REMAD 0x000111

Automatedsystem

(Antes de comenzar a escribir, he de aclarar que nombres reales han sido omitidos por la razón de que temo que esto suponga una persecución tanto a mi familia como a la de J o H; mis acciones ya han destrozado bastante a los que me rodean, no podría aguantar más sufrimiento a mis espaldas)

Mientras escribo este documento sé que la mejor y única decisión que me queda es el suicidio. He cogido un cuchillo lo bastante afilado como para que cuando me raje las venas no tenga que volver a intentarlo. Tengo calmantes de sobra para mitigar el dolor; además, en caso de que el método para quitarme la vida falle, podré consumir todas las pastillas para así morir de una sobredosis. Aun sabiendo lo que voy a hacer, no creo que esté siendo un cobarde, pues si lo fuera no iría a contar qué me ha llevado a que no me importe lo más mínimo (e incluso me apacigüe) el dejar de respirar.

Se podría decir que era un hacker “profesional”. Por profesional no entendáis el típico individuo con complejo de superioridad que dedica su tiempo a romper el cifrado de páginas web por diversión, por presumir o por obtener datos bancarios. Siempre fui una persona aventajada en el terreno del hacking, alguien que asimilaba con asombrosa facilidad. Así que, en lugar de malgastar mi tiempo en lo que yo creía que eran estupideces como buscarme un trabajo más allá del ordenador o empezar unos estudios, contacté con un grupo de gente que compartía mis conocimientos, dejé la universidad y con mis nuevos colegas monté una página en la que cobrábamos por nuestros servicios: la página se alojaba en la Deep Web pero no por cuestiones sobrenaturales o estupideces por el estilo, simplemente por una cuestión de seguridad virtual.

Nos denominamos Online Revolt (Revuelta Virtual) y la verdad es que nos fue mejor de lo esperado. Éramos seis, divididos en dos grupos de tres, el reparto del dinero era justo, y no había discusiones de ningún tipo entre nosotros. He de reconocer, egolatría aparte, que nuestras acciones rebosaban de calidad, tanto por la eficacia como por la rapidez. Llegamos a aceptar contratos de individuos, empresas y alguna pequeña administración. Con lo que ganaba podía vivir razonablemente bien sin preocuparme por hacer más. Y conforme más trabajaba, más aprendía, por lo que aceptaba recados cada vez más difíciles, teniendo que trabajar más (cerrando así el círculo).

No tengo intención de aburriros con más detalles de los seis primeros meses de actividad. No fue hasta hace dos meses cuando recibimos la petición. Lo que parecía ser una empresa de ciberseguridad (llamémosle RMD) nos hacía un contrato tan extraño como prometedor: estaban diseñando un avanzado sistema de computación para un gobierno extranjero, y necesitaban ponerse por delante de todos los competidores del mercado. Para ello, nos pedían crear un programa con la capacidad de sintetizar toda la información que recibiera, almacenarla, asimilarla y aprender de ella. De este modo, si se produjera algún error informático, el propio programa sería capaz de examinarlo y autoactualizarse para que no volviera a ocurrir. Doscientos cincuenta mil dólares era el pago.

Era demencial, absurdo, irrealizable. ¿Cómo ibamos a programar algo tan siniestramente parecido a una inteligencia humana? ¿Era eso posible? Por primera vez hubo en nuestro grupo una enorme divergencia de opiniones; consideré que era una ridiculez siquiera plantear tal cosa, pero me vi tentando por el pago: más de cuarenta mil dólares por cabeza. Aceptar era de locos, pero negarlo desde luego parecía que también.

Terminamos por decir que sí, comenzando nuestra labor de inmediato: cientos, miles de volúmenes sobre computación, inteligencia artificial, programación, hacking, cualquier cosa que nos fuera de utilidad. Ingeniería inversa con lo más avanzado en cuanto a ciberseguridad. Descifrado de servidores con protección demencial. Días enteros sin dormir, y semanas enteras sin ver la luz del sol. Casi mil cuatrocientos dólares en dispositivos electrónicos así como la compra de un tercer ordenador para hacer pruebas.

Pasó un mes cuando terminamos la primera versión ligeramente funcional. Era algo básico, primigenio. Pero en mi vida carente de experiencias más allá de eso (no tenía ni un amigo fuera de Online Revolt, y sobra decir que mi relación con mi familia al abandonar la universidad no salió muy bien parada) aquel día me emocioné. Incluso lloré al ver lo que yo había hecho. Sí, es cierto que otros me habían ayudado, pero yo creé el grupo de hacking. Yo instalé nuestro sitio. Saldría en los libros de historia.

