¡El libro de Belial a 50% de descuento!

Como cualquier adolescente que sale de su escuela, iba caminando por la acera, con libros en la mano y tarea pendiente. Entonces lo escuché, escuché los pregones de un señor (algo loco o demacrado, lo admito) sobre un libro a 50% de descuento. Me acerqué a preguntar porque quizá tendría algo sobre demonología que me interesaría, soy aficionado a ello. Y, sí, así es. En efecto, él poseía una copia del famosísimo “Libro de Belial”, el volumen introductorio al ámbito de la infame “Biblia Satánica”, escrita por Anton Szandor LaVey.
¡El libro de Belial a 50% de descuento!

Como cualquier adolescente que sale de su escuela, iba caminando por la acera, con libros en la mano y tarea pendiente. Entonces lo escuché, escuché los pregones de un señor (algo loco o demacrado, lo admito) sobre un libro a 50% de descuento. Me acerqué a preguntar porque quizá tendría algo sobre demonología que me interesaría, soy aficionado a ello. Y, sí, así es. En efecto, él poseía una copia del famosísimo “Libro de Belial”, el volumen introductorio al ámbito de la infame “Biblia Satánica”, escrita por Anton Szandor LaVey. Aunque me hubiera interesado incluso mas el “Diccionario Infernal” decidí comprar el de Belial por el baratísimo precio de $150, lo que me pareció demasiado indigno para tal libro dado la dificultad en adquisición que posee.

Al llegar a mi casa y ver que estaba solo, decidí leer lo que describía el libro como “Teoría y Práctica de la Magia Satánica” y claro… Ponerlo en práctica al terminar.

Mis padres no volvieron en días por alguna razón. Empecé a enloquecer a través de la lectura. El libro era muy, MUY largo. Creí jamás terminarlo. Pero al leer la última palabra del último párrafo del último capítulo, recordé la razón por la que comencé en primer lugar. Conseguí la gallina negra, el día preciso y la motivación para empezar el pacto, entre otras cosas con las que hacer el pentagrama y generar la iluminación.

3:30 de la noche, no puede sonar más cliché, pero el libro indicaba hacer todo a esa hora: armé los círculos concéntricos y el pentagrama dentro. Coloqué y prendí las velas. Preparé la daga para apuñalar a la gallina negra… Recité el cántico y ¡oh, Dios sabrá qué, al llegar a este punto ya no tenía ni su misericordia, ni su perdón! ¡Si pudiera describirles el horrible olor a azufre que sentí cuando vi llegar a aquel en quien se había inspirado el grimorio adecuado para efectuar la magia negra satánica!

Junto con otros dos demonios mas pequeños que él, Belial me preguntó mi nombre y, cito, “el día que llegué al mundo”. Luego de esas preguntas me dijo lo que quería oír en mi descenso hacia la locura…

“¿Qué quieres, mortal?”

¿Qué hubiera podido pedirle?… ¿La muerte de mi mayor enemigo? ¿Riqueza? ¿Sexo? ¿Amor? ¿Fama? ¿Conocimiento?

Al decidirme, me di cuenta que ya no tenía sentido. Él que iba a perder era yo. Condenado eternamente a que se queme mi alma.

Entonces cambié las riquezas y todo lo mundano por…

  • Misericordia.

-¡Tonto! ¡Iluso cordero inocente! - vociferó el demonio - Ya has perdido esa oportunidad.

Lo miré a los ojos, un tanto avergonzado, como enojado conmigo mismo. Un grito emanó de sus fauces.

-¡Humano desquiciado! ¿¡CÓMO TE ATREVES A MIRAR A LOS OJOS A UNA DE LOS REYES DEL INFIERNO?!

Bajé la mirada, asustado.

-¡Así está mejor! Ahora, decide rápido, ya has gastado mi tiempo y el tiempo de otros que esperan que yo aparezca frente a ellos como hice contigo.

Volví a pedir misericordia, casi llorando.

-¿No lo he dejado demasiado claro ya, mortal? - Se burló y luego se carcajeó.

Volví a pedir misericordia y pregunté por mi Señor.

-Ese cordero ha sido sacrificado, niño.

Traté de sacar un rosario de mi bolsillo, pero mi mano se quemó.

-Elige.

Elegí la muerte. Ya no era digno de seguir viviendo. Un hacha con la sangre de miles de animales y humanos se abalanzó en mi cuello como la espada del ciego ángel de la justicia.

Y aquí estoy, con demonios hiriendo mi espalda, cabeza y sienes, usando espadas y trinches. Quemándome con los demás pecadores. A veces, y solo a veces, llego a maldecir al viejo que me vendió ese maldito libro, fruto de mi locura, sufrimiento y castigo eterno. Al maldecir, el infierno tiembla y se estremece, y los demonios dejan de golpearme y pincharme.

Siento un frío reconfortante frente a las llamas y mis heridas paran de sangrar, como si maldijera al mismísimo Satanás en nombre de Dios.

— Via Creepypastas