Skroll

– ¿Otra vez?- Emily miró a su madre con una emoción de tristeza en su rostro. -Mamá, es la quinta vez que nos movemos a una nueva ciudad!

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Su madre suspiró y le acarició los hombros .

-Cariño , ya sabes lo difícil que es encontrar un buen trabajo y tener suficiente dinero para pagar la ropa , la comida, la casa y los muebles. Incluso si su padre no está con nosotros, todavía tenemos que ser fuertes y encontrar nuestro lugar.

-Se que puede ser difícil, pero se puede encontrar amigos ahí nuevamente.- dijo su madre con una sonrisa motivadora.

-Creo que tienes razón, pero yo no creo que vaya a encontrar amigos. Es que… todo el mundo me odia.

Emily comenzó a sollozar y apartó la mirada del rostro procupado de su madre. Era cierto, ella realmente no era la chica más popular de todas las escuelas a las que había asistido, era bastante tímida así que era complicado hacer amigos.

-Emily, no llores. Mami promete que todo estará bien.- la abrazó y trató de consolarla. Después de unos momentos las lágrimas de Emily cesaron y abrazó de vuelta a su madre.

-¡Aquí estamos querida! Este será nuestro nuevo hogar.- dijo sonriendo a su hija y le mostró cómo la nueva casa se veía desde el exterior. -Yo sé que no es perfecta y es un poco vieja, pero no te preocupes. Vamos a arreglar todo y se verá increíble.

Emily sonrió y besó la mejilla de su madre. -Lo sé, mamá. Lo más importante es que vamos a estar juntas, ¿verdad?-.

Así es, sólo nosotras. Vamos, tenemos mucho que desempacar.- dijo la mujer alegremente agarrando la mano de su hija, la cuál corrió emocionada al interior de la casa.

Emily entró a su gran sala nueva. Todo era viejo; la cama, un armario, una lámpara. Aunque no era perfecto, ella tenía la esperanza de encontrar nuevos amigos en la escuela. Su primer día de clases se aproximaba, así que tenía que estar lista para el gran día. La pequeña estaba bastante cansada ​​después de viajar hasta su nuevo hogar, por lo que decidió irse a la cama temprano. Se recostó, apagó todas las luces y se quedó profundamente dormida.

En medio de la noche, un ruido extraño interrumpió los sueños de la niña. Parecía cómo si alguien o algo arañara las paredes. -¿Eh, quién está ahí?- un escalofrío recorrió su espalda al mismo tiempo que su respiración se agitaba. Se escondió bajo las mantas, pero los ruidos no se detenían. “Tal vez es un gato” pensó Emily intentando calmarse. Pero eso no tenía mucho sentido, ¿cómo entraría un gato a su habitación? La puerta y ventanas estaban cerradas por completo.

Se levantó de la cama, sintiendo el frío piso en sus pies descalzos, tomó aire y se hizo con el valor suficiente para averiguar de dónde provenian esos ruidos. Tras recorrer un poco la habitación, notó que los sonidos se intesificaban a medida que se acercaba a su armario. Con su mano temblorosa, arbió la puerta conteniendo el aliento.

-¿Qué?- Emily se sorprendió al ver el armario vacío en primera estancia, pero sabía que el armario se extendía más allá de la poca ropa que su madre guardó unas horas antes, así que se adentró en el mueble para encontrar lo que podría estar generando los extraños sonidos. Caminaba lentamente, impresionada por la enormidad del sitio, definitivamente no era normal. Continuó unos pasos más adelante hasta que sentió una respiración rozando su cuello. Se paralizó al momento, un intenso miedo se apoderó de su cuerpo, apretó sus puños, cerró los ojos con fuerza y comenzó a temblar.

La pequeña sintió una serie de cortes veloces que lastimaban sus brazos, desde los hombros hasta sus dedos, así que rápidamente empujó la presencia que bloqueaba el camino y salió corriendo del armario, intentó gritar pero el miedo había cerrado su garganta. Escuchó una voz detrás suya, una voz masculina que preguntaba con un tono sinientro y juguetón.- ¿A dónde crees que vas, E-MI-LY?.

