Solo mi sombra y yo

¿Cómo podría comenzar? Mil cosas afloran mi mente. Tal vez algo sencillo me ayude a fluir… Bien, eso haré. Primero que nada, ¿cómo me llamo? Denial Coldman, la respuesta.

¿Quién soy? Un chico común, amante del “anime” y de los videojuegos. Suena bastante tranquilo, ¿a que sí? Sin embargo, siempre tuve un típico problema: acoso escolar o “bullying“, como dicen ahora. Desde pequeño, constantes burlas moldearon mi personalidad, y quizá alguna otra cosa… La soledad era cruda y constante. 

Silencio en casa, carcajadas crueles en el colegio, soledad en las calles. A cada paso que daba tambaleaba sin tener a nadie en quién apoyarme. Un amigo es una necesidad, de eso estuve seguro en esos tiempos. Quise ser fuerte, pero no podía descargar mi amargura ni siquiera con una familia. 

Mis padres eran buenas personas, ciertamente, pero de hecho no quería fastidiarlos con mis quejas o amarguras. Así parecían estar bien.

Con el tiempo, mis esfuerzos por conseguir un amigo cesaron. Siempre terminaba lastimado, así que decidí que lo mejor sería soltarme hablando solo. O mejor dicho, con mi sombra. “¿Con tu sombra?” se preguntarán; suena raro, pero es así. 

Me encerraba en mi habitación o me sentaba en las bancas del colegio o de los parques y pasaba el insulso tiempo conversando con aquella carencia de luz. Como es de esperarse, nunca respondió; pero no me importaba. Le hablaba a mi sombra de mis compañeros, de mis sentimientos, de mis deseos. Ella no respondía, pero siempre escuchó atenta. Me sentía cómodo con su “compañía“.

Cuando la oscuridad era absoluta, sentía como su negrura me rodeaba. No me sentía tan solo como antes, pero empezaba a desarrollar cierto deseo de venganza.

Es normal, ¿cierto? Cuando alguien te hace daño, es natural en el ser humano querer regresarle el dolor. Querer hacerle pagar. Es algo común, así es nuestra naturaleza; quizá por eso hayan tantos crímenes. Como sea, me desvío del tema; el punto es que empecé a ver a los que me dañaron como una peste, y a mi sombra como un amigo silencioso que extendía sus brazos a mí.

Una noche particular, mientras la oscuridad de mi habitación me envolvía y me perdía en mis pensamientos, solté aquella frase que comenzó todo: “Si tan solo pudiese eliminar a los abusadores…”

Veía la nada mientras pensaba mil formas de ser el “héroe“, pero no encontraba ninguna. Todo se detuvo cuando escuché una voz profunda, tétrica al punto de la ultratumba pero extrañamente, gratificante.

Yo te puedo ayudar, Denial. –Quedé petrificado. Encendí mi lámpara de noche y miré a mi alrededor; no había nadie. Por mera corazonada volteé hacia la pared, y sólo estaba mi pesada sombra proyectada en ella por la luz del foco.

– ¿Has hablado? -Pregunté. No esperaba que respondiera; me reía con ciertos nervios ante el silencio.

No pasó mucho tiempo cuando esa voz regresó.

Así es. – Su voz era familiar. Me sentí cómodo al instante, sin saber por qué. Miré fijamente a mi sombra, en el lugar en el que en una persona estarían los ojos.

¿Cómo es posible que me hables?- Pregunté.

– Los sentimientos humanos son más fuertes de lo que parece. El odio hacia ellos y el afecto hacia mí, en este caso; ellos me dieron voz y mente.

– Entonces… ¿Estás viva?

– No exactamente. Si quieres tomarlo así, está bien.

Me encontraba sentado y cruzado de piernas como un niño, interrogando a aquel ser. Era algo tan extraño y nuevo, algo anormal y terrorífico al mismo tiempo, pero me sentía calmo y sereno. -¿Tienes nombre?

