Sussy

Encontré este diario cuando fui con mi padre a ayudarle a mi hermano a mudarse a su nueva casa, la cual estaba al pie de un fraccionamiento llamado Los Ojitos, a las afueras de Juárez, no muy lejos de nuestra casa. La propiedad estaba muy bien cuidada; no goteras ni fugas ni ventanas rotas. Una ligera capa de polvo cubría el interior de la casa, pero fuera de eso todo estaba perfectamente cuidado.
Sussy

Encontré este diario cuando fui con mi padre a ayudarle a mi hermano a mudarse a su nueva casa, la cual estaba al pie de un fraccionamiento llamado Los Ojitos, a las afueras de Juárez, no muy lejos de nuestra casa. La propiedad estaba muy bien cuidada; no goteras ni fugas ni ventanas rotas. Una ligera capa de polvo cubría el interior de la casa, pero fuera de eso todo estaba perfectamente cuidado. Los dueños anteriores solamente habían dejado algunas cosas en la casa, dijeron que podíamos deshacernos de ellas.

Mi hermano se deshizo de casi todo, tan solo quedándose con una camita y unos peluches para su hija; yo, por mi parte, rescaté este diario, propiedad de la antigua dueña.

Me pareció muy extraño, pues algo como esto es demasiado íntimo, demasiado importante: no es algo que cualquiera dejaría atrás. Pensé que tal vez ya no tenía utilidad para la mujer, pero comencé a leerlo para estar seguro.

Lo entendí cuando lo leí: algo como esto no podía ser real, era imposible. No pienso relatarlo todo, tan solo las entradas que yo creo que son las más relevantes de esta crónica.

_ 13 de noviembre de 2009 _

Ayer fue el día más feliz de mi vida. Al fin conocí a mi beba. A las 10:00 PM me internaron y una eternidad de dolor después, estaba en mis brazos, pateando y llorando. Mi Luís no se apartó de mí ni un segundo: estoy tan orgullosa de él. Me dijo que yo era la mujer más valiente y fuerte que jamás había conocido. Yo le pedí que por favor fuera a la casa por ropa limpia, algo para maquillarme y mi diario mientras yo reposaba para recuperar mis fuerzas; ya no podía esperar para hacer esta entra. Mi Lucía ya está en este mundo.

_ 30 de julio de 2011 _

Hoy tuve una terrible discusión con mi hermana, Elena. Su monstruito dejó caer a mi Lucía de cabeza en el concreto porque insiste en cargarla. Le quedó un chichón gigante, y no paró de llorar en casi media hora. Mi hermana intentó argumentar que fue un accidente y que tan solo eran niños, pero para ella es fácil decir eso; su hijo es un gigantón al que mi hija jamás podría hacerle lo mismo. Le dije que si esto puede volverle a pasar a mi hija y no a su hijo, entonces ya no quería que se le acercara.

_ 21 de enero de 2013 _

Hoy llevé a mi hija al parquecito que está en la presa detrás de nuestra casa. Luís insistió en que tenía que sacarla más de la casa, que tenía que convivir más con pequeños de su edad. Yo lo hice, pero el parque está casi desértico y en muy malas condiciones. Tan solo tuve a Lucía paseando un rato en los columpios y le aparecieron muchos piquetes de mosquito en las piernas. ¿Qué mamá en su sano juicio permitiría que sus hijos se expusieran a este tipo de ambiente? Además hacía un calor horrible y la presa emanaba un hedor espantoso a aguas sucias, que, combinado con el panorama, hacía de este lugar inhóspito. No aguanté más que quince minutos antes de llevarme a mi hija, sin importarme el berrinche que me hizo porque quería quedarse a jugar. Dudo que los niños fueran a jugar a ese parque, y en caso de que lo hicieran serían unos sucios y contagiosos peleles, en cuyo caso tampoco les permitiría jugar con mi hija.

