El hombre pájaro

Allá afuera
Allá afuera

Para uno, como hombre, se le es difícil aceptar que el miedo lo invade a tal grado de querer buscar un lugar para esconderse, pues normalmente uno como hombre es el que defiende a aquellas personas que lo necesitan.

Antes de contar mi historia, quiero que me conozcan, para que sepan de que no soy un cobarde, ni tampoco tengo las características de un afeminado, si no todo lo contrario, y no por ser machista, si no por que mi complexión física es robusta y he trabajo mi cuerpo para tener músculos y que no cualquiera pueda pasar sobre mí, tuve una vida dura, en la cual trabajé desde muy joven como albañil, con lo cual pude pagar mis estudios y llegar a ser ingeniero.

Soy un hombre de 45 años de edad, con una familia hermosa, mi mujer, que es lo más hermoso que me ha pasado, junto con mis tres hijos, trabajo arduamente para sacarlos adelante y porque así siempre ha sido.

Pero ya entrando en mi relato y después de darme a conocer un poco, les platico lo que me paso hace algún tiempo, más o menos unos 5 años, en un lugar cercano a la Presa Rodrigo Gómez o también conocida como la Presa de la Boca, en la Cd. de Santiago, Nuevo León, México.

Trabajaba en una construcción que estaba por la carretera que va de Cd. Juárez a Santiago, hasta llegar a la carretera nacional, así que supervisaba a algunos trabajadores y me quedé hasta noche porque había algunos desperfectos en nuestra maquinaria, y ya regresando como a la 1 de la mañana hacia mi hogar, por la misma carretera que tiene a un lado a la presa, a la altura de un cerro muy conocido de ese lugar, pues hay una cueva muy particular, empecé a sentir un frío muy inusual, pues era una noche calurosa del mes de julio, y la neblina era algo densa.

Avance algunos metros y sentí como si algo hubiera caído en la caja de mi camioneta, lo cual la hizo la tambalear de una manera muy brusca, me detuve en una orilla, y revise la caja, pero no había nada, solo un olor fétido, como a animal muerto, y me puse a ver a mi alrededor por si veía algo extraño, pero no vi nada, bueno así a primera instancia, ahora lo digo, hubiera subido a mi pick up y arrancado de inmediato, pero seguí revisando y vi como algo muy grande pasó volando hacia la presa.

Me asusté, pues era algo de un gran tamaño, nunca había visto nada similar, vi en el cerro, más específicamente en aquella cueva que era tan mencionada, y vi como esa cosa venía de nuevo de ese rumbo, era impresionante ver un ave tan grande, eso pensé que era, pero ya más cerca, pues la neblina no muy bien me permitía observar, me di cuenta de que no era un ave, si no un ser extraño, parecía una persona, bueno un animal del tamaño de una persona pero de grandes dimensiones, pues medía más de dos metros, y las alas eran muy grandes, el aspecto era horroroso, de color oscuro.

Bueno no me dio tiempo de seguir observando, pasó por encima de mí, y soltó un gemido muy extraño, como de un cerdo al morir, y el olor era impresionante, casi vomité, pero el miedo regresó en mí, y logré correr a la camioneta, y arrancar de inmediato, pero esa cosa estaba ahí, y se posó sobre la caja otra vez, volteé y lo vi observando por la ventana posterior, fue entonces que frené y lo vi pasar por encima y caer enfrente de mi, fue cuando aceleré para atropellarle, pero abrió sus inmensas alas y despegó, esto pasó en un abrir y cerrar de ojos.

Seguí avanzando, y pensé que ya me había alejado lo suficiente y ya en un área más poblada, me detuve para tomar un poco de aire; bajé en un tienda de conveniencia (de esas que abren las 24 horas), y compré una soda para que se me pasara el susto, y ya dentro de la cabina, y todavía y con medio refresco, empecé a oler nuevamente ese olor fétido y era demasiado fuerte, no salí a ver esta vez, arranqué de inmediato, y pude ver al girar cómo las luces lo encandilaron al otro lado de la carretera aún oscura.

Avance sin detenerme hasta mi casa, pasando semáforos en rojo, y altos, pues sinceramente a poco estuve para hacerme en los pantalones del miedo, me vi en el retrovisor y parecía sepulcro, pues estaba blanco como calavera, llegué a mi casa y mi mujer al verme se asustó pues me vio tan mal que empezó a llorar conmigo.

Le conté todo y si no hubiera sido por cómo me vio, hubiera pensado que bromeaba, digo, soy muy bromista, pero esta vez no era para eso, me tocó vivir una experiencia en verdad aterradora, pues me tocó ver, sentir y hasta oler a una leyenda urbana de nuestro pueblo.

Seguí trabajando por aquellos rumbos, pero lo más tarde que salía era antes del anochecer, no quería volver a toparme con esa cosa que muchos llaman “El Hombre Pájaro”, y que ya es parte de nuestra tradición, pero nunca pensé que pudiera ser real y menos que me pasara a mí, y que estuve a punto de ser una de sus víctimas, pues no creo que quisiera bajar a saludarme.

Cuando paso por ahí cerca, se sigue sintiendo el olor desagradable como aquella vez, pero al menos sé que es temprano y que por nada bajaré a revisar que pasa, así que si saben de este lugar les recomiendo extremen precauciones, pues “El Hombre Pájaro” esta cerca, dicen que esa cueva es su hogar y lleva a sus presas a comérselas en el mismo.

— Via Creepypastas

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