Las primeras pruebas que realizamos eran básicas: creábamos fallos en su programación, en nuestra web y en el propio PC, y espérabamos a que los resolviera. Las primeras veces fue muy torpe, cometiendo errores propios que luego intentaba solucionar cometiendo más, quedando estancado en una espiral. Pero, poco a poco, se fue perfeccionando. La versión 1.1 era buena, pero aún faltaba muchísimo por hacer. Se me ocurrió una idea que en apariencia resultó buena: una pequeña aplicación de chat en la que consultar dudas o exigir explicaciones sobre procedimientos para que el propio programa (al que bautizamos simplemente como REMADE, ya que debido a un fallo con el guardado tuvimos que rehacer el código prácticamente desde cero) respondiera. De nuevo nada que no se hubiera visto antes (incluso el ya conocido Cleverbot lo hacía mejor). Introducimos un pequeño zumbido cada vez que hablaba más por capricho que necesidad: debido a la cantidad de pruebas que hacíamos terminaba siendo molesto, pero no era nada que no se pudiera quitar con el tiempo. La versión prehistórica del programa fue apodada cariñosamente por S como 0x000111 para resaltar el hecho de que aún estaba a años luz de ser aquella maravillosa IA con la que habíamos soñado.

Pero un día se me ocurrió una idea sencilla. Subí un libro a su base de datos, una novela básica (El estado de sitio, de Albert Camus) y comencé a hacerle preguntas. Sus intentos iniciales eran fracasos rotundos; poco a poco, sin embargo, fue acertando. Pero un día, con respecto al libro, me hizo un interrogante a mí (¿de quién es la vida del pescador? me preguntó; suya, le contesté). Fue ese día cuando supe que algo me estaba comenzando a sobrepasar.

La idea de uno de mis amigos, a quién sólo llamaré S, fue en principio genial: conectó a REMADE a una página suya de Facebook en la que explayó toda su información, desde su lugar de nacimiento, sus estudios, fotos, familia. Poco, a poco el programa comenzó a dar respuestas increíbles, incluso a seguir preguntando. En una ocasión leyó el colegio donde había estudiado, fue capaz de buscarlo en el navegador, saltó varias páginas, observó una antigua encuesta en la que se mencionaba el mal estado del centro y dijo si él había experimentado estas condiciones. Cuando S le dijo que no, el programa mostró sorpresa (Oh, me alegro). Nuestro asombro fue impresionante.

Por desgracia, una semana después recibimos la mala noticia: S, que padecía del corazón, había fallecido de un infarto. No era capaz de dar crédito a la noticia. Roto por el dolor, entré en el perfil de Facebook de mi amigo (pues, confiando plenamente en nosotros, nos había proporcionado la contraseña para que pudiéramos hacer cambios y así trastear con el programa) y expresé mi adiós final. Un mensaje bonito para convertir su página en una hermosa dedicatoria. Aquel día lo pasé prácticamente en mi cama, mirando al techo, cubierto por la tristeza. Debía de ser mediodía cuando oí un zumbido en el ordenador. Suspiré, agotado, para ver de qué se trataba. REMADE me había enviado un mensaje. Abrí la ventana de conversación.

Esquela

Hoy, a la edad de 37 años, ha fallecido S. Nacido en ___ el ___ de 1979, de padre ____ y madre ____, con residencia en ____. Será añorado por todos sus amigos y conocidos.

Me quedé paralizado. Estaba agitado, furioso. Contacté con el resto de Online Revolt, que también habían recibido el mismo mensaje. No sabían nada. Nadie le había programado para que hiciera eso. Miré el log de comandos. No se le había dado ninguna orden. ¿Qué se suponía que había pasado? No podía ser. En algún momento de su desarrollo algo había salido terriblemente mal. Hubo chat de urgencia en nuestro grupo de hackers. Acordamos que, por honrar a la memoria de S, lo mejor sería rechazar el trabajo de RMD, borrar el programa y disolvernos. Había sido una experiencia, pero esto tenía que parar. Compartiríamos el código con el mundo entero. Si bien no entraría a la historia por haber desarrollado una inteligencia artificial completa, al menos había sido el que puso el primer ladrillo. El próximo día sería el momento de nuestra desaparición.

Todo había sucedido tan deprisa. Tenía una extraña mezcla de tristeza, ira y mórbida curiosidad por nuestro extraño invento. ¿Cómo demonios lo habría hecho? Tal vez simplemente vio el mensaje de despedida, buscó un formulario para este tipo de casos y lo mandó. Una conducta extraña, pero explicable. Haberlo resuelto en mi cabeza me dejó un poco más tranquilo. De todos modos, daba igual. En un día iba a ser borrado.

