La predicadora de San Lorenzo

Una chica avanza a través de los pasillos de la universidad, visiblemente perturbada, aguanta las lágrimas de una forma un tanto preocupante. Al verla en ese estado, una docente se le acerca y toma su mano de una manera muy dulce para verificar qué ocurría. El contacto con la mano de la docente le recuerda al tacto suave y cariñoso de su madre, pero, entonces recuerda que su progenitora está descansando en los brazos de Dios, por lo que fuerza a la mayor a soltarla.
La predicadora de San Lorenzo

Una chica avanza a través de los pasillos de la universidad, visiblemente perturbada, aguanta las lágrimas de una forma un tanto preocupante. Al verla en ese estado, una docente se le acerca y toma su mano de una manera muy dulce para verificar qué ocurría. El contacto con la mano de la docente le recuerda al tacto suave y cariñoso de su madre, pero, entonces recuerda que su progenitora está descansando en los brazos de Dios, por lo que fuerza a la mayor a soltarla. La chica guarda silencio.

Theodosia significa “Regalo de Dios”, eso le dijeron sus padres cuando preguntó la razón de tal nombramiento, puesto que habían intentado muchas veces traer un bebé al mundo, fallando, hasta la llegada de Theodosia. Asumieron que sus oraciones habían sido escuchadas y lo consideraron un regalo divino que debían agradecer.

Es una joven muy religiosa, quizás, demasiado. Se crió en la base de una familia cristiana y aprendió todo tipo de enseñanza entregada por El Señor a través de La Biblia, las cuales considera un dogma. Va casi siempre, por no decir todos los días, a la Iglesia de San Lorenzo en Amarillo, Texas. Tenía amigos allí y se llevaba bien con cierto Sacristán muy amistoso de nombre Nathanael, que tenía un par de años más que ella. Supone, ahora, que el hecho de conocerlo era una castigo que Adonai le había impuesto, por un pecado que aún no recuerda cometer, pero que acepta con todo lo que conlleva.

“Theo” la llama Elizabeta, una de sus más grandes amigas en la Parroquia.

-No deberías acercarte tanto a Nathanael- Le decía su amiga.

Este hecho desconcertaba a Theodosia, su amiga no suele ser una persona supicaz.

-No es por insinuar nada sobre él, bien sabemos tú y yo que la blasfemia trae castigos. Lo digo porque todos afirman que ha hecho cosas horribles en el pasado, tan sólo ten cuidado.

Mira atrás sus acciones y desea poder haberle hecho caso.

Todo ocurre muy rápido en su perspectiva: sus manos en sus caderas, su voz áspera y su collar de Jesús en la cruz cayendo sobre el piso de madera del confesionario. Sus ruegos por el perdón divino antes de dejar de forcejear y la sonrisa macabra que se le formaba.

-¿Theodosia?- Es su maestra, con una mano sobre su hombro, sus ojos reflejan preocupación.

Cuando la chica sabe que volvió a la realidad, sus ojos se colmaron de lágrimas, soltó un grito desgarrador y cayó al suelo, sangre escurre por sus piernas, siendo escondida por su falda de considerable largo.

Algo cambió en ella desde ese día.

-Muy bien, señorita Martin. Estamos solas usted y yo, puede contarme lo que sea que le aqueje.

La psicóloga estaba sentada frente a ella, con piernas cruzadas, un bonito traje azul marino. Tenía una libreta en mano y en la mesa de enfrente habían dos vasos con agua, uno de los vasos contiene agua frutal para Theodosia, intentaba ser amigable. La joven era muy diferente a como solía verse antes, tenía ojeras, estaba visiblemente decaída y desharrapada: la falda larga café que llevaba parecía deshilacharse lentamente por falta de cuidado, su camisa blanca no tenía la parte de las mangas abotonadas, sus botines sucios, su cabello largo y rizado que ahora era corto y desordenado, porque había ido al baño una noche y se lo cortó bruscamente con unas tijeras, incluso cortándose piel accidentalmente en el proceso.

“Theodosia guardó silencio, se puso a mirar alrededor en su lugar. Sus padres la mandaron allí porque sabían que algo ocurría con ella y estaban concientes de sus arrebatos de sufrimiento y sus lamentos en las noches.

-Querida- Llamó su psicóloga, Theo volteó-, necesito que hables conmigo.

No hubo respuesta. La psicóloga suspiró.

-Tú acudes a una Iglesia, ¿no es así?

Theodosia asiente lentamente.

-Bien, ¿qué me puedes decir de eso?

-Es una buena Iglesia con buena gente- Dice con simpleza, aunque sabe que esto no es del todo cierto-. Tengo amigos allí.

-Eso es bueno- Dice la señorita, anota algo en su libreta y Theo alza la vista un poco para ver que escribía, sin lograr leer nada-. ¿Ha ocurrido algo en este tiempo?, ¿en la Universidad?, ¿en la Iglesia?- La castaña se muerde el labio-. ¿Theodosia?

“Mentir es pecado”, pensó.

