Lolita (parte 5)

Asesinos del Zodiaco
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Confundida y triste caminó entre grupos de personas copulando examinando el lugar, que Cristina hubiera huido no le impediría divertirse, podía superar el récord de treinta ella sola. Notó que un par de hombres atractivos la miraban y les dirigió una pícara mueca, tras los cual ellos se acercaron, uno de ellos era bastante pálido y de estatura promedio, su nombre era Mario, el otro era ligeramente más alto y de piel bronceada se llamaba Alejandro, llevaban smoking negros pero podía notarse que debajo de ellos se encontraban cuerpos bien trabajados.

La proposición sexual no tardó en aparecer y Lolita aceptó enseguida, con una pequeña condición. -Primero quiero ver un poco de acción entre ustedes. Ellos se miraron un par de segundos y sonrieron.

-No hay problema.

Su única demanda fue la privacidad por lo que buscaron una habitación disponible y en aquel inmenso lugar no fue un problema. El par de hombres comenzaron a desnudarse con naturalidad gracias a lo que Lolita pudo comprobar que poseían cuerpos exquisitos, cada uno de sus movimientos provocaba que sus músculos se tensaran aumentando la libido de Lolita, cuando se quedaron sin ninguna prenda se sentaron sobre una amplia cama mientras ella ocupó un sillón frente a ellos.

El primer beso fue casi tímido pues sus labios apenas se rozaban pero pronto la intensidad fue aumentando y la voyerista pudo observar como entrelazaban sus lenguas e incluso Mario jalaba la cabellera de su compañero mientras mordisqueaba sus labios. Lolita pudo notar como sus penes iban aumentando en tamaño con aquellos excitantes besos y como de pronto Alejandro tomó en una de sus grandes manos el falo de Mario masturbándolo hábilmente y mordió uno de sus pezones haciendo que gimiera de placer.

Ella no pudo más, se desvistió por completo y se interpuso entre los dos hombres, ofreciéndole su trasero a Mario y sus labios a Alejandro, así el primero sostuvo su cadera e introdujo su falo en la humedecida vagina de Lolita mientras el segundo recibía una felación que iba aumentando de intensidad de acuerdo a las embestidas de Mario.

Los gemidos de la adolescente se ahogaban por el enorme miembro que obstruía su garganta y que no paraba de crecer, resultaba tan descomunal que sólo pensaba en ser penetrada por él, así que se separó de Mario y se colocó de espaldas a Alejandro descendiendo lentamente sintiendo como aquella verga la llenaba por completo. El pálido hombre se hincó frente a la cama y comenzó a lamer ávidamente el clítoris de Lolita mientras Alejandro sostenía su cintura moviéndola con fuerza de arriba abajo provocando que su pene entrara brusca y profundamente. Presentía un orgasmo excepcional, pero no ocurriría. El sonido de la puerta abriéndose no le importó, pero el siguiente sonido no pudo ignorarlo.

-¡Lolita! –era sin duda la voz de Cristina- Tenemos que irnos, ¡ya!

Estaba tan sumergida en su éxtasis que tardó un poco en enfocarla, tenía una mueca de desesperación además de la mitad de la cara y del pecho manchados de sangre, aquello la sacó inmediatamente de su estupor, se separó de aquellos hombres, tomó su ropa y se fue con su prima, corrieron completamente desnudas hacia el auto de Cristina ante los ojos curiosos de los otros invitados.

-¿Y tu amiga?

-No importa, vámonos.

Arrancaron el auto, no hablaron hasta que estuvieron lo bastante lejos y se detuvieron a mitad de la carretera para vestirse en el interior del automóvil.

-¿Estás bien? ¿Qué sucedió? –preguntó Lolita, Cristina la ignoró mientras intentaba limpiarse con algo de papel y una botella de agua, pudo notar que no tenía ninguna herida así que cambió su pregunta- ¿Qué hiciste?

Cristina por fin la miró y sonrió, los restos de sangre seca en su rostro le daban un aire macabro.

-Asesiné a Leei.

Tal parecía que tenía más en común con su prima de lo que pensaba.

Autor: Fairuza

Fuente: http://fairuzaescritora.blogspot.com.es/

— Via Creepypastas

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