El rito de los nahuales

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Muchas personas creen ciegamente en las palabras de los sacerdotes, se convencen que con solo orar, se salvarán. Lamento ser la persona que se los diga, pero eso no basta.

¿Debería decir mi nombre? Creo que no, me basta con decirte que tenía 14 años y soy niño, me pregunto por dónde debo empezar, ya que no tengo una idea clara de qué es importante y qué no, bueno, todo comenzó cuando…

Hasta hace poco era un niño normal, jugaba con otros y ayudaba en la casa, vivía en un pueblo a orillas de la selva, ese mismo pueblo siempre había estado habitado, desde antes de la colonia, era un lugar rico en leyendas y relatos.

Todos los domingos, la mayoría de los niños, nos sentábamos en forma de media luna para escuchar los cuentos de el más viejo, uno de los favoritos, hablaba de los nahuales, esos brujos capaces de transformarse en animales y que nunca renegaron de la religión antigua. El viejo nos decía que, en algún punto de la selva, existía un derruido “teocalli”, es decir un templo antiguo. En este cada 52 años se reunían los nahuales para encender el fuego nuevo y sacrificar a una víctima.

Muchos niños se mantenían firmes diciendo que solo eran historias, que no existían los nahuales y mucho menos el templo en la selva. Estos eran niños muy sobreprotegidos por sus madres, la mayoría de ellas bastante religiosas.

Pero también existía la minoría que tenia curiosidad de comprobar si el mito era cierto, naturalmente yo era parte de esta minoría. Por años estuve deseándolo hasta que no lo soporté. Se lo conté a mi tía. Lo que me respondió…, sigo sin saber si me regañó o se burló: “Escuincle imbécil, ¿cómo vas a espiar a los nahuales si ni siquiera sabes cuándo es el fuego nuevo? Además, ¿de veras crees que puedes espiarlos?”.

Se rió numerosas veces, luego me pidió que me sentara y me explicó todo lo que sabía de los nahuales. Me dijo que todas las personas tenían un nahual y un nagual, el primero es un animal que nos representa, puede ser uno o muchos; el otro un objeto. La misma regla aplicaba: los nahuales eran escogidos al azar y se les daba el poder de utilizar su nagual y su nahual a voluntad, pero cada fuego nuevo debían pagar en sangre a los antiguos dioses. Una vez completado el pago, tenían libertad para hacer su voluntad. Aparte de la transformación, había algunos que podían controlar su elemento; otros, que se desempeñaban como nuevos sacerdotes de la antigua religión, aumentaban sus poderes como regalo de los dioses.

Todo eso solo me dio más curiosidad, así que le pregunté por el próximo fuego nuevo. Todavía riendo me respondió que era el siguiente domingo. Le di las gracias y me retiré. Toda la semana siguiente me la pasé preparando cosas para mi salida: agua, cerillas, una navaja, binoculares…

Me sentía preparado. El domingo a las 6:00 pm, salí de mi casa rumbo a las afueras del pueblo. Cuando llegué a la selva, un escalofrió me recorrió la columna vertebral, por un minuto me pregunté si debía regresar, pero me decidí ir adelante.

Cuando ya llevaba un buen tramo de camino, escuché unas pisadas. Me aterré y me escondí detrás de un arbusto. Las pisadas se acercaban, pero cuando miré al que las causaba no me sorprendí, era uno de los niños que también sentía curiosidad. Un minuto después otro niño salió, los dos hablaban tan bajo que no les entendía, pero parecían aterrorizados por algo.

Oí el aullido de un coyote y ellos también lo escucharon; en lugar de correr se pusieron a rezar. “Qué tontería!, me dije hasta que noté que no estábamos solos. Un perro muy grande los estaba viendo, uno de ellos gritó y el otro continuó rezando. El perro aulló y se lanzó sobre el que había corrido, el otro seguía rezando hasta que un puma o un jaguar se le abalanzó y no le dio ni tiempo para gritar. Pensé para mis adentros que ya había visto suficiente, corrí lo más rápido que pude, pero cada vez que lo hacía, un nuevo aullido se escuchaba. Paré un poco para tomar aire y…

Demasiado tarde, una garra salió de la nada y me derribó. Escuché varios aullidos de satisfacción, antes de perder el conocimiento.

Cuando desperté, noté que era arrastrado. Me encontraba en una construcción muy antigua y ya muy derruida. Vi a varios hombres, todos envueltos en túnicas blancas y negras, algunos lobos o coyotes y muchos búhos y murciélagos volando alrededor. En el centro había una piedra circular, con grabados de personas sacrificadas.

Cantaban una sola palabra…

“Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

Detrás de la piedra había un hombre, llevaba una túnica café, con dibujos hechos con sangre. Abajo de la capucha había una máscara.

“Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

Parecía hecha de jade.

” Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

Representaba una calavera.

“Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

Me colocaron en la piedra.

“Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

El sacerdote pidió silencio.

“Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli.”

Todo se calmó. Lo último que escuché fue ese extraño canto, el aullido de un lobo y el ulular de un búho.

” Teopantlatquiliztli, Teopantlatquiliztli”

Y lo último que vi fueron las lejanas copas de los árboles, la luna inmutable y el cuchillo de pedernal, que descendía rápidamente.

Dr.creeper.000.“La soledad no es una fortaleza, es una carcel” (discusión) 03:09 10 jul 2015 (UTC)

— Via Creepypastas

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