El ritual de la felicidad

Este es un ejercicio de meditación antiguo que pondrá fin a todos tus problemas. Nadie sabe su origen, pero se dice que aquel que lo logra, vive feliz para siempre. Sin embargo, y aquí viene la parte mala, solo se puede realizar una vez. Primero, memoriza cada uno de los pasos. Es imposible que los olvides, puesto que son pocos y muy sencillos. Si te olvidas de algunos de ellos mientras haces el ritual, perderás esta gran oportunidad.
El ritual de la felicidad

Este es un ejercicio de meditación antiguo que pondrá fin a todos tus problemas. Nadie sabe su origen, pero se dice que aquel que lo logra, vive feliz para siempre. Sin embargo, y aquí viene la parte mala, solo se puede realizar una vez.

Primero, memoriza cada uno de los pasos. Es imposible que los olvides, puesto que son pocos y muy sencillos. Si te olvidas de algunos de ellos mientras haces el ritual, perderás esta gran oportunidad. Antes que nada, tienes que tener el ambiente adecuado: una habitación con las luces apagadas, pero que pase un poco de luz por la ventana. Asegúrate de que nadie pueda interrumpirte; de lo contrario, te distraerán y habrás perdido tu tiempo. ¿Ya lo tienes? Perfecto, ahora vamos al ejercicio, pero recuerda lo siguiente:

Cierra los ojos, empieza a inhalar y exhalar lentamente, sientes cómo tus pulmones se expanden y se contraen. Hazlo por unos minutos, pero no te duermas. Visualiza momentos de tu vida que te hayan dado mucha alegría y felicidad. Tal vez, y con algo de razón, pienses que voy a convertirte en un budista. No voy a mentirte, puede que te lo parezca en un principio; sin embargo, debes confiar en mí cuando te digo que al final todo valdrá la pena.

Superarás todo tipo de sentimientos negativos tales como la ira, la envidia, el odio y muchas otras cosas nefastas para tu salud mental para darle paso a la felicidad eterna y un optimismo permanente. Está bien, me atrapaste. Pude haber exagerado eso último un poco, pero quédate conmigo y lo verás con tus propios ojos, que deberán estar cerrados durante todo el ejercicio, o al menos hasta que yo te indique lo contrario. Luego de pensar en esos recuerdos tan felices, en los que seguro habrás dibujado una sonrisa al recordarlos uno por uno, viene la peor parte del ritual: tus peores pesadillas.

Eso es. Aquellos días en los que tus mascotas fueron atropelladas, sufriste robos o presenciaste algún crimen sumamente grave. Todo el mundo tiene uno de esos días y tú no eres la excepción, así que a recordar mi querido amigo (por cierto me olvidé de preguntarte tu nombre, pero eso ya no importa ahora, dímelo al terminar la sesión). Sigue, recuerda todos los horribles momentos de tu vida y, si quieres, puedes imaginarlos. Debes tener pensamientos malvados para luego poder expulsarlos.

Debes sentirte devastado, ¿verdad? Ser un fracasado a tiempo completo es un peso que nadie debe cargar solo y por eso estás aquí, conmigo. Yo te ayudaré a que todos esos problemas desaparezcan. ¡Detente ya!

Basta de recordar malos sucesos, amigo. Abre los ojos o empezarás a darte cuenta de la verdad más cruda y cínica posible. Tu vida es una mierda a la que nadie le interesa. Pero, ¡ey!, no pienses que no puedes arreglarlo, aquí estoy yo para que eso cambie. Bien, veo que empiezas a abrir los ojos, mi querido amigo. No te asustes, en este punto del ejercicio estaré a tu lado para cualquier cosa que necesites ¿Cómo es que sé dónde estás? Muy sencillo, yo sé dónde vas a estar, te lo prometo. No llores, amigo, no tienes la culpa de nada. Muchas personas nacen con tu misma mala suerte, pero la diferencia es que, a partir de ahora, vas a tener una vida maravillosa, rodeado de gente que te ama y creíste que jamás volverías a ver. Porque, ¿sabes qué, mi querido amigo? Yo tengo la solución a todos tus problemas justo aquí, en mi bolsillo. ¿Cómo? ¿Quieres ver lo que hay en mi bolsillo?

Me temo que eso va más allá de tus opciones, es como pedirle a un mago que te revele su mayor truco de magia. Esto es exactamente lo mismo, pues yo, por más imposible que parezca, hago magia. Así como sigues ciegamente a los magos cuando los ves con sierras realmente gigantescas, que podrían rebanarte como el trozo de carne sin vida que pareces y eres. Debes seguirme de esa misma forma, como lo viniste haciendo todo este tiempo.

Ahora sí, vuelve a cerrar los ojos, amigo. No quiero que descubras mi secreto porque luego lo esparcirás por el mundo y todos sabrán la verdad. Si te enteras de que este ritual sobre la felicidad eterna y otras estupideces se lo digo a todas las personas con enfermedades terminales, cuyas familias deciden acabar con sus vidas porque no pueden seguir pagando su mantenimiento… Reaccionarías como lo estás haciendo ahora, con ambos ojos abiertos de par en par, fijos en este pequeño bisturí, intentando gritar por ayuda a pesar de estar amordazado, forcejeando hasta darte cuenta que estás atado a la mesa de cirugía, a mi completa merced.

¿Crees en Dios, mi querido amigo? Ya veo, haces bien en hacerlo, en seguir fiel tus creencias por más ridículas que te sean ahora. Digo, estás frente a un hombre de 35 años, armado con un bisturí y tú estás atado a una mesa. Todavía piensas que el de ahí arriba puede salvarte.

Déjame decirte algo; ese mismo hombre puso en tu cuerpo un cáncer muy jodido nunca antes visto en otro paciente que atendimos. Tu único familiar vivo, tu hermano mayor, renunció a tu vida. En su defensa, él no está hecho de dinero y tu tratamiento era muy costoso, además de inútil. Viniste aquí para ver cómo se te caía el cabello y esa barriga tuya se iba desinflando como un globo.

Estás sudando, amigo. Veo que este pequeño “ritual” no te tranquiliza, sino todo lo contrario. A pesar de estar lejos de ti, puedo sentir lo incómodo que estás. Quieres salir corriendo ante un mínimo descuido como si fuese un cuento que termina con un “…y vivió feliz para siempre”, pero me temo que yo no cometo descuidos. Con ninguno de mis pacientes cometí descuidos. Todos ellos aparecen muertos al día siguiente en sus respectivas habitaciones y los médicos dicen: “Muerte natural”. No me preguntes cómo lo hago, no te va a gustar. Ya te dije una vez que a un mago no se le pide que revele sus secretos porque eso es parte de la magia y cuando descubres que todo ese espectáculo está trucado, te arrepientes de una forma que no imaginas…

¿Qué estoy diciendo? ¡Por supuesto que te lo imaginas! Después de todo, mi historia sobre un ritual capaz de cambiarte la vida era mi truco de magia y tú, como cualquier gato curioso, intentaste ver cómo hacía mi truco. Pero, finalmente, la curiosidad mata al gato, y eso va a pasar contigo, mi querido amigo. Yo te pedí que cerrara los ojos mientras hacía mi truco de magia. ¿Recuerdas qué había dicho antes?

Yo sí. Le dije: “NOLOARRUINES”.

Pero, al final, lo arruinaste. Olvídate de la felicidad eterna y toda la mierda que dije sobre el ritual, pues acabas de arruinar el ritual y solo se podía hacer una vez.

— Via Creepypastas