-E-En…- Traga saliva, niega con la cabeza-. No puedo decirlo, me dijo que no lo dijera. M-Me dijo que le diría… que le diría al párroco que yo… que yo lo incité a hacerlo… pero no lo hice, lo juro- Era como si su salud mental decayese progresivamente mientras más recordaba el hecho.

Theodosia subió las piernas al sofá para abrazarlas, escondiendo el rostro.

La sesiones se hicieron recurrentes después de eso.

A Theodosia le tomó un tiempo tener la voluntad suficiente para ir a la Iglesia de nuevo, pero para suerte suya, no ve al Sacristán. Los nervios que le provocaba pisar ese lugar otra vez eran inhumanos, y el sentimiento de horror que sentía al ver el confesionario de nuevo era suficiente como para hacerla romper a llorar ahí mismo, así que se alejó de ahí un rato, tan sólo se la pasaba afuera, o dentro de la habitación donde practicaba el coro. En ese tiempo difícil, se aferró más a las escrituras de La Biblia y las enseñanzas de una forma un tanto obsesiva, como si lo hiciera para rectificar o obtener el perdón de Dios.

Muchas veces, en vez de dormir, murmuraba con los ojos abiertos, mirando hacia la pared: “Perdóname, mi Señor. He pecado y me arrepiento”. Pero la culpa nunca fue de ella.

En una sesión con la psicóloga, ocurrió algo extraño, estando su madre presente.

-¿Qué has hecho últimamente?- Preguntó la profesional.

-Leo La Biblia- Respondió para luego aparecer una disturbante sonrisa extraña en su rostro-. Me he dado cuenta de que Dios trajo a todos al mundo con una misión, incluyéndome.

Ambas mujeres se miraron una a otra, preocupadas.

-¿Cuál sería esa misión tuya, eh?

-Castigar a los pecadores.

Las sesiones fueron dos veces cada semana desde entonces.

Theodosia no había cambiado mucho desde entonces, de hecho, se puso a peor. Aclamaba que Dios la trajo al mundo para exterminar las pecaminosas manchas en la historia de su divino universo. Había olvidado completamente sus deberes en la Universidad y se dedicaba a ir a la Iglesia y anotar todo lo que es útil, lo que entrega La Biblia. Dormía mucho menos, comía mucho menos, salía mucho menos, habla mucho menos, y sus padres creían que había perdido el juicio; rezaban en las noches para que cambie, para que vuelva a ser la brillante jovencilla que solía ser.

Pero esa jovencilla murió.

Ahora había en ella un ser con una misión, salió de su casa exactamente a las 9 pm para ir a la Iglesia y cumplirla.

Cuando llegó, vio al descarado Sacristán limpiar el mismo lugar en el que se cometieron los actos impuros. Theodosia se acercó lentamente.

-Ah- Nathanael la miró expectante, luego, volteó hacia ambos lados para vigilar que nadie viniese-, ¿qué se te ofrece?

¿Y se atrevía él a actuar como si nada hubiese pasado, cuando ella había estado sufriendo por ello por 6 meses?

-Dice Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor- Su voz estaba temblorosa, como si quisiera aguantar una risa-. ¿Has oído, hermano? La paga del pecado es muerte.

El chico se le acercó y la tomó bruscamente de la muñeca.

-Escucha, deja de decir tonterías. Más te vale no haber dicho nada.

En la cumbre de su locura, Theodiosa enterró un cuchillo por completo en el estómago del pecador y, tras un grito horrorizado de Nathanael, cayó al suelo.

-Eres parte de la mancha en la humanidad que Dios desprecia, la mancha que yo estoy encargada de exterminar- Pisoteó su la herida recién abierta. Nathanael gritó de nuevo e intentó apartar su pie, inútilmente-. Tus pecados morirán junto con tu cuerpo impuro, Jehová lo desea- Levantó su pie para volver a pisarlo.

Esta vez el cuchillo fue a parar a su pecho, frenéticamente entra y sale, entra y sale.

Theodosia estaba llorando, pero no se sentía triste, ¿cómo sentirse triste, si cumplió con lo comandado por su Señor?

-Arde en el infierno…

Apretó la figura del rosario en su cuello con su mano, apegándola a su pecho.

“Ha sido descubierto un cadáver en la Iglesia de San Lorenzo, en Texas. No se han encontrado armas en la escena del crimen; el individuo fue apuñalado incontables veces en la garganta y en el estómago. Esto ocurrió a las 9 del pasado Martes, una señora que pasaba cerca alertó a la policía tras oír horrorizados gritos, pero cuando llegaron, tan sólo se hallaba el cadáver. Ella describe haber visto a una joven con el pelo corto caminar fuera del recinto. Más información sobre este tema en el noticiero de la tarde.”

Eliette apagó el televisor.

Su esposo apareció con una taza de café y se la entregó, ella rompió a llorar al instante. El hombre la abrazó y plantó besos en su frente para calmarla.

-Dios, si fue ella… perdónala.

— Via Creepypastas