_ 15 de noviembre del 2013 _

Hoy fue la fiesta de cumpleaños de mi hija. Vinieron sus primos de Chicago y por más que traté, ella no quiso entablar amistad con ellos y siguió festejando su cumpleaños a su manera con su nueva amiguita imaginaria, una tal Sussy. Espero que ahora que Luís vio que lo intenté, deje de echarme a mí la culpa de lo poco social que es nuestra hija y acepte que cuatro años es demasiado pronto para comenzar a preocuparse de si quiere ella tener amigos reales o en su mente. Ya habrá tiempo para eso cuando esté en la escuela.

_ 27 de diciembre de 2013 _

Esta tarde yo y Luís volvimos a tener esa discusión sobre Lucía y sus invenciones. ¡Ya no entiendo que es lo que quiere! Me dice que mi hija debe salir más, pasar más tiempo al exterior, jugando en la arena, paseando en su bici. Le ofreció comprarle un perrito, un saco de pulgas, infecciones y popo; ya que prefería que su hija anduviera acompañada por algo real y no una amiga imaginaria. No tuve necesidad de recordarle que me había prometido nada de animales en esta casa, pues Lucía rechazó la mascota por iniciativa propia, porque que Sussy era alérgica a los animales, y odiaba el olor de sus popos (como cualquiera), y no quería espantarla.

No puedo creer que Luís sea tan cerrado como para no saber lo común que resulta en niños de esa edad echar a volar su imaginación en una infinidad de maneras. Algunos crean mundos imaginarios; otros, crean personas imaginarias. No tiene nada de raro. Además, esa tal Sussy no puede ser tan mala: mi hija no deja de hablar de ella, ha aprendido historias, se divierte mucho con su amiga.

El otro día, mientras yo hacía de comer, ella encendió el radio a todo volumen y se puso a cantar y bailar como loca con la canción favorita de Sussy, Why Can’t We Be Friends? y quería que yo me uniera al concierto. Si a eso no se le puede decir “ser feliz”, entonces no sé qué pueda serlo.''

_ 09 de febrero del 2014 _

Esta noche sucedió algo muy extraño: Lucía nos despertó a mí y a Luís a las 2:34 AM, porque sostenía un juego de palmas con Sussy. Ambos, yo y mi esposo, pudimos escuchar dos pares de palmas en ese momento, aunque sólo fue instantáneo. Nos pusimos a recapitular y concordamos en que un par se detuvo en cuanto encendimos la luz.

_ 12 de febrero de 2014 _

¡Volvió a ocurrir! Luís no estaba y yo estaba en la cocina. La radio se encendió a todo volumen casualmente en esa estación que reproducía la canción favorita de Sussy, la cual apenas empezaba. Busqué a Lucía para decirle que ya no lo volviera a hacer; la encontré bailando en la ducha, y no encontré gotas de agua o cualquier cosa que indicara que hubiera salido a encender la radio. ¿Cómo pasó? ¿Por qué pasó?

_ 28 de febrero del 2014 _

La situación con mi hija ha empeorado. Lo que en un principio era una fantasía hermosa que la llenaba de vida, ahora se ha convertido en un juego tenebroso que nos tiene aterrados a mí y mi esposo. Ya ni recuerdo como comenzó todo. Y tan solo unos meses atrás, todo era felicidad con nuestra hija. Quizá lo más alarmante es que ella sigue siendo feliz; no se da cuenta de todas las cosas de las que nosotros nos percatamos.

En los últimos días, he visto muchas cosas. Vi como una taza de plástico que Lucía le ofreció a Sussy mientras jugaba a la cocinita, se desplazaba de una orilla de la mesa a otra sin necesidad de que ella la tocara.

Casi puedo jurar que la vi una noche bailando sobre la cama de mi hija, una silueta un poco más alta que mi hija. Bailaba sin poner los pies en el colchón. Pero en cuanto me incorporé me di cuenta de que no había nada.

