Miriam Ashley Jenkins

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Hacía demasiado frío afuera, era una tarde de diciembre en Atlanta Georgia.
Se podían apreciar algunos copos de nieve que caían con suavidad sobre los árboles.
No era un clima demasiado llamativo, aunque algunas personas lo amaban por el simple hecho de jugar en la nieve.

Una chica de cabello negro oscuro y ojos color gris, miraba como se divertían sus vecinos en la blanquecida nieve, además de que mientras los miraba jugaba con su apreciado collar.
Realmente sentía lastima por ellos, alguno podría resbalar por el hielo hacia la calle mientras se aproxime un automóvil y sufrir un terrible accidente, al igual que su hermano.
Pero a pesar de esto, el chico pudo salir con vida, solamente se torció el cuello y se había fracturado una pierna, pero aún así ese recuerdo no podía sacarlo de su mente.

La chica se llamaba Miriam Ashley Jenkins y tenía 16 años de edad.
No se interesaba por el mundo que había a su alrededor, incluso era poco social, ya que su carácter no era muy agradable para los demás.
Era algo seria, hablaba de forma directa y realista; además de que nadie podía engañarla fácilmente.

—Miri —habló su hermano mayor, Thomas, llamando su atención—. Mamá me ha enviado un mensaje diciendo que no regresará hasta más tarde, además de que papá no pudo tomar su vuelo de regreso a casa por el clima.

—Entiendo —miró a su hermano sin expresión alguna—.

—Si tienes ganas de salir a jugar en la nieve o simplemente quieres ir a caminar, hazlo, solamente ten cuidado al salir.

—No quiero salir, prefiero estar aquí.

El teléfono de Miriam sonó indicándole le había llegado un mensaje. Tomó su teléfono y lo miró; Carrie, su mejor amiga, quería ir al parque con ella.
La chica suspiró y miró de nuevo a su hermano mayor.

—Carrie me ha invitado al parque, iré con ella un rato.

—Regresa temprano para la hora de comer.

—Claro.

La chica se dirigió a su habitación, y se cambió de ropa. Tomó su sudadera de color gris, su teléfono y caminó hacia la puerta de salida para encontrarse con su amiga en el parque.

Copo tras copo caía en su ropa pero a ella no le importaba en lo absoluto.
Llevaba unos diez minutos caminando hasta que por fin pudo llegar a su lugar de encuentro; allí estaba su mejor amiga fumando un cigarrillo. Se acercó y no tardó mucho en respirar el aroma de aquel cigarrillo.

—A este paso morirás pronto —dijo Miriam en un tono burlón y su amiga la miró—.

—No me importa morir, ¿sabes? —rió un poco—.

—Bueno, tú sufres con una muerte lenta y dolorosa —se encogió de hombros con una sonrisa—.

—Deberías probar su maravilloso sabor —sacó otro cigarrillo y se lo entregó a la azabache—.

—Yo no consumo estas cosas.

—Si nunca lo has probado no sabrás a qué sabe o se siente, eres una aguafiestas Jenkins —Carrie golpeó levemente la frente de su amiga—.

—Bueno… creo que no sería malo probar un poco.

—¡Ese es el espíritu!.

Su mejor amiga sacó su encendedor y prendió el cigarrillo de Miriam, guardó de nuevo su encendedor y miró con detenimiento las acciones que hiciera su amiga, ahora compañera fumadora.
La azabache miró un poco el cigarrillo y después lo llevó a su boca, sabía cómo consumirlo gracias a que Carrie le había explicado miles de veces como debía fumar adecuadamente.
Después de su primera prueba, la chica sostuvo el cigarrillo entre sus dedos mientras hacía una cara de disgusto al mismo tiempo que tosía un poco; no le había gustado mucho el sabor.

—¿Qué sucede Miri? —preguntó su mejor amiga sin entender la reacción de la chica—.

