Mímesis

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Esa cosa apareció una mañana, un cúmulo, un pedazo de algo asomando del suelo. En adelante me dediqué a cortarlo y desde ese día se dedicó a salir. Al principio creí que se trataba de algún tipo de planta pero al examinarla más de cerca me di cuenta que este era un bulbo de piel, un tumor. Lo cortaba con asco todos los días con la ayuda de un hacha y volvía a salir y yo la volvía cortar y ella volvía a salir. Soy una persona curiosa. Así que un día decido que la voy a dejar crecer un poco para ver qué pasa… grave error.

El bulbo se levanta del suelo y se convierte en una esfera de carne que palpita. Una noche mientras intento dormir me asomo por la ventana y veo a la cosa moviéndose, como si algo empujara desde su interior pero realmente nada empuja desde su interior sino que se está esforzando. En un momento veo una silueta que me parece la de una mano y me llena de horror. Cierro la cortina y pretendo que no vi nada, que todo es mi imaginación. Mi imaginación me está engañando, me digo, y consigo dormir por esa noche.

El siguiente día decido que haré guardia delante de ella, solamente para convencerme de que he visto mal. Me llevo una silla y me siento en el porsche. Me quedo dormido antes de que pase nada. Pasada una semana decido que ese día no voy a trabajar, duermo durante todo el día y me levanto a las ocho de la noche. Alrededor de las tres de la mañana la bola comienza a moverse y a adoptar una forma que me parece muy familiar. Pulso tras pulso, voy reconociendo los rasgos como si se tratara de un recién nacido: la nariz aguileña, la mirada fría que siempre ha incomodado a todos. Se está burlando de mí, pienso, porque ha formado una mecedora con sus propios bultos e incluso algo que parece ser una pipa. La cosa extraña camina a la par de mí. Se mueve con tal sincronía con mis propios sentimientos que de pronto me siento delante de un espejo. Levanto una mano y la cosa también. Levanto la otra, la cosa también.

Nos rodeamos contemplándonos, buscando una falla, un momento para atacar al otro. Corro a la casa a la par que él, atravesamos el porsche como en una coreografía, los dos sabemos lo mismo, los dos pensamos lo mismo, los dos queremos lo mismo, pero yo alcanzo la escopeta primero y le disparo. la criatura se desploma con los perdigones. Me sujeta y me ensucia la ropa nueva con su sangre. Me miro morir, despacio, a poco de su último respiro, me doy un tiro en la cabeza y ahí acaba la similitud. Estoy cansado. Arrastro mi cuerpo afuera y lo lanzo lejos de mi casa. Lo enterraré mañana, me digo, luego me recuesto a dormir.

— Via Creepypastas

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