correr tras él.

-¡Papi! ¡No me dejes sola con esa señora!- lloró ella, pues a pesar de que él asesinó a su madre, eso era lo que le quedaba de figura paterna. Pero antes de poder alcanzarlo, la mujer la tomó de los hombros fuertemente para que su padre, si es que se le podía llamar así, se fuera tranquilamente. Esa fue la última vez que lo vio. En una sola noche, Astrid había perdido su pequeño hogar y a sus dos padres. La mujer volteó a la niña y sacó una navaja, apuntándola para así poder asustarla.

-Escúchame bien, mocosa. A partir de hoy vas a trabajar para mi. Yo soy tu jefa: Madame Esmeralda. Muchachos, llévense a esta niña con el resto de la mercancía, mañana debe empezar.-

Después de que la mujer dio la orden, dos hombres fueron y la agarraron de las manos, acto seguido, se la llevaron a una habitación, donde habían otras niñas de entre 5 y 7 años. Las pequeñas la saludaron inocentemente e intentaron calmarla, pero Astrid estaba fuera de sí. A la noche siguiente, unas mujeres jóvenes y fueron a vestir y maquillar a las niñas, de las formas más provocativas posibles, incluyendo a la pobre Astrid. De toque final, a todas les pusieron una pulsera de papel con un número. Después de arreglarlas, las mujeres llevaron a las niñas, junto a otras de edades entre 8 y 12 años, a la sala de estar y las formaron en filas a todas, desde la más chica hasta la más grande. Al ser formadas, los mismos hombres salieron y las apuntaron con armas en caso de que alguna tuviera la intención de escapar. Madame Esmeralda vio a todas y cada una de las niñas y entonces dejó pasar a muchos hombres algo mayores.

-Bien, elijan a quien quieran, incluso nos ha llegado mercancía nueva. Ya conocen las reglas, paguen y luego tomen a la que deseen. El número del cuarto que les tocará está en los brazaletes que tienen las niñas.- explicó la mala mujer. Entonces, los hombres, uno por uno, pagó con grandes cantidades de billetes y luego escogieron a una niña para luego llevárselas al segundo piso donde estaban las habitaciones. Llegó el turno de Astrid, quien fue elegida por un hombre de aproximadamente 46 años de edad y fue llevada a su cuarto. La pobre niña, al ver la mirada y la sonrisa pervertida del hombre, comenzó a llorar y gritar, pero el muy desgraciado, sin piedad alguna, tomó lo que era su tierna inocencia. La vida pesadillesca de Astrid apenas estaba empezando.

Pasaron 10 largos años, llenos de abusos y mucha tortura. Astrid ahora era una preciosa chica de 15 años, pasando a una categoría mayor de las edades que Madame Esmeralda tenía acomodada para los clientes. La bella chica, a pesar de que era una de las favoritas, ella no sonreía e incluso había tratado de escapar y de dañar a los clientes, pero la dueña de este oscuro comercio la castigaba, matándola de hambre, no podía golpearla, porque ella sabía que sus clientes eran demasiado exigentes con la imagen.Un día de Julio, llegó a la mansión un hombre un poco menor que Madame Esmeralda, era su hermano. Él había sido un cliente del negocio de su hermana y la mayoría de las veces había escogido a Astrid para su morbosa diversión.

-Hermana, te tengo el mejor negocio de tu vida. Te compraré a Astrid por una buena cantidad de dinero.-

-No lo sé, nunca he vendido ninguna de mis mercancías.-

-Lo sé, pero creo que puedes acceder, aunque sea por esta vez, por mí. En verdad que esa chica me vuelve loco y la quiero para mí solamente.-

Después de una larga charla, los dos hermanos por fin se pusieron de acuerdo. El hombre le dio a su hermana su pago por la chica y entonces Madame Esmeralda llamó a uno de sus hombres guardias que trabajaba para ella, ordenandole que le trajeran a Astrid. Unos minutos después, el guardia trajo bruscamente a la chica y la aventó al suelo. Astrid se quejó por el golpe que se dio contra el suelo y miró a su desagradable jefa.

