El juego de mi abuelo

Asesinos del Zodiaco
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Hace unos años, estaba en casa de mi abuelo, el estaba muy enfermo y lo fuimos a visitar porque los doctores decían que no le quedaba mucho tiempo de vida.

Pasamos dos semanas en casa de mi abuelo; estaba aburrida, no sabia que hacer, y no vivían niños cerca de la casa.

Me encontraba en la sala de estar, cuando escuché que mi abuelo me llamaba, y salí corriendo para no hacerlo esperar. Cuando entré en sus aposentos, me senté a su lada en la cama y le pregunte:

  • ¿Qué necesitas abuelo?

Él muy tranquilo me contestó;

  • Estoy seguro que estas aburriéndote aquí sola

Yo asentí con la cabeza, parecía como si me hubiera leído la mente, y me dijo;

  • Ve al ático y trae una caja marrón que hay en una mesa al lado de el retrato de tu abuela.

Mi abuelo no había terminado de hablar cuando salí corriendo para buscar la caja. Bajé las escaleras y entré en el ático, y justo en frente de mi, estaba la mesa con la caja; era enorme, pesaba un poco, y antes de que saliera, escuché un ruido. No le presté mucha atención, estaba demasiado emocionada por ver que había en la caja como para buscar al responsable del ruido.

Llevé la caja al cuarto de mi abuelo, mis padres estaban ahí. Le mostré la caja y mi abuelo sonrió. Mi padre cuando vio la caja, se sorprendió, me pidió que saliera, y me quitó la caja de las manos. Mi abuelo se asustó y mi madre estaba igual de enojada que mi papá.

Cerraron la puerta, y comenzaron ha hablar en voz alta de un modo que hizo que mi corazón se acelerara, no quería entrometerme en lo que estuviera pasando, pero en mi mente estaba la cara de angustia de mi abuelo. Salí al jardín, y me senté en el pasto, apoyé mi rostro en mi mano y suspiré con tristeza. Pasó un largo tiempo cuando de pronto mi madre me llamó con una voz angustiada, yo fui corriendo para ver que pasaba.

Cuando vi en sus ojos como las lagrimas salían desconsoladamente, me asusté mucho y pensé en lo peor, lamentablemente, lo peor estaba ocurriendo; mi abuelo estaba suspirando con mucho esfuerzo y se estaba quejando de dolor. Él extendió su mano hacia mi y yo la agarré y me acerqué.

Me dijo que era hora de que él se fuera con mi abuela, yo le suplique que no me dejara sola, el me dijo que “jamás estaría sola, que eso podía jurarlo, me pidió que conservara la caja y que la escondiera, dijo que nadie podía saber que yo poseía la caja, y que solo la abriera cuando estuviera “sola”. Me prometió que volvería a verme, y a la abuela también.

Luego de escuchar esas palabras sentí como la mano de mi abuelo caía sin fuerzas sobre la cama. Desde ese momento, ya no quería jugar, solo quería mirar como pasaba el tiempo. Extrañaba a mi abuelo, pero no podía hacer nada para que volviera. En ese momento recordé la caja y lo que me había dicho el abuelo. Mis padres habían guardado la caja debajo de la cama del abuelo, la tomé y fui al ático.

Abrí la caja y vi que había un tablero de madera que decía; “Que comience el juego”.

No entendía de que juego hablaba pero seguí buscando en el tablero y había un papel viejo que resultaron ser las instrucciones. Leí el papel y me di cuenta que era un juego que mi abuelo había inventado, estaba segura porque las instrucciones tenían la misma letra que tenía mi abuelo.

Puse el tablero en el suelo y me senté frente a él; el primer paso era que dijera mi deseo más preciado y que pensara en una persona que quisiera volver a ver. Después debía buscar una vela y encenderla.

De pronto, vi a mi abuelo frente a mi, y me estaba sonriendo. Sin embargo, no era una sonrisa de felicidad, era algo extraña. Me asusté un poco pero me dijo; “que no había nada que temer, que había sido muy buena niña y que merecía un poco de diversión”. Le respondí que tenía razón, y continuamos con las instrucciones al pie de la letra;

El tercer paso requería una gota de sangre del jugador, un cabello, un cuchillo y una cruz. Cuando conseguimos todo, mi abuelo tomó unos dados, y los hizo rodar en el tablero. Cuando me acerqué, vi que los dados decían, gracias.

En ese momento mire a mi abuelo y estaba otra vez sonriendo de una manera extraña, le pregunte;

  • Abuelo ¿estás bien?

Y él me respondió;

  • Lo estaré.

Cuando terminó de decir esto, tomó el cuchillo, y me apuñaló en el pecho. Yo grité de dolor y él empezó a hablar y recitar cosas en un idioma extraño, yo seguía gritando, y me preguntaba porque me había hecho esto. En la puerta se empezaron a escuchar golpes desesperados de mis padres que no sabían lo que estaba sucediendo, y mi abuelo seguía hablando. De pronto, me desmayé y vi todo blanco a mi alrededor.

Cuando desperté, mis padres me estaban mirando, me encontraba en un hospital; me dolía mucho el pecho y no podía respirar bien. Mi madre me preguntó;

  • ¿Te sientes bien cariño? Te hemos traído tu juego para que no te aburras.

Cuando vi el tablero, mi corazón comenzó a latir rápido, y estaba temblando. De pronto, mis padres empezaron a reírse justo como mi abuelo se había reído en el ático. Cerré los ojos, desperté en mi casa y estaba aturdida.

Me levante, fui al baño a lavarme la cara, y cuando miré al espejo, vi a mi abuelo a mi lado, y debo decir que él tenía razón, desde ese día jamás he vuelto a estar sola.

— Via Creepypastas

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