White death

Era un frío viernes de invierno, los copos de nieve caían cual gotas de lluvia.Yo me dirigía de regreso hacia mi casa. Ese día había trabajado mucho y estaba cansado, tan solo quería acostarme y dormir un poco. Luego de varias horas de viaje en el autobús finalmente lleguéa mi vecindario, le paguéal chófer 50 dólares y me bajédel bus.Mis zapatos chocaban contra el cemento mientras varias gotas de sudor se deslizaban por mi cara, otro día aburrido y vació en mi vida;la verdad es que vivía solo, no tenía pareja, ni hijos.
White death

Era un frío viernes de invierno, los copos de nieve caían cual gotas de lluvia.Yo me dirigía de regreso hacia mi casa. Ese día había trabajado mucho y estaba cansado, tan solo quería acostarme y dormir un poco. Luego de varias horas de viaje en el autobús finalmente lleguéa mi vecindario, le paguéal chófer 50 dólares y me bajédel bus.Mis zapatos chocaban contra el cemento mientras varias gotas de sudor se deslizaban por mi cara, otro día aburrido y vació en mi vida;la verdad es que vivía solo, no tenía pareja, ni hijos.Vivía simplemente por vivir. Mientras caminaba hacia mi casa, el hombro de una persona chocócontra el mío, estaba tan estresado que ese simple accidente fue el detonante para desatar mi rabia, así que me desquite empujando al piso a esa persona a la cual no alcancéa mirar al rostro, y le gritémuy furioso:

-¿¡Estás ciego o qué!? ¡Hijo de perra!

Sin querer llaméla atención de las demás personas que estaban allí.Me miraron con desdén y,honestamente, no los culpo, aquel sujeto no dijo nada.De hecho parecía que estaba temblando, solo alcance a ver que era un encapuchado con suéter negro.Me di la vuelta furioso, caminéy, a la vez, reflexionéde mi cruel actitud.Me sentí arrepentido, actué como un idiota.Megirépara pedirle disculpas a la persona que literalmente maltratéy tratar de aclarar las cosas, pero, cuando lo hice,el sujeto de capucha oscura ya no estaba. Ya había oscurecido cuando me encontraba en mi casa sumido en un sueño profundo y cálido. Recuerdos pasabancomo borrosas imágenes en mi mente, solo sentía paz y tranquilidad, me sentía como en mi propio paraíso… "

Toc, toc, toc", se escuchó. Me desperté,alguien tocaba la puerta, ¿quién tocaría en plena media noche? Parpadeévarias veces y tratéde escuchar de nuevo para comprobar si solo era mi imaginación, pero nuevamente se escuchó aquel sonido.Pensé en simplemente ignorarlo pero persistió, una y otra vez, no iba detenerse.

Me levantéde mi cama algo frustrado, bajélas escaleras, toméuna afilada navaja por si acaso era algún delincuente,bueno, yo era bastante paranoicoa decir verdad. Me dirigí hacia la puerta de la sala principal, y, cuando justo iba a mirar por el agujero, esta fue tumbada de la nada por una fuerte patada.Retrocedí por el impacto y caí al piso. Estaba temblando y mi corazón palpitaba como nunca. Apreté tan fuerte mi navaja que mis nudillos se pusieron pálidos como el mármol, vi quien era el acechador, ¡era la misma persona con capucha y suéter negro al cual había empujado y humillado! Recién noté sus curvas, busto y la falda de color roja o rosa que llevaba. Era una chica.

La capucha tenía dos pedazos de tela que tenían la forma de orejasde conejo, el suéter estaba empapado de sangre, en el hombro traía la cabeza degollada de un conejo, tenía algo que le cubría la cara era como un cubrebocas negro, sus ojostenían un brillante tono carmesí que contrastaba con elentorno.Aquellos ojos sesentían como si me arrebataran lentamente todas mis energías,no, peor aún, mi alma.