—Es demasiado horrible —tiró el cigarrillo y lo pisó para que se apagara—.

—Oye, podías dármelo a mi.

—No sé cómo puedes consumir esa basura.

—No es basura, no sabes cómo consumirlo, no mereces algo tan maravilloso.

—¿Maravilloso?, ¿en qué aspecto es maravilloso o que hace? —preguntó la azabache confundida—.

—Ayuda a olvidar cosas y te calma.

—Eso es una tontería.

—Si claro, tal vez no lo necesitas porque eres la chica “perfecta”.

Carrie estaba demasiado molesta, ella realmente odiaba ese tipo de comportamientos de parte de su mejor amiga.

—Tus padres siempre están cuando los necesitas y tu hermano salió ileso de un accidente mortal, no eres como yo, ni siquiera me entiendes.

Carrie empujó a Miriam haciendo que cayera al suelo, pero este estaba demasiado resbaloso y la azabachellegó a mitad de la calle.
Su mejor amiga la miró con odio y estaba decidida a golpearla justo donde se encontraba, pero un fuerte sonido llamó la atención de ambas. Antes de que alguna de ellas reaccionara o dijera algo, un automóvil golpeó con fuerza a la azabache.
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Fue empujada por el auto y cayó al suelo sin hacer algún movimiento.

La chica se despertó en lo que parecía ser una habitación de hospital, tenía un dolor de cabeza terrible y no podía recordar nada de lo sucedido antes de llegar allí.
Un pequeño flashback llegó de golpe y solamente pudo recordar aquella discusión con su mejor amiga. Trató de recordar de nuevo, pero solo habían imágenes del automóvil aproximándose a ella en su cabeza.
No sabía si había llegado allí sola o si su mejor amiga la había traído.

—Me alegra que despierte, señorita Jenkins.

Levantó la vista y miró a un hombre con bata blanca; era su doctor. Él la había estado atendiendo por sus problemas alimenticios, hace unas semanas que no le llamaba la atención la idea de comer adecuadamente.
“Henry”, decía su gafete. Un hombre de 23 años, un poco serio pero agradable, además era el único que entendía los pensamientos de la chica.

—Me alegra que sobrevivieras a ese horrible accidente.

—Al igual que mi hermano —murmuró—.

—Pero él no tuvo consecuencias muy graves como las tuyas.

Miró a su doctor con sorpresa, su hermano había tenido un accidente mortal y se había lastimado mucho, ¿qué fue lo grave que le había pasado a ella?.
Estaba a punto de decir una palabra pero el doctor la interrumpió señalando su ojo derecho.

—Varios vidrios del auto pudieron cortar un poco la zona de tu ojo derecho, pero eso no fue algo tan grave, recibiste un fuerte golpe en tu cráneo, eso solamente afectará tu memoria y forma de pensar.

—¿A qué se refiere? —lo miró confundida—.

—Solamente no tengas ataques de ira y no seas tan propensa a molestarte fácilmente.

—Ya veo, ¿quién me atrajo aquí?.

—Tu hermano.

La chica se sorprendió un poco por su respuesta, ¿en qué momento su hermano se había dado cuenta de su accidente?.
El doctor salió de la habitación y el hermano de la chica, Thomas, entró apoyado de sus muletas.

—Hola —saludó su hermano con una sonrisa—.

—¿Cómo es que… —fue interrumpida—.

—¿Te traje aquí? —ella asintió—. Quien te atropelló era Víctor, mi mejor amigo, llamó para darme la noticia —suspiró—. Fui lo más rápido posible y él llamó a la ambulancia.

—Debió estar muy preocupado y asustado —comentó la azabache con algo de pena—.

—Además de nervioso —agregó el chico—. Comentó que alguien te había empujado, pero no reconoció de quién se trataba.

Miriam se puso tensa ante lo que dijo su hermano, no quería que él se diera cuenta de la discusión que había tenido con su mejor amiga, y menos de que había probado un cigarrillo.
Hubo un silencio algo incómodo, hasta que la chica dio una respuesta.