La creatura se abalanzó sobre el cuerpo de la niña dejándola imóvil en el suelo. La poca luz que atravezaba la ventana reveló el aspecto de una pesadilla a los ojos de la pequeña, extrañamente encantadora, sus ojos azules se hacían paso en la oscuridad, tan claros que parecían irradiar luz propia. El resto de su rostro yacía cubierto por una máscara de un gris oscuro y la piel de su cuello y brazos era increíblemente pálida, cómo si no hubiese sangre que recorriera sus venas. Emily miró de nuevo el rostro del chico, su cabello de color marrón alborotado, con las puntas que parecían estar teñidas de rojo. Finalmente notó un rastro rojo que decendía por la máscara, haciendo parecer que sus azules ojos lloraban sangre.

Emily tragó saliva, ambas miradas se encontraron en la oscuridad. El chico, que no aparentaba más de unos 18 años, portaba un guante de cuero negro que dejaba ver sus largas uñas, parecían más bien garras, nunca había visto algo así, eso explicaba la gravedad de las heridas de sus brazos, ningún animal doméstico podría causar ese daño.

La niña intentaba gritar en busca de ayuda, pero esto solo provocó que el pelirojo soltara una pequeña risa.

-Tu sangre tiene un lindo color, ¿quieres pintar la habitación?- dijo con un tonto enfermizo, emocionado, sádico.

Las afiladas garras del chico rozaban el pecho de Emily, la idea de morir la aterraba, pero no había forma de liberarse, él tenía una fuerza impresionante. Con la voz entre cortada, temblando. Miró al asesino y susurró;

-¿Q-Quién eres tú? ¡¿Por qué haces esto?!.-

-¡JAJA! ¡OHHH! ¿Tienes curiosidad? ¿Acasó me robé ya tu corazón? JAJA… Digamos que, soy pesadilla favorita.- el chico comenzó a reír desquiciadamente, mientras su presencia oscura se volvía más y más pesada.

Todo parecía volverse oscuro, Emily ya no tenía fuerzas para intentar soltarse, parecía resignada a la idea de ser asesinada por un demente, cerró sus ojos exhalando el aire que retenía en su pecho, lo que llamó la atención del emocionado asesino que hacía tronar sus dedos y mordía la punta de sus afiladas garras.

De pronto una voz hizo que los ojos de la pequeña se abrieran de golpe.- ¡Estoy en casa cariño!

El jóven se puso de pie tan rápido cómo pudo, tomó a la chica por el cuello y la lanzó a la pared con fuerza. Corrió hacia la ventana y desapareció entre las sombras de la calle.

Emily, aturdida por el golpe, escuchó a su madre subir rápido las escaleras, seguramente a causa del sonido que causó el golpe de ella contra la pared. La mujer entró al cuarto alterada.

-¿Emily? ¿Qué te pasó en el brazo? ¿Estás bien, querida?.- el brazo de la niña estaba sangrando y su respiración era muy débil. Pasaron unos pocos segundos antes de que la pequeña perdiera la consiencia.

A la mañana siguiente Emily se despertó en una camilla, sus brazos estaban vendados y su cabeza daba vueltas. Vió a su madre hablando con un médico a la orilla de su cama, apenas esta la vió moverse se abalanzó sobre ella para abrazarla.

-Hija, ¿estás bien? ¿qué sucedió? ¿qué te pasó en el brazo?

Emily decidió que la historia real la haría parecer loca, así que se limitó a decir que tuvo un accidente de cocina, lo que no convenció por completo a los doctores, ni a su madre, pero no había otra explicación lógica, así que creyeron en las palabras de la chica.

Pasaron los días y ambas volvieron a casa, ahora Emily no podía acercarse a la cocina, pero eso no le molestaba. Sin embargo, el recuerdo de esa noche la atormentaba en sus pensamientos, estaba segura de que no se trataba de un sueño, ella sabía que él volvería, pero esta vez estaría lista para recibirlo.

