Insectos

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Desde pequeño, he jugado con los bichos, ¿la razón? Bueno, nunca tuve amigos. Ya no me gustan nada. La razón ya la veréis.

Mi hermano pequeño en Halloween

Cuando ocurrió este primer suceso, no me asusté al principio. Como cada Halloween, fui a pedir dulces con unos amigos. Uno de ellos, Manuel, tenía un hermano pequeño, que era amigo de mi hermano. Mi hermano, ya con 6 años, quiso venir con nosotros, y al final, pues vino. Estuvimos hasta tarde, hasta las 12. Bueno, en realidad dejamos de pedir dulces a las 10, pero nos fuimos a casa de Manuel a ver una película. Tras eso, mi hermano se tumbó en la hierba bocabajo, molido por la noche que tuvimos, se puso a dormir.

Unos días después, mi hermano se quejaba de unos picores insoportables en la cara. Se pasaba el día rascándose, y un día mi madre le llevó al médico. El médico dijo que no era un problema de la capa externa de la piel, así que te harían un estudio de cuyo nombre no me acuerdo para examinarle la cara por dentro.

Al llegar los resultados, el médico nos los dio. Tenía una cara horrible, como si hubiese encontrado algo aterrador. No sé si puse la misma cara al enterarme de que mi hermano tenía hormigas por toda la cara, y que estaban llegando al cerebro, donde harían su cueva. Los médicos dijeron que probablemente se le metieron huevos de hormiga. Recordé la noche de Halloween. Desde entonces tengo fobia a las hormigas, pero no a los bichos.

Mi prima y sus tampones

Ya sé que suena muy, muy mal, pero no, no es una historia pornográfica. Fui a la casa de mi prima a visitarla. Me había sacado el carnet de conducir hacía poco, en esa época, tenía 21 años. Mi prima me contó que ya le había venido la regla, y la dije, “¡Felicidades, ya eres mujer!”, ella se rió. Sus padres tenían que ir a trabajar y me quedé con ella. Quisimos ir a la piscina, ella me dijo que se iba a cambiar y a hacer otras cosas. Me imaginé lo que quería decir, se iba a poner un tampón. Era obvio, pero no dije nada.

Fuimos a la piscina, donde pasamos unas horas, y salimos ya que mi prima tenía grandes dolores estomacales. Pensé que era porque le había caído algo mal, o por calambres. Pero me dijo que el dolor era horrible y la llevé al médico. Al mismo que descubrió lo de las hormigas. Una vez más, volvió con los resultados horrorizada. Me susurró que otra vez eran los bichos. Esta vez cucarachas. Los tampones estaban infestados de huevos de cucarachas, y habían eclosionado justo en su útero. La operaron. Se quedó sin útero. Al diablo su sueño de tener hijos.

El gusano

Adivinad que es lo que viene, otra historia de bichos. Creo que es la peor, pero mi opinión es diferente a la vuestra. La familia entera fuimos a comer unas hamburguesas. La mía tenía un gusano y no me di cuenta. No era la solitaria, era algo más aterrador. No sé cómo decirlo. Tras comer esa hamburguesa, fuimos a mi casa. Ahí yo tenía 27 años. Mi prima tenía novio, y no sé cómo quedó embarazada, si no tiene útero. Todo iba bien.

Los siguientes días seguía activo, me encontraba muy bien. Coincidió que tomé un yogur que supuestamente no tenía lactosa (soy intolerante) y me puse muy mal. Fui al médico, el mismo de las otras historias para que me hiciese un estudio. No resultó nada sospechoso, y éste dijo que el dolor venía a lo mejor de una herida interna causada por la inflamación. Dijo de broma que también podía ser un insecto que me atravesaba las entrañas. Adivinad cual era la respuesta, no, no era la primera. Un gusano, de 7 metros de largo, estaba perforando mi estómago, mi intestino largo, y se dirigía al intestino grueso.

No me enteré porque la baba del bicho era anestésica. Me operaron e intentaron de todo, para evitar el derrame de ácidos, me quitaron el estómago. Me encantaba la carne y ahora sólo podía comer papillas, papillas muy líquidas, porque también me quitaron 4 metros de intestino largo, y encima el gusano no salió. Se metió hacia mis entrañas y destrozó el páncreas, desde siempre tendré que tomar líquidos, y encima, me tendré que inyectar insulina y glucosa, ya que no puedo digerir un cacho de pan. Pero no acabó ahí.

Mi muerte fue lenta y dolorosa. Tras destrozar el páncreas, se dirigió a los pulmones. Avanzaba lentamente, quitándome mis pulmones, llegó un punto que necesitaba llevar una bombona de oxígeno a todos lados. Tal vez les de lástima la muerte de mi hermano, pero la mía fue mucho peor. Subió por mi laringe, y por unos 30 segundos no podía respirar. Se cargó mis cuerdas vocales, y por fin salió. Me dejó el cuerpo hecho una auténtica basura, pero sobreviví. Por el momento.

Con todos mis problemas, sólo estaba preocupado por mi salud, no hace falta mencionar que el médico se suicidó, ¿quién habría aguantado eso? Se merece respeto, más de uno se hubiese suicidado con lo de los tampones. Iba a otro médico, y me tocó una revisión para ver si no aparecían más problemas. Una ecografía vio 87 gusanos de 10 cm arrastrándose por mi cuerpo. El gusano puso huevos.

3 de los gusanos perforaron mi médula, ósea por la zona del cuello. No me importa mucho, ya estaba con respirador, pero me dejó totalmente paralítico. Y encima, me hacía encima. Se pueden imaginar la poca dignidad que me quedaba, por no decir ninguna. Mi ayudante me cambiaba los pañales. Me iban perforando lentamente, y no tardaron en llegar a la cara, que se empezó a gangrenar. Me quitaron la nariz y las dos orejas, y un buen cacho de cara. Estaba horriblemente deformado. No me importó mucho, porque días después me llegaron a los ojos, y me los quitaron.

Ya me daba igual todo, no me veía al espejo. Sin poder comunicarme ni recibir información de ninguna manera, los gusanos iban a mis extremidades, con lo que se gangrenaron y me quitaron las cuatro. Tal vez piensan que es mentira, pero no. Cuando me perforaron la médula, un débil hilo de comunicaciones que quedó me permitió mover ligeramente las extremidades y tener tacto en ellas. Piensan que pronto sería mi fin, pero no. La historia es muy larga, así que simplemente diré que destrozó todos los órganos menos el corazón, que seguía latiendo.

Me agujerearon un poco el cerebro en el lóbulo frontal y en el hipocampo, así que me quedé imbécil. Terminé muriendo cuando me perforaron el corazón. Si se preguntan cuánto duró el infierno, les respondo que 5 años. Pasaron 3 años hasta que me detectaron los otros gusanos. Así que, se imaginan el trauma de los malditos bichos.

La verdad es que, no me creo que no los matase uno a uno de una manera dolorosa, y que llegué a querer casarme con una hormiga. No lo sé, y no quiero saberlo.

— Via Creepypastas

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