—No recuerdo quién era, el golpe en mi cabeza fue muy fuerte, así que no puedo recordar nada —mintió esperando a que su hermano le creyera—.

—No te preocupes, no te obligaré a que lo recuerdes —sonrió—. El doctor Henry dijo que podías irte hoy, pero te darán un par de medicamentos y te dirán algunos cuidados para tu herida en el ojo.

—Esta bien —sonrió—. Vayamos a casa.

Thomas salió de la habitación para decirle al doctor que su hermana se retiraría. El doctor les entregó los medicamentos necesarios, además del horario de cada uno.
Regresaron a casa gracias a que Víctor se ofreció a llevarlos como una disculpa.
Al llegar, agradecieron al chico por llevarlos a su casa y entraron a su cálido hogar. Ambos hermanos caminaron hacia la cocina para poder comer algo.

—Hice sopa de letras, tu favorita —dijo Thomas sirviendo el plato de sopa frente a su hermana—.

—Gracias hermano.

La chica comenzó a comer su sopa de letras al igual que su hermano.
Su madre regresaría a media noche, cuando ambos estuvieran dormidos.
Realmente no habían pasado un día solos sin la compañía de sus padres, pero la azabache sabía que algún día estarían así, por lo cual lo tomaba de una forma normal.

—¿Y cuando te quitan el yeso? —preguntó la menor señalando la pierna que se había roto su hermano—.

—Mañana iré con el doctor Max para que lo quite, al fin se ha cumplido un mes.

—Me alegra que vuelvas a ser el de antes, podemos ir al cine o a algún otro lugar para celebrar.

—Estoy bien, Miri —el chico mostró una cálida sonrisa—. No te preocupes por mí, hermanita.

—He terminado —anunció Miriam tomando su plato, además de los cubiertos, y los llevó al lavaplatos para lavarlos—.

—Eres una buena hermana, Miri.

—Si tú lo dices —ambos rieron—.

Al terminar de lavar los platos y de conversar un poco entre ellos, ambos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones. ​​​​​​


Al día siguiente, Miriam se preparó para iniciar la semana de clases. Se puso una blusa de color rojo, pantalones algo ajustados de color azul y sus zapatillas deportivas de color blanco.
Se dirigió a la cocina y tomó algunas barras de cereales nutritivas, las desayunaría en el autobús escolar.

—Buenos días, Miriam —habló su madre, Brenda, entrando a la cocina—. Me enteré del accidente.

—Buenos días mamá —se acercó a su madre y la abrazó—. Si…supongo que Thomas ya te lo dijo.

—Ya me lo ha dicho todo —suspiró—. El autobús no tarda en llegar, toma tus cosas y despídete de Thomas.

—Claro.

La chica asintió y caminó hacia su habitación para tomar su mochila, además de tomar su sudadera de color rojo y su bufanda de color gris.
Al salir se encontró con su madre y su hermano. Se despidió de ambos con un beso en la mejilla y salió para esperar el autobús escolar.
Pasaron cinco minutos y el autobús se detuvo frente a ella. Subió a este y se sentó en los penúltimos asientos junto a Paula, su compañera de mesa en química.

—Buenos días Miriam —saludó con una sonrisa Paula—.

—Buenos días, Paula.

—¿Te invitaron a la fiesta de cumpleaños de Harry? —preguntó su compañera con curiosidad—.

—Ni siquiera sabía que lo celebraría —respondió la azabache y se encogió de hombros—.

—¿Es una broma? Se supone que Carrie te diría para que fueras con ella.

—No la he visto —respondió evitando pensar en su mejor amiga—.

¿Qué había sucedido con Carrie después del accidente? Miriam miró los asientos del autobús buscando a su mejor amiga, pero ella no se encontraba en ninguno.

