El caso de Skittles

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Internet. Se dice que es tan grande como la humanidad misma, se dice que posee información de absolutamente cualquier tema, se cree que alberga contenido de absolutamente todo tipo, e incluso que entre sus millones de enlaces, aloja secretos turbios y oscuros que cambiarían por completo nuestro modo de ver al mundo. ¿Por qué a diferencia de otros medios de comunicación el internet es tan extenso y peligroso? Muy simple, lo que lo difiere de cualquier otro medio, es que este no posee ningún tipo de restricción. Es de muy fácil acceso, y a diferencia de la TV o la radio, no existen reglas que te impidan subir o descargar el contenido que te plazca, así se trate de algo ilícito, grotesco o violento.

Internet también es la manera más fácil y rápida de conocer gente. Existen millones de usuarios como tu y yo conectados en estos momentos, y seguramente muchos de ellos estarían dispuestos a entablar una conversación contigo si lo propones. El tema de los “cyber amigos” siempre ha sido otra de las causas que hace tan polémico esto del internet, pues así como pueden ser quienes dicen ser, pueden engañarte y ser alguien muy diferente, pueden tener buenas intenciones o las peores intenciones, puede ser tu vecino compañero de clase que no conocías, así como también puede ser alguien que se encuentre al otro lado del planeta. Formar amistad con estas personas lejanas de las cuales conoces poco o nada, puede ser sumamente arriesgado, ya que usuarios de todo tipo utilizan la web, incluso entre estos, algunos que carecen de cordura.

En esta ocasión contaré la historia de un caso muy particular de una amiga a la distancia, la cual se comunicaba no a través de un perfil o cuenta de usuario, sino desde una página. No hace falta entrar a la Deep Web para hallarla, puesto que nuestra historia comienza en uno de los sitios más famosos de la web: Facebook.

Carlos Serrano, era un abogado. Un hombre de más de 30 años, robusto, serio y muy formal. Sin embargo la gente que lo conocía, ignoraba un gran secreto, que él vivía ocultando. Carlos, a pesar de ser un hombre adulto, tenía una fijación terrible por las adolescentes. El muy asqueroso, solía observar a las más jovencitas, detrás de las mallas de las escuelas, mientras estaban en la clase de educación física. Desgraciadamente los pocos amigos que este aborrecible sujeto tenía, compartían la misma afición que el. Incluso, había ocasiones en las que se reunían para conversar de este tema y buscar pornografía en línea, aunque fuera difícil hallar algo como lo que buscaban.

Desesperado de encontrar algo para satisfacer su abominable lujuria, Carlos recurrió a preguntar en un foro si alguien sabía donde podría ver o inclusive comprar el tipo de pornografía que el quería. Un usuario respondió al instante y dejó un enlace de una página de Facebook. Escribió que para obtener lo que quería tenía que mandar un mensaje a la página y posteriormente hablar con la persona que le respondiera. Carlos agradeció e ingresó contento a la página, sin saber que estaba siendo víctima de una cruel broma del usuario que le había respondido, y que lo estaba por convertir, en parte de una de las más extrañas y menos conocidas leyendas urbanas de la web. La página, llamada “Candy Secrets”, era muy pobre y abandonada. Las últimas publicaciones eran de hace meses, y tenía menos de 100 seguidores. Carlos, dispuesto a conseguir su objetivo, escribió saludando al propietario de la página. A los pocos minutos llegó la respuesta, y poco a poco, se formó una larga conversación. Carlos le preguntó a la persona tras el monitor si le podía mandar una foto suya. El usuario accedió, y la foto que le llegó a Carlos, lo dejó con ganas de más. En la foto se podía apreciar a una bella jovencita que encendió en Carlos el deseo de querer verla. Él le preguntó cuando podría encontrarla (desde luego se traía oscuras intenciones entre manos), y ella le respondió que le daría la dirección de su domicilio, con la condición de que recomendara la página a sus amigos. Carlos accedió emocionado, y quedaron en encontrarse esa misma noche. La chica le dio una dirección muy extraña. Supuestamente el encuentro se realizaría en un edificio en las cercanías de un bosquecillo, casi saliendo de la ciudad.

