Carta a mi hermana

Recuerdo perfectamente el día que llegaste. Yo tenía solo ocho años cuando te trajeron de un orfanato, ¿sabes lo ilusionada que me encontraba? Pero aquellos sentimientos se esfumaron con el tiempo; solo quería una hermana, una amiga, alguien en quien confiar cuando no me apetecía hablar con mis padres, pero fuiste todo lo contrario. Llamabas su atención y eras el orgullo de la familia, ¿yo dónde quedé? ¿Por qué me comenzaron a ignorar?
Carta a mi hermana

Recuerdo perfectamente el día que llegaste.

Yo tenía solo ocho años cuando te trajeron de un orfanato, ¿sabes lo ilusionada que me encontraba? Pero aquellos sentimientos se esfumaron con el tiempo; solo quería una hermana, una amiga, alguien en quien confiar cuando no me apetecía hablar con mis padres, pero fuiste todo lo contrario.

Llamabas su atención y eras el orgullo de la familia, ¿yo dónde quedé? ¿Por qué me comenzaron a ignorar? Todo fue tu culpa. Y llegado mi cumpleaños número doce, fue opacado por el tuyo que ocurriría la semana entrante, mis padres… Ellos solamente olvidaron que tienen dos hijas, no entiendo cómo te quieren más que a mi si ni siquiera eres de nuestra sangre.

Patético.

Con trece años recuerdo haber bajado a la cocina y encontrar a mis padres hablando contigo sobre mí, sus palabras de_ **​"No seas como tu hermana"** _ o_ **“Ella es mala influencia”** _ ​fueron suficientes para desbordar el líquido dentro del vaso de paciencia que tanto he cuidado, y esa misma noche traté de ahogarte con una almohada, qué desafortunada fui cuando mamá entró a la habitación para decir buenas noches.

¿Y sabes qué pasó después? Fui encerrada con supuestos problemas psicológicos, pero no podían esperar más de una niña que vive en la sombra de su hermana, solitaria y perdida, trágico, ¿no crees? Ese lugar… todos los días me despertaban temprano para hacer unas preguntas e ir a desayunar, el resto del tiempo lo mataba leyendo o durmiendo, nuevamente citas con médicos y a la cama; los demás chicos de allí si estaban locos, pero conocí a uno de ellos que parecía guardar algo de cordura todavía, mi primer amigo y enamorado.

Su nombre era Adrian, un joven de cabello rubio despeinado y ojos verdes, todo un modelo como solía llamarlo, ambos compartíamos gustos similares, incluso me dijo que tenía un perro. ¿Sabes lo mejor de todo? Era hijo único.

Lo envidiaba.

Nunca llegué a decirle la razón de mi encierro, pues no soy estúpida y sé que él habría huido de mi llamándome loca, pero no lo estaba, sólo sentía envidia de ti.

Pasaron años, tres para ser específica, y nunca me visitaste, tampoco mamá o papá, yo ya los olvidé en ese entonces pues sabía que no valía la pena deprimirme por personas que dejaron de ser importantes para mí, o que me abandonaron a tan poca edad. Y para cuando llegó mi cumpleaños número dieciséis me convertí en la pareja oficial de Adrian, mi mundo volvía a ser blanco y puro justo como cuando era pequeña, llena de felicidad dando saltitos por los pasillos del manicomio a pesar de escuchar a mi lado los llantos y alaridos de los demás pacientes encerrados en sus habitaciones… Hasta que por fin viniste a visitarme.

¿Y sabes lo peor? Lo primero que te vi haciendo fue coquetearle a Adrian.

¿También eso querías robarme? Ya tienes a mis padres, el orgullo de nuestra familia, popularidad, y estoy segura que novio, ¡¿y vienes aquí a quitarme mi única luz de esperanza?! ¡¿Lo último que me queda?!

Pues no te dejaré, no me importa lo que tenga que hacer, puedo intentar asesinarte de nuevo.

Así que solo te digo, que no me arrepiento, ni lo haré nunca.

No me arrepentiré de lo que haga cuando acabes de leer esta carta, porque estoy atrás de ti.

— Via Creepypastas