La leyenda de María Enganxa

En la mitología Catalana existen relatos sobre las mujeres de agua, hadas encantadas, o ninfas de lagos. Estas figuras femeninas habitan en los lugares de

En la mitología Catalana existen relatos sobre las mujeres de agua, hadas encantadas, o ninfas de lagos. Estas figuras femeninas habitan en los lugares de agua dulce como estanques, saltos de agua, las fuentes silvestres, los pozos y los manantiales, las grutas húmedas con goteras de piedra, donde hay corrientes de aguas y lagos de cristal subterráneos.

Se dejan ver como hermosas doncellas, de ojos azules o verde esmeralda, con largas cabelleras doradas o tonos cobrizos, a veces están acompañadas de hermosas alas traslucidas y coloridas. Van desnudas o cubiertas con finos tules que se pegan a las curvas de su cuerpo. Son semejantes a las mujeres humanas, llegan a vivir más allá de mil años aunque siempre se ven jóvenes y les gusta aparecer y desaparecer en un momento. Son genios que favorecen los nacimientos y la fertilidad, que dan vida y regeneran constantemente la creación.

La relación de estas deidades acuosas con los humanos suele ser favorable, pero siempre turbadora: velan por los niños desde que acaban de nacer, los educan y enseñan a tener voluntad de héroe, pero a veces los roban, se los llevan, para adiestrarlos mejor a su manera. Tienen poderes para curar enfermedades, pero también para ahogar y para hacer perder.

Cuenta la leyenda que una de estas mujeres de agua fue María Enganxa, unos dicen que era bruja, otros le llamaban hada, pero todos concordaban en que era una mujer muy déspota que disfrutaba haciendo mal a los demás. Agriaba la leche de las vacas, malograba las cosechas, y robaba los niños para iniciarlos en la brujería. Se dice que la malvada mujer vivía en Palma de Mallorca, en la época de la Inquisición, cuando se quemaba y torturaba a cualquier mujer acusada de brujería. Tomaron una vez prisionera a María, pero ella escapó al siguiente día. La turba enfurecida que había ido en su búsqueda la encontró de pie sobre un viejo pozo en mitad del campo con una pequeña oz en una de sus manos. Antes de atraparla, María levantó sus brazos al cielo y dijo: – Juro que no me cogeréis con vida, juro que desde el infierno cogeré a vuestros hijos y los formaré en la brujería conmigo en el infierno, por los siglos de los siglos –.

Acto seguido la mujer se dejó caer al profundo y oscuro pozo. El pueblo ignoró la amenaza de María al creerla muerta. Pero poco tiempo después sucesos extraños comenzaron a suceder, cuando los niños pasean cerca del pozo a media noche, escuchan una dulce y encantadora melodía, proveniente de sus profundidades, y al asomarse ¡María lo toma con la oz y lo arrastra hasta las profundidades! No volviéndose a saber jamás de la pobre criatura curiosa que se asomó por el pozo.

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