Carlos, llegó apresurado a su destino, y al llegar a aquel inmenso y lúgubre edificio un dejo de picardía lo retuvo en la entrada. El recepcionista tenía cara de pocos amigos, y muy pocas luces estaban encendidas en los departamentos… Como si nadie viviera allí. Estaba a punto de ingresar, cuando vio una silueta correr por un costado. Lleno de curiosidad la siguió hasta un oscuro callejón entre este edificio y otro. El lugar apestaba, pues había un gran contenedor de basura y mucha suciedad en el piso y las paredes. Habían también unas pequeñas gradas que conducían hacia una puerta metálica, aparentemente la salida trasera de dicho edificio. Carlos estaba por marcharse, cuando oyó a sus espaldas como la puerta metálica se abrió. Al voltear, se encontró con la imagen de sus fantasías: Una bella quinceañera que lo observaba con sonrisa pícara. Era ella, la chica con la que habló en la página.

Ella lo invitó a pasar a su departamento, y que no se preocupara por sus padres, que habían viajado. Carlos entró con ella al edificio, sin importarle cuán horroroso sería el crimen que se disponía a cometer y sin importarle las consecuencias que este podría conllevar. Aquella noche, fue la última vez que se supo algo sobre Carlos Serrano. Durante las próximas dos semanas, el hombre fue buscado por la policía y por todos sus conocidos. Lo último que se conocía de él, era que se había dirigido al bosquecillo. La policía interrogó, uno a uno, a todos los habitantes de aquel viejo y desértico edificio. Ninguno de ellos afirmó haber visto a Carlos esa noche. Pasaron los días y casi todos perdieron la esperanza de volver a verlo, e incluso la policía detuvo su búsqueda y lo declararon muerto. José, el amigo inseparable de Carlos, aún insistía y perseveraba. Quería encontrarlo, quería saber qué había ocurrido; por lo que una tarde, se dispuso a ir el sólo al bosquecillo. Llevó lo necesario, y estuvo por más de dos horas buscando a Carlos. Ya oscurecía y el frío era intenso, cuando José estaba por rendirse y marcharse del tétrico lugar, oyó una voz a lo lejos, que gritando, lo llamaba por su nombre. José logró divisar una silueta camuflada entre los troncos y tocones secos de los árboles.

-!Oye Carlos! ¿Eres tu?-

Gritó José, esperando que dicho cuerpo lejano respondiera con la voz de su amigo íntimo, y le otorgara ese sentimiento de tranquilidad que durante aquellos días no había logrado conseguir.

  • ¿Carlos?-

Insistió una vez más, con un leve toque de desesperanza bastante notorio en su quebradiza voz.

  • ¡José!!José, hermano! ¿Has venido por mi?-

Escuchó decir entre ecos al desaparecido. Entonces corrió con desesperación hacia la silueta que parecía desvanecerse entre la neblina, desaparecer en el ocaso.

-!Carlos¡, ¡Aguanta un poco que voy por ti!-

Vociferó a todo pulmón, mientras corría agitado, con toda la certeza de haber hallado con vida a su viejo compañero. Pero lo que vio al llegar al supuesto punto de encuentro, fue lo último que esperaba ver. Halló a Carlos, si; pero colgado atrozmente con una dura soga desgastada, en una gruesa rama de roble, a poca altura del suelo. El cadáver del pervertido, colgaba ya casi putrefacto y apestaba tanto, que una nube de moscas y otros insectos alados, lo rodeaba. Al ver tan terrible final que había condenado a Carlos, José sin aún poder contenerse por el temor y la sorpresa, contactó de inmediato a la policía.

Los días pasaron, y a pesar de que Carlos tuvo un entierro digno gracias a su fiel amigo, José no quedaba satisfecho con tal resultado, que era a su parecer un final inconcluso, un final abierto que el quería cerrar. Encontrar al asesino, no era tarea fácil; descubrir la causa de la muerte de Carlos y el porque se encontraba colgado de un árbol, tampoco lo era. Pero la curiosidad de José era incesante y no se rendiría hasta resolver por sí mismo el caso. Las investigaciones de la policía fueron inútiles y no llevaron a ninguna parte; casi todos se conformaron con ello, todos excepto José. Después del funeral y entierro de Carlos, su departamento fue desamueblado, y sus objetos personales fueron repartidos entre sus seres más cercanos y queridos.

