Terror en el bosque

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Solía ir a correr a diario en una colina a unas cuantas calles de mi casa, siempre me motivaba a ir un poco más lejos. El único problema era que el camino se hacía cada vez más boscoso, lo cual no me gustaba por si me llegase a perder. Pero un día, cansado de recorrer siempre el mismo camino, decidí alargar mi trayecto un poco más y fue así como cometí un grave error.

Al día siguiente salí decidido, llegué al limite y seguí trotando mientras me habría paso sobre el húmedo bosque que atravesaba. Ya perdía el aliento y me detuve a descansar y alzar la mirada para ver lo que había recorrido, y fue ahí cuando vi una humilde casa con una señora que, al parecer, residía en ese pantanoso bosque. Por alguna razón, decidí acercarme a la casa a pedirle un poco de agua a la humilde señora:

-Buenas tardes, señora, ¿me podría regalar un poco de agua?

-Claro, hijo, ven. Pasa adelante.

-Gracias, pero no tengo mucho tiempo se hace tarde y el camino es largo.

-Qué joven tan modesto. Anda, pasa. No seas tímido.

Al pasar y beber un poco de agua fresca, observé sobre los estantes muchos jarrones de arcilla formados en dos líneas

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rectas, apuntando hacia la puerta trasera de la casa.

-¿Qué hace un joven tan modesto como tú por estos senderos?

-Andaba corriendo un poco; bueno, se hace tarde adiós.

-¡Espera! ¡No te vayas! Se hace tarde y oscurece. Deberías pasar la noche aquí, tengo una habitación libre.

-Si no le molesta, aceptaré quedarme por hoy.

Me llevó a una habitación donde también había muchos jarrones de arcilla. Era de noche. Estaba algo preocupado, pero me aliviaba saber que me iría a la mañana siguiente. Al intentar dormir me dieron ganas de ir al baño, así que decidí salir al patio trasero.

Mientras me acercaba a unos árboles, noté un olor a humedad impresionante. Lo siguiente que observé, me dejó impactado: era un ser de aspecto un poco humanoide compuesto de lodo. Parecía tratar de salir del fango viscoso, arrastrándose de una forma repugnante.

Estaba paralizado del miedo. Él llegó a tocar mi pierna. Caí tendido al piso, desmayado en el acto. Cuando desperté, me encontraba en una habitación con una máquina de preparar recipientes a base de arcilla modelada, colocada en el centro. La señora, de espaldas, estaba trabajando, amasando arcilla y dándole al pedal.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?

-Tú podrías ser una buena vasija, ¿te gustaría ser la siguiente?

Enseguida logré recuperar el control total de mi cuerpo y salí corriendo sin mirar atrás. No paré hasta llegar a un lugar más despejado e irme a mi casa. Aún hoy no sé que era ese horripilante ser ni qué secretos escondía esa casa.


Via Creepypastas


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