El convento encantado de Olivenza

Asesinos del Zodiaco
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Golpes, cánticos, pasos, voces y misteriosas apariciones, son solamente algunos de los fenómenos extraños que se dan en el antiguo Convento de las Clarisas de Olivenza, en la provincia de Badajoz. Un lugar encantado cuya historia está teñida de sangre y que, hasta hace poco, albergaba la Escuela Regional de Teatro y Danza.

La historia de este inmueble comienza en el siglo XVI cuando Leonor Velha, una dama de la alta burguesía extremeña decide invertir sus bienes en la construcción de un convento de monjas en esta localidad. Las Hermanas Clarisas, que estuvieron al frente del monasterio durante un periodo breve de tiempo debido a la Guerra de Restauración, dieron paso a los monjes hospitalarios de la Orden de San Juan de Dios, que convirtieron el edificio en un Hospital Militar. Durante un tiempo, los soldados enfermos que morían y eran enterrados en el mismo convento, fueron los protagonistas de esta tenebrosa historia. Por si esto fuera poco, la Guerra Civil convirtió el convento en un cuartel de la Guardia Civil, donde fusilaban a personas diariamente.

Con el paso de los años, el convento San Juan de Dios se restauró para albergar la Escuela de Teatro y de Danza de Extremadura. No es de extrañar que, durante la reforma, salieran a la luz multitud de cadáveres enterrados y emparedados. Tampoco es de extrañar que, a raíz de estos episodios y, tras la inauguración de la escuela, numerosos alumnos y algún profesor, comenzaran a ser testigos de fenómenos extraños.

Parece ser que las aulas de ensayo eran los escenarios preferidos para que estos fenómenos extraños hicieran acto de presencia. Entre ellos, un reloj que siempre se detenía a la misma hora; sombras y extrañas apariciones en forma de inquietantes figuras que vagaban por los pasillos; la voz de una soprano y el sonido de un órgano inexistentes; el llanto de un niño que no aparecía por ningún lado.

Según el testimonio de Ángeles Saavedra, administrativa de la escuela de arte: “Yo me asomaba a la puerta del aula y no había nada pero notaba que pasaban sombras”. “A veces llamaban a la puerta y cuando abríamos allí no había nadie”.

Una vez mientras una de las profesoras preparabas una obra titulada “El espíritu no puede morir”, escucharon perfectamente el sonido de un piano tocando a las tres de la madrugada en una sala en la que no había absolutamente nadie.

La aparición de sombras era constante así como las ráfagas de aire que parecían acariciar el cabello de algunas de las testigos.

Maite Vallecillo, antigua profesora de la escuela, afirma que cada vez que iba a dar clase se sentía cansada lo que la hizo perder peso y vitalidad. A veces según su testimonio, mientras impartía clase con la puerta abierta veía seres, gente que estaba en el pasillo y que ella veía por la puerta.

Sin duda, un lugar encantado que ahora está a la espera de convertirse en una Hospedería, y cuya visita espero que no te deje indiferente.

— Via Creepypastas

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