José insistió para quedarse con la computadora portátil de su amigo. Como se trataba de una obsoleta Dell que aún utilizaba el sistema operativo Windows XP, nadie tuvo problema en que el se la quedara. Pero lo que José en verdad quería, no era la máquina, sino la valiosa información que encontraría en esta. Al encenderla, lo primero que buscó fueron los documentos e imágenes, pero no encontró nada más que asuntos de su trabajo. Luego conectó la máquina a internet, y comenzó a husmear el historial del difunto. Encontró páginas pornográficas, algunos asuntos de Interés en Taringa, y una página de Facebook titulada “Candy Secrets”; esto último llamó su atención. Al ingresar a la página desde el Facebook de Carlos (cuya sesión estaba abierta) leyó la conversación que tuvieron Carlos y la supuesta administradora de la página. Vio la foto de la jovencita, la cual era a su parecer, sumamente bella y atractiva. Al ver la dirección que esta muchacha había enviado, la anotó y se propuso ir al lugar de los hechos.

Esa noche, José fue al edificio, que como siempre estaba vacío y silencioso. Se acercó para hablar con el recepcionista, preguntando si vivía alguna familia con una hija adolescente en algún departamento.

El hombre negó muy seguro y serio, tanto así que era lo suficientemente convincente para cualquiera, pero no para José; quien decidió aventurarse, ingresando por los pasillos del edificio. El lugar era tétrico y oscuro; daba la sensación de que había alguien vigilando a cada paso y eso estremecía a José. Se detuvo repentinamente delante de un puerta, al escuchar que detrás de esta, alguien reía entre susurros y con ligera perspicacia. Tocó un par de veces la puerta, pero nadie abría.

José quería retirarse pero sabía que si lo hacía, el misterio de la muerte de Carlos seguiría siendo eso, un misterio. Se armó de valor, y aunque bastante inseguro, giró la perilla y abrió la puerta. Se asomó lento y asustado a observar el interior de lo que al parecer era un departamento cualquiera. Estaba muy oscuro como para ver algún interruptor, y la única luz que había provenía de una gran ventana que dejaba ver un paisaje perfecto de toda la ciudad y de una parte del bosquecillo. José entró a paso sigiloso palpando las paredes por si hallaba forma de encender alguna luz; caminaba temeroso por lo que fuera a encontrar ahí adentro, iluminando apenas con una débil linterna de luz blanca. Con su escasa luz, logró divisar perlas de bisutería regadas en el piso; dirigiendo la iluminación hacia una mesa, pudo observar deliciosas golosinas y manjares dulces en esta. Estaba tan hambriento, que cogió un pequeño trozo de pastel que estaba dispuesto a comer, cuando oyó como la puerta cerró de un fuerte azote. El pánico se apoderó de el, y olvidando el deseo de saciar su apetito, corrió hacia la puerta y la golpeó histérico, gritando por ayuda.

  • ¿Tan temprano y ya te vas?-

Preguntó una voz dulce y ligeramente infantil detrás suyo. José se volteó y apuntó a todas partes con la linterna, buscando a la persona que le había hablado. No pudo encontrar a nadie, hasta que la volvió a oír.

  • ¿Qué pasa que aún no me encuentras?-

Cuando iluminó en el sofá, vio un medio rostro de piel pálida. Sus ojos brillaban a pesar de no ser del todo visibles, escondidos en la oscuridad. La luz blanca sólo permitía ver parte de una pequeña nariz, una mejillas levemente ruborizadas y unos apetecibles y carnosos labios color rosa. José estaba impresionado, pero no se atrevía a iluminar al resto de ese desconocido ser por temor a encontrarse con algo terrible. La lámpara junto al sofá fue encendida y a su lado lo miraba sentada una bella muchacha. Una adolescente de exquisita belleza, que era demasiado niña para ser una mujer, y demasiado mujer para ser una niña. Era precisamente la personificación misma de la dulzura, la inocencia y la lujuria. José recordó haber visto a la muchacha en la foto mandada en esa extraña conversación.

En la foto ella lucía muy linda, pero en persona era verdaderamente divina. Llevaba puesta una minifalda rosa tableada a juego con unas medias bucaneras grises adornadas con moños rosados cerca de los muslos, una blusa negra apretada llena de brillantes en el pecho, un canguro blanco con capucha, unos zapatos sneakers negros y una llamativa vincha con una moña de encaje fucsia a un costado de su cabeza. José, a pesar de no tener la misma degeneración que su amigo, compartía de cierta forma la afición por las más jóvenes, y al verla no pudo evitar desearla.

  • Hola-

Saludó ella muy amigable, poniéndose de pie, y dejando a José, una buena vista de su esbelta figura.

