El reflejo

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Esta vida tiene muchos misterios, muchos de estos misterios no tienen una explicación razonable y el siguiente caso es uno de ellos.

En algún pueblo había un joven de nombre Daniel Henderson, de aproximadamente 15 años. No tenía padres, habían desaparecido sin explicación y a quienes daron por muertos, así que vivía con sus abuelos. Daniel era muy diferente a los demás muchachos de su edad, inteligente, pero a la vez muy callado, en el colegio todos lo veían como alguien muy raro y muy callado. Si decía “Hola” ya era mucho decir.

Sí, Daniel guardaba un secreto, tan hermético como su personalidad. Sentía que su reflejo “no era él”. Sentía que su reflejo se divertía viéndolo a pesar de desviar él la mirada, que poseía facciones distintas a las suyas. Detestaba cualquier superficie en que se reflejase por azar.

Un día de escuela experimentó unas ganas de ir al baño, con que estando allí, y sin quererlo, se encontró con su reflejo. Hasta ese entonces había sido muy cauteloso, en vista del gigantesco espejo del baño, pero no podía disimular más su necesidad o apurarla en algún rincón oculto, siendo que el colegio era muy estricto y celosamente vigilado por los empleados.

El baño estaba sucio e impregnado de un olor desagradable. Daniel tenía el espejo delante de sí; hizo un esfuerzo para ocuparse en el inodoro y, cuando se disponía a salir, nuevamente su reflejo se opuso a sus ojos. Entonces se sintió atrapado, hipnotizado. Pasaron diez minutos, que Daniel vivió como diez segundos, sí, extrañamente así sucedió. Y, por supuesto, cruel ironía, su reflejo le guiñó un ojo.

Daniel despertó del trance al momento. Llegó a creer que se trataba de su imaginación. No, su reflejo le sonreía con malicia, despiadada malicia. Le hacía señas para acercársele, parecía que le pidiese unirse a él… Fue demasiado. Daniel huyó literalmente.

El mal estaba hecho. Comenzó a sufrir dolores de cabeza, náuseas. Lo sabía, el vínculo escrito en su encuentro. No había vuelta atrás. Su reflejo lo reclamaba.

Días después sus abuelos fallecieron en un accidente de tráfico. Él quedó solo y a merced de una maldición. Todo parecía confabulado. Fue enviado a un orfanato.

Pero la historia de Daniel Henderson no concluye aquí.

Él desapareció del mundo una tarde de invierno, y por mucho que se le buscó, nunca se le halló. Triste repetición, acontecimiento que revivía el recuerdo de la inexplicable desaparición de los padres del muchacho. Lo único que quedó de sus pertenencias fue una carta, breve, incompleta, junto a un espejo roto, y decía así:

“Sea quien sea quien encuentre esta carta, quiere decir que ya no estoy en este mundo, me entregué a mí, quizás yo mismo, no aguantaba más la presión, el miedo, la paranoia… el desespero.

Por eso quiero decirle a todas las personas que si sien…”

Ese fue el fragmento de la carta.

Hay muchas teorías sobre el paradero de Daniel. Unos dicen que estaba loco, así que se suicidó quién sabe cómo y en dónde. Otros, que su reflejo se lo llevó. Y por último, hay quien cree, sin esperanza, que todavía está en este mundo, apartado de todo.

— Via Creepypastas

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