Hell Angel

El Puente Negro
El Puente Negro

Yo, solía ser medianamente normal, tenía una vida común pero todo se fue al diablo cuando pasó el “incidente”. Me llamaba Anthony, vivía con mis padres, y estudiaba en una escuela normal. Esta era la segunda vez que me cambiaban de escuela, no la pasaba muy bien en la anterior; Era un poco acosado por mis gustos un poco inusuales, mis padres decidieron que lo mejor para mí era inscribirme en otro colegio.

Cuando me matriculé, tuve que tomar unas clases extra en verano por ser nuevo y debía estar preparado para asistir otra vez a clases. Durante esos días de verano, conocí a un chico llamado William al que rápidamente consideré mi amigo. Pasaron meses hasta que por fin ya comenzaban las clases en el mes de agosto, estaba muy emocionado porque no tendría que estar solo el primer día de clases.

Pasaron los días y empecé a conocer a más chicos que hasta ese entonces creía que eran “amigos” por así decirlo. Me empecé a relacionar con más gente con la que me llevaba bien, entre ellos; conocí a un alguien llamado Gabriel y él me cambio la vida para siempre.

Empecé a hacer amistad con él porque descubrí que teníamos gustos en común, le gustaban los sucesos paranormales igual que a mí, pero algo que destacaba en él, era su habilidad para dibujar y su forma de ser. Yo lo consideraba como un hermano ya que éramos muy compatibles en gustos y él me trataba bien ¡Era como el hermano perfecto!

Poco a poco y conforme pasaba más tiempo con él; me sentía extrañamente más feliz, algunas veces me dedicaba sonrisa que a los demás no, y me hacia sentir especial.

Ya me había enamorado en varias ocasiones de algunas chicas pero jamás de un hombre. Intentaba ocultar lo más que podía, pero se lo llegaba a demostrar dándole pequeños regalos, y mostrandole un afecto que no le había enseñado a ningún amigo.

Pasaba el tiempo y me estaba empezando a enamorar aún más, creo que desde ese momento me consideré bisexual. Un día decidí confesarle mis sentimientos de una vez por todas, era la hora de la salida, un día martes. Él se encontraba afuera a punto de irse pero yo le dije:

-Gabriel, tengo que decir algo.-

-¿Qué cosa?, dime.-

-Gabriel, es que tú, tu…- Seguía con breves tartamudeos hasta decirle la verdad. –Gabriel, tú me gustas.-

El dio una pequeña risa y dijo que a él no le gustaban los hombres pero podíamos quedar sólo como amigos y yo acepté. Me sentía sumamente aliviado, al fin revelarle mi secreto y no ocultarlo más. Al día siguiente me arrepentí de decirle la verdad, ya que parecía que solo me ignoraba, era como si ya no existiera para él.

Cuando me decidía a hablarle, simplemente huía. Yo me pregunte “¿Pero porque huye de mí?, ¿Confesarle mis sentimientos fue un error?” Pasaron los días y decidí darle algo de tiempo para ver si volvía a hablarme, pero no ocurrió, la sensación de soledad era horrible y lo peor de todo era que mis demás “amigos” del grupo también empezaron ha hacer lo mismo.

Cada mañana al llegar a la escuela y pasar a mi casillero, había, si no huevos rotos, palabras ofensivas, grafitis, varios libros y cuadernos rayoneados o desechos, eran hojas con mensajes desagradables. Esto se había convertido en una tortura, inclusive en una ocasión me tiraron un balde de agua fría mientras estaba en un cubículo de los sanitarios, y el mismo día escondieron mi mochila y cuando la encontré, bueno preferiría que nadie se enterara. Se sentía muy mal, a pasar cada receso sin compañía, siendo abusado psicológicamente y tanta física también, el quedarme sin amigos me hizo caer en depresión. Cuando fui al médico me lo dijeron y falte a clases por una semana.

Todos se preguntaban de mi ausencia, mis demás amigos que estaban en grupos diferentes se preguntaban cuál era mi estado de salud, incluso uno de ellos fue e casa para visitarme. Mi madre lo atendió en la puerta y lo único que le dijo fue que yo le conté todo los que había pasado y decidió que descansase una semana. Me convertí en una persona seria y de fría personalidad, un cambio bastante drástico. Pasaba la mayor parte del tiempo en mi cuarto escuchando música y llorando.

En esos días, llegaron a mis oídos rumores de que mis antiguos amigos se burlaban e insultaban a mis espaldas. Ya me encontraba cansado de todo, era como que si la vida no me quisiera más. Me puse un “suéter plata” (regalo de mi padre) con capucha azul y me encontré una máscara que (recuerdo) era parte de un Disfraz de Halloween y cogí un bate de béisbol que usaba para jugar con mi padre y salí en busca de mis “amigos” para darles su merecido.