No. Puedes llamarme como quieras.

Te llamaré Dow. -La sombra pareció asentir suavemente, y sonreí. Le cuestioné a qué se refería con ayudarme, y su respuesta me causó un escalofrío brusco que se manifestó en un mínimo estremecimiento.

– Podemos matar a tus compañeros. Ellos se lo merecen, ¿no es así? Ambos lo sabemos. –Quedé pensativo. No estaba seguro de su propuesta.

Miré mis manos como si imaginara la sangre tiñendo mi piel. ¿Quería ver eso? ¿Sería capaz de matar? Pero quería verlos muertos. Pensaba que esa escoria no tenía lugar en este mundo, puesto que harían sufrir a muchos. Así que accedí.

– ¿Lo haremos con un cuchillo, o algo así? -Mi propuesta fue callada con una suave risa; “Dow” habló.

– No. Yo puedo hacerlo con facilidad, sólo debes ordenarme. Guíame y los eliminaré, pero tienes que estar cerca puesto que no es mucho lo que puedo separarme de ti. Me vestí de la forma menos llamativa posible; un sencillo atuendo monocromático, que cubría mi físico lo suficiente. Una gorra oscura lo complementaba y me ayudaba a cubrir mi rostro.

Caminé hacia aquellos lares en los que generalmente estaban mis compañeros a esas horas; era tarde y los abusivos salían a hacer las suyas avanzada la noche. Los encontré en esa labor: rodeaban a una pobre chica y la bombardeaban de acercamientos y vulgaridades. Era el momento de atacar…

– Hora de la venganza, hijos de puta… -Murmuré suavemente, llamado su atención- Elimínalos, Dow.

No tuvieron tiempo de hablar. Admiré en silencio el espectáculo que armaba mi sombra, desgarrando las sombras de ellos que se proyectaban en el suelo por la hermosa luz que irradiaba aquella luna. cada parte cortada de sus sombras era reflejada en sus cuerpos, y pronto cayeron junto a ellas con los ojos aún abiertos y la sangre escurriendo suavemente de sus labios.

Dow intentó atacar la sombra de aquella chica que yacía pálida e inmóvil ante el miedo, pero yo le detuve. Cuando todos estaban muertos y destrozados, ella soltó un murmullo ininteligible y se desmayó sin más.

Todo era silencio. 

Hasta que un crujido llamó mi atención. El característico “¡Alto ahí!” de la policía me hizo voltear al tembloroso oficial, que amenazaba con disparar su arma.

Sombra-1-

Sólo una orden, y su cabeza caía bruscamente al suelo.

Por el momento, había terminado. Miré al cielo y agradecí a la dama blanca que correspondía a la única espectadora en mi espectáculo. Me acerqué a la joven inconsciente y la tomé en brazos; Dow y yo decidimos llevarla al hospital. No había razón para matarla. Para cuando el sol salía, ya había llegado a mi casa. No había sospecha de nosotros; dime tú ¿quién sospecharía de un joven y de su sombra? Nadie, ¿cierto? Sin embargo, tenía otras ideas en mente: tomé algunas pertenencias en un bolso, mi celular y dinero.

Cuidé no hacer ruido para evitar despertar a mis padres, y salí de casa para nunca más volver.

Desde ese día he caminado incansable por oscuros lares eliminando aquella basura humana, haciendo mi propia justicia. No tengo amigos, pero no estoy solo. Mi Sombra está conmigo. No gusto de matar mujeres, pero algunas requieren un castigo. Antes te dije mi nombre, pero ya no me conocen de esa forma. Por los bajos mundos corre un apodo sencillo, que quién sabe a qué persona se le ocurrió o siquiera cómo supo de mí para crearlo, pero me agradó. Es mi nombre… No; es nuestro nombre.

Nosotros somos Den Dow. Nosotros nos fundimos con las sombras.


Via Creepypastas


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