-¿Para qué me quiere, Madame Esmeralda?- preguntó Astrid, demasiado asustada.

-Ya no vas atrabajar aquí, ahora serás la esclava de mi hermano.- respondió Madame Esmeralda como si se tratara de cualquier cosa. Astrid se asustó e intentó huir, pero el guardia la detuvo y la cargó como a un saco de patatas. Por más que ella pataleaba, el guardia nunca la bajó y se la llevó a la limosina del hermano de Madame Esmeralda, poco después, su nuevo “dueño” se subió y se sentó al lado de ella, comenzando a coquetearle. Astrid simplemente se quedó callada, pero porque ella estaba tratando de idear un plan para escapar, no iba a permitir que un desgraciado la tomara como esclava sexual, pues fue víctima de pedófilos y no pudo hacer nada, pero ahora que tenía más edad, iba a salvarse y a las niñas que eran mercancía de la horrible mujer. Por fin llegaron a la mansión del hombre y el chofer le abrió la puerta al millonario. Él salió y luego extendió su mano hacia su nueva esclava. Astrid tomó su mano y así salió de la limosina, pero justo al salir, ella le dio una patada rápidamente en la entrepierna y salió corriendo.

  • ¡Agh! ¡Deténgala! ¡No dejen que escape!- gritó el hombre y salieron dos guardias de su mansión, corriendo detrás de ella. Afortunadamente, Astrid se había adelantado lo suficiente como para esconderse en un callejón oscuro y así lograr perderse de la vista de los dos guardias. Mientras permanecía escondida en ese lugar, estaba llorando, pues no soportaba la situación. El haber cargado 10 años con ese tipo de maltrato era demasiado. De repente, un policía que rondaba por esa calle, escuchó el llanto de la chica y se acercó a ella.

-Oiga, señorita ¿Está usted bien?- preguntó. Astrid levantó la mirada, llena de lágrimas. -¡Por favor! ¡Lléveme con usted! ¡Necesito hacer una denuncia!- el policía se apiadó de la chica y se la llevó en la patrulla para ir a la estación de policía más cercana, donde Astrid denunció a Madame Esmeralda y a su hermano, contando todo lo que había pasado en ese sucio negocio. La policía fue y arrestó de inmediato a la mujer y a todos los que estaban involucrados, ayudando así a las niñas secuestradas a regresar con sus familias. Pero la única que no tenía familia era Astrid, por lo que ella tuvo que vivir sola en un departamento demasiado pequeño, que era para lo que le alcanzaba luego de tratar de iniciar una vida normal como mesera. Le había sido difícil conseguir un buen trabajo por el simple hecho de tener 15 años, pero una buena mujer la contrató en su restaurante.Incluso, cuando menos se lo esperaba, sentía que le gustaba uno de sus compañeros meseros, llamado Nick, pues desde que ella llegó, la trató muy bien. Al principio, Astrid no confiaba en ningún hombre, pero tras ver que Nick era honesto y bueno, comenzó a tener sentimientos por él. Él era mayor de 22 años, pero eso no le impedía nada, después de todo, ella era una adolescente. La nueva vida sencilla de Astrid era buena y parecía que su pasado estaba enterrado. Meses después, cuando Astrid estaba en su departamento un fin de semana, Nick le llamó a su celular.

-¿Hola?-

-Hola Astrid ¿Cómo estás?-

-Oh, estoy muy bien Nick. Gracias por preguntar ¿Cómo estás tú?-

-Estoy de maravilla, de hecho, quería invitarte a salir ya que los dos no trabajamos hoy ¿Te parece?-

-¡Sí! ¡Me encantaría! ¿Dónde nos vemos?-

-En el parque que está a dos cuadras del restaurante. Te veo ahí en unos 20 minutos.-

Después de esa llamada, Astrid se vistió con una blusa de tirantes rosa y un pantalón de mezclilla, acompañado de zapatillas del mismo color que la blusa. Al llegar, se encontró con Nick, quien la esperaba en la banca. Ambos pasaron mucho rato charlando, hasta que de repente, Nick tomó la mano de Astrid y le sonrió.