Era bastante tarde, su madre lentró a su habitación, le besó la mejilla y le deseó buenos sueños. Apagó las luces y cerró la puerta. El miedo no permitió que Emily cerrara los ojos durante muchas horas, ella sabía que si se quedaba dormida, probablemente ya no despertaría. El reloj marcaba las 5am cuando los párpados de la pequeña comenzaron a cerrarse, ya no podía aguantar el sueño, finalmente se quedó dormida.

A los pocos minutos una fría brisa la despertó, abrió los ojos y rápidamente se sentó en su cama, no debía volver a dormirse. Los ojos de la pequeña recorrieron la habitación, hasta llegar a la ventana, abierta dejaba entrar la brisa helada, pero ella no la había dejado abierta.

-¿MAMÁ?.- Gritó Emily saltando de su cama, salió de su cuarto y corrió por el pasillo en dirección a la habitación de su madre.

Emily sabía que algo andaba mal, su mamá siempre respondía cuando ella llamaba, incluso a altas horas de la noche. Tomó el teléfono y llamó a la policía, pidió ayuda diciendo que alguien había entrado a su casa para matarla. Para su sopresa los oficiales reportaron esto como “otro caso en el vecindario”, lo que significaba que no era la primera vez que pasaba.

La policía prometió llegar cuanto antes, y le indicaron a la chica que se encerrara en un lugar seguro y no saliera hasta que ellos estuvueran ahí. Pero ella estaba muy preocupada por su madre, así apenas colgó el teléfono abrió la puerta de la habitación y preguntó por ella-

-¿Estás aquí mamá?

-No, ella no, pero me encontraste a mi, ¿divertido no?.- dijo con una risa el chico pelirrojo que se encontraba parado junto a la cama de la mujer. Él estaba de vuelta, llevaba una sudadera con capucha gris oscuro y un pantalón negro y zapatos deportivos. Su máscara estaba en el suelo, completamente llena de sangre, su rostro era más pálido que el resto de su piel, y también se manchaba con sangre, el chico estaba masticando trosos de carne cruda, la niña miró hacia el suelo y pudo ver el cadáver desmembrado de su madre que pintaba toda la alfombra de color rojo. Lágrimas cayeron de sus ojos, asustada comenzó a retroceder lentamente.

-¿Sabes? Me encanta jugar con mi comida.- dijo el caníbal con una sonrisa perturbadora, tomando su máscara y acercándose a la pequeña. -¿Quieres jugar conmigo?

Emily corrió lo más rápido que pudo, cerrando la puerta a su espalda con un golpe seco, bajó las escaleras casi de un salto, y tomó las llaves que colgaban junto a la puerta principal. Escuchó cómo la puerta de la habitación caía con una patada. Abrió la puerta y salió a la calle, cerró con llave nuevamente para intentar encerrarle. Pero tan pronto sacó la llave para comenzar a correr, The Skroll hizo un hoyo en la puerta de un golp, ella comenzó a correr, sin aliento vió que a unas pocas calles luces rojas y azules se acercaban, por fin pudo respirar.

Los policías entraron a la casa y la pequeña fue resguardada en la patrulla, seguía temblando y no podía apartar sus ojos de la puerta, esperaba que los oficiales lo atraparan y salieran de la casa con él esposado, sólo eso pedía. Pero su pesadilla no había terminado, los oficiales salieron con las manos vacías, corrieron a las patrullas y cerraron los alrededores. Debían llevar a la menor a un hospital cuánto antes.

La patrulla se puso en marcha y Emily dió un último vistazo a lo que se suponía sería su nuevo hogar. Al recorrer la casa con la mirada, pudo ver una silueta negra en la ventana de su habitación y unas letras rojas que apenas alcanzaba a leer…

-Eso fue muy divertido ¿verdad?.- Se escribía con sangre en el cristal… Mientras unas garras afiladas cerraban la puerta del armario lentamente…


Via Creepypastas


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