Su piel era más pálida que los copos de nieve de estas fechas invernales al igual que su flequillo, cejas y largas pestañas, yo me quedéparalizado del temor y pavor que sentía. Se acercó lenta y tenebrosamente hacia mí, caminaba encorvada y cojeando, además tambaleaba por cada paso que daba.Me levantédel piso y tratéde defendermecon mi navaja, pero algo me detuvo;una extraña energía hizo que no pudiera seguir andando.Puse todas mis fuerzas para moverme, pero no resultó.Ella me miraba con unos ojos gélidos y a la vez sádicos. Alzósu mano con velocidad y, al hacerlo, yo rápidamente salí disparadohaciala pared izquierdade la habitación, choquéy caí al suelo. Se acercósigilosamente hacia mí, yo estaba débil, no podía hacer nada;fue ahí cuando me di cuenta de que a parte de esas habilidades extrañas que ese la chicaposeía,también traía una moto sierra la cual sujetaba con sus manos.Mi cuerpo se levantó involuntariamenterespondiendo nuevamente al movimiento de sus manos, ¡de alguna forma me hizo levitar!. Tomósu moto arma mortaly la encendió, escuchéa la misma muerte aproximándose.

-¿Quieresprobar la muerte?- Me susurróella con una voz grave y espeluznante.

_S_entí un dolor inimaginable en mi estómago, la cuchilla de la motosierra me atravesaba lentamente, mi cuerpo se puso rígido.Caí nuevamente al piso rodeado de un charco de mi propia sangre, mi visión se volvió totalmente borrosa. Mis entrañas bañaban la sala de mi casa, mi mundo empezó a girar. Lo último que mis ojos captaron, fue a esa chica soltando su armadespavorida y agitada, se sacóla máscara cubre bocas y pude ver detalladamente su bello rostro con algunas cicatrices, llorando desconsolada y desesperada.Pude notar quesu mirada ya habíacambiado, ya no sentía esa esencia terrorífica en ella, sus ojos carmín ahora eran de un lila y todo en ella se había transformado.

-_¡¡Lo he hecho otra vez, lo he hecho otra vez!!-_Escuchésus desgarradores gritos y lamentos llenos de desesperación.

Note también que hasta el timbre de su voz había cambiado. Me percaté deque, entre sollozos y lágrimas,ella se gritaba y maldecía a si misma,no,le gritaba a algo o alguien más. Yo no comprendía nada, pero mi corazón poco a poco dejaba de palpitar.

-Creo que a fin de cuentas me lo merezco… lo lamento y… gracias por acabar ya con mi vida tan miserable…- Sonreí, eso fue lo último que pensé antes de que mi mundo se entumeciera y diera mi ultimo suspiro.

Luego de que yo muriera, esa chica sacó su teléfono y llamó a la policía:

-¡Alo, Buenas Noches! Usted ha contactado al 991 ¿En qué podemos ayudarlo?

-¡¡He vuelto a hacerlo, he vuelto a hacerlo!! ¡¡Ayuden a este hombre, por favor!! -Señorita cálmese…

-¡¡Creo que lo maté, lo maté, lo maté!! ¡¡No puedo controlarme!! ¡¡Ese monstruo me obliga a matar!! ¡¡No quiero dañar a nadie más!! ¡¡Quiero acabar con mi vida pero cada vez que lo intento esa cosa me lo impide!! -Señorita aguarde y cálmese. ¿Dónde está?, ¿qué pasa?, ¿cómo se llama?, explíquese bien…

Solo hubo silencio.

-¿Aló?,¿aló? ¿Señorita, estáahí?

Solo se escuchóel tarareo de una melodía, era una canción infantil de un juego tradicional japonés conocido como _“Kagome, Kagome”._Y luego empezó cantarla en su idioma original por varios malditos segundos sin cesar, repitiendo una y otra vez. Mientras cantaba la canción la voz se iba distorsionando poco a poco y todo mientras soltaba varias risitas escalofriantes que perturbaron a la mujer que atendía al otro lado de la línea. -“¿Aló?, ¿aló?… ¿Hola?Responda por favor.

-Ushiro no shoumen daare? ♪〰

Si no entendiste el verso final de la canción, es una simple pregunta; que al traducirlo al españolsignifica:

“Dime… ¿quién se encuentra detrás de ti?”.

Unas semanas después en las noticias se reportóque una mujer de 25 años de ascendencia africana había sido encontrada muerta.Se llamada Katy Watsony trabajaba como operadora de central de emergencias.Causa de su fallecimiento: homicidio,¿quién lo hizo? Aún nadie lo sabe. Pero lo que sí informó el noticiero es que al lado de su cadáver en la pared estaba escrito con la misma sangre de la víctima, una frase escrita con una caligrafía con estilo muy gótico y era muy terrorífica; era una oración interrogante. Decía: “¿Do you want to try death?”.

Que traducido al español sería…

"¿Quieres probar la muerte?"…

__ — Via Creepypastas