El Titiritero

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

“¿Recuerdas?”

No muy bien. Me encuentro caminando, creo que me dirijo a casa. Empiezo a escuchar pasos a mis espaldas y empiezo a dar vueltas con la cabeza por todo el lugar. Por un momento veo una silueta acercándose. Empiezo a caminar asustado entre la neblina; es un señor, pero hay algo muy extraño con él. Su aspecto es de un hombre muy delgado y alto, viste una chaqueta marrón y usa un sombrero, lleva un títere bajo el brazo. A medida que me voy acercando, alcanzo a ver su rostro, sus ojos, quizá sea la noche, pero alcanzo a distinguir una profunda maldad y oscuridad en ellos. Luego tengo un fuerte dolor de cabeza, mis recuerdos terminan ahí.

“Toma…, libérate”

No estoy seguro de tus palabras. Mis oídos no son reales, sino unas semiesferas pegadas a mi cabeza de madera, y no son de confiar. Mi mundo es una infinita cantidad de colores difusos, puesto que mis ojos no son más que círculos pintados y no funcionan muy bien. Entrecierro los párpados y me parece ver un objeto metálico. Tomo la pieza y sé entonces que se trata de una tijera. Quede atónito, nadie me había ayudado jamás. No desde la época previa al momento en que me sujetaron con hilos de nylon transparente. Sé que no será fácil cortar los hilos uno por uno, pues mis manos tienen unas hendiduras que simulan dedos reales, son falsos y carecen de precisión. Además, cada vez que cortase un hilo una parte de mi cuerpo caería como plomo dificultándome cada vez más la tarea.

“Gira…, enrédate”

Me parece una buena idea, si es que mis oídos simulados han escuchado bien. Comienzo a girar sobre mi eje y los hilos se enredan en un punto; ese sería el lugar donde debo hacer el corte. Dejando mi vida en un esfuerzo levanto las pesadas tijeras sobre mi cabeza. Corto los hilos. Soy libre, libre al fin. Ya no tengo nada que sujete mi cabeza, diciéndome a dónde mirar y a dónde no. Nadie maneja mis brazos y mis piernas, haciéndome caminar de esa forma tan ridícula que tienen los títeres. Un mundo nuevo se había abierto para mí. Sin embargo, cuando intento ponerme de pie, me resulta imposible. Mis piernas están acostumbradas a ser guiadas, y carecen de la fuerza necesaria para moverse por sí solas. Quise ayudarme con los brazos, pero éstos también eran inútiles; tanto tiempo dedicado a realizar ademanes sin sujetar nada los convirtieron en miembros atrofiados incapaces de soportar siquiera su propio peso. Había perdido toda mi fuerza física al quedar separado de la mano que me sostenía. Arrodillado y con mis inertes brazos colgando a cada lado, solo puedo sollozar.

“Ven…, acércate”

Alguien me ha estado llamando, tal vez el mismo ser que me entregó la tijera, aunque mis ojos y oídos de títere son incapaces de asegurarlo. Me dejo caer hacia la dirección de dónde proviene la voz y comienzo a arrastrarme. Mi cuerpo, sin huesos ni músculos reales, parecen pesar una tonelada. Instantes después, algo me sujeta. Algo me levanta de la cabeza, de los pies y de los brazos. Entrecierro los párpados para contemplar al héroe que me elevaba de los hilos. Entonces supe que era el mismo monstruo que siempre me sostuvo con la mano derecha y que ahora me sostenía con la izquierda.

— Via Creepypastas

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