La Muñeca En La Habitación

El Puente Negro
El Puente Negro

El juguete famoso de la época era una muñeca tamaño real comparado al de una niña de siete u ocho años, así las chicas podían compartir ropa con ellas, o incluso usar la de las muñecas que venían disfrazadas de princesas en su mayoría.

Mi hermana mayor tenía una de esas, con un largo vestido azul, corona y una varita de estrella, yo tenía apenas cinco años, pero eran suficientes para saber que me daba miedo, no un miedo normal como el que sentía hacia los perros, sino algo mas incontrolable, que me hacia esconderme tras de mi madre cada vez que veía a la muñeca.

Para mi mala suerte, compartíamos habitación, y ella como niña caprichosa consentida de papá hacia su voluntad, metiendo la muñeca a dormir con nosotros, la trataba como a un bebé, vistiéndola, bañándola y poniéndola a dormir en su cama.

Puedo asegurar que desde la primera noche la vi levantarse y salir del cuarto, lo hizo cada noche todo el tiempo que estuvo ahí, pero probablemente nadie más que yo lo noto, pues era del mismo tamaño de mi hermana y usaban la misma ropa.

Cuando mi hermana tubo otra de esas geniales ideas, quiso que le cediera mi cama a la muñeca , afortunadamente esa noche estábamos al cuidado de una niñera, que no le dio gusto, pero no me duró mucho la pose de ganador, porque mientras dormía, sentí que me descobijaban lentamente, para después jalarme por los pies y tirarme al suelo, cuando volteé hacia arriba solo podía ver entre sombras, pero sí creo que fue la muñeca quien me tiró de la cama.

Cada vez que mi hermana no estaba me llevaba la muñeca hasta el patio trasero, trataba de que se quedara ahí, pero cuando menos pensaba ella ya estaba en la habitación de nuevo con una sonrisa en la cara.

Por más que me resistí a quedarme solo con ella, no pude escaparme, la niñera estaba lavando en el patio de atrás, muchos metros de distancia para que alcanzara a escuchar mis gritos y pudiera salvarme antes de que la muñeca; molesta por mis tratos caminara hasta la puerta, la atorara con una silla, para tratar de ahórcame con sus manos tiesas. Era más fuerte que yo, mas grande, en un instante me tenia tirado en el suelo, su cara se partió en dos al intentar abrir la boca lo suficiente para comerme… eso es lo que yo pienso quería hacer, pues me dejó las marcas en la cabeza, dos hileras de puntos…

La niñera no llegó a tiempo para evitarme el shock pero si para salvarme la vida, con un palo de la silla que se rompió al empujar la puerta, aventó a la muñeca hasta el otro lado del cuarto, su vestido ya estaba ensangrentado, también sus manos y no se borró de su cara la horrible boca llena de dientes con la que quiso comerme. Mi padre la quemó después de eso, y no hubo otra muñeca en la casa jamás, menos en la habitación.

Fuente: cuentosdeterror.mx

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