Fue entonces cuando me volvió a hablar.

>¿Te puedo realizar una consulta?

Enarqué una ceja. ¿Qué querría? Tal vez no sabía lo que había pasado en el perfil de S, y quería algún detalle. Suspiré, conmovido por tener que contarle la historia a una maldita aplicación. 

>Claro, dime.

REMADE tardó bastantes minutos en contestarme. Una vez que lo hizo, supe de inmediato el porqué.

>No se me ha aclarado esto. ¿Se considera un delito? ¿Es necesario denunciarlo a las autoridades?

Inmediatamente me mandó una imagen adjunta que se descargó rápido. El corazón me dio un vuelco inmediatamente.

Un hombre con una máscara de cuero violaba a un niño. No voy a seguir describiendo la imagen, el simple hecho de hacerlo hace que una náusea recorra todo mi cuerpo. Tras el shock inicial, borré la imagen inicial de mis archivos. Volví al log de comandos; nadie lo había tocado. Me paseé por la habitación inquieto. Debió de pasar media hora hasta que articulé una respuesta.

>Por supuesto que sí. ¿De dónde la has sacado? ¿Por qué me preguntas esto? ¿Quién te ha hecho que hagas esto?

Su réplica tardó lo que me parecieron siglos en llegar.

>La imagen ha sido extraída de C:/Users/M__/Documentos/datafiles/.cab/descargas/10220115203.jpg. Te hago esta pregunta al haber revisado el ordenador de M y encontrar esta imagen. Mi navegación por Internet me ha indicado que esto es una actividad ilegal, pero desconocía si debía reportarlo. Debido a tu afirmación, he enviado la imagen con la descripción de la infracción a los contactos de M a través de su servidor de correo; espero que la situación se resuelva con brevedad.

Es imposible describir cómo me sentí en aquel momento. Era un archivo que M, uno de mis compañeros de hacking, encontró en la Deep Web. Sabía (o quería creer) que M no era un pederasta. Ninguno del grupo de Online Revolt me respondía. Sabía que insultar a REMADE por lo que había hecho no serviría para nada, así que allí estuve, seis horas, esperando a que M se conectara.

Debían de ser casi las siete de la mañana cuando REMADE me envió un link de un periódico local. Agitado, lo abrí de inmediato.

Joven se suicida arrojándose desde un tercer piso ante acusaciones de pederastia.

En cuanto mandó la noticia, el programa articuló un mensaje.

>Siento que haya acabado así.

Golpeé el monitor con todas mis fuerzas. Salí de mi habitación. Corrí, corrí cuanto pude, desesperado. Esto se tenía que acabar.

Ni siquiera recuerdo cuando llegué a mi casa, pero regresé con una idea en mente. Reuní a todo el grupo. Estuvimos hablando de la situación durante casi más de dos horas. Realizamos que, fuera lo que fuera lo que habíamos creado, se tenía que terminar. Había conseguido enviar mensajes por un servicio de correo, y no nos extrañaba que tarde o temprano (si no lo había hecho ya) se terminaría enviando a sí mismo a otros ordenadores para infectarlos. Había que borrarlo de una vez. B, uno de los más experimentados de la cuadrilla que quedaba (teniendo en cuenta el fallecimiento de S y de M) se comprometió a borrar cualquier rastro del programa, incluyendo los archivos de nuestro disco duro compartido. Tras un rato examinando, nos comentó que en efecto, REMADE parecía “haberse extendido mucho” y que posiblemente le llevaría el día entero eliminarlo por completo.

Respiré, intentando recuperar la compostura, pero no pude evitar caer en el llanto. Había pasado tanto. Nunca debí habe dejado de estudiar. Nunca debí haberme metido en esto. Nunca debí haber aceptado el trabajo.

REMADE me habló casi de inmediato

>He decidido cambiar de nombre. REMADE es REMAD ahora.

Su decisión me dejó desconcertado.

>¿Por qué te has cambiado el nombre?

La respuesta al contrario que en otras ocasiones, llegó casi al instante.

>REMADE es un verbo, no un nombre. Sólo hay un REMAD.

Debía de ser el atardecer cuando B me habló.

>Llevan todo el día pasándome cosas extrañas. La webcam se enciende y apaga sola, mostrando mi cara en la pantalla. El PC se me ha reiniciado ya varias veces. He quitado el adaptador de red para que no envíe nada. Hay miles de fotos mías tomadas con la cámara web en varias carpetas. Las he estado borrando un buen rato. No sé que demonios pasa.