Estando ya en la calle, me encontré al líder del grupo William, estaba sentado en una banca, me acerque agresivamente a él, fijándome si nadie más estaba presente en el momento. Al percatarme que estábamos solos, me acerque por su espalda y puse el bate en su cuello sosteniéndole con fuerza (la suficiente) para que cayera inconsciente, el llevo sus manos a cada lado del bate tratando de separarlo de su garganta, no fue difícil deducir que opondría resistencia, pero después de un rato lo escuche respirando débilmente y sus manos se cayeron de golpe a la banca.

Volví a observar si nadie seria testigo, tal vez era muy tarde para estar en la calle, por lo que lo lleve arrastrando hasta llegar al bosque. Espere un poco hasta que despertó, algo desorientado, fue cuando tome el bate, firmemente, entre mis manos, lo levante y le di varios golpes al cráneo de esté, quedando irreconocible. Me encontré en situaciones similares con los demás, aprovechando que la noche era joven, cada uno lo sometí, lo lleve al bosque y mate sin sentir remordimiento alguno, estaba mal, lo sabía (y lo sigo sabiendo) pero fue una de las mejores sensaciones que alguna vez habré de experimentar. Solamente faltaba él que más daños me hizo, lo busque por mucho tiempo hasta que di con él.

Lo vi pasando por un callejón, al parecer terminado de hacer unas compras, cuando de pronto lo intercepto y lo acorralé contra la pared, tirando las bolsas de sus compras:

-¿Quién eres?- me miro asustado.

-¿Yo? Yo soy la persona que más daño has hecho-

-¿Anthony?, ¿E-eres tú?- Seguramente reconoció mi voz.

-No lo sé, dime lo tu…- Su mirada seguía perpleja y no dijo nada. -Claro que si idiota, he venido para que pagues por todo lo que tú y tus amigos me han hecho.-

-Y-yo no te he hecho nada.- Soltó tratando de sonar seguro, pero tanto su voz como su mirada flaquearon. En un rápido movimiento le di con el bate en la cabeza, empezó a sangrar demasiado.

-¡Ya basta! ¡Por favor! Para- las lágrimas en sus ojos amenazaban con salir- Nunca más te haré daño, nunca más, te lo prometo, a-a ti ni a nadie.- Varias gotas salinas brotaron de esa mirada que alguna vez me había gustado y reconfortado tanto.

Abrí mi boca, le diría que era un maldito mentiroso, pero no, de cierto modo tenia razón.

  • Esta bien, en algo te tengo que dar la razón.- le dije con voz relajada, lo solté, para llevar mi mano hasta su mejilla. Se quedó paralizado al sentir mi tacto tan distinto al forzado agarre anterior, me acerque a su oído y le susurre.-No le volverás a hacer nada a nadie, porque ya no vivirás.-Me separe y le di con el bate hasta cansarme.

Caí de rodillas a la acera fría, empecé a llorar, me di cuenta, de que mate a la persona que más amaba, me quede un rato mirando su cadáver de forma borrosa por el exceso de lágrimas, pero después me dijo cuenta que él, en realidad no valía la pena, así que tome la decisión (la más sabia en estos casos) de irme de mi casa, abandonar a mi familia y a mi antigua vida.

Porque yo sabía que no podrían cargar el gran peso al saber, que su hijo es un asesino. Volví al bosque donde tome la vida de los otros, estoicos, me sorprendí un poco cuando vi que algunos insectos y animales carroñeros empezaron a encargarse de sus restos. Había llevado cargando, a mi amado, y lo enterré como puede, dándole un último beso antes de taparlo con la tierra y hojas que antes había removido. Huí como buen criminal de la escabrosa escena.

Unos días más tarde salieron en las noticias, que encontraron varios cuerpos en estado de descomposición, de entre 15 y 17 años. Todos golpeados con un objeto contundente, sospechaban que había sido un bate de béisbol semi profesional, los análisis de sangre, confirmaron que eran los chicos que habían desaparecido en circunstancias misteriosas una noche, todavía están desaparecidos dos, obviamente Gabriel y yo.

Tuve que mudarme de ciudad y cambiarme el nombre, en las calles suelen llamarme “Hell Angel”, no me puedo quejar, en los días suelo ser un muchacho serio pero cortes con un trabajo de medio tiempo (lo único que pude conseguir), viviendo en departamento mínimamente amueblado y más bien chico, pero por lo menos no duermo bajo el cielo estrellado, pero, de noche, es cuando muestro mi verdadero ser, aquel que va a hacer pagar, a los que lastiman a los chicos inocentes, sale.

— Via Creepypastas

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