Otra noche antes de que Luis llegara, Lucía discutía con ella por el peluche más grande. Le quité los ojos de encima por un segundo, y cuando la escuché gritando con más fuerza para que se lo devolviera, me volví y el peluche estaba flotando en círculos a un metro de ella. Grité y en ese momento, el peluche cayó al piso. Decidí llevarme a mi hija de la casa y le llamé a Luis para pedirle que fuera directamente a la casa de mi madre, donde lo estaría esperando. Ya no quería estar sola con mi propia hija.

Al estar abriendo la puerta, una fuerza invisible la empujó para volver a cerrarla. “Sussy no quiere que me vaya, mamá”, me dijo Lucía, lo que me puso los pelos de punta y me puso histérica. Volví a abrir la puerta y me la llevé.

_ 30 de febrero de 2014 _

Espero que esta determinación termine con la pesadilla. Yo y Luis hablamos con Lucía para convencerla de que ya no podía seguir viendo a su amiga Sussy, ya que ella no era real y que podía ser peligrosa. Como era de esperarse, ella no se lo tomó bien; pues, aunque últimamente había más diferencias entre ellas, seguía siendo su única amiga y la quería a su lado. Dijo muchas cosas que ella le había dicho. Que venía de la presa infecta que había detrás de nuestra casa, que ahí tenía su hogar y que quería que ella lo conociera… y que se quedara.

Nosotros tratamos de convencerla de que podría ir al parque cuantas veces quisiera, confiados en que ahí conocería más niños y se olvidaría de esta locura. (A estas alturas, yo aceptaría que sus amigos fueran los hijos de Osama, si esto la alejaba de ella). Le pedimos que dejara de hablarle, que la ignorara, que le compraríamos lo que quisiera siempre y cuando no le volviera a dirigir la palabra a Sussy. Ella demandó una mochila de Dora la Exploradora Parlante y una muñeca que cambia de vestido con un listón; nosotros accedimos y ella aceptó de buena gana que la lleváramos al centro comercial para comprárselos.

Volvimos a nuestra casa y esa noche no hubo incidentes. ¡Dios, por favor! Que sea así, que no se vuelva a repetir.

_ 06 de marzo de 2014 _

¡Que Dios me ampare! Mi hija, mi adorada hijita Lucía ha desaparecido. Ayer en la noche se acostó a dormir, y aproximadamente a la una de la madrugada que me despertó el viento que se metía por la puerta abierta, vi que su cama estaba vacía. ¡Que el Señor me de fuerzas para sobrellevar este terrible momento! Dimos aviso a las autoridades y fuimos directamente a la presa. Inmediatamente identificamos la muñeca que le habíamos comprado; estaba atorada en una varilla del desagüe por donde caía toda el agua de la presa hacia el sistema de drenaje. Luis se arrojó a las aguas negras a buscarla y poco le faltó para arrojarse por el desagüe en su búsqueda; sólo porque le supliqué que no lo hiciera. Llamamos a las autoridades sanitarias y a la JMAS, quienes iniciaron una búsqueda por todo el sistema de acueductos a la redonda.

Sentí un rayo de esperanza al saber que nadie había encontrado nada en ninguna sección del sistema de drenajes en los que ellos esperaban encontrarla, lo que daba lugar a la posibilidad de que hubiera decidido jugarnos una broma y estuviera en otra parte. Pude haberme aferrado a esa llama de esperanza para siempre…, pero un rescatista se encargó de sofocarla con el peor comentario posible.

“No sería la primera vez que se reporta que una niña cayó por este desagüe para nunca ser encontrada. ¿Recuerdan a Susana Días?”