-Astrid, debo decirte que me gustas mucho ¿Quieres ser mi novia?- preguntó él. Sin embargo, por más que Astrid estuviera feliz de que le hayan preguntado eso, se puso a llorar. Nick se preocupó y le preguntó lo que sucedía. Ella, con mucha vergüenza, le respondió. -¿Cómo quieres que una chica como yo sea tu novia? Yo… ya estoy usada y lo sabes.-

-Ya sé lo que pasaste desde niña, pero tú no tienes la culpa de nada, sólo eres una víctima. Yo quiero tener de novia a una chica valiente y esa eres tú.-

Después de eso, Astrid terminó aceptando ser la novia de Nick y aquello la hizo demasiado feliz. Sin embargo, esa felicidad no le iba a durar mucho tiempo, pues poco después, en el restaurante llegó un chico de 21 años llamado Michael, quien era hijo de un abogado millonario. Por el momento, todo estaba bien hasta que se fijó en Astrid. El chico intentaba coquetear con ella e incluso seducirla cada que a ella le tocaba atenderlo, pero ella, por obvias razones, lo rechazaba. Michael trató de invitarla a salir de muchas formas, pero tras ser rechazado muchas veces, se molestó demasiado, pues él era un chico que acostumbraba a tener todo lo que quería y no iba a aceptar un “no” por respuesta. En el cumpleaños número 16 de Astrid, ella fue a trabajar, pero Nick y los empleados la habían festejado después de que el restaurante cerrara, haciendo una pequeña fiesta dentro del mismo. Nick le había obsequiado a Astrid un hermoso vestido blanco sin tirantes, cuya falda terminaba hasta las rodillas, pues quería que su hermosa novia luciera como princesa. Astrid, tras abrir el regalo de su novio, fue y se cambió su ropa para ponerse el vestido, así continuando con la pequeña fiesta. Ya a eso de la 1 de la mañana, cuando el festejo terminó, ella le dijo a la dueña y a los empleados que ella limpiaría la mesa que usaron. Por más que todos intentaron decirle que le ayudarían, ella humildemente les dijo que ella lo haría rápido, por lo que terminaron accediendo. Eso fue mala idea. Astrid estaba a punto de terminar, solo le faltaba trapear, eso sí, se encargó de que su vestido nuevo no se manchara. Pero mientras trapeaba, se escuchó un sonido fuerte, como un cristal que se acababa de romper, por lo que ella, tomando uno de los cuchillos de la cocina, fue a ver que pasó. Entonces notó que una de las ventanas donde estaban las mesas del restaurante, estaba rota. Antes de que ella pudiera reaccionar, alguien la tomó con fuerza por detrás e intentó arrastrarla hasta el baño, pero la chica, asustada, le apuñaló una pierna y se volteó. Era Michael.

-¡Puta estúpida! ¡A mí nadie me dice que no!- gritó Michael, demasiado molesto, mientras se quitaba el cuchillo de la pierna. Astrid lo vio asustada e intentó correr hacia la ventana rota, pues las puertas estaba cerradas. Pero Michael la tomó del brazo y la tiró al suelo con mucha fuerza. Se puso encima de ella, tratando de ignorar el dolor de la pierna y trató de tocarla sin piedad. Su objetivo era claro: quería violarla. Sin embargo, Astrid trataba de resistirse y no le permitía al chico malcriado hacer de las suyas, por lo que Michael se frustró y la empezó golpear en su rostro para ver si así dejaba de moverse, pero la chica seguía luchando a pesar de todo. La ira cegó a Michael y comenzó a apuñalarla en el pecho con el cuchillo de cocina, más de diez veces. En cuanto Michael volvió en sí, vio que Astrid yacía muerta en el suelo. Su pecho sangraba mucho por las apuñaladas con el cuchillo, formando todo un mar de sangre el piso de restaurante. Su precioso vestido blanco también estaba manchado y su largo y hermoso cabello rubio se fue tiñendo de rojo. Michael entró en pánico y salió por la ventada, no sin antes guardarse el cuchillo para no dejar evidencia.