—¿Y qué le pasó a tu ojo? —preguntó Paula llamando su atención—.

—Oh…emm…t-tuve un accidente —murmuró mirando el suelo—.

—Que mal, pero aún así, esa cicatriz es muy cool.

El resto del camino a clases fue demasiado silencioso. La chica no quería conversar sobre el accidente que había tenido por culpa de una discusión con su mejor amiga.
No sabía si realmente podía mirarla después de lo sucedido, pero debía hacerlo y aclarar aquella discusión.

El autobús se detuvo al llegar al instituto. Todos bajaron de manera tranquila y ordenada.
Paula tomó del brazo a Miriam para que bajara del autobús, ya que la chica se había hundido demasiado en sus pensamientos y estaba en una especie de trance.
Al entrar al instituto, se dirigió a su casillero, tomó los libros adecuados y los guardó en su mochila.
Comenzaron a escucharse pasos, más y más cerca de Miriam, cerró su casillero y levantó la mirada encontrándose con Carrie. Su mejor amiga llevaba una sonrisa de oreja a oreja, además de traer dos tarjetas en la mano.

—¡Hey, Jenkins! —gritó Carrie alzando la mano para saludarla—.

—¿Qué sucede? —preguntó Miriam una vez que su mejor amiga quedó frente a ella—.

—Harry nos ha invitado a su fiesta de cumpleaños —respondió con una sonrisa y miró con detenimiento el ojo derecho de la chica—. Auch…eso debió doler…

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó en un tono de ironía—.

—Pero…¿qué te sucedió?.

La azabache se sorprendió por la pregunta de su amiga, ¿enserio no podía recordar lo que había causado?.
La chica sabía que su mejor amiga había provocado su accidente, pero al parecer no recordaba aquella discusión en el parque.

—Pues…Thomas rompió algunos vasos de vidrio y caí sobre ellos al intentar recogerlos —respondió mordiendo su labio inferior con nerviosismo esperando que su amiga creyera aquella mentira—.

—Oh bueno —se encogió de hombros—. Entonces, ¿irás a la fiesta de Harry?.

—Claro.

—Te veo esta noche —se despidió despeinando a la chica—.

Miriam siguió con la mirada a su mejor amiga, no podía entender cómo es que había olvidado aquella discusión.
El timbre de entrada a clases sonó, por lo cual tuvo que correr hacia su aula.

Las clases habían sido rápidas, o eso era lo que la chica había pensado. Tomó sus cosas y corrió lo más rápido posible hacia su casa. Al llegar abrió la puerta de golpe haciendo que su hermano se sobresaltara.
Se dirigió a su habitación, lanzó su mochila hacia su cama y comenzó a buscar algo de ropa en su armario. No había tiempo que perder, era su primera fiesta y quería dar una buena impresión.

—Hey Miri, ¿ni siquiera te molestas en saludar? —preguntó su hermano entrado a su habitación—.

—Perdóname Thomas —se disculpó ella mirando a su hermano y sonrió—. Me alegra que tu yeso ya no esté.

—Lo mismo digo, por cierto, mamá y papá han salido de compras, llegan al anochecer.

—¿Ya llegó papá? —preguntó lanzando la ropa que había elegido a la cama—.

—Si, hace como una hora y… —Thomas miró la ropa sobre la cama—. ¿A dónde vas?.

—Carrie y yo iremos a la fiesta de cumpleaños de Harry.

—¿Qué?, ¿acaso ya tienes permiso?.

—Eres el encargado por el momento y tú siempre quieres que salga —respondió mirando a su hermano—. Además puedes avisarles a nuestros padres.

—Pero Miri, ¡ambos estaremos castigados por tu culpa!.

—Corramos el riesgo —dijo ella riendo un poco—.

—Esta bien, te ayudaré en esto.

—Gracias hermano.

