Mi experiencia con la ouija

Siempre he dicho, y recalco una y otra vez que no jueguen a la Ouija. Era un martes 13, no recuerdo el año. Había probado muchos rituales y juegos para contactarme con gente de otro mundo porque quiero saber qué se siente. Ese día me encontraba junto a mi mejor amiga conversando acerca de que ese día era el más “temido”, también hablábamos acerca de leyendas urbanas sobre este mítico día.
Mi experiencia con la ouija

Ouija

Siempre he dicho, y recalco una y otra vez que no jueguen a la Ouija.

Era un martes 13, no recuerdo el año. Había probado muchos rituales y juegos para contactarme con gente de otro mundo porque quiero saber qué se siente. Ese día me encontraba junto a mi mejor amiga conversando acerca de que ese día era el más “temido”, también hablábamos acerca de leyendas urbanas sobre este mítico día. Entre conversación y conversación llegó un amigo más, y nos dijo:

-No se imaginan lo que compré.

-Si te compraste de nuevo otro juguetito de cuarta, no me interesa.

Me miró con cara seria y comenzó a abrir su mochila mientras decía:

-Este jueguito no es de cuarta, es de verdad.

Sacó una Ouija (era un pedazo de madera, con el abecedario, un sí, un no, y un par de íconos a los lados). Yo sonreí:

-¿Realmente quieres meterte en cosas arriesgadas?

A lo cual asintió con una sonrisa un tanto siniestra. Fue extraño para mi amiga, ya que ella estaba comenzando a asustarse. Yo le pedí que no se fuera, que estaría siempre con ella y que si le pasaba algo sería el primero en dar la vida por ella. Asintió y se quedó a nuestro lado.

La conversación siguió hasta que se hizo de noche, entonces decidimos ir a la casa de mi amigo. Prendimos unas velas que tenía en casa, de esas aromáticas, 3 rojas y un par blancas. Nos sentamos en el suelo, mirando el trozo de madera que estaba al centro de nosotros y comenzamos a invocar a algún espíritu.

Mi primera pregunta fue la que todos hacen siempre:

-¿Hay alguien en esta habitación?

Un silencio sepulcral se apoderó del lugar solo se escuchaba nuestra respiración, y de pronto comenzó a moverse lentamente el vaso hacia el “sí”. Respiré profundo y le pregunté su nombre.

“Felipe”, fue su respuesta. Seguimos preguntando, sacando información de su vida. Comprendimos que había sido un joven de 23 años y que había muerto cerca del lugar en un accidente automovilístico, catástrofe que le costó la vida a un par de personas (salió en las noticias de la época, ya que es una calle transitada del lugar en donde yo vivo). Seguimos conversando largos minutos que cada vez se hacían más eternos. Las velas se iban gastando muy rápidamente. Todo estaba “normal” hasta que una acotación de este espíritu me dejó helado, tan helado que no quise repetirla en voz alta:

-Tu amiga es muy linda, ¿puedo ir a saludarla?

-¡¡NO!!-grité como respuesta inmediata, ya que había prometido que no pondría en riesgo su integridad, aparte que la quería mucho. Hubo otro silencio prolongado.

-Iré igual.

Tomé a mi amiga de la mano, y la saqué corriendo de la casa. Mi amigo se quedó más atrás sin entender qué pasaba. Logramos salir de la casa. Mi amiga me miraba y me golpeaba el brazo, gritándome:

-¡Que mierda te dijo! ¡¡Dime!!

En ese instante se comenzaron a escuchar vasos rompiéndose dentro de la casa. Yo atiné a cerrar la boca mientras mis ojos comenzaban a nublarse con lágrimas, pensando en la embarrada que habíamos provocado. Abracé a mi amiga y le dije que la quería mucho… De pronto sentí que me empujaban con fuerza y me alejaban de ella. Yo hacía el mayor esfuerzo posible para no soltarla, pero eso la laceraba, hasta que, sin poder más, la solté. Mi amigo y yo entramos a la casa rápidamente.

Los vecinos comenzaron a salir de las casas preguntándose qué era lo que estaba sucediendo, pensaban que era una pelea de los padres de mi amigo. Salí para decir que todo estaba bien cuando era obvio que no lo estaba. Entré nuevamente en casa y presencié una escena que aún ahora me sigue dando terror: mi amigo tenía de las manos a mi amiga, haciendo fuerza con “algo” que no podía ver, fue espeluznante…

Solo reaccioné a gritarle a mi amigo que se acercara para cerrar el portal. Nos sentamos: fue ahí cuando el piso comenzó a temblar, las velas se apagaron. Yo ya no quería más, así que grité un par de palabrerías, y dije las palabras para cerrar el portal mientras comenzaba a llorar. Volvió el silencio, escuché el llanto de mi amiga. Corrí a buscarla, y la abracé.

Ese día no pudimos dormir bien. Mi amigo se quedó en mi casa, y al día siguiente llevamos agua bendita para limpiar la casa. Mi amiga, ya un poco más calmada, me preguntó que qué era lo que había dicho, así que le respondí. Pero ella me contradijo:

-Eso no fue lo que grabó mi celular.

La miré entre sorprendido y asustado. Puso una grabación que tenía del día anterior donde se escuchaba claramente que alguien susurraba:

  • Muerte

— Via Creepypastas