La mañana siguiente fue pesadillesca para todos en cuanto encontraron el cuerpo de Astrid, en especial para Nick. La policía comenzó una investigación para ver quién fue el asesino de Astrid. La autopsia reveló que ella fue asesinada a puñaladas. La investigación avanzó y fácilmente lograron identificar que fue Michael gracias a las cámaras de seguridad y testimonios que habían presenciado las veces en las que la chica era acosada por él. Para mala suerte de ellos, el padre de Michael sobornó al juez y lo declararon inocente. No se había hecho justicia para Astrid y ni ahora que su cuerpo estaba bajo tierra, iba a poder descansar en paz.

La noche después del juicio, Michael estaba tranquilo en su cuarto, feliz de que se había salido con la suya y se durmió como si nada hubiera pasado. Pero esa madrugada, se escuchó una voz que lo llamaba en susurro, una voz femenina.

– Michael… Michael…-

El chico creyó que estaba soñando, pero entonces abrió los ojos y siguió escuchando esa voz, por lo que se asustó y se levantó de golpe. Miró a su alrededor de su oscuro cuarto, cuya única luz era la de la luna. La voz había parado de sonar y creyó que simplemente fue producto de su imaginación, pero entonces miró al frente de nuevo, donde estaba su ventana y la vio. La luz lunar iluminaba la silueta de una chica muy hermosa pero aterradora. Tenía un vestido blanco con manchas rojas, su pecho tenía un líquido del mismo color. No solo eso, sus lágrimas también eran de un color rojo escarlata, acompañadas de moretones en su rostro y lo más sobresaliente, su cabello del mismo color de todo lo anterior mencionado. Él la reconoció inmediatamente: era Astrid. Justo así fue como la dejó la noche del homicidio. Michael se quedó pálido, no se podía mover y su rostro se deformó en la expresión de horror puro en cuanto vio que ella empezó a caminar lentamente hacia él, mirándolo fijamente y sonriendo de una forma macabra.

-¡¿Q-Qué quieres de mí?! ¡Déjame en paz!- gritó, pero ella no se detuvo hasta quedar al lado de él. Entonces comenzó a acercar su rostro sangrante al de él, por lo que él gritó y chilló mientras se levantaba de la cama. Él pensó que el fantasma enojado de la chica estaba ahí para matarlo, por lo que él sacó una navaja de un cajón y en un intento realmente patético de salvarse el pellejo, él mismo decidió acabar con su propia vida antes de que la fantasma de escarlata lo hiciera, cortándose violentamente las venas. Después de que él se suicidó, la Astrid Escarlata se acercó al cuerpo y con su dedo índice, tomó un poco de la sangre de Michael que le brotaba por la muñeca, acto seguido, se lo aplicó en sus labios como su fuera maquillaje para los mismos y sonrió satisfecha.

Se dice que a pesar de que logró que su asesino muriera, el fantasma de Scarlet Astrid, como es llamado, no descansa en paz, porque sigue furiosa, no sólo por su asesinato, sino por la cruel vida que vivió. Por lo tanto, ella trata de saciar su sed de sangre, buscando hombres que maltratan mujeres inocentes. Ella engaña a esos hombres, teniendo una apariencia normal. No se le ve lastimada, golpeada ni apuñalada, solo la vez hermosa, con su nuevo cabello escarlata. Basta con un beso de ella, para que ese hombre quiera suicidarse, ya sea dejándose caer desde un décimo piso, disparándose o cortándose las venas, pero quienes han besado a Scarlet Astrid, han muerto derramando sangre para que ella pueda maquillarse, pues de esa manera, ella podía contagiar el deseo suicida a los malditos hombres machistas. Se cuenta que mientras más intenso sea el beso, más intenso es el deseo de suicidarse.

Y tú, siendo un mal hombre con el género opuesto. Si llegas a ver a una chica pelirroja de belleza tan irresistible. ¿Te arriesgarías a besarla? Tal vez, ya que su belleza es como un imán.

— Via Creepypastas

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