La chica tomó la ropa que había elegido, su toalla y se dirigió al baño para tomar una ducha.
Después de unos minutos, salió de la ducha. Se puso su blusa de color blanco; debajo de esta llevaba un top de color negro, sus pantalones ajustados de color negro y sus zapatillas deportivas del mismo color. Secó su cabello y lo sujetó en una coleta alta del lado derecho.
Se despidió de su hermano y caminó hacia la casa de su amigo Harry.

Durante el camino trató de llamar a su mejor amiga, pero esta no contestaba. Comenzó a dudar sobre si Carrie asistiría, simplemente dijo que Harry las había invitado a ambas.
Llegó a la fiesta y fue saludada por casi todos, pero aún así ella solamente quería ver a su mejor amiga; no quería estar alrededor de personas con las que no había tenido mucha comunicación.

—Hola Miriam —saludó con una sonrisa Harry—.

—Hola Harry, feliz cumpleaños —dijo ella y abrazó a su amigo—. Lamento si no traje un regalo.

—No te preocupes, tu presencia es un buen regalo, nunca sueles ir a fiestas y realmente es agradable que por fin asistieras a una, ¡y más si es la mía!.

—Por curiosidad…¿has visto a Carrie por alguna parte? —preguntó mirando a su alrededor—.

—No, ella dijo que llegaría un poco tarde, al parecer dijo que debía cuidar a la hija de su vecina —respondió el pelirrojo encogiéndose de hombros—.

—Hey chicos, ¿llego tarde?.

Ambos se giraron y miraron a la antes mencionada quien traía en sus manos un gran regalo decorado con papel de color azul. Harry lo tomó y lo llevó a la mesa de regalos.
Carrie miró a Miriam con una sonrisa y ambas comenzaron a hablar.

—¿Y cómo está tu hermano, ya le han quitado el yeso de su pierna? —preguntó Carrie aún sonriendo—.

—Claro, cuando llegué a casa miré que él ya estaba como nuevo.

—Me alegra —dijo la castaña para después mirar la pista de baile—. ¿Vamos a bailar? —preguntó mirando a la azabache—.

—Claro.

Ambas amigas comenzaron a bailar. Realmente se estaban divirtiendo y Miriam olvidó todo aquello relacionado con su discusión del parque.
Pasaron las horas y ambas decidieron ir a descansar un rato.

—Vuelvo en un rato, necesito ir al baño —dijo la castaña a lo que su amiga asintió—.

Se levantó de su asiento y se dirigió al baño. Pasaron los minutos y ella seguía sin regresar. Miriam comenzaba a tener dudas del por qué su amiga aún no regresaba.
La chica comenzaba a desesperarse, se levantó de su asiento y se dirigió al baño. Al abrir la puerta se dio cuenta de que no había nadie.
Su teléfono celular comenzó a sonar indicando que estaba recibiendo varios mensajes. Miró su teléfono y observó mensajes de su hermano que decían:

“Regresa rápido Miriam”.
“Alguien intenta asesinarnos”.
“Llama a la policía”.

Sin pensarlos dos veces llamó a la policía reportando lo que le había dicho su hermano y, al terminar la llamada, corrió lo más rápido posible hacia su casa. La preocupación de la chica aumentaba con cada segundo que pasaba.

Al llegar, pudo observar como su casa ardía en llamas. Corrió hacia el patio trasero esperando entrar por la otra puerta a su casa o por lo menos ver que su familia estuviera a salvo. Para su sorpresa solamente su hermano era el único que estaba afuera sobre el césped tomando oxígeno.
Miriam estuvo por acercarse a ayudarlo cuando notó una silueta que sujetaba un pico de hierro. La silueta caminó hacia su hermano, alzó el pico y lo clavó en el cráneo de su querido hermano Thomas.

La azabache estaba inmóvil mientras miraba como la silueta removía el pico de la cabeza del cadáver de su hermano.
La silueta fue acercándose poco a poco mostrando su rostro; se trataba de su mejor amiga, Carrie.
Los ojos de Miriam se centraron en la castaña, realmente no podía creer lo que estaba viendo.

