El rostro de la muerte

Allá afuera
Allá afuera

Era uno de esos días normales por la tarde, yo estaba comiendo en casa de mis abuelos después de un largo día de trabajo. Pensaba en quedarme a dormir con ellos, ya que al día siguiente iría de nuevo a trabajar y me quedaba más cerca que quedándome en la casa de mi madre.

Veíamos la televisión, lo usual para mi abuelo, ver las noticias: un muerto en tal parte, un asesinado en aquél lugar, un desaparecido en tu ciudad; las noticias no paraban de repetir esas cosas que nadie quiere escuchar. Nos provocan miedo, inseguridad, pánico.

Un cigarro después de la comida me relaja, me acomodo en el sillón de la sala para usar mi teléfono y ver las novedades de mis amigos en las redes sociales. Todo es felicidad en una imagen, nadie pretende mostrar sus miedos ante las demás personas, por eso, la gente publica solo cosas buenas.

Ya es tarde y no tengo sueño, este insomnio que lleva días conmigo no se quiere ir y me persigue a diario después de las 11 de la noche.

Voy al cuarto de mis abuelos y me acomodo en la cama que mi abuela reservó para mí, en el mismo cuarto que ella, solo nos separa un mueble pequeño donde ella acomoda sus pinturas de uñas, sus collares, y todo tipo de alhajas que ella se pone para adornar su belleza. Sigo en la cama sin poder descansar, son las 12:35 a. m., y mi cuerpo no quiere aceptar que es hora de dormir.

Mi abuela, como siempre tan considerada, sabe que no puedo dormir totalmente a oscuras, por lo que deja el televisor prendido sin volumen para tener un poco de luz. De igual manera sigo sin conciliar el sueño. Me pongo a jugar algunos rompecabezas en el celular para aburrirme y lograr dormir; por fin puedo cerrar los ojos.

Yo utilizo lentes de contacto que cada noche debo retirarme, entonces, por las noches, no puedo ver muy bien, lo cual incrementa mi miedo. A mitad de mi sueño, escucho una voz muy bajita y, con tono de mujer, diciendo mi nombre: “Viri”, por lo cual imagino que es mi cuñada, ya que vive en la misma casa. Fijo mi mirada hacia la puerta del cuarto y no logro visualizar si está abierta o cerrada; vuelvo a cerrar los ojos y volteo mi cuerpo hacia la pared.

De repente escucho la misma voz, pero esta vez estaba cerca de mi abuela preguntando: “¿Tú eres Viri?”. Entonces volteo hacia la pared y veo a una niña con camisón blanco lleno de sangre y cabello negro cubriéndole el rostro, se puso en cuclillas para mirarme directo a la cara y gritarme. Fue tan aterrador que sentí cómo mi cuerpo se congelaba, y no podía moverme. Trataba de gritar, pero no salía ningún sonido de mi boca. Estaba aterrorizada mientras ese ente seguía en mi cama, gritándome directamente en la cara.

Al fin pude gritar, por lo cual mi abuela me escuchó muy preocupada y empezó a llamarme para despertarme. No podía moverme porque seguía viendo a esa pequeña y su rostro aferrado al mío. Cuando pude moverme, estaba sudando frío, y quedó en mí esa sensación de miedo, ese escalofrío que te invade el cuerpo como si aún estuvieras atrapado en el sueño.

Cada vez que recuerdo el rostro de esa niña, me invade el miedo y no puedo dormir bien. Espero que un día encuentre la paz y mi mente no vuelva a engañarme de esa manera. Al fin y al cabo, todo fue un sueño, ¿o no?

— Via Creepypastas

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