El fantasma de Cheltenham

Allá afuera
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Pittville-Circus-Road-St-Annes

La acción se sitúa en una pequeña localidad inglesa, Cheltenham, en el año 1882. El capitán Frederick William Despard, recién retirado, se acababa de instalar con su familia en una hermosa casa en la calle Pittville Circus Road. Vivían con él su segunda esposa, Harriet Ann, y sus cinco hijos con edades comprendidas entre los 19 y los 9 años.

Una calurosa noche del mes de junio, cuando apenas llevaban tres meses instalados en su nueva casa, Rosina Clara, la hija mayor, escuchó unos pasos cerca de la entrada de su dormitorio cuando se desvestía para acostarse. Creyendo que era su madre, abrió la puerta, pero no había nadie en el pasillo. Miró a lo largo del mismo y vio, en el rellano de la escalera, la silueta de una mujer enlutada. Parecía que enjugaba sus lágrimas con un pañuelo.

A los pocos segundos, la visión bajó las escaleras, desapareciendo en el piso inferior. La joven reaccionó cuando la figura ya se había marchado; pero eso carecía de importancia, puesto que a partir de esa noche, el supuesto fantasma entró a formar parte de la vida de la familia Despard y Rosina decidió ser la cronista de todas y cada una de las manifestaciones paranormales que se sucedieron en la casa. Gracias a ella, el caso ha pasado a la historia como uno de los mejores y más documentados de la historia de la parapsicología.

Hasta el año 1884, el fantasma enlutado se apareció de forma muy esporádica ante Rosina. Curiosamente, la joven, no contó a casi nadie lo que sucedía, tal vez pensó que no le creerían si no contaba con más testigos de las apariciones. Sólo habló del fantasma a unos pocos amigos de su entera confianza. Pero hubo más atestiguantes: Una de las hermanas de Rosina vio a la mujer descendiendo por las escaleras principales de la casa, pero pensó que sería alguna visita de sus padres. También una doncella divisó a la mujer, pero ella, menos confiada que la joven Despard, alarmó a toda la casa convencida de que había visto a una intrusa la cual entró a hurtadillas para robar. Se registró la casa, pero no encontraron a nadie.

El otro testigo fue el hermano pequeño de Rosina que desde el jardín, mientras jugaba con un amiguito, vio claramente a una mujer vestida de negro, llorando desconsoladamente en una sala de la casa junto a una ventana. Cuando entró para ver quién era y qué le sucedía, la mujer ya no estaba.

A partir del verano de 1884 el fantasma entró en una fase de hiperactividad; sus paseos nocturnos se multiplicaron y Rosina, en una ocasión, conmovida por la tristeza que veía en ella, trató de hablar con el fantasma, pero la figura desapareció instantáneamente. Fue entonces cuando decidió contar a su padre lo que estaba sucediendo.

Las apariciones se hicieron más frecuentes y empezaron a ir acompañadas de toda la fenomenología que rodea a este tipo de eventos paranormales: bajadas bruscas de temperatura, ruidos de origen inexplicable… Cada vez eran más los testigos de aquellas apariciones, puesto que el espectro se iba desinhibiendo más y más; como si hubiera ganando confianza y ya no le molestara la presencia de los vivos. Sin duda Rosina y su padre fueron los que más entraron en contacto con la manifestación de aquella mujer. Incluso, según anotó Rosina, en varias ocasiones solo ellos o muy pocas personas podían ver al fantasma.

La joven fue anotando durante todos esos años cada una de las apariciones fantasmales inexplicables de una forma rigurosa. Investigó la historia del pueblo y de la casa, intentando poner nombre al fantasma y, aunque no pudo corroborarlo, la candidata número uno pasó a ser una tal Imogen Swinhoe, que había sido la amante del inquilino que ocupó la propiedad antes que los Despard.

Según pudo averiguar, Imogen, tras una terrible disputa entre los amantes, había sido expulsada de la vivienda y muerta en la indigencia poco tiempo después, en el año 1878, es decir, que se trataría de un fantasma muy reciente, en el caso de que se tratara realmente de Imogen, claro está.

El padre de Rosina, lejos de sentirse impresionado por las investigaciones de su hija, solo tenía un único deseo: expulsar a la figura errante, así que solicitó que se hiciera un exorcismo a la casa para librarse definitivamente de su fantasmal inquilina. La ceremonia, realizada en el año 1889, fue un éxito, al menos aparentemente, puesto que el fantasma no volvió a ser visto ni sentido en la residencia.

El hecho había alcanzado una notoriedad enorme, no solo los curiosos rondaban la casa con la esperanza de ver al fantasma, la Sociedad para la Investigación Física, estudió el caso. Pero la desaparición radical del fenómeno, hizo que el tema cayera en el olvido y nadie volvió a acordarse del fantasma durante años.

Hay quien dice que al morir no perdemos nuestras características de personalidad más acusadas y, al menos en este caso, parece ser cierto, ya que este fantasma demostró una tenacidad a prueba de bombas, y es que bastantes años después, concretamente en 1958, un hombre que vivía en la misma calle en la que habitaron los Despard, aunque en otra morada, se despertó una noche sobresaltado, y notó que junto a la ventana se distinguía claramente la figura enlutada de una mujer vestida con ropas de la época victoriana, la cual apretaba un pañuelo contra su rostro como si estuviera sollozando.

Este fue el pistoletazo de salida para una nueva serie de apariciones del fantasma de Cheltenham en su nueva ubicación y con un nuevo público, que no era precisamente entusiasta, como lo había sido Rosina. Al fantasma no pareció importarle la falta de interés de su nuevo “anfitrión”, prodigó sus apariciones por la casa durante el tiempo que el hombre ocupó la misma, hasta el año 1961.

El fenómeno cesó cuando la casa, junto con varias otras de la calle, fue derribada para construir nuevas urbanizaciones. No consta que en las viviendas modernas, se hayan producido apariciones de ningún tipo, así que todo parece indicar que, tras haberse mudado de propiedad para seguir penando por el mundo de los vivos, el fantasma no se sintió cómodo con la moderna arquitectura y dio por terminadas sus rondas por este plano existencial. Una auténtica pena.

— Via Creepypastas

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