  • ¿Qué tal?-

Saludó José sin dejar de verla.

  • Es inusual encontrarte aquí, es mi departamento ¿quien te pudo haber traído?-

Inquirió ella con cierto desdén.

  • Eso no importa, además lo extraño es que tu vivas sola aquí ¿dónde están tus padres?-

  • Ellos están de viaje-

  • ¿y te dejaron sola? Es bastante raro-

  • Ya que ¿que haces tu en mi departamento?

  • Bueno, pues esto pasa si le das tu dirección a cualquiera-

Ella simplemente calló y sonrió tenuemente sonrojada por un instante.

  • Ya veo, ¿y a que te dedicas?-

  • Que curiosa ¿para qué quieres saber?-

Entonces la chica cambió de tema rápidamente, como si la reacción de José la hubiese incomodado.

  • ¿Quieres ver las joyas que hice?-

José recordó todas esas cuentas regadas en el piso, y pensó que después de todo no había nada raro en ello.

  • Esta bien-

Ella lo invitó a pasar a su habitación, en la cual se exhibían sus trabajos. José vio que la chica era talentosa, pues había confeccionado un sinfín de accesorios con hebras plásticas y hermosas cuentas coloridas. Mientras observaba las joyas, sintió un olor extraño al acercarse al armario. Un olor asqueroso, un hedor a putrefacción. Al principio José no quiso mencionarlo, pero era un olor tan desagradable que terminó dejando a un lado su educación.

  • ¿Qué es ese olor?-

  • Yo no huelo nada-

  • Pero si huele horrible-

Insistió José, pero ella volvió a negarse y se interpuso delante del armario. Comenzó a mirarlo de una manera distinta, como si con la mirada buscara despertar algo que en el fondo el quería. Ambos se entendieron de inmediato, y ella comenzó a provocarlo, llena de lujuria; se despojó del canguro blanco y acarició las mejillas de José que se ruborizaban y encandecían más con cada caricia de sus delicadas manos. El la agarró de la cintura, se inclinó hacia ella y la acercó para besarla apasionadamente, y ella no puso resistencia, hasta que José sintió una fuerte y dolorosa punzada en la espalda, la cual después de herirlo consiguió adormecerlo de repente hasta dejarlo inconsciente en el suelo. Tras un par de horas de sueño profundo, José recuperó la conciencia y despertó con la seguridad de que todo había sido solamente un mal sueño. Pero al abrir bien los ojos, no sólo vio que aún estaba en ese vacío y desordenado departamento, sino que también se encontraba maniatado y encadenado a una pared. Su susto se agravó cuando vio que aquel armario estaba abierto y en su interior podían apreciarse miembros mutilados entre brazos, piernas, cabezas y torsos que ya se encontraban podridos. José se aterró y se sacudió en un intento desesperado por liberarse. Mientras el luchaba contra las sogas y las cadenas que lo tenían preso, ella entró y sonrió al verlo; de pronto el supo que todo había sido obra de la hermosa muchacha.

  • ¿Qué me has hecho?, ¿qué quieres de mi?-

Dijo José molesto y a la vez suplicante sin dejar de observar asustado y asqueado aquella grotesca pila de cadáveres despedazados.

  • Calma, esto es tan sólo el principio-

Afirmó ella toda segura y con una sonrisa serena, consiguiendo poner aún más histérico a su prisionero.

  • ¡Suéltame loca!-

Pero ella hizo como si no lo escuchara. Se acercó a él, abrió uno a uno los botones de su camisa sin que el pudiera detenerla, acarició con suavidad su vientre, y lo miró al rostro con malicia.

  • Un hombre adulto, tan patético y miserable, que busca intimar con una chiquilla inmadura, pero cuánto asco y lástima me das-

Dijo sin dejar de acariciarlo, a la vez que José lloraba asustado escuchando dichas afirmaciones, consciente de que eran ciertas, y de que algo terrible le esperaba por ello.

  • Pero no te preocupes, aún tenemos toda la noche para jugar-

Añadió la chica, extrayendo de uno de sus bolsillos una navaja pequeña. José al ver el afilado instrumento tartamudeó nervioso y aterrado.

  • ¿C-cómo pasó esto…?

Ella le enseñó un dardo calmante para animales, de esos que son utilizados en los zoológicos. Se lo había hundido en la espalda mientras el intentaba besarla.

