La mujer sin rostro

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

El pueblo en cuestión no es muy conocido ni muy habitado, lo cierto es que a mi primo Damián le gustaba su tranquilidad y cuando su tiempo lo permitía iba con sus amigos de cacería y aprovechaban la ocasión para quedarse a acampar unos días.

Era muy arriesgado teniendo en cuenta que debían pasar la noche en un lugar con animales y que conocían poco. Y más teniendo en cuenta todos los mitos que existen acerca de fantasmas, luz mala, el lobizón, etc. Pero había una leyenda muy famosa en el pueblo acerca de una mujer que solía aparecerse en mitad de la noche a todos aquellos que estuviesen merodeando el lugar. Vestía completamente de negro, con una especie de tul que cubría su rostro y si te le acercabas lo descubría y podías ver que en realidad no tenía rostro.

En este tiempo era sólo una leyenda que por supuesto ni mi primo ni sus amigos tuvieron en cuenta al lanzarse en su aventura…

-¿Mujer sin rostro? Ja, quisiera verla de frente e invitarla a salir – le dijo al resto, quienes acompañaron sus palabras con carcajadas como queriendo demostrar que a nada le temían.

Prepararon todo para pasar la noche, armaron la carpa y se instalaron para cenar y luego descansar ya que al día siguiente salían temprano de cacería apenas asomara el sol.

Damián tiene por costumbre quedarse despierto hasta tarde, leyendo o escuchando música. Pero ese día debía dormir temprano para lanzarse en su aventura junto al resto apenas amaneciera… Hizo todo el esfuerzo por dormirse pero sin lograrlo. Desató su caballo que había dejado a menos de 10 metros atado a un árbol junto con los otros de sus amigos y se echo a galopar aprovechando una suave brisa de verano que cruzaba todo el campo.

Uno de sus amigos, Sebastián, lo escuchó y lo miro pero siguió durmiendo sin darle importancia y tal vez pensando que Damián daría una vuelta porque no podía dormir.

Hizo unos 200 metros con su caballo al galope y sólo sentía el ruido de la noche, grillos y la brisa en su cara… De repente sintió pasos como si alguien caminara cerca suyo haciendo ruido con sus pasos en el yuyal (la maleza). Miró a su alrededor y no vio a nadie, se detuvo y el caballo empezó a inquietarse, lo acarició y lo calmó pensando que se trataba de algún animal que estaba cerca. Pero que animal podía inquietar a su caballo teniendo en cuenta que en el lugar donde estaba no había animales salvajes- pensó. Luego de unos minutos volvió a sentir lo mismo, sólo que esta vez más cerca suyo y el caballo esta vez se puso en dos patas y lo tiró al suelo.

Asustado se levantó y volvió a mirar a su alrededor, los yuyales estaban altos, pero no tanto como para no notar que unos metros a su derecha había alguien mirándolo. No tenía siquiera una linterna porque no creyó conveniente llevarla, sólo para dar una vuelta con su caballo. Agarró el caballo, se subió nuevamente y con la luz de la Luna pudo ver que era una mujer con un vestido negro.

Se le vino a la mente la leyenda pero se dijo -no, imposible – alguien quiere asustarme y lo está logrando,-no terminó de pensar en eso cuando se le acercó aún más. Pero por instinto volteó hacia atrás y salió al galope en cualquier dirección. El animal asustado comenzó a correr cada vez con mas intensidad y Damián, más asustado, se aferraba fuerte para no caerse y a su vez volteaba hacia atrás para ver si la mujer estaba en el mismo lugar o sólo había sido su imaginación.

Ella siguió en el mismo lugar, pero cuando volteó por tercera vez, estaba sentada en su caballo detrás de él. El tul se le voló hacia atrás por la velocidad del animal y el viento…

Y pudo ver sólo un esqueleto en su cara.

Se tiró al suelo, rodó unos metros y luego se levantó y siguió corriendo. No veía donde estaba ni hasta donde había llegado, por eso empezó a gritar para que pudieran oírle sus amigos. A los pocos minutos pudieron encontrarle, lo llevaron temblando hasta la carpa, no pudieron ver a la mujer, y al caballo jamás lo encontraron.

Levantaron sus cosas y se fueron esa misma noche del lugar, a Damián lo llevó uno de sus amigos en su caballo en estado de shock… Volvieron al pueblo donde vivía Sebastián junto a sus padres y recién al día siguiente Damián pudo contar lo sucedido.

Luego se marchó con el resto de sus amigos. Menos Sebastián que vivía en el lugar y que sabia de la leyenda, pero no la creía, y prometió no volver al campo de noche a lanzarse a ninguna aventura y menos reírse de las leyendas que corren por esos lugares y que los lugareños conocen tan bien.

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— Via Creepypastas

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