Ya no sé ni qué hacer. He rezado constantemente, fui a la iglesia…, me puse a escribir en este diario con la ilusión de leerlo algún día junto con mi hija y mostrarle lo mucho que me asustó su desaparición. Pero poco a poco me fui desengañando a mí misma. Sé que es un intento desesperado por comunicarme con Susana Días, “Sussy”, para pedirle, rogarle, que me devuelva a mi hija, que no le haga nada. ¡Si hubiera algo que yo pudiera hacer para recuperarla! ¡Te doy mi vida si es lo que quieres! Si quieres algo más, ¡dímelo y yo te lo daré! Pero dame de vuelta a mi hija. Por favor…

_ 25 de marzo de 2014 _

Todo está perdido. No hace falta que conserve la esperanza. Ayer, después de las peores semanas de mi vida, supe que fue de mi hija. He escuchado su voz.

Era de noche. Estábamos yo y Luis en la cama cuando el radio se encendió. Esta vez, el volumen no estaba tan alto como para despertar a Luis pero lo suficientemente audible como para arrancarme de mi estupefacción inducida por pastillas para dormir. Esta vez, la canción que sonaba en la radio no era la de Why Can’t We Be Friends? sino la de Dora la Exploradora que la mochila de mi hija reproducía cuando oprimía un botón. La cancioncilla fue tan corta que terminó antes de que yo llegara a apagar el radio.

Me quedé ahí, escuchando el viento golpeteando la ventana de la casa, el ronroneo constante del Mini Split. Estos ruidos no podían cubrir el sonido que provenía de…

Caminé lentamente hacia el baño, entré a oscuras, seguí el sonido hasta la regadera, me incliné ante el desagüe y acerqué la cabeza. Allá abajo, en la oscuridad, se escuchaba la voz de mi hijita cantando la canción de su mochila. Se escuchaban ambas voces: ella y Sussy se divertían y cantaban una y otra vez la misma cancioncita. Reían y jugueteaban. Allá abajo, bailaban y daban vueltas felices, lo sé. Al fin estaban juntas. Sussy consiguió llevársela a su mundo, y mi hija, que, al igual que ella, quería una amiga, aceptó gustosa.

_ 01 de diciembre de 2014 _

He notado algo extraño últimamente.

Sé que algo cambia porque constantemente escucho sus voces. Cada que me acerco al lavabo, o que voy a bañarme, o me lavo los dientes, las oigo reír. Sólo así la podía volver a escuchar, por lo que estaba bien por mí, y esperaba ansiosa escucharla. Pero las voces allá abajo ya no son las mismas. Una se escucha más tenue, más débil, y la otra se escucha un poco más grave.

_ 04 de Diciembre de 2014 _

Una voz ya casi no se escucha, y la otra voz ya no está riendo sino llorando; y ya no parece la voz de una niña, sino la de alguien de mucha edad, grave y carrasposa.

No pienso seguir escuchando. Ayer hablé con Luis de esas voces por vez primera y me confesó que ya había pensado en una mudanza previamente, ya que la casa le traía demasiados recuerdos. En una semana nos iremos de esta casa, y con ella, dejaremos todas las cosas que pudieran acarrearnos un recuerdo de Lucía. Todas las cosas que nos la traigan a la mente a nuestra hija se quedarán atrás, y así este diario.

Sólo espero que, yéndonos nosotros, su recuerdo se pierda para siempre. Adiós, mi más preciado amigo. Lo lamento tanto, hijita de mi vida.

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Tras terminar de leer todo esto, me quedó un terrible malestar en el estómago. Esta era una increíble historia y muy bien narrada. Casi hasta podía creerla. Tenía que saber de los anteriores dueños, dónde vivían ahora. Quería hablar con ellos acerca de esto. Quería saber más de esta historia, saber cómo termina, quizá.

Fui a hablar con mi hermano, pero me dijo que los dueños se habían ido al extranjero y que no habían dejado dirección. Le pregunté si le habían dejado un número telefónico con el cual contactarlos en caso de algún problema con la casa, pero él dijo que lo habían dejado todo en regla con la intención de jamás tener que regresar.

“¡Ven, Lucy! ¡Pasa!”, le escuché decir a mi sobrinita de cuatro años, que había regresando con su madre del parquecito en la presa, mientras mantenía la puerta abierta.

— Via Creepypastas