  • Y ahora que todo está aclarado, comenzamos el juego-

Rió de forma traviesa mientras hundía la navaja en su vientre. José gritó al sentir el intenso dolor, pero no contaba con que era tan sólo el inicio. Acto seguido ella dibujó una equis en el cuerpo del hombre que rogaba por su vida, totalmente fuera de si. Con la herida en el abdomen y sangrando a borbotones, la sádica chica contemplaba su obra contenta, y aún tenía más planes. Insertó una aguja en un grueso hilo plástico para bisutería, y con este empezó a suturar la herida hecha por sus propias manos. Cada puntada era decorada por una pequeña mostacilla de color al mismo tiempo que la aguja salía y entraba atravesando la piel y la carne, lo cual para José era un insoportable suplicio. Mientras lo hacía, la sangrienta chica sostenía varias agujas entre sus dientes.

  • Solía ir a la escuela, vivía con mis padres y ellos consentían todos mis caprichos, hasta que un día no me obedecieron y yo me fui-

Relataba tranquila uniendo las carnes desgarradas de José.

  • Mis amigos me llaman Skittles, tu también puedes decirme así si quieres, me encantan esos dulces-

José escuchaba a pesar de la tortura que su cuerpo experimentaba en ese instante. Finalmente quedó un tétrico bordado de perlas, de cuyas costuras brotaba sangre

  • Creo que aún está muy aburrido, requiere más adornos-

Dijo ella riendo, y sacando de sus bolsillos, diminutos ganchos imperdibles de vivos colores metálicos. Comenzó a clavar y cerrar los pequeños imperdibles en la piel de su víctima, le clavó lo adornitos en la piel de su rostro, brazos, manos y pies, fascinada con cada pequeña herida creada por sus utensilios. José quedó en agonía absoluta, sólo esperando que la muerte llegara y todo ese dolor terminara. Skittles salió del cuarto, no sin antes dejar una cámara digital robada filmando los últimos minutos de vida de su torturada víctima.

El video filmado con la escasa batería de la cámara, mostraba a un hombre torturado llorando y lamentándose en un silencio profundo durante más de cinco minutos. Cuando el ya esta muerto, entra una adolescente que posa junto al cadáver y se toma un autorretrato junto a este, usando un dispositivo móvil. Existen rumores de que días después del hecho, el edificio donde ocurrió todo fue abandonado por casi todos sus habitantes sin que estos se enteraran de lo ocurrido, y que nadie se tomó la molestia de ver lo que había en aquel departamento siempre cerrado que aparentemente estaba habitado. Pasado bastante tiempo (por lo menos un año) unos jóvenes universitarios amigos de un chico que vivía en el edificio entraron al departamento y ante tan terribles hallazgos de cadáveres podridos, esqueletos y manchas de sangre en el piso, llamaron a la policía para que se realizara una investigación. Uno de ellos recogió la cámara y sé la llevó. Al cargarla y ver su contenido que era únicamente este video, sintió gran temor pero prefirió no contárselo a nadie, simplemente subió el video a la red, con el nombre de Skittles.DVCAM; un video mórbido cuyas escenas inspiraron a bautizarlo con ese nombre, aún para quienes no supieran quién era ella. El video estuvo en internet durante pocos días, pues al ser tan violento fue eliminado, aunque se dice que un hacker que logró descargarlo antes de que fuese borrado, lo subió a la Deep Web.

Este caso lo leí reiteradas veces en diversos foros, incluso leí testimonios de quienes afirman haber tenido alguna experiencia o haber visto a Skittles. Yo aún dudo de su existencia, y para aclarar mis dudas es que quiero encontrar ese video. Algunos dicen que es sólo un mito, otros dicen que es un demonio, pero la teoría más aceptada es que Skittles en verdad, era una niña caprichosa y soberbia que abandonó a su familia para dedicarse al asesinato de hombres adultos aprovechando su belleza, valiéndose de robar comida, del dinero de quienes mataba, y claro pues le fue bien, ya las personas que afirman haberla visto dicen que siempre lucía bella y distinguida; pues es verdad que no tenía un hogar, pero si tenía una sed de sangre imparable, una gran frialdad y la suficiente astucia para conseguir el dinero necesario para mantenerse, además de divertirse torturando.

De cualquier modo, no importa cual sea el caso de Skittles, lo importante es evitarla a toda costa.

— Via Creepypastas

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