La tienda de los muñecos de carne

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

¿Lo sabes? Dicen que en hay una tienda que tiene unos muñecos muy realistas… ¿Que cuánto cuestan? El precio no te será grande si te gustan de verdad los juguetes ¿Donde está? C/ Santa Peronella número 23, Madrid.

Mario despertó, no serian menos las cinco de la mañana. Últimamente soñaba constantemente con el anuncio ese de la tienda gótica “Realismo S.A”. No era de esos en los que el sujeto estaba, ya fuera en primera persona u observara como un ser omnisciente el televisor, simplemente era el anuncio en sí. ¿Cuanto tiempo hacia que soñaba lo mismo?

Pensaba que simplemente el anuncio era tan bueno, que seria de esos que se te quedaban en la mente, como ese de “a tomar por Fanta”. Pero aún así, ¿Realmente un anuncio publicitario podía provocar incluso que soñáramos con el? Si era lo que le inquietaba a Mario, no era lo que más le aterrorizaba de eso, eran las imágenes del anuncio;

El anuncio mostraban a los muñecos moviéndose y hablando de una manera tan real, que cualquiera pensaría que se trataba de infantes en vez de juguetes… Pero lo más estrambótico, era la música que se escuchabade fondo, una extraña combinación de violines y un canto de una niña. Al final, se apreciaba a la dueña, una mujer joven y hermosa, vestida con complementos victorianos con colores muy oscuros. En esa última parte, la dueña movía a dos marionetas que gesticulaban con sus manos como si estuvieran conversando y formaban el diálogo publicitario.

Mario se levantó, sentía un ligero dolor de cabeza y al mismo tiempo, la planta de los pies la notaba helada. Se dirigió a la cocina y se preparo una tila… El cálido brebaje recorría sus intestinos provocando que se fuera tranquilizando y que recupera un poco de calor corporal, pero incluso así, no podía quitarse el anuncio de la cabeza. Fue a darse una ducha fría para intentar refrescarse las ideas, de nada sirvió. Al salir del baño, se seco y vistió. Salio de casa. Aunque ya no era de noche y apenas había salido el sol, podía notarse en el aire una sensación gélida. Mario sabia a donde se dirigía, miro el papel que había escrito: Santa Peronella número 23.¿Por qué necesitaba ir? ¿Tal vez le gustaban los muñecos y ahora estaba interesado? No, su mente no pensaba en eso. ¿Curiosidad? Tampoco…

Al llegar a la tienda, vio a la dueña, la misma que salía en el anuncio. Le sonrió y le como bienvenido le dijo:

– Llegas a tiempo, mi pequeña marioneta.

Aquel “Mario”, ya no era el joven que acababa de despertar, sino un muñeco destinado a convertirse en material para juguetes… Mario entró en la tienda y pudo apreciar a muchos de los muñecos del anuncio, algunos muy grandes, otros pequeños, pero todos tenían esa sensación gélida que solo puede transmitir el hielo. La dueña, cogió al joven de la mano y lo inducía a continuar caminando hacia el final de aquel local, hacia el almacén, donde podría apreciar la verdadera esencia de la tienda.

Dentro, se podía ver varios cuerpos colgados boca abajo como si fueran cerdos y unos muñecos los iban cortando a lonchas. Como si aquella situación no fuera suficientemente macabra de por si, resultaba doloroso ver que esas personas estaban aun vivas y mientras gritaban de dolor, al mismo tiempo reían.

– Tranquilo, tu piel es muy bonita, tu “tratamiento” sera muy diferente. – Le dijo la dueña mientras hacía una pequeña risita.

Llegaron hasta una puerta dorada y con varios picaportes. La dueña hizo un movimiento de muñeca y la puerta se abrió automáticamente. Ella y Mario entraron y entonces la puerta se cerró. Dentro había lo que parecía una silla negra, que estaba tan pulida que tenía un agradable brillo.

– Siéntate, por favor. – Ordeno ella.

Mario se sentó y al instante volvió a ser el de siempre.

– ¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿Quién es ust…

La mujer se lanzó sobre Mario y le besó. Después le dejó sin aliento y chasqueó los dedos. De la nada, aparecieron una gran multitud de zarzas que sujetaron las extremidades de Mario.

– ¿¡Qué coño esta pasando?! -Exclamó asustado Mario.

– Tranquilo mi pequeño juguete, hoy te convertirás en mi muñequito.

Y mientras decía esto, la bruja besó por última vez a Mario y el cuerpo del joven fue invadido por plantas y desapareció en un matojo de zarzas. Al pasar un minuto la bruja chasqueó de nuevo los dedos y las plantas desaparecieron. En lugar de haber un joven, había un muñeco muy realista y hermoso. La bruja lo besó y después le susurro:

– Tranquilo mi pequeño juguete, a ti no te venderé, seras parte de mi colección.

Por un lado, había una bruja feliz de aquel premio, mientras que por otra parte había un muñeco que dentro tenia un único pensamiento:

– Juro que me las pagarás zorra.

Nadie sabe con certeza para qué eran los muñecos que acababan en la colección de la bruja, lo que se podía afirmar con seguridad, es que aquellos muñecos de carne que salían a la venta, guardaban tal odio dentro de sus cuerpos, que al obtener un poco de control sobre sí mismos, los inducía a matar a sus dueños.

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