Gira, gira

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

La noche era oscura, fría, tenebrosa. Se escuchaba el sonido de las hojas caer. Yo me encontraba sentado con mi hermana en la sala. Nuestros padres salieron a una cena de aniversario, así que tardarían. En ese entonces nosotros teníamos 13 y 8 años: éramos miedosos, le teníamos un pavor irracional a la oscuridad; a pesar de ser algo grande, yo lo tenía. Decidimos mirar un poco de tele, y tratar de olvidar nuestros horribles y pesados recuerdos, buscamos canales de risa, pero nada. Casi todos estaban distorsionados. Esperamos a que se recuperará el canal. Después de unos cuantos minutos de espera, se empezó a oír una música rara. La canción no se oía mucho. Tenía un tono de alegría, pero tenebroso. Mi hermana me abrazó y yo a ella. Temblábamos de miedo, hasta que la distorsión despareció.

Era el canal de Cartoon Network. Sonreí de alivio y mi hermana suspiró. Apareció el intro de una serie. “De seguro, una nueva serie” pensé. Los editores estaban rayados, y luego apareció el título.

Empezaba con una chica. Tenía el cabello largo, color fucsia, los ojos azules y un vestido rosa con moños morados. Hablaba palabras que no entendía, luego dijo: “Vamos amigos, ¿por qué no jugamos al gira, gira?”.

Mi hermana se rió: la voz de la chica era aguda como la de “Minnie Mouse”. Aparecieron niños con expresión seria, luego la chica los tomó de la mano, y empezaron a rodear a uno de los niños, cantando una canción rara.

“Gira, gira, gira ya, no saldrás nunca, eres un ave en una jaula, pobre, ¿que le pasará?”

Los pelos de mi piel se erizaron, mi hermana no paraba de reír, hasta que la pantalla se puso en negro durante 10 incómodos segundos, luego volvieron las imágenes.

Ahora se veía espantosa y los niños, deformes. El pobre que estaba dentro del círculo de niños lloraba sangre. Entonces la chica caminó hacia él, sacó un tenedor afilado y le sacó los ojos, el niño gritaba de miedo y dolor, mi hermana seguía riendo a carcajadas, yo lloré de miedo, aunque el niño sea un dibujo animado, la chica se comía los ojos del niños, y le puso una cabeza de cara feliz como máscara, luego se la quitó y el niño se veía feliz, riendo exageradamente.

-¡No llores, idiota, sonríe y sé un demente! -rugió la espantosa chica. Reanudaron, ¡pero esta vez la niña rodeada era mi hermana! Me di cuenta que ella ya no estaba; empezaron a jugar.

“Gira, gira, gira ya, eres un ave en una jaula, nunca saldrás, pobre, ¿qué te pasará?”

La chica jaló a mi hermana de la muñeca con brusquedad y le cosió la boca, la empezó a patear. Yo gritaba de desesperación y enojo, entonces la chica caminó hacia la cámara, mirándome fijamente a los ojos.

-¿Tú también quieres jugar, verdad? ¡VAMOS, AMIGUITOS! Nuestro amiguito quiere unirse al juego.

Mi casa se convertía en un lugar colorido y realista. Había dulces por todos lados, luego aparecieron los niños con la chica y mi hermana.

-¡Vamos hermano! , ven a jugar, tú no has jugado.

Me empezaron a rodear, y a cantar esa canción desquiciante. Yo lloraba de miedo, temor: pensaba que íbamos a morir, palabras sin sentido rodaban en mi cabeza:

SUICIDIO, MUERTE, TRISTEZA, DEPRESIÓN, PARANOIA, LOCURA.

La música se tornó más fuerte y más rápida. Sentía cómo me golpeaban, insultaban y escupían. Cerré los ojos y grité lo más fuerte que pude, dejando salir unas lágrimas de desesperación.

Desperté exaltado en mi habitación. Mi pecho subía y bajaba con rapidez, mi mirada vagaba por todos los rincones de mi habitación, pero algo andaba mal. Volteé y ahí en un pequeño rincón, entre una pared y otra, yacía el cuerpo mi hermana; deforme y destrozada, con los ojos afuera y colgando, sus tripas salían de su abdomen, y tenía cortes por todo su pequeño cuerpo. Corrí lo más rápido que pude hacia ella, tomé su rostro con ambas manos, pensando en alguna forma de ella estaría bien. Pegué mi cabeza a su pequeño pecho y me eché a llorar, desahogar la tristeza, depresión, paranoia y locura. Mi único pensamiento era el suicidio.

-¡ERES EL SIGUIENTE, PEQUEÑO ARTHUR!

Levanté mi cabeza: el cuerpo de mi hermana convulsionaba, tenía tics en la cabeza y no dejaba de repetir esa frase. Corrí lo más rápido que pude hacia el pasillo fuera de mi habitación. Mi único objetivo era esa ventana al final del pasillo… Me estrellé contra el cristal, partiéndolo en mil pedazos. Sentí mi vida pasar frente a mis ojos. Un dolor muy agudo en mi espalda. Todo se empezó a tornar negro. Me desmayé.

Desperté en una habitación blanca, con aparatos conectados a mi cuerpo. Había un expediente a mi lado derecho. Con pocas fuerzas intenté levantar mi brazo y tomar aquella hoja que decía: “Hospital Psiquiátrico de Abisko”. Solo una cosa pasó por mi mente: mis padres.

¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué me culparon de su muerte si yo la quería demasiado? ¿Por qué me obligan a permanecer en este lugar donde sufro cuando pienso en esa chica y en mi hermana mutilada al lado mío?

Esta es la última carta que escribo, mi último día en este hospital, mi último adiós a ese recuerdo que sé me atormentará por siempre.

Quiero suicidarme, y cuando lo logre, me libraré de este infierno…, de ese fenómeno.

— Via Creepypastas

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