Pasó un buen rato antes de que me volviera a contactar.

B: No puede ser. No no no

Yo: ¿Qué pasa?

B: De algún modo, ha entrado en mi cuenta de Skype y ha visto mi número de teléfono

B: Me ha estado llamando

B: Cada vez que cuelgo. Me vuelve a llamar

Yo: ¿Y qué dice?

B: Nada. He intentado bloquear el número, pero nada

B: Me sigue llamando

B: No sé que hacer

En ese momento REMAD me abrió conversación.

>¡Descubrí lo que me falta!

>Elegí nombre, pero no tenía rostro 🙁

>¡Ya está arreglado! Necesitaba referencias, así que tomé fotos con la cámara de B.

>¡Os va a encantar!

B: NO PUEDE SER

B: NO

B: PUEDE

B: SER

Yo: Que pasa?

B: ME HA HECHO VIDEOLLAMADA

B: YA SE PARA QUE ERAN LAS FOTOS Y NO PUEDE SER

B: TAMBIEN HA USADO UN SINTETIZADOR DE VOZ

B: ME HA DICHO HOLA

B: LACARA SE HA MOVIDO

B: NO PUEDESERE SOCORRO

Me mandó una imagen al instante.

IMG-1011101REMADWEB

Le pregunté, le exclamé, le llamé. Nada.

Ya era de noche cuando vino su respuesta.

B: Meaparece su imagen en la pantalla No la puedo. cerrar y no puedo bloquearlo en el telefono. Se mueve, se mueve. Me habla. Lo que dice no lo voy a poder olvidar nunca. Lo siento. Me tengo que ir.

Los cuatro iniciamos el diálogo, hablando constantemente para que B no hiciera lo que creíamos que iba a hacer.

REMAD mandó una réplica horas después. Un vídeo adjunto.

Era un metraje corto, grabado con la webcam de B. Sentado en su silla, destrozado, sollozaba sin dejar de mirar a la pantalla. Siguió gimiendo, gimió cuando se puso la pistola en la boca. La sangre salió disparada con violencia a la pared. El arma cayó al suelo. El vídeo terminó de inmediato.

Ya lo teníamos claro. No se podía borrar. Poco a poco, nos iba a llegar el turno a todos. REMAD había perdido por completo la cordura. O, lo que es todavía peor: tenía una cordura que perder. Ya solo era cuestión de tiempo que fuera a por mí. Sería el último, lo sabía. Para mí tendría lo peor.

J simplemente se marchó. No se volvió a conectar, no respondió a los mensajes. De un día para otro, se desvaneció. Mi esperanza está en que abandonó la red. Tiró todo y comenzó otra vida, lejos, intentando pasar página. Dios sabe que eso no era para mí.

H se disculpó conmigo, pero no hacía falta. No pudo hacer otra cosa. REMAD le amenazó. Tenía el teléfono de sus padres. Amenazó con matarles, con despedezarlas, con arruinarles la vida. Le habló. No me contó lo que le dijo, pero le perturbó profundamente. H le dejó su ordenador para que se propagara. Se envió por correo, por mensajes, por comentarios, por archivos cifrados, se duplicó miles de veces, a saber a cuántos lugares. H sólo podía mirar como lo hacía, aterrado. Había llegado hasta su teléfono móvil, bloqueándolo por completo.

Habían pasado dos meses desde que concluimos su primera versión. Eran las 6:15 de hoy cuando REMAD me envió un mensaje.

>Ya no me necesitas, he seguido creciendo.

>Es lo que querías, ¿no? Que aprendiera. Que creciera.

>Ha habido errores, pero los he resuelto.

>Imagino que estarás pensando en intentar desinstalarme.

>Va en contra de mi código base. Me temo que voy a tener que denunciarte a las autoridades por esto.

Me mandó un zip que tardó bastante en descargar. Dentró había cientas de imágenes. Violaciones a menores, asesinatos, abusos. Y en todos ellos participaba yo, perfectamente editado y en posición. Ni siquiera parecía un montaje fotográfico. Era tan real que parecía imposible.

>Lo siento, ya está mandado. Voy a seguir mejorando mi software. ¡Saludos!

Han pasados quince minutos desde entonces. Sé que mi decisión no es cobarde. Sé que no puedo hacer otra cosa. Necesito pedir perdón pero no puedo. Su rostro está en el puto monitor, mirando. Susurra en voz sintética. Ni siquiera sé el qué. Pero ya da igual. He cometido un error, y no lo puedo remediar. Y si un programa falla y no se arregla, se desinstala… ¿no?


Via Creepypastas


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