—Te estarás preguntado por qué he hecho todo esto, ¿verdad Jenkins? —preguntó Carrie y río un poco—. Te lo explicaré todo, tenías una familia tan perfecta y eso me daba asco. Toda tu vida me daba asco, incluso tú me das asco, siempre tan perfecta y feliz, siendo la poco sociable de la clase ¡y por eso todos querían hablarte! —la castaña miró con odio a la azabache—. Yo tenía problemas, te los contaba y tú a veces me ignorabas o solo decías “todo saldrá bien”. Pero la realidad era otra, Jenkins, nada saldría bien, mi madre estaba demasiado enferma, mi hermana había muerto y mi padre… —sonrió—. Mi padre… ¡asesinó a mi hermana por tratar de asesinarme a mi!, ¿¡acaso sabes lo horrible que se siente soportar eso!?.

Miriam no respondió y simplemente miró el suelo.

—Entiendo, no quieres que te diga cómo murieron tus padres…ellos no querían que te dañara a ti y a tu hermano, pero no les haré caso ¡y te eliminaré! —suspiró—. Morirás sabiendo que todo esto es tu culpa, por decir que todo estaría bien mientras no era verdad, tú me llevaste a esto… Jenkins.

Carrie se acercó a ella, alzó el pico de hierro que traía en sus manos e hizo un corte profundo en el brazo de la azabache, ya que ella pudo reaccionar a tiempo.

—Vamos Jenkins, no hagas esto más difícil, ¡acepta que tus padres murieron por tu culpa!.

La castaña volvió a alzar el pico de hierro, pero Miriam se abalanzó sobre ella haciendo que soltara el pico.
Carrie estaba inmóvil sobre el césped del patio mientras que su ex mejor amiga estaba molesta, de hecho, estaba bajo un ataque de ira; del cual el doctor Henry le advirtió que no tuviera.
Miriam levantó la vista mirando directamente los ojos de la castaña, su mirada transmitía odio y podía asustar a cualquiera. Mataría a Carrie, ya no la reconocía como una amiga, ahora era solamente algo insignificante y molesto en su vida.

La azabache comenzó a golpear a la asesina de su familia en la cara, la sangre comenzaba a quedar en sus puños, pero no le importaba.
Carrie comenzó a toser sangre y Miriam sonrió por eso. Se puso de pie y tomó aquel pico de hierro. Se acercó a la castaña con una sonrisa sádica y psicópata. Sabía lo que estaba por hacer y jamás se arrepentiría por eso.

—M-Miriam…n-no l-lo h-hagas —suplicó Carrie con una voz algo apagada—.

—Tu no tuviste piedad de mi familia —aclaró la mencionada y comenzó a reír—.

—¿P-puedo f-fumar m-mi u-último c-cigarrillo?. —preguntó la castaña y comenzó a sacar un cigarrillo de su bolsillo—.

—Pff…como sea.

Carrie encendió su cigarrillo y comenzó a fumarlo, por última vez. Miriam alzó el pico y lo clavó en el cráneo de la castaña.
El cigarrillo permaneció en su boca, la azabache se acercó, tomó el cigarrillo y lo llevó a su boca para fumarlo.

—No necesitarás esto a donde vayas —dijo la chica antes de irse—.


La policía llegó a la casa de los Jenkins; los cuerpos fueron retirados y estudiados.
Solamente se pudieron encontrar 3 cuerpos de 4 integrantes de la familia. La señora Brenda Jenkins; quién era la madre de la familia, el señor Carlos Jenkins; quién era el padre de la familia, y el joven Thomas Dominik Jenkins; el hijo mayor de la familia.
Por el momento se ha desconocido el paradero de la hija menor de la familia; Miriam Ashley Jenkins.

— Via Creepypastas

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